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Pokémon: Dueños del Destino

0Wish0Wish

# Fecha de alta: 20/08/2008

# Edad: 26 años

# Ubicación: Isla Canela

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Imagen externa
[PDD] Pokémon: Dueños del Destino
(Pokémon: Strong World)


Estimados entrenadores, criadores, coordinadores y líderes de gimnasio, permitirme daros a todos la más cálida bienvenida a "Pokémon: Dueños del Destino" (o "PDD" para abreviar), la primera parte de mi ópera prima titulada "Pokémon: Strong World", perteneciente, evidentemente, a la maravillosa franquicia Pokémon.

"Pokémon: Dueños del destino" narra las aventuras de Ecko Davenport, un joven originario de Isla Canela que se encuentra embarcado en su viaje Pokémon, con el que espera adquirir los conocimientos necesarios sobre tan fascinantes criaturas a fin de poder algún día convertirse en un gran Doctor Pokémon, profesión que desempeña su madre en la actualidad.

He considerado que la calificación más apropiada para este Fic sea para mayores de 13 años [+13], no por nada personal, sino principalmente porque esta ya es una edad en la que determinados temas dejan de ser una especie de tabús; además considero que, de este modo, la lectura de la obra podrá ser más profundizada. No obstante esto también puede ser relativo, y desde aquí mismo invito a que todo aquel que quiera leerlo, lo haga sin temor a encontrarse algo inapropiado.

En lo referente a cualquier tipo de temas que no queden lo suficientemente claros, siempre se podreis utilizar el tema de comentarios y críticas para expresar vuestras dudas, sugerencias o simplemente remarcar puntos de la obra que creéis que sean convenientes para mejorar o corregir.

Finalmente eso es todo, aquí os dejo con la ficha técnica del Fic y el índice de capítulos, el cual iré actualizando con cada publicación o con la fecha de posibles publicaciones:



  • Título de tu Fic: "Pokémon: Dueños del Destino"
  • Autor: 0Wish.
  • Temática: Mundo Pokémon / Viaje Pokémon
  • Género: Aventura / Ciencia Ficción / Vida Cotidiana
  • Persona Narrativa: Tercera / Primera
  • Extensión: Relato por capítulos.
  • Clasificación: Mayores de 13 años [+13]
  • Estado Actual: Pausado (de publicación no regular, de vez en cuando)




  • [color=red] ÍNDICE:


    Sin más, espero que disfrutéis tanto como yo de este humilde escrito y, ante todo ¡Muchísimas gracias por leerlo! [/color]
    #2151365 18/02/2013 20:19
    00
    0Wish0Wish

    # Fecha de alta: 20/08/2008

    # Edad: 26 años

    # Ubicación: Isla Canela

    61 407 100 39
    Notas del Autor (I)
    (Zona de spoilers)


    FAQ:

    Spoiler
    • En el capítulo 004 se ve claramente como Ehola, la Dragonite de Kaden, es herida por un "Disparo de lodo" del Swampert de Haxe aún siendo inmune a ataques del tipo tierra ¿Cómo explicas esto?
      Bien, básicamente me baso en el concepto de que si a alguien le golpean con un chorro de tierra, independientemente de si tiene alas y es capaz de volar, el impacto, indudablemente, le va a hacer daño de todas formas; no obstante, esta "inmunidad" de Ehola hacia los ataques del tipo tierra es la que hace apenas resulte herida tras el impacto.

    • ¿Hay algún personaje característico del Anime Pokémon que aparezca en tu Fic?
      Aún no sé si voy a introducir personajes canónicos del anime en mi propio Fic, de momento todos los que hay hasta la fecha son originales míos, teniendo en excepción, claro está, a los líderes de Gimnasio de las respectivas ciudades e islas.

    • ¿Hay algún personaje de tu fic basado en algún personaje de la vida real?
      Sí, de hecho hay dos:

      El primero de todos es Naomi, la hermana de Ecko, que está basada en una buena amiga mía de la infancia.

      El segundo de estos personajes es Rob Barthel, mejor conocido como Administrador Rob; de hecho este personaje está basado en el músico (con el mismo nombre y apellido) "Rob Zombi" y la vestimenta que muestra en el Capítulo 006 "Narcisismo Rocket" es la que se puede observar en el videoclip de su canción "Dead city radio and the heroes of supertown"


    Pokédex:



    Evoidea-Dex:

    Spoiler
    • Caso registrado número I: Imagen externa
      Especie: Pidgeot.
      Tipo: Normal/Volador.
      Sexo: Macho.
      Lugar: Puerto de mercancías, Ciudad Carmín.
      Síntomas: Tamaño atípico para su especie.
    • Caso registrado número II: Imagen externa
      Especie: Granbull.
      Tipo: Hada.
      Sexo: Macho.
      Lugar: Mansión abandonada, Isla Canela.
      Síntomas: Sobremusculación, agresividad, salivación constante.
    • Caso registrado número III: Imagen externa
      Especie: Nidoking.
      Tipo: Veneno/Tierra.
      Sexo: Macho.
      Lugar: Gimnasio Pokémon, Ciudad Verde.
      Síntomas: Agresividad, fuerza descontrolada, mayor resistencia a los ataques, velocidad atípica para su especie.
    #2151364 28/07/2013 20:09
    00
    0Wish0Wish

    # Fecha de alta: 20/08/2008

    # Edad: 26 años

    # Ubicación: Isla Canela

    61 407 100 39
    Notas del Autor (II)
    (Zona de spoilers)


    Personaje-Dex:

    Spoiler
    Ecko Davenport
    [SPOILER]
      Imagen externa

    • Información General:
      Primera Aparición: "Capítulo 001 — Primeras impresiones"
      Edad: 17 años
      Cumpleaños: 7 de Diciembre
      Procedencia: Isla Canela
      Color de Ojos: Verdes
      Color de Cabello: Moreno
      Estatura: 1,78 metros
      Peso: 77 kilogramos

    • Familiares conocidos:
      Pástor Davenport (Abuelo paterno)
      Naomi Davenport (Hermana)
      Víctor Davenport (Padre)
      Roxanne Davenport (Madre)

    • Pokémon a su cargo:
      Imagen externaImagen externa
      Clove [color=Red ]♀
    , Yukón ♂, Kyoshi , Azulón ♂, *Marvel ♂, Jinbe ♂, Harrier ♂, Dakota [RESPECTIVAMENTE]
    *Pokémon inicial.


    Kaden Onoda
    Spoiler

    • Información General:
      Primera Aparición: "Capítulo 003 — Reencuentros explosivos"
      Edad: 21 años
      Cumpleaños: 13 de Junio
      Procedencia: Isla Canela
      Color de Ojos: Oscuros
      Color de Cabello: Azul oscuro (Prácticamente negro)
      Estatura: 1,82 metros
      Peso: 80 kilogramos

    • Familiares conocidos:
      Braham Onoda (Padre)
      Scarlett Druson (Madre)

    • Pokémon a su cargo:
      Imagen externa
      Ehola , *Ozai ♂, Thunder ♂, Nahema , Ozzy ♂ [RESPECTIVAMENTE]
      *Pokémon inicial.


    Muse Groen
    Spoiler

      Imagen externa

    • Información General:
      Primera Aparición: "Capítulo 004 — Ciencia sin conciencia"
      Edad: 18 años
      Cumpleaños: 18 de Mayo
      Procedencia: Isla Canela
      Color de Ojos: Azul celeste
      Color de Cabello: Naranja
      Estatura: 1,64 metros
      Peso: 57 kilogramos

    • Familiares conocidos:
      Chesto Groen (Padre)
      Miranda Groen (Madre)

    • Pokémon a su cargo:
      Imagen externa
      Buck ♂, *Astra , Mylka [RESPECTIVAMENTE]
      *Pokémon inicial.


    Vincent Elements "Vince"
    Spoiler

    • Información General:
      Primera Aparición: "Capítulo 007 — Tipos duros"
      Edad: 21 años
      Cumpleaños: 4 de Septiembre
      Procedencia: Desconocida
      Color de Ojos: Marrón y verde oscuro (Heterocromía)
      Color de Cabello: Castaño
      Estatura: 1,90 metros
      Peso: 85 kilogramos

    • Familiares conocidos:
      Desconocidos

    • Pokémon a su cargo:
      Imagen externa
      Jax ♂ [RESPECTIVAMENTE]


    Aoki Uchida
    Spoiler

    • Información General:
      Primera Aparición: "Capítulo 008 — Asuntos familiares"
      Edad: 22 años
      Cumpleaños: 2 de Abril
      Procedencia: Ciudad Verde
      Color de Ojos: Violetas
      Color de Cabello: Rubio
      Estatura: 1,76 metros
      Peso: 64 kilogramos

    • Familiares conocidos:
      Ryuchi Uchida (Abuelo)

    • Pokémon a su cargo:
      Imagen externa
      Pakku ♂, Appa ♂, Suyin, Gahara, Bullet ♂, *Kanon ♂ [RESPECTIVAMENTE]
      *Pokémon inicial.

    [/SPOILER][/color]

    Rocket-Dex: (I)

    Spoiler
    • ¿Qué es el Team Rocket?:
      Obviamente el 99'99% de la gente que está en este foro conoce quienes son y a que se dedica esta organización, sin embargo, para poder hacer un poco más precisa esta nueva sección me veo obligado a colocar algo de información básica sobre ellos.
      El Team Rocket es, ha sido y siempre será la principal organización criminal antagonista de la franquicia Pokémon, siendo ésta la más poderosa y rastrera de todas las conocidas ya que entre sus principales fines se encuentra el robo/tráfico/contrabando de Pokémon, la extorsión y estafa y demás actividades vistas ética y socialmente inaceptables.

    • ¿Cómo está organizado internamente?:
      Seguro que todos habréis visto en los videojuegos a los típicos Administradores y ejecutivos Rocket, a soldados, etc; pues bien, investigando un poco acerca de este tema y comparando también con los fics de otros usuarios de distintos foros, finalmente he tomado la decisión de organizar (siguiendo mis propios criterios) el Team Rocket de la siguiente manera:

      Al frente de la Organización y como máximo responsable de ésta se encuentra el hijo de la fundadora Madame Boss, Giovanni Tokiwa (apodado muchas veces en la obra como "Jefazo") que es el encargado principal de financiar las operaciones que llevar a cabo, además de que es él quien decide si algo está bien o está mal, teniendo siempre la última palabra en cualquier tipo de reunión o discusión.

      En el segundo puesto de la organización se encuentran los Comandantes, son la segunda fuente de poder dentro del Team Rocket y son los encargados de mantener en orden cada uno de los múltiples escuadrones de soldados; cada Comandante tiene asignado su propio escuadrón con sus respectivas divisiones.
      Actualmente el Team Rocket está subdividido en trece escuadrones, por lo que en total hay un número de trece comandantes Rocket; cabe mencionar que estos comandantes son los mejores soldados dentro de la Organización y son los que cuentan con los mejores Pokémon en sus equipos; es por ello por lo que a éstos solo se eles asigna las misiones más complicadas y que requieren un alto grado de entrenamiento previo.

      Bajo las órdenes del "Jefazo" y de los Comandantes se encuentran los Administradores Rocket, cada comandante tiene asignado un número de tres Administradores, por lo que en total dentro de la organización habría un número de treinta y nueve Administradores; cada Administrador se encarga de una división de escuadrón, lo que deriva que también haya treinta y nueve divisiones.
      La principal función que estos desempeñan dentro de cada uno de los escuadrones es la de asignar, organizar y revisar todas y cada una de las actividades desarrollas por los soldados de la organización, llegando incluso a participar en alguna de éstas si por casualidad fuesen de un grado de complejidad elevado.

      Finalmente, en el eslabón más bajo de la cadena se encuentran los soldados Rocket integrantes de cada uno de los trece escuadrones o nueve divisiones, y que son los que realizan el trabajo sucio dentro de la Organización y son a los que se les asigna la mayoría de las misiones.
      Por lo habitual no suelen tener equipos compuestos por Pokémon sumamente fuertes, pero como la mayoría de las veces todos éstos atacan en grupo suelen ser bastante molestos y difíciles de derrotar.
      Cabe mencionar también que hay diferencias entre los propios soldados en función bien sea de su veteranía, especialización, etc, llegando a distinguirse soldados de rango alto, soldados de rango medio y soldados de rango inferior también llamados reclutas.

      Otra rama del Team Rocket es la dedicada a la investigación, ciencia y desarrollo, sin embargo, como todavía no han aparecido personajes dentro de este ámbito en la obra, lo dejaré para futuras publicaciones.


    Rocket-Dex: (II)

    Spoiler
    A continuación colocaré cada uno de los personajes Rocket aparecidos hasta el momento, estos irán colocados en función de su rango dentro de la obra:

    Comandantes:
    [SPOILER][SPOILER]
    [list]
  • Ficha técnica:
    Nombre: Smoke.
    Edad: 34 años.
    Debut: "Capítulo 004 — Ciencia sin conciencia"
    Rango: Comandante.
    Escuadrón: 2º Escuadrón Rocket, 4ª,5ª y 6ª División.
  • Equipo Pokémon:

    [Desconocido]


  • Spoiler

    • Ficha técnica:
      Nombre: Scarlett Druson.
      Edad: 42 años.
      Debut: "Capítulo 008 — Asuntos familiares"
      Rango: Comandante.
      Escuadrón: 5º Escuadrón Rocket, 13ª, 14ª y 15ª División.

    • Equipo Pokémon:

      [Desconocido]
    [/SPOILER]

    Administradores:
    Spoiler
    [SPOILER]
    • Ficha técnica:
      Nombre: Kalindra.
      Edad: 29 años.
      Debut: "Capítulo 002 — La chispa detonante"
      Rango: Administradora.
      Escuadrón: 2º Escuadrón Rocket, 5ª División.
    • Equipo Pokémon:
      Imagen externa
      Áltos (Macho), Názel (Hembra) [RESPECTIVAMENTE]


    Spoiler

    • Ficha técnica:
      Nombre: Rob Barthel.
      Edad: 50 años.
      Debut: "Capítulo 006 — Narcisismo Rocket"
      Rango: Administrador. (Ex-Comandante del 2º Escuadrón)
      Escuadrón: 2º Escuadrón Rocket, 4ª División.
    • Equipo Pokémon:
      Imagen externa
      Niva (Hembra) [RESPECTIVAMENTE]
    [/SPOILER]

    Soldados
    Spoiler
    [SPOILER]
    • Ficha técnica:
      Nombre: Spyke.
      Edad: 28 años.
      Debut: "Capítulo 003 — Reencuentros explosivos"
      Rango: Soldado de Rango Medio.
      Escuadrón: 2º Escuadrón Rocket, 5ª División.
    • Equipo Pokémon:
      Imagen externa


    Spoiler

    • Ficha técnica:
      Nombre: Beef.
      Edad: 32 años.
      Debut: "Capítulo 003 — Reencuentros explosivos"
      Rango: Soldado de Rango Bajo.
      Escuadrón: 2º Escuadrón Rocket, 5ª División.
    • Equipo Pokémon:
      Imagen externa


    Spoiler

    • Ficha técnica:
      Nombre: Haxe.
      Edad: 24 años.
      Debut: "Capítulo 004 — Ciencia sin conciencia"
      Rango: Soldado de Rango Bajo. (Ex-Miembro del Equipo Aqua)
      Escuadrón: 2º Escuadrón Rocket, 5ª División.
    • Equipo Pokémon:
      Imagen externa

    [/SPOILER]

    Expulsados:
    Spoiler

    • Ficha técnica:
      Nombre: Pesth.
      Edad: 38 años.
      Debut: "Capítulo 002 — La chispa detonante"
      Rango: Ex-Soldado de Rango Alto; Ex-Administrador de la 5ª División.
      Escuadrón: Ex- miembro del 2º Escuadrón Rocket, 5ª División.
    • Equipo Pokémon:
      Imagen externa
    [/list][/SPOILER]
    #2151363 28/07/2013 21:09
    00
    0Wish0Wish

    # Fecha de alta: 20/08/2008

    # Edad: 26 años

    # Ubicación: Isla Canela

    61 407 100 39
    Capítulo 000 — Elementos (Prólogo)


    “¿Cuándo vas a asentar tu cabeza?” Es curioso porque son tantas las veces que me han realizado ya esa pregunta que de verdad no puedo evitar soltar una pequeña carcajada cada vez que alguien me la vuelve a formular; siendo sinceros, ninguno suele tomarse a mal mi respuesta, pero claro está, en el fondo todos ellos me conocen bien, saben cómo soy y saben todavía mejor cómo tratarme.

    Ahora mismo, mientras tú lees estas líneas, me encuentro sentado sobre la verde hierba de un bonito prado, un soplo de aire primaveral me da en la cara y despeina mi alborotado flequillo, sin embargo no me disgusto porque ahora mi “look” no esté tan trabajado, al contrario, disfruto plenamente de su tacto mientras mi vista se maravilla con una preciosa puesta de sol sobre el anaranjado agua del vasto lago que se extiende hasta donde alcanzan mis ojos; no cabe duda alguna, si algo he aprendido en mis viajes ha sido que los mejores atardeceres suelen verse desde la variopinta región de Hoenn.

    Cierro los ojos y los vuelvo a abrir, lo que antes era hierba y agua ahora se ha convertido en rocas y más rocas, me asomo al enorme abismo que hay en frente de mi y veo como un inmenso mar de nubes blanquecinas se pierde en la lejanía del horizonte, la verdad es que cualquiera que viese esto mismo desde aquí se sentiría igual de pequeño que yo; me gusta esta sensación, desde aquí puedo gritar y mi voz retumba en todos los lados, me siento todavía más pequeño que antes, me siento feliz de estar aquí arriba, pero lo mejor es que sobre todas las cosas, como más me siento ahora mismo es vivo.

    Un leve chasquido de dedos y listo, paso del paraje montañoso a la fría tundra; mire por donde mire todo está blanco y frío, el viento se arremolina y la gélida nieve me golpea en la cara, mi rostro se sonroja y me cuesta mucho mover los dedos, supongo que deben estar congelándose; no dejo que el miedo se apodere de mí, me tiro al suelo y comienzo a agitar los brazos y las piernas, me levanto otra vez y observo el “angelito de nieve” que he dibujado en el suelo, es gracioso y a la vez es estúpido, pero eso a mí me da igual ya que por un pequeño instante he vuelto a disfrutar y a sentirme como un niño, feliz. No puedo evitar reírme, qué idiota puedo llegar a ser a veces.

    Cambio de escenario, este ya me gusta más, recuerdo todas esas ensordecedoras voces, todos esas cegadores luces, veo mucha gente, la veo a ella, le veo a él y me veo a mí; la verdad es que de joven no estaba nada mal, ahora puedo comprender por qué les gustaba tanto a las chicas; aunque bueno, creo que aún lo sigo haciendo… Supongo que aún no he perdido mi toque.

    Me acerco más hasta donde estamos los dos, afortunadamente ninguno de los allí presentes, ni él, ni ella, ni siquiera mi yo del pasado pueden verme, sin embargo yo si puedo observar como dirijo aquel combate, sin duda alguna ambos lo estábamos disfrutando al máximo, se veía en nuestras miradas, se hacía sentir con nuestras voces, se representaba con nuestros gestos; la tensión y la emoción reinaban en el ambiente, añoro esos días, esas amistades ¡Lo admito! Si esa no fue la mejor etapa de mi vida, al menos fue en la que mejor me lo pasé.

    Creo que esta vez seré bueno y no voy a desvelar el resultado de tal enfrentamiento, ni siquiera el donde y el cómo tuvo lugar, eso sería estropear el posible final de esta historia y no estoy dispuesto a hacerlo, es algo que nunca ha estado entre mis planes, aunque bueno, en verdad nunca nada ha estado dentro de ellos.

    Espera ¿Qué dices? ¡Ah, claro! Imagino que tanto viaje en tan poco tiempo habrá conseguido marearte un poco ¿Cierto? Bueno, en ese caso no te preocupes, es normal, relájate y toma un poco de aire fresco, ya regresamos a donde estábamos al principio.

    Llegados otra vez a este punto siento tener que volver a repetirme, pero es que como ya he dicho antes no han sido precisamente pocas las veces en las que toda esa gente con la que de verdad he tenido el gusto de tratar me ha preguntado “¿Cuándo piensas asentar la cabeza?”; la verdad es que cada vez que pienso en esa pregunta y en su posible respuesta no puedo evitar reírme.

    Desde niño, desde aquella vez, me dije a mi mismo que no volvería a desperdiciar jamás un solo segundo de mi vida, por ello nunca sería capaz de aceptar un trabajo que me obligase a seguir una rutina que me cortase las alas, ni siquiera estoy dispuesto a aceptar un trabajo en el que tenga que tratar con Pokémon, ninguno en el que pueda ganar millones; quizás sea por eso por lo que mucha de esa gente que me pregunta que cuando voy a asentar la cabeza se siente asombrada cuando les contesto que he rechazado puestos tan suculentos como el de ser un Líder de Gimnasio, un Alto Mando o incluso un reconocido Campeón Pokémon y después me echo a reír; altos cargos que siempre han supuesto la ambición y metas de muchos, han estado presentes en los sueños de otros tantos y en las manos de muy pocos; a mí no me interesan en absoluto.

    Desde hace ya muchos años llevo siendo un espíritu libre, hago lo que quiero, como quiero y cuando quiero; ese mismo día que me prometí no malgastar ni un minuto vivido me juré también que solo yo sería el escritor de mi propia historia, una historia de libertad, una historia que no tuviese un guión definido y estuviese dispuesta a recibir improvisados cambios constantes; por eso, cada vez que la gente me pregunta que cuándo voy a asentar de una buena vez la cabeza se sorprenden y no pueden evitar reírse conmigo con la respuesta que yo les doy, ya que siempre les contesto que no pienso hacerlo nunca.

    Asentar la cabeza implicaría seguir una rutina, una rutina que limitase enormemente el transcurso de mi historia y que haría que todos los capítulos de mi vida fuesen siempre iguales, una rutina que me alejase de seguir viviendo experiencias; ¡No! No estoy dispuesto a que nada ni nadie maneje mi vida a su gusto y antojo, yo soy el que escribe estas líneas y el que decide que será lo próximo que pase, yo sigo mis propios pasos; ¡Yo quiero seguir siendo libre! ¡Quiero seguir disfrutando! ¡Quiero seguir haciendo todo lo que hice en aquellos gloriosos días! ¡Yo! ¡Yo, y solamente yo, soy y seguiré siendo el único dueño de mi destino!

    #2151362 03/08/2013 03:19
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    0Wish0Wish

    # Fecha de alta: 20/08/2008

    # Edad: 26 años

    # Ubicación: Isla Canela

    61 407 100 39
    Capítulo 001 — Primeras impresiones


    Las altas temperaturas a las que últimamente se había visto sometida la región de Kanto evidenciaban que efectivamente faltaba relativamente poco para la entrada oficial de la estación veraniega; esto claramente no era una excepción para aquellos que visitaban la ruta 11, ni siquiera para el joven que, acalorado, recuperaba fuerzas sentado bajo la sombra de un frondoso árbol intentando aprovechar las últimas gotas de agua que quedaban en su cantimplora.

    El chico, de alborotado cabello moreno y serena mirada de ojos verdes, apenas superaría los dieciocho años de edad aunque por su cara de “niño bueno” era fácil atribuirle un par de ellos menos; sin embargo, el rasgo por el que más se podría caracterizar éste no eran su pelo y sus ojos, era por su bronceada piel, la cual estaba salteada de lunares a lo largo y ancho de toda ella. Dicho joven vestía también unas bermudas de color caqui, una camiseta gris y unas zapatillas All-Star marrones.

    Entre sus piernas —algo irritadas por el contacto con alguna que otra mala hierba— se podía diferenciar a una criatura que, acurrucada, parecía estar disfrutando de una apacible siesta; no obstante, uno de los movimientos que el muchacho hizo con sus piernas consiguió despertarla, tras lo cual ésta se puso en pie pudiéndose así se ver con algo más de exactitud su anatomía.

    Dicho ser era una especie de grácil comadreja de pelaje azabache adornado con una serie de plumas carmesíes en la zona de la cola y oreja izquierda, su estatura además apenas rozaría los noventa centímetros de altura; poseía fuertes garras al final de cada una de sus extremidades motrices y unos vivarachos ojos de írises rojos entre los cuales resplandecía una brillante gema ambarina, la cual estaba presente también en su pecho.

    —Mira quien se ha despertado. —Sonrió el muchacho a la Sneasel mientras la acariciaba la cabeza, cosa que la agradaba bastante. —Toma, te he guardado una galleta sin que se entere Yukón, cómela rápido.

    De pronto las ramas de los árboles que había a su alrededor comenzaron a moverse bruscamente ocasionando que las aves que anidaban en ellos emprendieran el vuelo; inesperadamente para ambos una figura cayó desde encima de sus cabezas y con gran rapidez tomó el dulce de las manos del joven, tras lo cual, en cuestión de segundos volvió a desaparecer después de subirse de nuevo al árbol.

    Aquel espontáneo se trataba de bípedo ser de aspecto reptiliano y amarillenta mirada que pasaba sobradamente el metro y veinte centímetros de estatura y cuya escamosa piel de color verde se podía confundir con la vegetación del lugar —aunque desde la zona de la garganta hasta la parte final de su tronco era de color rojo anaranjado—; su anatomía lo completaban una larga hoja que protuberaba de la zona de su nuca similar a las que florecían en su cola y muñecas, las cuales acababan en tres afiladas garras al igual que sus extremidades inferiores.

    —¡Sniii! —Chilló la pequeña comadreja para nada dispuesta a permitir que aquel avispado ladrón se adueñase del crujiente dulce que tan a punto estuvo de consumir.
    —No le des importancia, Clove—Dijo el muchacho al tiempo que agarraba en pleno salto a la enfurecida Sneasel y lograba evitar así una fea disputa entre compañeros de equipo. —, cuando lleguemos a Ciudad Carmín te compraré más. —Añadió con una gota de sudor recorriendo su sien.
    —¡Grovail! —Gruñó como signo de victoria el Pokémon gecónido desde lo alto de la rama, para después dejar caer con un poco de malicia un pequeño pedazo de corteza seca sobre la cabeza de su compañera.

    Desde los brazos de su entrenador, la Sneasel propinó un pequeño salto que la permitió comenzar a escalar sin mucho esfuerzo por el tronco del árbol —ayudada claro está por sus puntiagudas garras— hasta llegar a donde el gecko reía por la broma que éste había gastado; ligeramente cabreada, la pequeña comadreja sopló un fino viento cargado de partículas congeladas que el Grovyle no dudó en esquivar sin mucha dificultad, tras lo cual contestó a la ofensiva con una leve expectoración de semillas incandescentes que golpearon a la pequeña en el pecho y la cara.

    Con el fin de evitar que la pelea entre ambos se prolongase, el chico de los ojos verdes en seguida tomó una esfera cruzada a lo largo de su diámetro por una franja negra (dividiendo así la Pokéball —que era como se conocía a este artilugio— en dos mitades, roja la superior y blanca la inferior) de la que tras pulsar un pequeño botón central emitió un pequeño rayo láser de color rojo que apuntó en el cuerpo del Pokémon del tipo planta, envolviéndolo completamente tras un par de segundos y acto seguido desmaterializándolo para introducirlo poco después en el interior de dicha cápsula.

    Sintiéndose clara ganadora, la Pokémon siniestra en seguida regresó hacia donde se encontraba su entrenador, acabando de nuevo en sus brazos tras volver a repetir otro de sus saltos; no muy contento por cómo ésta estaba actuando, el muchacho optó por depositarla otra vez en el suelo, acto que no impidió que la Pokémon continuase con sus oportunas carantoñas.

    —¡Sniii, niiisel! —Ronroneó mimosamente la Pokémon al mismo tiempo que ahora se frotaba con la pierna de su compañero humano como muestra de afecto algo pícara e interesada hacia él.
    —La verdad es que ya no sé que tengo que hacer con vosotros dos para que dejéis de pelearos de una vez… —Suspiró el joven al tanto que colgaba la Pokéball correspondiente a Yukón en el pequeño gancho que sobresalía de su cinturón. —En fin, creo que lo mejor será que continuemos caminando. —Siguió diciendo al tiempo que acariciaba la cabeza de la Sneasel. —Si te fijas a lo lejos ya puede verse la Cueva Diglett, así que no puede faltar mucho para que lleguemos a Ciudad Carmín.

    Lunes, 8 de Junio, Calles de Ciudad Carmín, 14:12 PM.

    Ciudad Carmín, definida por sus gentes como “El puerto de los ocasos exquisitos”, era una de las más importantes ciudades de la región puesto que era la puerta que conectaba a Kanto con el mundo dada su condición costera; por ello era frecuente ver sus calles completamente abarrotadas de gente a casi cualquier hora del día e innumerables barcos amarrados en sus astilleros.

    Conforme la peculiar pareja se iba adentrando en el núcleo urbano, la deliciosa mezcla de los olores emanados por los restaurantes que reclamaban clientela no tardó en captar su atención; seguramente, de haber sabido de tan embaucadores olores el muchacho hubiese aplazado la comida hasta haber llegado a la ciudad, sin embargo, como eso ya no tenía remedio su único objetivo ahora era el de encontrar el Centro Pokémon.

    —Según este folleto de la ciudad, el Centro Pokémon queda tan solo a un par de manzanas más abajo de donde ahora mismo estamos —Dijo el ojiverde, tras lo cual plegó el tríptico de papel plastificado y lo guardó en uno de los bolsillos laterales de su equipaje. —, así que si conseguimos encontrar la calle principal llegar hasta allí será pan comido.
    —¡Esnísel! —Chilló la pequeña Pokémon maravillada por la cantidad de olores con los que su sentido del olfato estaba teniendo la oportunidad de disfrutar, sobre todo por los producidos por los pescados asados.

    A pesar de creer haber seguido el camino correcto, humano y Pokémon finalmente acabaron frente a un viejo solar en obras de aspecto abandonado —puesto que la vegetación estaba volviendo a florecer— en el que quizás la única cosa a destacar sería una gran montaña de vigas oxidadas y tubos apilados en el medio de la parcela y lo que parecía ser el inicio de la cimentación de un edificio.

    —Galerías comerciales Carmín, próxima inauguración… —Logró descifrar el muchacho tras poder leer a duras penas el viejo cartel degenerado por los años y ubicado a la entrada del recinto. —Pues yo creo que este sitio de comercial tiene más bien poco ¿No crees, Clove? ¿Clove?

    Sin embargo (y por raro que esto resulte) la pequeña comadreja no parecía estar prestando ahora demasiada atención a lo que el joven le decía, dado que a ésta parecía importarle más algo que permanecía oculto tras la pila de tubos oxidados y que para nada la resultaba de su agrado; este era el principal motivo por el cual la Sneasel permanecía apoyada sobre sus cuatro extremidades, con el fino pelaje de la espalda erizado y dejando escapar algún que otro gruñido al tiempo que mostraba sus filosos y cuidados dientes.

    Con la esperanza de que pudiera tratarse de un Pokémon salvaje con el que combatir (y por qué no, capturar) el moreno ordenó a su compañera para que ésta se acercase un poco más, orden que la pequeña siniestra acató a la perfección subiéndose a lo alto de la montaña de tubos y mirando a ver qué era lo que se ocultaba tras ellos.

    De pronto, aquello que parecía incomodar a Clove fue descubierto en forma de tres niños pequeños (cuyas edades comprenderían entre los siete y diez años) que salieron corriendo de su escondite tras ser encontrados por la Pokémon.

    Cabe mencionar que ambos niños parecían estar vestidos simulando ser agentes de policía, puesto que el más mayor de ellos llevaba colgando alrededor de su cuello una chapa de sheriff, el segundo (algo más joven que el primero) unas gafas y una pistola de agua y el tercero y más joven de todos, una pipa de juguete muy similar a las que se usan para fumar; del mismo modo se podría mencionar también que el cabello de los primeros citados era de color negro, mientras que el del último era rubio claro.

    —Vamos, Connor, dile algo. —Susurró al oído el más pequeño de los tres a quien parecía ser el líder de la pandilla.
    —¿Eh? ¡A-ah sí, intruso! ¿Qué se supone que estás haciendo en nuestra base? —Tartamudeó por un momento el niño antes de intentar demostrar sus dotes de liderazgo. —¡Estás en un lugar secreto! ¡Vamos, identifícate!
    —Soy Ecko Davenport y vengo de Isla Canela; sólo soy entrenador, estábamos buscando el Centro Pokémon y al final no sé cómo hemos acabado llegando hasta aquí. —Se identificó a sí mismo sin poder evitar esbozar una ligera sonrisa ante la atenta mirada de los tres pequeños. —Y vosotros ¿Quiénes sois?

    Con el dedo algo tembloroso, el niño portador del arma de juguete apretó el gatillo de ésta dejando escapar así un fino chorro de agua dirigido hacia Ecko, quien rápidamente pudo esquivarlo apartándose hacia la derecha, evitando así quedar empapado.

    —¡Silencio! ¡A-aquí las preguntas las hacemos nosotros! —Exclamó el niño de las gafas, tras lo cual volvió a disparar su juguete contra el muchacho de Isla Canela, no pudiendo hacer nada por evitar el impacto y acabando con buena parte de su ropa mojada.
    —Veo que no nos conoces ¿Eh? —Dijo aparentemente con algo más de valor y confianza el cabecilla del pequeño grupo de niños. —¡Pues ya que insistes te lo diré! —Exclamó cruzándose de brazos y dándole la espalda al supuesto invasor. —¡Yo soy el detective Connor, y ellos son mi pistolero, Tomas, y mi mano derecha, Andy! —Continuó con su presentación. —¡Los tres juntos somos el “Superejército Especial de Ciudad Carmín”!

    Ligeramente sorprendido por el numerito que acababa de presenciar y sin intenciones de acabar con la ropa aún más empapada, rápidamente Ecko ordenó a su compañera subirse a su hombro para poder marcharse cuanto antes de allí y así dejar a los niños jugar en paz; sin embargo, tras un nuevo disparo de agua que impactó en su espalda, éste se detuvo bastante mosqueado.

    —¡Alto, intruso! —Dijo con un ligero ápice de coraje Connor mientras se llevaba la mano a uno de los bolsillos traseros de sus pantalones. —¡Has invadido nuestra base y no podemos dejar que te vayas así como así de ella! ¡Te reto a un combate Pokémon!
    —P-pero, Connor… —Tartamudeó de nuevo Andy mientras susurraba otra vez al oído de su amigo sin perder de vista al mayor. —Él dijo antes que era un entrenador ¿Crees que podrás derrotarle solo con tu Pokémon?
    —¡Claro que sí! ¡Puede que no llevemos mucho tiempo siendo compañeros, pero estoy seguro de que venceremos! —Contestó mostrando a su futuro rival la Pokéball que llevaba consigo; al mismo tiempo la mirada del pequeño Andy se inundaba con un poco de pánico, la de Tomas no tanto. —¿Qué me dices, Ecko? —Añadió, tomando su voz un tono algo vacilón cuando pronunció el nombre del moreno.
    —Supongo que no me queda otra alternativa. —Se dignó a contestar el ojiverde esbozando una ligera sonrisa de picardía, pues en cierto modo veía este combate como una oportunidad para dar un breve escarmiento a los tres chiquillos por haber empapado su ropa y equipaje.
    —Será uno contra uno —Estableció el nobel. —, y no se te ocurra hacer trampas porque Tomas te va a estar apuntando en todo momento. —Señaló, tras lo cual el mencionado enfocó su juguete contra el intruso y acto seguido asintió levemente con la cabeza. —¡Te elijo a ti, Kane!

    Tras el haz de luz generado por la Pokéball del niño terminó por materializarse en el campo de batalla un pequeño roedor cuadrúpedo que apenas rozaría el medio metro de altura, de grandes ojos de írises rojos y morada piel salteada por manchas algo más oscuras a lo largo de su anatomía; el Pokémon contaba además con dos grandes orejas (cuyo interior era de color verde) llenas de pinchos de proporciones algo menores a los de su espalda, dos duras uñas en cada garra y un pequeño cuerno apuntando al frente en lo más alto de su cabeza.

    —¿Qué dices tú, chica? ¿Te apetece salir a divertirte un rato? —Preguntó el ojiverde a su compañera Pokémon, invitación que ésta aceptó de manera inmediata. —¡Entonces decidido, yo elegiré a Clove!
    —¿Q-qué? ¿Vas a usar a tu Sneasel? —Tartamudeó Andy tras conocer al adversario al que su amigo iba a tener que enfrentarse, muy posiblemente con la idea en mente de que abandonar el desafío sería la mejor de las opciones. —Pero Connor, esa Pokémon tiene unas garras afiladísimas…
    —¡P-pues no me da miedo! —Exclamó el cabecilla del grupo intentando demostrar ser un líder valiente, sin embargo el modo con el que sus rodillas castañeaban demostraba más bien lo contrario. —¡Kane, ataca con picotazo venenoso!

    A base de sacudir las espinas de su espalda, el Nidoran fue capaz de expulsar una pequeña cantidad de aguijones cargados por un tóxico brillo incandescente que rápidamente se dirigieron hacia donde se encontraba Clove, quien no muy asustada se limitó a evadirlos después de desvanecerse en el aire, dejando en el proceso una pequeña bruma oscura.

    Desprevenido y algo asombrado por como la Pokémon se había —literalmente— esfumado, el pequeño conejo del tipo veneno no se percató de que dicha mancha borrosa se acercaba a su posición hasta que sintió como unas afiladas zarpas lo arañaban en el costado derecho de manera violenta, obligándole a retroceder un par de metros.

    No contenta con ello, la Sneasel volvió a materializarse de entre las sombras y viendo como su rival se lamentaba por el daño causado, aprovechó para soplarle un frío viento similar al que anteriormente le había lanzado a Yukón, pero que al contrario que en la citada ocasión, el golpe esta vez sí que impactó en su objetivo.

    —¡Kane! ¿Te ha dolido? —Rápidamente el niño se interesó por su compañero Pokémon puesto que éste, a pesar de no sufrir aparente demasiado daño físico, no dejaba de tiritar a causa del gélido viento que le había alcanzado. —¡Oye, tú, dijimos que nada de trampas!
    —¡Nidoo! —Estornudó el pequeño conejo violeta.
    —<<¿Trampas? ¿Qué trampas?>> —Pensó Ecko en vista del poco nivel de entrenamiento con el que contaba su rival. —Clove, intenta no ser tan brusca la próxima vez ¿Quieres?
    —¡Sniii! —Chilló la fría comadreja a modo de asentimiento, aunque si bien al principio no le gustó demasiado tener que contenerse contra el rival, finalmente el aprecio que ésta tenía hacia su entrenador acabó por hacerla ceder.
    —¡Kane, placaje! —Ordenó el novato.
    —¡Clove, esquivar!

    No dispuesto a perder el combate, el Nidoran partió a la carrera —llegando incluso a verse envuelto por una ligerísima aura plateada— dispuesto a placar a su contrincante; no obstante, la astuta comadreja optó por esperar al momento más crítico para volver a desvanecerse entre las sombras, desencadenando que el Pokémon del tipo veneno acabase cayendo de bruces sobre el suelo.

    Sin embargo, aprendiendo de los errores cometidos por su parte en el turno anterior, el Pokémon del novel se aventuró a propinar una coz con sus patas traseras que logró impactar en la oculta Sneasel, quien para nada esperaba ser golpeada; en consecuencia del impacto, Clove salió despedida un par de metros atrás de donde se encontraba, cayendo al suelo sobre su trasero y reflejando un feo enfado sobre su rostro.

    —¡Eso es, Kane! —Rió Connor saltando de alegría. —¡Otra vez, picotazo venenoso!
    —¡Sniii! —Chilló enfadada la Sneasel después de levantarse del suelo; tras esto lanzó una maliciosa mirada a su rival para después peinarse las plumas de sus orejas con cierto coqueteo.
    —Conozco demasiado bien esa mirada tuya, Clove. —La regañó el chico de los lunares muy conocedor de lo que su pequeña Pokémon podía estar tramando. —; limítate a actuar como te he indicado antes ¡Viento hielo!

    Ambos Pokémon partieron a la carrera uno en pos del otro desde sus respectivas posiciones hasta el punto de pensar que ambos iban a acabar colisionando; sin embargo, cuando ya faltaba poco para ello, Clove propinó un pequeño salto que sumado a la inercia de la carrera fue lo suficientemente potente como para pasar sin problemas sobre su rival, momento que rápidamente aprovechó para de nuevo expulsar el frío viento, que una vez más acabó acertando en el objetivo.

    Nada más caer al suelo la oscura comadreja continuó con su carrera durante un par de pasos más, tras lo cual volvió a desaparecer de nuevo entre las sombras dejando solamente en el campo al pequeño Nidoran, helado de frío y estornudando.

    Instantes después Clove volvió a reaparecer en el terreno de batalla, concretamente frente a su tiritón adversario, quien no pudo hacer nada por evitar un segundo zarpazo y mucho menos por acabar cayendo derrotado sobre el terreno.

    —K-Kane… —Tartamudeó Connor antes de correr hasta donde se encontraba debilitado su compañero para poder tomarlo en brazos y hacerlo regresar a su Pokéball. —¿Pero cómo?
    —¡Te dije que no fueses tan severa! —Advirtió el ojiverde a la oscura comadreja, quien en seguida se acercó hasta donde aguardaba su entrenador y comenzó a hacerle carantoñas para evitar que éste continuara con sus regañinas, cosa que en cierto modo consiguió. —En fin, será mejor que regreses tú también.
    —¡Detective Connor! —Exclamó ligeramente angustiado Tomas tras acercarse a donde se encontraba el líder de la pandilla. —Me temo que no me queda más agua en el depósito de la pistola y eso es un serio problema… —Comentó tras un repetido intento fallido de disparar a Ecko. —¿Qué hacemos? ¿La estrategia Dodrio?
    —No podemos salir corriendo. —Masculló el niño de las gafas con las mejillas algo sonrojadas por la vergüenza.
    —Supongo que ahora estáis interesados en ir a un Centro Pokémon ¿no? —Preguntó Ecko con algo de malicia mientras se escurría parte del agua que empapaba su camiseta. —¿Qué me decís? ¿Vamos los cuatro juntos?

    Centro Pokémon de Ciudad Carmín, 14:53 PM

    Las cristalizadas puertas revestidas con firmes marcos de aluminio se desplazaron lateralmente dejando que corriese así una suave brisa climatizada proveniente del interior de tal edificio: Una estructura de varios pisos de altura y cuya forma recordaba vagamente a la forma de una Pokéball (principalmente por sus colores) gigante.

    Con paso decidido, el muchacho de Isla Canela se adentró en dicha edificación siendo lo primero con lo que se encontró una vasta recepción en la que se respiraba tranquilidad (quizás porque las paredes —algunas de ellas repletas de carteles y mapas— de color cremoso ayudaban a ello) y en cuya zona más próxima a la pared del fondo se extendía una amplia encimera de mármol de tonalidad acaramelada —que combinaba con la cenefa naranja del suelo—, tras la cual una joven y atareada enfermera de piel rosada ataviada con un vestido rosa y un delantal blanco terminaba de repasar una serie de archivos en un ordenador y acto seguido tomaba una gran pila de carpetas para poder ocultarlas bajo el mostrador; tras esto, la guapa muchacha dejó escapar un profundo suspiro y acto seguido pasó su frágil muñeca derecha por su frente, quizás con intención de quitarse el sudor.

    —¡Bienvenido al centro Pokémon de Ciudad Carmín! —Le recibió la enfermera de cabello verdoso acabado en dos coletas en forma de aro y mirada de írises zafirinos —Somos especialistas en restaurar la salud de tus Pokémon ¿Podemos ayudarte en algo?
    —Hola, enfermera Midori. —Contestó Ecko tras leer el nombre de ésta en una pequeña chapa que llevaba prendida de su vestido. —Quisiera que mi equipo recibiese un chequeo antes de poder tener un combate en el Gimnasio local. —Explicó. —También me gustaría reservar una habitación por un par de días.
    —No estoy segura de poder garantizarte una estancia ya que últimamente el número de entrenadores que buscan hospedarse va en aumento conforme se va acercando la Liga Pokémon… —Informó la peliverde mientras revisaba uno de los cajones del escritorio. —Sin embargo parece ser que tuviste bastante suerte, la habitación número doce del segundo piso está libre.

    Tras entregar a la enfermera la plastificada tarjeta que lo acreditaba como entrenador oficial y comprobar en la memoria del ordenador que todo estaba en orden, Midori hizo poseedor a Ecko de la llave que correspondería a su estancia; tras devolverle la tarjeta, la peliverde indicó al moreno cómo podía éste acceder a su habitación, explicación que no le resultó desconocida puesto que la distribución del inmueble era similar al resto de Centros Pokémon en los que ya había estado.

    —Muy bien, y ahora vamos a echar un ojo a esos Pokémon. —Añadió Midori mientras colocaba sobre la encimera una bandeja metálica con seis huecos semiesféricos.
    —Gracias, enfermera. —Exclamó agradecido a la par que aliviado Ecko mientras introducía una a una las seis pokéball de tamaño ampliado en cada una de las hendiduras de la bandeja.

    De una de las puertas de cristal ubicadas a las espaldas de la enfermera apareció un rechoncho y rosado ser de estatura mediana, vivarachos ojos negros y orejas dividas en tres gruesos flecos que portaba en una especie de marsupio a la altura del ombligo un misterioso huevo de color cremoso, el cual no dejaba de acariciar.

    Al grito de “Chansey”, la peculiar enfermera —puesto que llevaba en la cabeza una cofia con una cruz verde similar a la de su compañera humana— tomó la metálica bandeja y se adentró nuevamente en las instalaciones del Centro Pokémon al tiempo que tarareaba una alegre melodía.

    Sabiendo que sus compañeros se encontraban ahora en las mejores manos profesionales, el moreno siguió el camino que anteriormente le había indicado la enfermera y subió rápidamente las enmoquetadas escaleras que comunicaban la planta en la que ellos se encontraban con las del segundo piso, el cual no era más que un alargado pasillo iluminado con pequeños apliques de pared azulados colocados entre cada una de las puertas de las habitaciones en las que éste desembocaba.

    No fue difícil para Ecko encontrar la habitación que le había sido asignada puesto que esta se encontraba casi al inicio del corredor, y bastó con un simple giro de llave para que la puerta que lo separaba del interior le dejase pasar y contemplar así el lugar en el que se iba a hospedar: Una cama doble con un juego de mantas azules dobladas en el regazo de esta, un pequeño escritorio de madera con su respectiva silla, una lámpara de pie al lado de éste y una pequeña puerta de color hueso ubicada a la izquierda de la entrada que conducía al baño.

    —<<Al menos esta vez tengo baño para mí solo>> —Dijo para sí Ecko arrojando su mochila sobre la silla del escritorio para acto seguido desprenderse de su vestimenta y lanzarla en un arrugado montón al mismo lugar. —<< A ver si esta ducha consigue aliviarme un poco este picor en las piernas>> —Continuó en sus pensamientos al tiempo que corría la cortina de la ducha, observando los botes de gel y champú que el servicio de habitaciones había dejado allí.

    Relajado tras haberse dado el placer de disfrutar de una ducha de algo más de diez minutos, el chico de los lunares, envuelto en una toalla blanca alrededor de la cintura, optó por limpiar el desorden que había preparado nada más llegar a la estancia introduciendo las prendas utilizadas en una bolsa de plástico que después guardó en su mochila, tomando además del interior de ésta unas bermudas marrones y una camiseta granate; no obstante optó por conservar las zapatillas, las cuales eran sus favoritas.

    Finalizado ya su aseo, tras tomar la llave de su habitación y un poco de calderilla de su monedero, el moreno abandonó la habitación y se dirigió nuevamente al piso principal con el fin de poder utilizar uno de los videoteléfonos con los que contaba edificio, para así poder realizar una llamada que desde que había llegado a la Ciudad tenía en mente realizar.

    —¿Si? ¿Quién es? Pástor al aparato —Se escuchó por el altavoz del artilugio mientras en la pantalla del aparato electrónico ocho pequeños círculos de color azul celeste giraban describiendo una circunferencia, señalizando así que ésta se iba a encender de un momento a otro. —Dichosa tecnología moderna ¿Cómo narices se enciende esto? —Continuaban los murmullos. —¡Ahora, ya! ¿Quién está ahí? ¡Anda Ecko, eres tú, menuda sorpresa!

    Finalmente la pantalla el videoteléfono acabó por encenderse y en ella Ecko pudo diferenciar a un hombre de unos sesenta y cinco años de edad, de canoso cabello plateado y ojos ocres cubiertos por unas lentes de pasta marrones; su piel estaba bastante bronceada y la vestimenta que se podía diferenciar de éste no era más que una vieja y manchada bata de laboratorio colocada sobre una horrible camisa azul de flores.

    —¡Hola abuelo! —Saludó el chico de los lunares a quien se encontraba al otro lado del videoteléfono. —¿Es que Naomi todavía no te ha enseñado aún a usar el videomisor? —Rió.
    —Lo ha intentado, hijo… —Comentó el mayor mientras toqueteaba una serie de botones del electrodoméstico, causando que el zoom aumentase y disminuyese constantemente. —Pero sabes que ella todavía está preparando sus exámenes finales, asique sigue algo liada. —Explicó. —Además he dicho que yo mismo tengo que aprender a manejar estos cacharros por mi cuenta, porque de lo contrario ¿Qué clase de científico sería?
    —Me alegra ver que las cosas en casa siguen igual que antes de que me fuera. —Sonrió el moreno encogiéndose de brazos y moviendo levemente la cabeza. —A propósito ¿Qué tal va todo por allí?

    Por un instante Ecko dirigió la mirada a un pequeño reloj digital ubicado cerca de la ranura en la que se introducían las monedas y que indicaba el tiempo que faltaba para terminar la conversación; en vista de que aún era suficiente siguió conversando con su abuelo.

    —Pues verás, tu madre aún sigue con su trabajo en el Centro Pokémon de Ciudad Azulona y no ha regresado a casa desde que llegó a Kanto —Informó el viejo mientras intentaba evitar repetidas veces que sus gafas se escurrieran. —, y tu padre y yo al fin hemos conseguido avanzar en el proyecto que ambos traíamos entre manos junto con los padres de Muse.
    —Entonces supongo que esta vez tampoco podrá ponerse al teléfono… —Se limitó a contestar Ecko ante la explicación de su abuelo. —De todas formas el motivo de mi llamada solo era para deciros que ya llegué a Ciudad Carmín y que planeo desafiar al Líder local esta misma tarde; por lo que si todo sale bien, quizás el viernes pueda tomar el primer ferry que salga a Isla Canela para poder estar allí el sábado.
    —Veo que ya no pierdes tanto el tiempo, eso es bueno. —Sonrió el hombre mesándose la barbilla con la mano derecha y moviendo la cabeza a modo de afirmación. —¿Sabes, hijo? Milo, nuestro ayudante, está Ciudad Azafrán exponiendo en la sede de Silph un prototipo del proyecto que te he hablado antes y tiene previsto el regreso para este mismo miércoles —Informó Pástor. —, si todo te sale bien podríais regresar juntos a Isla Canela.

    Después de introducir unas cuantas de monedas más, el tiempo de duración de la llamada se prolongó por un par de minutos; mientras Ecko hacía esto, Pástor pareció haber toqueteado algún botón de su correspondiente videoteléfono, pues la imagen de la pantalla sufrió una pequeña interferencia.

    —Además me sentiría mucho más tranquilo sabiendo que tú regresas a casa junto a él —Añadió el científico. —; ya sabes que Milo es solamente un chico de pupitre y el proyecto que lleva es demasiado tentador si cae en malas manos —Continuó. —, no le vendría mal un poco de protección.
    —¡Entonces perfecto! Cuando termine lo que tengo pendiente aquí me acercaré hasta Ciudad Azafrán para hacerle una visita. —Dijo finalmente Ecko. —¿Te encargarías tú de avisarlo por mi?
    —¡Claro que sí, hijo! Diré también a tu padre que has llamado y daré un beso a tu hermana de tu parte. —Sentenció finalmente el hombre mayor la conversación. —Nos veremos cuando regreses a la casa. —Se despidió. —¿Cómo me dijo Naomi que se apagaba este cacharro? A ver, era el botón rojo… —Dijo, tras lo cual la pantalla del videoteléfono de Ecko se apagó y cayeron un par de monedas como cambio al dinero gastado en la llamada.

    —Estos tres meses fuera de casa han pasado realmente rápido… —Murmuró el muchacho mientras tomaba las monedas sobrantes y las guardaba en uno de los bolsos de su pantalón. —<<Aún es bastante pronto, supongo que no será del todo mala idea regresar a la habitación para poder descansar un poco>>

    Después de abandonar el cuarto de los videoteléfonos y tras llegar a su dormitorio, Ecko se despojó de sus zapatillas y optó por arrojarlas al baño para después cerrar la puerta a fin de evitar así malos olores; con los pies descalzos, el ojiverde sintió una placentera y reconfortante sensación de frescor cuando éstos entraron en contacto con el frío baldosín.

    Tras tumbarse en la cama, el joven tomó de su mochila una especie de enciclopedia electrónica de oscura carcasa rojiza en la que a grandes rasgos protuberaba un voluptuoso y brillante botón azul, el cual, tras pulsarlo, ocasionó que la tapa superior de dicho artilugio se desplegase hacía arriba —como si de un libro colocado en horizontal se tratase— dejando a la vista dos pequeñas pantallas táctiles de características similares a las del videoteléfono y un pequeño número de botones ubicados a sendos laterales de la pantalla inferior; el artilugio era conocido como Pokédex.

    Sin embargo el ojiverde apenas ojeó dicho aparato por más de cinco minutos, ya que finalmente el cansancio, los bostezos y la comodidad que aquella acogedora cama le brindaba fueron los factores desencadenantes de que éste poco a poco fuese cayendo en un profundo estado de sueño, quedando inevitablemente dormido.

    No obstante la tranquilidad y el descanso que esa inesperada e involuntaria siesta le proporcionaba fueron perturbados por un agudo, molesto y repetitivo pitido proveniente de algún lugar del cuarto. Aún en estado de sueño, el joven del pelo negro se levantó somnoliento de la cama de la habitación y buscó dificultosamente el causante de tan molesto zumbido, el cual no era nada más y nada menos que su Pokédex, la cual se estaba quedando sin batería al haber permanecido durante casi tres horas y media encendida sin ni siquiera estar en el modo de ahorro energético.

    Aún somnoliento, el moreno sacó del mismo bolso del que había sacado previamente su Pokédex un pequeño enchufe que acto seguido acopló en uno de los orificios de ésta tenía en uno de su lomo derecho para después conectarlo a la corriente, ocasionando que la pantalla superior se tornase oscura con una pequeña pila blanquecina parpadeante en la esquina superior derecha y un reloj electrónico de dígitos azulados apareciese en la inferior, mostrando a Ecko la hora que en verdad era y alarmándolo notablemente.

    —¡Oh, no! ¿Son ya más de las siete? —Exclamó con frustración al comprobar que había estado durmiendo durante casi toda la tarde. —Espero que el Gimnasio aún siga abierto… —Murmuró, tras lo cual abandonó a toda prisa su habitación y regresó hasta el mostrador del hospital bajando las escaleras que comunicaban ambos pisos de dos en dos sin poder evitar pegar un tropezón de vez en cuando.

    El trajín al que había estado sometido el Centro Pokémon durante buena parte de la mañana se había reducido notablemente; no obstante Midori seguía ateniendo pacientes como buena profesional de la enfermería que era, siendo en este caso un chico (posiblemente rondaría los catorce años) el que entregaba su debilitado equipo Pokémon alegando que la mayor parte de sus integrantes sufrían parálisis a causa de su combate anterior en el Gimnasio local.

    —Prométame que cuidará de mis Pokémon, enfermera Midori. —Suplicó el chiquillo con alguna que otra lágrima escurriendo de sus ojos mientras con manos temblorosas colocaba las Pokéball de sus compañeros en la bandeja que ésta le ofrecía.
    —No te preocupes. —Le animó la enfermera guiñándole uno de sus azulados ojos como gesto tranquilizador. —Ahora vuelve a casa y descansa, tus Pokémon estarán en mucho mejor estado mañana por la mañana.

    Después de que el chaval abandonase las instalaciones del Centro Pokémon con una leve mejoría en su estado de ánimo y un par de mocos escurriendo de su nariz, la alegre y atenta enfermera se dirigió a Ecko, quien exhalando casi sus últimos alientos, tomó una bocanada de aire para poder iniciar la conversación.

    —¡Buenas tardes! ¿Venías a recoger a tus Pokémon? —Preguntó la enfermera mientras pulsaba un botón de su escritorio para hacer venir a la Chansey ayudante.
    —Sí y por favor, enfermera, dígame: —Contestó Ecko aún algo jadeante. —¿Estará aún abierto el Gimnasio Carmín?
    —Sí, no tienes de qué preocuparte —Le informó con su dulce tono de voz. —, hace dos días que se aplicó ya el horario de verano y los Gimnasios que antes habrían hasta las ocho ahora abren hasta las diez.
    —Eso me da algo de tiempo… —Suspiró aliviado el entrenador. —¡Ah, sí! ¿Cómo se encuentran mis Pokémon, enfermera?

    Tras hacerla llamar, la alegre enfermera Chansey apareció portando la bandeja con las Pokéball de Ecko al mismo tiempo que seguía entonando su alegre canción; tras depositarla en la encimera se retiró por donde había venido.

    —Pues en líneas generales te alegrará saber que todos están estupendamente. —Contestó la peliverde. —Tan solo nos preocupaba un poco más el estado del ala derecha de Harrier, sin embargo puedes llevártelo junto a los demás; lo único que debes hacer es evitar que haga esfuerzos innecesarios. —Continuó. —¡Ah! Y no te preocupes por darles de cenar, acaban de terminar de comer hace escasos minutos por lo que ahora ya están con energías para combatir.
    —Me alegra oír eso, enfermera Midori. —Dijo el de los lunares tomando y colgando las cápsulas bicolores en su cinturón. —La verdad es que temía que el daño en el ala de Harrier fuese algo serio, pero parece ser que todo quedó en un susto.
    —¡Pues sí! Ya solo me queda desearte mucha suerte en tu combate. —Animó la peliverde mientras tomaba un pequeño folleto plegado de uno de los archivadores cercanos al ordenador y se lo entregaba a Ecko. —Mira, aquí hay un mapa de cómo llegar hasta el Gimnasio, aunque en verdad te basta con saber que está al lado del faro, junto al puerto.

    El cielo comenzaba a verse ligeramente teñido de naranja conforme más se fundía con el vasto mar y aunque el tráfico de personas por las calles de la ciudad era notoriamente menor con respecto a las horas puntas de la mañana, seguía siendo frecuente ver las terrazas de las tabernas o restaurantes repletas de grupos de personas celebrando cenas y reuniones de empresa o charlas entre amigos.

    Conforme Ecko se adentró en la zona del puerto pudo percibir que el ambiente allí era relativamente un poco más tranquilo, puesto que las únicas personas que allí se encontraban eran viejos pescadores sentados sobre el muelle pacientes a que algún pescado o Pokémon marino mordiese el anzuelo de sus cañas.

    Tras un tranquilo paseo de aproximadamente diez minutos, el ojiverde llegó hasta el imponente faro de Ciudad Carmín donde a sus pies, a pocos metros de un viejo muelle de hormigón, se alzaba un estrambótico edificio rodeado de exótica vegetación y en cuyas paredes embaldosadas con un brillante azulejo de color violeta se distinguían diversos motivos eléctricos tales como puntiagudos rayos anaranjados y haces de luz.

    En la fachada principal de éste, encima de la amplia cristalera en la que estaba ubicada la puerta de acceso, se podía diferenciar un enorme cartel con forma de Pokéball en el que se podía leer “Gimnasio Pokémon de Ciudad Carmín”; al lado derecho del cartelón se prolongaban tres gruesos cables de alta tensión que comunicaban con el faro, dando motivo a pensar que la electricidad utilizada por éste era la misma que se generaba en el Gimnasio.

    —Así que “El Rayo Americano” —Murmuró con un tanto de inoportuno sarcasmo el muchacho leyendo un pequeño panel fijado en la entrada. —Supongo que si le llaman así es porque se lo tiene bien ganado —Añadió mientras atravesaba la puerta mecánica con paso decidido. —; será mejor andarse con cuidado.

    Gimnasio Pokémon de Ciudad Carmín, 20:13 PM.

    En cierto modo la fachada exterior del Gimnasio poco tenía que envidiar a la extravagancia de la cenefa de color amarillo limón que cubría el interior, la cual además combinaba de manera un tanto peculiar con las paredes de color gris azulado; se podía observar también, ubicada en la pared de más al fondo, una gran puerta de metal en la que estaba plasmada el dibujo de una Pokéball cruzada por un rayo.

    En uno de los sofás violetas que había en el recibidor, permanecía sentado un muchacho con el pelo castaño ligeramente de punta y que con seguridad alcanzaba la edad del protagonista (aunque quizás fuese tres o cuatro años mayor); vestía además una camiseta negra y unas bermudas vaqueras bastante maltratadas.

    Dicho joven parecía mostrar gran interés en el videojuego que se encontraba jugando, hipnotizado además por el alto volumen de la música amplificada por los enormes auriculares que cubrían sus orejas y que fueron una de las principales causas por las que no se percató de la presencia de Ecko; no fue hasta que éste decidió tocarle el hombro derecho cuando el castaño se dignó a dirigirle una vaga mirada de ojos marrones que reflejaba cierto pasotismo.

    —Supongo que vienes para luchar contra el Teniente ¿Verdad? —Preguntó el joven apagando la consola y quitándose los auriculares de sus orejas. —Soy Jiro, el mejor aprendiz del Líder de este Gimnasio —Se presentó. —, quien por cierto se encuentra ahora mismo combatiendo. —Continuó. —Si quieres puedes darme tu tarjeta de entrenador y me voy haciendo cargo del papeleo.

    Tras comprobar que todo estaba correcto en la base de datos de la recepción, el muchacho castaño enseguida devolvió la acreditación de entrenador a su respectivo dueño, quien en esos momentos se encontraba mirando una amplia vitrina de trofeos en la que además de acreditaciones y premios, se podía apreciar alguna que otra foto del líder del Gimnasio — e incluso de Jiro— acompañados por todo tipo de Pokémon del tipo eléctrico.

    —¿Así que este es ya tu sexto combate de Gimnasio, eh? —Preguntó algo desafiante el chico de pelo castaño. —Supongo que entonces ya sabes lo que te toca ¿No? —Añadió mientras tomaba una Pokéball de tamaño reducido de uno de los ganchos de su cinturón.
    —¿Luchar contra ti? —Contestó Ecko esbozando una ligera sonrisa.
    —¡Exacto! —Exclamó Jiro dejando escapar otra leve sonrisa picarona. —Como es ya la sexta medalla por la que luchas y este es el cuarto Gimnasio de la ruta oficial establecida por la Liga Pokémon —Comenzó a explicar. —, me veo obligado a tener un combate previo contra ti para poder evaluarte antes de que tengas tu batalla contra el Líder.
    —Me parece bien. —Se limitó a responder el ojiverde, quien ya había tenido que tratar con una situación similar en otras dos ocasiones pasadas.
    —Entonces sígueme. —Acabó por decir el aprendiz del Líder del Gimnasio mientras le hacía una indicación con la cabeza. —¡Al fin un poco de acción —Exclamó algo emocionado. —, ya me había pasado ese videojuego como tres millones de veces!

    Ambos entrenadores no tuvieron que andar mucho hasta que, tras acceder a lo que parecía ser el patio trasero del edificio, llegaron a un pequeño parterre de arena cobriza delimitado por unas visibles líneas de cal; a pocos metros de cada una de las esquinas de dicho campo de combate se alzaban cuatro altos focos que fueron encendidos por Jiro tras accionar una serie de comandos ubicados en un panel de mandos acoplado a la fachada trasera.

    Cuando cada uno de los jóvenes hubo ocupado su mitad correspondiente del campo de batalla, Jiro rápidamente procedió con la explicación de las normas que dictarían el transcurso de dicho combate; las restricciones, en cuestión, eran que sería un combate de uno contra uno, sin límite de tiempo ni relevos y cuyo ganador sería el Pokémon que resultase vencedor del encuentro.

    —¡Sobra decirte que estás obligado a ganar este combate! —Añadió el del pelo castaño agrandando la Pokéball que antes había tomado. —Veamos si esas cinco medallas te las tienes bien merecidas. —Murmuró dibujando a la vez una pícara sonrisa. —¡Ve, Electrode!
    —<<Supongo que un Pokémon así era típico en este Gimnasio>> —Pensó el ojiverde mientras elegía al Pokémon adecuado para poder hacer frente a este desafío. —Espero no tener que arrepentirme después por esto... —Suspiró después de decantarse por una. —¡Sal, Yukón!

    La luz emanada por la Pokéball de Jiro poco a poco comenzó a tomar forma hasta el punto en el que sobre el campo de batalla acabó por materializarse una criatura completamente esférica que sobrepasaba con creces el metro y veinte centímetros de diámetro; la simple anatomía del ser podría verse íntimamente relacionada con la forma de las Pokéball convencionales si no fuera porque en este caso la mitad superior de dicha criatura (y en el que se encontraban dos vivarachos ojos negros de mirada fruncida) era de tonalidad blanca mientras que la inferior era de color rojo, donde además podía distinguirse una gran boca en la que chirriaban unos dientes blanquecinos muy apretados.

    Por parte del retador, el recién liberado lagarto dirigió un pequeño saludo a su entrenador llevándose la garra derecha a la frente, tras lo cual comenzó a olisquear el ambiente; al percatarse de que su rival estaba también en el campo de combate, el Pokémon de tipo planta no dudó en escupirle a modo de broma algo pesada un par de semillas que impactaron en su frente y obligaron a que el Pokémon eléctrico, sorprendido, tropezase y rodase hacia donde permanecía su entrenador, situación que pareció resultarle graciosa a Yukón, ya que éste produjo una especie de carcajada.

    A Ecko, no obstante, el comportamiento de su Pokémon no le pareció en absoluto el adecuado y mucho menos el que éste les había estado enseñado y fue por ello por lo que no dudó en regañarle, aún a sabiendas del espíritu bromista que gastaba Yukón.

    —<<Parece que hoy nos ha tocado lidiar con un graciosillo ¡Pues se va a enterar¡>>— Pensó Jiro al observar la escena que acababa de ocurrir. —En fin ¡Te recuerdo que tienes el primer movimiento! —Le informó al aspirante a ganar la medalla del Gimnasio.
    —¡Genial! ¡Yukón, en ese caso ataca con recurrente! —Se apresuró a decir Ecko con el fin de no dar tiempo para reaccionar a sus rivales.
    —¡Electrode, detenlo con chirrido! —Ordenó el castaño con semblante decidido. —¡Y en cuanto puedas, ataca con rayo!
    —¡Ilectrod!

    Siguiendo las órdenes dadas por su entrenador, el gecko expulsó violentamente desde lo más profundo de su rojiza garganta una rápida ráfaga de semillas incandescentes que enseguida explotaron al entrar en contacto con la lisa superficie del Pokémon eléctrico, quien a modo de respuesta emitió —a base de apretar sus gruesos dientes— un ensordecedor chirrido que además de provocar que el oponente cesara su arremetida, redujera también su capacidad para defenderse, lo que desencadenó que éste acabara recibiendo el impacto del relámpago, aunque afortunadamente para él sin consecuencias mayores.

    La sucesión de dichos ataques se prolongó durante un par de minutos más en los que el Pokémon eléctrico parecía llevar notable ventaja con respecto a su oponente, quien había recibido un mayor número de impactos; no obstante, debido a la resistencia que los Pokémon de tipo planta ofrecían a los de eléctrico, éste parecía poder continuar sin muchos problemas.

    Finalmente uno de los ataques eléctricos pareció estar cargado con mayor energía que el resto de los anteriores, lo que ocasionó que tras el impacto Yukón acabase cayendo de bruces al suelo.

    —¿Yukón, cómo te encuentras? —Preguntó el de Isla Canela, no muy preocupado por el daño recibido sino más bien por como su Pokémon pudiese reaccionar ante las sacudidas que le estaban alcanzando.
    —¡Gro, vail! —Gruñó el gecónido levantándose del suelo y sacudiendo hacia ambos lados la cabeza con intención de recobrar ligeramente el sentido.
    —¡Vamos Electrode, ahora lo tenemos en el punto de mira! —Exclamó Jiro señalando con el dedo (emulando una pistola) al Grovyle del ojiverde. —¡Repite tu rayo!
    —¡Esquívalo —Se apresuró a decir el moreno. —, y ataca otra vez con recurrente!

    Otro veloz rayo volvió a atravesar el campo de batalla, sin embargo esta vez logró ser esquivado con facilidad por el bromista reptil, quien acatando las órdenes de su entrenador enseguida volvió a expectorar otra incandescente ráfaga de semillas que sí lograron impactar en el simétrico cuerpo del Electrode.

    No obstante, en vista de que el Pokémon eléctrico era notablemente más rápido que el del tipo planta, éste supo reaccionar lo suficientemente a tiempo como para generar otro repetido rayo que alcanzó al Pokémon de Ecko, resultando de ello gravemente perjudicada la mitad derecha de su anatomía tras el impacto.

    —¡Grovail! —Gruñó el Pokémon de planta levantando su brazo derecho costosamente, intentando hacerle entender a su entrenador que algo no iba del todo bien.
    —<<Esperaba no tener que tratar con una parálisis tan pronto… >> —Se lamentó Ecko observando cómo su Pokémon intentaba abrir y cerrar su garra derecha con cierta dificultad. —Será mejor que probemos otra cosa… ¡Yukón, doble equipo!
    —¡Paralizado no vas a poder llegar muy lejos en este Gimnasio! —Exclamó con cierta sorna el aprendiz del Líder, luego ordenó a su Pokémon. —¡Electrode, destruye las copias con rayo!

    Sin pensárselo un momento, el Pokémon del tipo planta creó rápidamente en torno a él al menos docena y media de copias idénticas a sí mismo, las cuales comenzaron enseguida a correr por todo el campo de batalla llegando incluso a desorientar al Pokémon de Jiro; como era de esperar, debido a su actitud bromista, las copias aprovechaban la confusión del rival para empujarle, reírse de él o lanzarle semillas.

    No obstante, cansado ya de estar en esa situación, el Electrode iba disparando descargas eléctricas una a una a todas las copias que correteaban por el terreno de batalla, las cuales se evaporaban al entrar en contacto con el rayo.

    Cuando apenas quedaba tan solo media docena de clones, el Pokémon eléctrico se percató de que una de dichas de copias se diferenciaba ligeramente del resto, ya que concretamente esa copia movía el brazo derecho bastante más lento que las demás; gracias a eso el Electrode supo a donde dirigir su siguiente rayo, el cual impactó completamente en Yukón y lo lanzó disparado varios metros, ocasionando además que el resto de sus copias desaparecieran.

    —Oh, Yukón… —Se lamentó Ecko siendo consciente de que si su Pokémon hubiese utilizado sus clones para atacar en lugar de para meterse con el rival, la situación hubiese acabado muy posiblemente tomando otro rumbo distinto. —¡Vuelve a usar doble equipo, pero esta vez ándate con más cuidado!
    —Grovail… —Contestó adolorido el lagarto sintiendo como la parálisis se había apoderado ahora por completo de su extremidad y amenazaba con seguir expandiéndose.
    —¡Electrode, ya hemos calentado lo suficiente! —Vaciló por un instante Jiro. —¡Vamos por la vía rápida, usa tu poder oculto!
    —¡Elec, Electrod! —Zumbó la bola.

    A pesar de estar aplicando un esfuerzo notablemente mayor que la vez anterior, Yukón solo fue capaz de generar en esta ocasión una decena de copias que nuevamente volvieron a salir correteando y saltando por el campo de combate, pero que al final acabaron rodeando al Pokémon del aprendiz del líder.

    Sintiéndose en apuros, el Pokémon de Jiro rápidamente envolvió su esférica anatomía con chispeante halito verde a partir del cual fueron tomando forma ocho pequeñas mini esferas que comenzaron a girar en torno a éste como si de un sistema solar se tratara; conforme más vueltas daban las esferas de energía, éstas aumentaban su tamaño hasta que finalmente acabaron por alcanzar el punto crítico en el que no pudieron aguantar más y estallaron en cientos de fragmentos, tras lo cual una fuerte onda de aire congelado se expandió en un radio de varios metros que consiguió destruir todas las copias de Yukón.

    No obstante éste aún permanecía inmóvil en su mitad correspondiente del campo, logrando salir bien parado tras haber generado costosamente una translúcida muralla de color granate que frenó el gélido ataque; tras hacerla desaparecer, ambas criaturas volvieron a generar los ataques que habían estado repitiendo durante buena parte del combate, los cuales impactaron en sus respectivos blancos.

    —Yukón ¿Puedes levantarte? —Se interesó el moreno tragando algo de saliva.
    —Gro, vail… — Gruñó adolorido el monstruo de bolsillo lográndose poner en pie aunque tambaleándose ligeramente a causa de la perdida de equilibrio que le producía la tediosa parálisis.
    —¡Electrode, arriba! —Ordenó el castaño a su esférico compañero. —¡Termina el combate con rayo!
    —¡Yukón, esquívalo con ataque rápido! —Fue lo último que se atrevió a decir el ojiverde, consciente de que si algo salía mal muy posiblemente su combate terminaría tras ese movimiento.

    Haciendo uso de las últimas fuerzas de flaqueza que le quedaban, el reptil partió a la mayor velocidad que su maltrecho cuerpo le permitía con la intención de acercarse lo máximo posible a su rival, quien nada más recibir la orden generó otro rayo que de nuevo atravesó el campo de batalla hasta alcanzar el área enemiga; a pesar de esto, aprovechando el impulso de la carrera y la movilidad de la partes no paralizadas de su cuerpo, Yukón consiguió propinar un fuerte salto con el que logró driblar el ataque antagonista.

    Finalmente, haciendo uso de la fuerza de la gravedad, el gecko se dejó caer sobre el esférico enemigo al mismo tiempo que conseguía golpearle con un último ataque recurrente, el cual resultó ser lo suficientemente crítico como para hacer que éste mordiera el polvo; no obstante Electrode no fue el único en salir mal parado, puesto que tras la caída Yukón acabó con toda la mitad derecha de su cuerpo completamente paralizada.

    —Argh, espero no estar perdiendo facultades… —Se lamentó Jiro haciendo regresar a su Pokémon al interior de la correspondiente esfera. —En fin, tú ganas —Añadió con cierta pesadez. —, regresemos a la recepción del Gimnasio, dudo que el combate de Surge se prolongue por mucho tiempo más.

    Tras ser proclamado vencedor, el aprendiz se retiró algo molesto a interior del edificio mientras que el retador corrió hasta donde permanecía su paralizado Pokémon, a quien tras felicitar por los esfuerzos empleados durante el combate, se preocupó de rociar con un pequeño frasco de spray que sustrajo de su mochila en todas las zonas afectas por la parálisis; si bien esto no alivió directamente el problema de estado, sí pareció resultar reconfortante a Yukón, quien tras cerrar los ojos esbozó una débil sonrisa y cayó dormido por el cansancio.

    —Has hecho un buen trabajo, Yukón. —Felicitó el ojiverde a su compañero introduciendo en la boca de éste una pequeña baya de rabo retorcido de aspecto similar al de una cereza. —La parálisis irá desapareciendo poco a poco, ahora descansa.

    Sentado en uno de los sofás del recibidor del Gimnasio, Ecko esperaba a que el combate que el Teniente estaba llevando a cabo terminase lo antes posible, pues a decir verdad éste parecía estar prolongándose más de lo que al ojiverde interesaba.

    Finalmente, pasados cinco minutos más, la puerta metalizada que separaba la recepción de la pista de combate principal se desplazó verticalmente hasta ocultarse en la pared y fue atravesada por un alegre muchacho —de aproximadamente la edad del moreno— que radiante de energía por haber conseguido derrotar al líder, abandonó con una canción en los labios las extravagante edificación; tras éste apareció Jiro.

    —¡Eh, tú! —Le llamó el castaño. —Te toca. —Añadió haciéndole el mismo gesto con la cabeza de antes para indicarle que debía acceder a la arena principal.

    La iluminación de aquella amplia sala provenía de un gran número de focos pendientes del techo que permitían distinguir con total perfección un recinto de batalla de dimensiones notablemente superiores a las del campo en el que Ecko había realizado su combate anterior, sin embargo, a diferencia del anterior, este campo de batalla estaba construido con losas de azulejo negro y los límites —en lugar de ser líneas de cal— estaba definidos por unas bandas de diodos que resplandecían con una tenue luz verde.

    A cada uno de los lados que formaban las líneas longitudinales del campo se alzaban varias filas de gradas aparentemente vacías, a excepción de una en la que un repeinado hombre uniformado con el traje oficial de árbitro (camiseta de rayas blancas y negras y pantalón corto de deporte) bebía agua de una botella, acalorado seguramente por el combate que acababa de arbitrar.

    Tras desearle suerte (de un modo un tanto sarcástico) a quien anteriormente le había derrotado, Jiro abandonó la habitación ocasionando que el metalizado portón se desplazase hacia abajo y quedasen en el interior de la sala tanto Ecko como el árbitro.

    Segundos después de esto, de una de las múltiples puertas que conducían a la arena principal, apareció un musculado hombre de estatura superior al metro noventa y cinco centímetros de altura, vestido de manera poco común para alguien que pertenecía al ejercito: desabrochada camisa negra de la que asomaba una pequeña chapa metálica, unos jeans ajustados, unas pesadas botas de goma oscura y unas relucientes gafas de aviador elegantemente colocadas sobre su rubia cabellera peinada al estilo de los marines del ejército.

    Mientras Ecko — tras haber sido indicado por el árbitro— ocupaba la correspondiente mitad del campo que se atribuía al retador, el recio hombre de mirada oscura se detuvo en el extremo opuesto de la cancha y con Pokéball en mano optó por cruzarse de brazos; justo cuando el referí se disponía a levantar los banderines para dar inicio al combate por la medalla, el musculado rubio dirigió unas palabras a su adversario.

    —¡Escúchame, recluta! —Exclamó con una voz marcada por un fuerte acento occidental después de dejar de mascar por unos instantes el chicle que tenía en la boca. —¡Acabo de entregar una medalla y no estoy dispuesto a entregar otra más! —Dijo. —¡No a menos que me hagas sudar la gota gorda en este combate! —Rió. —¿Qué tienes que decir al respecto?

    Justo cuando Ecko iba a contestarle y a presentarse como aspirante a la medalla, el árbitro del encuentro alzó sendos banderines dando así inicio al combate y dejando bien claro al chico de Isla Canela por qué el hombre al que estaba a punto de enfrentarse era conocido como el poderoso “Rayo Americano”.

    #2112969 28/08/2013 15:53
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    0Wish0Wish

    # Fecha de alta: 20/08/2008

    # Edad: 26 años

    # Ubicación: Isla Canela

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    Capítulo 002 — La chispa detonante


    La noche se apoderaba cada vez más de la costera Ciudad Carmín y los pescadores que antes esperaban pacientes la pesca que podía engancharse en sus cañas ahora regresaban a sus casas con más o menos de lo esperado; igual ocurría con las aves Pokémon, quienes también realizaban el vuelo de regreso a sus nidos con la cena lista para ser consumida o quizás con la intención de repartirla entre los polluelos que éstas pudiesen estar criando, siempre en el caso claro está, de que a éstas se las hubiese dado bien la faena.

    El Gimnasio local también había encendido ya sus extravagantes luces de neón y los rayos que había en su fachada brillaban ahora como si descendiesen del mismo cielo, creando para algunos un efecto nefasto pero para otros algo realmente impresionante, como era el caso de la mayoría de las personas que permanecían dentro de sus instalaciones, algunas de ellas muy ocupadas en medio de la arena de combate.

    Lunes, 8 de Junio, Gimnasio Pokémon de Ciudad Carmín, 20:37 PM

    Al percatarse de que apenas había dado tiempo para presentarse a quien en escasos minutos iba a convertirse en su oponente, el rubio rectificó su anticipado gesto y colgó nuevamente la Pokéball que había agarrado ansiosamente en uno de los ganchos de su cinturón de cuero y optó por cruzarse de brazos, marcando de esta manera la desarrollada musculatura de su tren superior y sus gruesos bíceps.

    Concluido ya el “discurso” por parte del retador, el árbitro procedió a explicar las normas del combate las cuales no eran muy diferentes a la del resto de Gimnasios en los que había participado: Batalla a tres Pokémon, sin límite de tiempo y con relevos permitidos únicamente al retador, ganaría aquel que lograse derrotar a los tres Pokémon rivales.

    Con todo esto sabido, el Teniente tomo rápidamente la Pokéball antes elegida.

    —¡Esta bien, recluta, a ver qué es lo que puedes hacer contra esto! —Exclamó arrojando su Pokéball al campo de batalla. —¡A combatir, Raichu!

    En la mitad del campo correspondiente al Líder del Gimnasio comenzó a materializarse —conforme el haz de luz desaparecía— una bípeda criatura de facciones redondeadas que podía llegar a alcanzar con creces los noventa centímetros de estatura, cubierto además por un aparentemente suave pelaje anaranjado rebosante de electricidad estática; si bien pese a su aspecto de ratón las orejas de este ser no eran redondeadas, éstas imitaban los patrones que daban forma a su puntiaguda cola similar a un rayo amarillo.

    Cabe mencionar también que en su rostro, bajo unos vivarachos y fruncidos ojos negros, se diferenciaban dos carrillos repletos de energía, y que a juzgar por la pose que éste enseguida adquirió, estaba dispuesto a descargar contra su futuro rival.

    —<<Sabía que Raichu sería uno de los Pokémon con los que tendría que enfrentarme hoy>> —Pensó Ecko no muy sorprendido con la decisión del líder. —Sé que lo vas a hacer bien ¡Ve, Kyoshi!

    Por el lado aspirante, el Pokémon elegido era bastante distinto al anterior pues ésta se mantenía erguida sobre sus cuatro extremidades motoras y, de no ser por sus alargadas orejas puntiagudas, apenas podría alcanzar el metro de estatura.

    La anatomía de este ser podría compararse más bien con la de una hembra de zorro de pelaje azabache en cuyos muslos y frente se diferenciaban —por ser de un pelaje de un color amarillento— unos estilizados anillos que se repetían también en torno a sus ya mencionadas orejas y su cola de dimensiones similares.

    La Pokémon, mejor conocida como Umbreon, dirigió una desganada mirada a su adversario como dando a entender que quizás no lo consideraba un rival a su altura, tras lo cual dejó escapar una especie de suspiro algo vaccilón; no obstante, Kyoshi después cruzó sus carmesíes ojos con los de su entrenador, haciéndole entender que fuese cual fuese el rival ella estaba dispuesta a combatir de igual manera.

    —¡El combate entre el Líder del Gimnasio y el aspirante puede comenzar! —Determinó el referí alzando los banderines para después bajarlos rápidamente.
    —¡Por fin, tenía ganas de volver a repartir caña! —Rió el musculado rubio mientras ocultaba su chapa metálica bajo los cuellos de la camisa. —¡Raichu, maquinación y rayo a toda potencia!
    —¡Kyoshi, usa más psique y después detección! —Se limitó a ordenar el ojiverde.
    —¡Ambreon!

    Así, mientras el Pokémon ratón fruncía aún más su ceño teniendo lo más seguro en mente alguna malévola técnica que aplicar sobre su rival, la Pokémon de Ecko cubrió sus ojos por un tenue brillo amarillento con el que realizó un rápido chequeo a su oponente y ocasionó que el incremento del ataque especial que éste sufría también se aplicase a ella.

    Al percatarse de las intenciones de Kyoshi, el Pokémon eléctrico cesó de inmediato su técnica de incremento y comenzó a generar desde sus carrillos una gran cantidad de electricidad que acabó por recubrir todo su rechoncho cuerpo, tras lo cual no dudó en dirigirla contra el rival en forma de rayo; no obstante la Pokémon siniestro logró frenar el ataque generando en torno a su figura una pantalla protectora de color roja.

    —<<Parece que este muchacho sabe lo que hace>> —Meditó Surge sonriente pensando en lo interesante que podría llegar a ponerse el combate. —¡Raichu, vuelve a atacar con rayo!
    —¡Rai, rai! —Gruñó el ratón llevándose el puño derecho a la frente como si fuese un militar acatando la orden de un superior.
    —<<Lo que me suponía, fuerza bruta>> —Pensó Ecko intentando poder encontrar alguna estrategia. —¡Kyoshi, esquiva con finta y ataca con bola sombra!

    Una nueva descarga eléctrica fue despedida por el Pokémon del Líder del Gimnasio contra la seria cuadrúpeda, quien antes de recibir la veloz saeta logró desvanecerse por completo entre las sombras, pero a diferencia que su compañera Clove sin dejar en el proceso la habitual oscura bruma que ésta sí dejaba; esto desencadenó que entre otras cosas el rayo generado por el enemigo finalmente fuese redirigido hacia unos grandes generadores ubicados en el techo de la habitación.

    Ante un rival desorientado y un poco confundido, la Umbreon de Ecko nuevamente volvió a materializarse tras éste y, tras cubrir sus ojos por una luz púrpura, generó cercano al anillo que se diferenciaba en su frente una oscura esfera inestable de energía siniestra la cual disparó contra el rival, quien a pesar de estar de espaldas logró desviarla haciendo uso de su larga cola.

    No obstante, no dispuesta a permitir que su rival saliese impune, la Pokémon del tipo siniestro volvió a repetir su ataque finta logrando ahora sí golpear al Raichu (principalmente a causa de la poca distancia que había esta vez entre ellos) obligándole a retroceder un par de metros.

    Tras el impacto, el Raichu de Surge miró desafiante a la Pokémon de Ecko, quien únicamente se limitó a enseñarle sus filosos y blanquecinos dientes.

    —¡Jajaja! —Rió fuertemente el Teniente tras presenciar los hechos. —¡Estaba en lo cierto, este combate promete ser entretenido! —Continuó entre risas. —¡Raichu, demuéstrales una vez más lo poderoso que es tu rayo!
    —<<Parece que este tipo sí que disfruta con su trabajo>> —Sonrió levemente Ecko. —¡Kyoshi, vamos a darles lo que piden! —Exclamó. —¡Esquiva con finta y repite la bola sombra!
    —¡Cambio de planes, Raichu! —Contestó el Líder del Gimnasio con un semblante algo más serio. —¡Vamos a detenerlos, usa onda certera contra el suelo!

    Tras haber evitado nuevamente otro de los rayos de su rival a base de volver a desvanecerse, la Umbreon rápidamente partió a la carrera —completamente oculta entre las sombras— con el fin de poder llevar de nuevo a cabo la combinación anteriormente realizada; sin embargo la Pokémon siniestro se vio sorprendida por la poderosa energía desprendida del impacto de una perfecta esfera azulada generada entre los regordetes brazos del Raichu contra el suelo, la cual levantó una fuerte onda expansiva causante de que Kyoshi cesara su ofensiva y se viese obligada a protegerse con su ataque detección a fin de evitar así un golpe que perfectamente podría haberla dejado debilitada.

    No obstante, gracias a la veteranía del Pokémon de Surge y mentalizado por el ataque maquinación que había realizado antes, éste generó velozmente una nueva descarga eléctrica que sacudió a la Pokémon de Ecko una vez terminó su técnica defensiva, acertando de lleno en la cuadrúpeda y obligándola a retroceder varios metros.

    —<<Maldición, eso sí que nos piló por sorpresa>> —Gruñó para sus adentros el entrenador aspirante; mientras su adversario no paraba de soltar carcajadas. —<<Si una de esas ondas certeras alcanza a Kyoshi casi de seguro que podemos dar la ronda por perdida>>
    —¡Raichu, los tenemos donde queríamos, doble rayo! —Fue lo que ordenó el Rayo Americano a su Pokémon.
    —<<Genial, resulta que ahora ese Raichu es un cazador de Pokémon del tipo siniestro>> —Masculló Ecko algo molesto. —¡Está bien, Kyoshi, contraataca con bola sombra!

    En esta ocasión los rayos generados por el Pokémon del Líder fueron dos, sin embargo, a diferencia de los anteriores, éstos no estaban compuestos por electricidad sino que más bien eran de una brillante energía ultravioleta que fue disparada contra la vulpina dejando tras de sí una estela plateada y un ligero zumbido con cada metro que recorrían.

    La Pokémon del de Isla Canela, no dispuesta a dejar ser golpeada nuevamente y siguiendo las órdenes de su entrenador, agrupó la energía necesaria para crear la susodicha bola sombra y también la lanzó contra su rival, coincidiendo ambos ataques en medio del campo y generando una leve onda expansiva que consiguió levantar una pequeña ráfaga de viento.

    Sin embargo, antes de que la cortina de aire la golpease y haciendo buen uso de su ataque finta, Kyoshi se dispuso a realizar una ofensiva por decisión propia hasta que, cuando consideró estar a una distancia lo suficientemente certera, se materializó de nuevo en el campo arremetiendo con un umbrío y seco golpe en el costado derecho del Pokémon ratón, quien no muy contento con lo sucedido sacudió un potente ataque rayo que sacudió de lleno a su objetivo.

    —¿Te encuentras bien, Kyoshi? —Preguntó el de Isla Canela a su Pokémon, principalmente para descartar que ésta estuviese empezando a sufrir los síntomas de una parálisis.
    —¡Eon! —Gruñó la Pokémon zorro inclinándose sobre sus patas delanteras y mostrando sus pequeños pero filosos colmillos blanquecinos, apreciándose también que el cansancio y los golpes recibidos comenzaban a hacer estragos en ella.
    —¡Supongo que eso servirá para que tu Pokémon se dé cuenta de que en un combate no siempre es bueno hacer las cosas por cuenta propia! —Rió el Teniente cruzándose de brazos.
    —¡Rai, rai! —Agregó el compañero Pokémon de Surge igualando su gesto.
    —¡Pero basta de palabrería, estamos aquí para combatir! —Gritó el musculado mientras señalaba con su grueso dedo índice a su rival humano. —¡Raichu, doble rayo y remata con onda certera!
    —¡Cuidado, detección! —Fue lo único que apresuró a decir el moreno.

    Los dos zigzagueantes rayos ultravioleta cruzaron de nuevo el terreno de batalla golpeando la barrera carmesí que Kyoshi había generado esta vez de manera más costosa, por lo que el esfuerzo que ésta estaba empleando en intentar mantenerse a salvo era notablemente mayor; finalmente llegó un punto en el que no pudo controlarla más y ésta acabó por desvanecerse.

    A pesar de esto, la agilidad con la que la Pokémon zorro contaba bastó para hacerse a un lado y evitar el impacto, sin embargo la distracción que la brillante luz había ocasionado en Umbreon fue la que la impidió darse cuenta de que el rechoncho ratón se acercaba a gran velocidad con una nueva esfera de energía entre sus brazos, la cual estampó frente a ambos liberando la consecuente onda y lanzando varios metros atrás a Kyoshi.

    —Kyoshi ¿Te encuentras bien, chica? —Preguntó Ecko con la garganta un tanto seca, pues la manera con la que su Pokémon había aterrizado había sido realmente violenta.
    —A- Ambreon… —Gruñó la Pokémon siniestra levantándose muy a duras penas, diferenciándose en ella una notable cojera en su extremidad delantera derecha.
    —¡Raichu, hay que terminar de una vez con el trabajo! —Advirtió el Teniente a su monstruo de bolsillo. —¡Remátalo con rayo!
    —¡Kyoshi, esquiva con finta!

    Raichu, también bastante dañado por los golpes del combate, el cansancio y por el impacto que había recibido de manera indirecta de la onda certera, generó otra de sus eléctricas saetas que la Umbreon logró evadir con su eficaz ataque siniestro; sin embargo, a medio recorrido realizado, Kyoshi volvió a aparecer en el campo de batalla aquejada por la ya mencionada cojera. Esto desencadenó que el Pokémon de Surge dirigiese contra ella otro de sus relámpagos, pero a pesar de esto, la siniestra fue capaz de volver a desaparecer ocasionando así que el rayo fuese redirigido otra vez a los generadores del techo.

    Tras avanzar oculta un par de metros más, la Pokémon zorro volvió a materializarse frente al roedor asestándole un siniestro golpe en la zona del pecho que consiguió derribarlo sobre el suelo varios metros más atrás de donde se encontraba; tras esto, la compañera del chico de Isla Canela generó otra de sus bolas sombras y, lanzándola contra el ratón, consiguió que éste llegase hasta los pies del Teniente totalmente debilitado.

    —¡Raichu no puede continuar! —Decretó el árbitro levantando el banderín a favor del chico de la piel con lunares. —¡El aspirante y su Pokémon ganan la ronda!
    —¡Buen trabajo, Kyoshi! —Felicitó Ecko a su oscura compañera.
    —¡Ambreon! —Gruñó ésta cerrando los ojos, dejándose notar en su rostro una leve sonrisa de satisfacción; tras esto regresó a su correspondiente mitad del campo.
    —¡No está nada mal, recluta! ¡Pero a ver qué opinas de esto! —Exclamó el líder del Gimnasio al son que lanzaba una nueva Pokéball. —¡Magneton, a luchar!
    —¡Megnetooon! —Chirrió el Pokémon con una robotizada voz al tiempo que el árbitro anunciaba el reinicio del combate.

    Frente a Surge, la criatura que tomó forma esta vez fue una especie de cuerpo formado por tres idénticas esferas metalizadas —en las que se diferenciaba un enorme ojo de pupila oscura— unidas entre sí gracias a las cualidades magnéticas con las que éstas contaban; cabe mencionar también que en cada una de ellas se podían diferenciar varios tornillos imantados alrededor suyo, así como dos imanes de polos diferenciados por estar uno en color azul y el otro en color rojo.

    El metalizado Pokémon comenzó a levitar en sus dominios del campo gracias a la electricidad estática que generaba bajo la atenta mirada de su adversaria Pokémon, quien cerró los ojos y tras producir otra vez su suspiro de superioridad, adquirió su pose de combate volviendo a enseñar sus dientes.

    Con el nuevo Pokémon en el campo de batalla, el árbitro procedió con la reanudación del combate.

    —<<Kyoshi está bastante tocada, mejor será que guardemos las distancias>> —Meditó el chico de los lunares buscando siempre el beneficio para su compañera. —¡Kyoshi, ánimo, bola sombra!
    —¡Magneton, evítalo con trueno! —Ordenó en seguida el Teniente.

    Siguiendo el procedimiento anterior, la vulpina generó una nueva esfera de energía oscura que no dudó en arrojar contra su rival, quien no muy dispuesto a permitir ser golpeado —y obedeciendo lo ordenado por su entrenador— sacudió una brutal descarga eléctrica que logró desvanecer el ataque enemigo y seguir avanzando hasta alcanzar el campo de su adversario.

    No obstante, en vista del peligro, la Pokémon siniestra volvió a hacer uso de su ataque finta y con ello logró evitar el impacto del trueno, para poco después partir a la carrera oculta entre las sombras generando en el proceso alguna que otra bola sombra que salía de la nada, aunque de un menor tamaño que las anteriores.

    Sin embargo el Magneton de Surge apenas contestó a la ofensiva generando otros dos nuevos ataques trueno, destrozando con el primero las bolas sombra que se le aproximaban e impactando en Kyoshi con el segundo de ellos, ocasionando que esta se materializara y acabase en el campo de batalla jadeando bruscamente.

    —¿Crees que podrás seguir luchando, chica? —Preguntó el ojiverde a su Pokémon pues las molestias que ésta parecía sufrir en su extremidad superior empeoraban.
    —Ambreon —Jadeó la Umbreon volviendo a hacer uso de su ataque finta, desapareciendo por tanto del terreno de batalla.
    —¡Jajaja, esta vez sí que no! —Rió fuertemente Surge mientras cruzaba los brazos; su cara transmitía plena confianza en sí mismo. —¡Magneton, fija blanco y trueno!
    —¡Megnetooon!

    Pese a no volver a haber presencia de Kyoshi en el campo de batalla, los ojos del Pokémon imán se tornaron completamente blancos, dando la sensación de que estaban analizando todo cuanto se encontraba a su alrededor; sin embargo, tan involucrado estaba en sus cálculos que apenas pudo percibir como una nueva bola sombra hacía colisión contra su respaldo.

    Pero a pesar de las intenciones que había demostrado la Umbreon, el debilitado ataque que ésta había lanzado apenas logró herir al Pokémon eléctrico, consiguiendo únicamente con ello que éste terminara por descubrir su posición y lanzase un potente trueno que impactó de lleno en la maltrecha anatomía de la rival, para instantes después desmaterializarla y hacerla caer debilitada.

    —Estupendo el trabajo que hiciste, amiga. —Murmuró Ecko una vez hizo regresar a su debilitada Pokémon al interior de la correspondiente esfera. —<<Vamos a combatir el acero con más acero>> —Se dio ánimos. —¡Tu turno, Azulón!

    Por parte de Ecko, la criatura que se materializó fue un antropomorfo canino que alcanzaba sobradamente el metro y medio de altura; el pelaje azulado que cubría la mayor parte de su anatomía contrastaba con el amarillento de su pecho —del cual protuberaba una recia punta de acero brillante— y con el negro de sus patas, rostro y puños, en los que también se diferenciaban unos pinchos de las mismas condiciones.

    Con un rápido movimiento de sus puntiagudas orejas y un leve olfateo de su pronunciado hocico, el Pokémon conocido como Lucario fue capaz de reconocer la situación que había ocurrido instantes atrás, pudiendo sentir el aura aún presente de cada uno de los combatientes que habían luchado anteriormente.

    —¡Hacía bastante tiempo que no veía un Pokémon así en mi Gimnasio! —Se sorprendió Surge al contemplar a su nuevo rival. —¡Pero no creas que por eso vamos a detenernos, Magneton, trueno!
    —¡Azulón, ataca con patada ígnea! —Fue la orden del ojiverde.
    —¡Groao!

    Un simple pisotón en el suelo bastó para que la pierna derecha del Pokémon canino rápidamente comenzase a relucir en zonas concretas con un fulgor anaranjado (como si de brasas se tratasen) al mismo tiempo que se podía observar cómo en torno a ella el aire se volvía más denso.

    Tras llevar a cabo esto, Azulón partió enseguida a la carrera con el propósito de patear a su extraño enemigo, propinando cuando estaba a escasos metros de él un enérgico salto; sin embargo, para sorpresa del Pokémon luchador, una misteriosa fuerza ocasionó que no solo su pierna sino también todo su cuerpo se dirigiese sin control hacia la anatomía del Pokémon eléctrico, quedando inmovilizado cuando esté entró en contacto con las sólidas esferas imantadas e instantes después repelido tras recibir la sacudida generada por el potente ataque eléctrico.

    Una vez en el suelo, bastante sorprendido por lo que acababa de ocurrir, Azulón apenas se limitó a sacudir hacia ambos lados la cabeza con el fin de despejarse y quizás comprender lo sucedido.

    —<<¿Qué ha pasado?>> —Ecko tragó saliva tras observar lo acontecido.
    —¡Jajaja esa es la habilidad imán de Magneton! —Explicó el Teniente. —Veo que te ha gustado, dejaré que descubras por ti mismo lo molesta que puede llegar a ser ¡Magneton, desenrollar!
    —¡Azulón, detenlo con palmeo! —Ordenó rápidamente el moreno.

    Comenzando a girar como si de una rueda se tratara y desprendiéndose de la electricidad estática que lo hacía levitar, el Pokémon imán salió despedido con la intención de cargar contra el bípedo canino, quien logró evitar la rodada acometida apartándose hacia la derecha; sin embargo una vez más, las fuerzas electromagnéticas de las esferas de Magneton ocasionaron que Azulón volviese a imantarse en el cuerpo de su rival, rodando junto a él a lo largo del campo y recibiendo varios golpes en el proceso, el cual duró aproximadamente un minuto.

    Insatisfecho y ligeramente enfurecido por lo que estaba ocurriendo, el Lucario de Ecko logró controlar de manera bastante costosa la suficiente energía vital en su zarpa derecha como para generar un rápido pulso de energía que impactó en el pesado cuerpo del Pokémon de Surge, liberándose así de la prisión magnética y lanzándolo varios metros fuera del campo.

    No obstante, mientras el Lucario trataba de mantenerse firmemente erguido a causa del mareo producido por las vueltas, el Magnetón volvió a realizar una repetida rodada que golpeó de lleno en la zona abdominal del Pokémon luchador, lanzándolo tras el impacto hasta la posición de su entrenador.

    —<<Ya te digo que esa habilidad suya es molesta>> —Se lamentó Ecko. —<<No estoy seguro de que esto pueda funcionar, pero no veo otra alternativa>> —Al parecer una estrategia se le vino a la mente. —¡Azulón, continua con tu palmeo!
    —¡Magneton, continua con desenrollar y sigue con trueno! —Ordenó el Líder del Gimnasio tras una carcajada.
    —Megnetooon. —Zumbó el ser con su voz robotizada.

    Siendo ligeramente consciente de que si se acercaba un poco más estaría en serios problemas, Azulón no se decidió a ejecutar la orden hasta que el Magneton de Surge comenzó a girar con su movimiento rotatorio, alejándole así al Pokémon eléctrico de su posición con cada golpe y asegurándose además el no ser ni golpeado ni atraído, dañando también poco a poco su molesto rival.

    No obstante, en una de las acometidas rivales, el Pokémon de los imanes y tornillos generó una potente sacudida eléctrica que logró impactar en el costado izquierdo de Azulón, quien se vio obligado a cesar su emisión de pulsos de ondas limitándose a apoyar todo su peso en la rodilla derecha e hincándola en el suelo.

    Aún aturdido y con los pelos de su espalda erizados a causa de la electricidad de la descarga, el Pokémon de Ecko no fue consciente de que su adversario se dirigía a gran velocidad con su ataque desenrollar —el cual cada vez cobraba más fuerza— hacia su posición y sin hacer nada por evitarlo, recibió el tremendo impacto del golpe y quedando de nuevo ligado a él.

    —¡Azulón! —Gritó Ecko al contemplar como el Pokémon del Teniente volvía a levitar otra vez con Lucario imantado a sus esferas y castigado por serias descargas eléctricas. —¡Azulón, intenta salir de ahí!
    —¡Como si fuera tan fácil! —Rió el soldado, quien parecía disfrutar sudando la gota gorda. —¡Magneton, trueno a la máxima potencia!
    —¡Azulón, telépata y patada ígnea! —Fue la precipitada decisión del ojiverde.

    Antes de que una nueva sacudida eléctrica atizase al Pokémon canino, los ojos de éste comenzaron a ser invadidos por un intenso fulgor turquesa gracias al cual pudo de nuevo “incendiar” su pata derecha y asestar una fuerte coz al Magneton enemigo, ocasionando que tras el impacto se produjesen una buena cantidad de llamas que provocaron que las dos anatomías colindantes de los Pokémon de acero se separaran, saliendo peor parada la del Pokémon del Teniente.

    Sin embargo a pesar del golpe recibido, el Magneton del Líder volvió a mantenerse levitante y consiguió generar otro de sus eléctricos ataques que de nuevo alcanzó a Lucario, quien otra vez cayó de rodillas al suelo a diferencia de que ahora su cola —y posiblemente parte del muslo izquierdo— mostraban los feos síntomas del inicio de una parálisis.

    —<<Mierda, de nuevo la parálisis>> —Se lamentó el chico de los lunares al ver como su Pokémon movía con dificultad las zonas del cuerpo indicadas. —<<Esa dichosa habilidad imán es de lo más molesto si nos atacan cuerpo a cuerpo>>
    —¡Magneton, desenrollar! —Ordenó el “Rayo Americano”.
    —¡Azulón, palmeo!

    Siendo consciente de que en cierto modo habían logrado destapar su estrategia, el Pokémon de Surge no se demoró en continuar con su ataque de rotación siendo golpeado por los pulsos de energía que generaba su rival, los cuales comenzaban a ser un poco más débiles que los primeros realizados pero que igualmente servían para desviar y contraatacar al rival.

    Dichas arremetidas se prolongaron por un par de minutos más hasta que finalmente Azulón, envuelto por un místico y chispeante halo azul, fue capaz de generar en la palma de su zarpa un pulso de onda tan grande que consiguió mandar por los aires al Pokémon de los tornillos y levantar consigo una gran cantidad de viento contra los allí presentes; tras esto, el Pokémon volvió a arrodillarse aquejado por la parálisis.

    —¡Menuda caja de sorpresas! —Rió fuertemente el Lt. Surge. —¡A ver si esto te gusta, Magneton, fijar blanco y después ataca con trueno!
    —¡Esquivar, Azulón! —Fue la orden de Ecko.
    —G-groao… —Afirmó a duras penas Azulón.

    Las pequeñas pupilas de los tres grandes ojos del Magneton del Líder de Gimnasio desaparecieron en cuestión de instantes mientras calculaba de forma precisa el qué hacer para que su siguiente ataque fuese completamente certero; una vez recopilada toda la información que la criatura consideró necesaria, ésta lanzó un poderoso y brillante trueno que impactó de lleno en el pecho del Pokémon canino (quien trató de evitarlo), arrastrándolo varios metros atrás y echando algo de humo en la zona del impacto.

    Como era de esperar, el Pokémon de Ecko se veía bastante dolido y jadeante, además de que ahora tanto su cola como prácticamente toda la mitad izquierda de su anatomía se veían completamente paralizadas.

    —<<Esta parálisis se extiende más rápido que la de Yukón>> —Murmuró Ecko mientras apretaba con fuerza sus dos puños y tragaba saliva.
    —Tienes un Pokémon duro de pelar, recluta. —Comentó el rubio. —Me está haciendo sudar la gota gorda —Rió. —; aunque todavía queda combate para rato. ¡Magneton, fijar blanco y desenrollar!
    —¡Azulón, telépata y patada ígnea! —Ordenó rápidamente el ojiverde.

    Repitiendo lo sucedido anteriormente aunque de una manera bastante más costosa a causa de la parálisis, Azulón logró volver encender su pierna derecha gracias a la meditación previa que el ataque telépata le brindaba y tras propinar el correspondiente pisotón.

    Finalizados los cálculos por parte de ambos Pokémon, los dos marcharon en direcciones contrarias con la intención de cargar el uno contra el otro, Magneton rodando por el campo de batalla y Azulón cojeando muy a duras penas con su pierna derecha calentando el ambiente.

    Cuando faltaban escasos centímetros para la colisión, ambos propinaron un salto que ocasionó que la pierna de Lucario y una de las esferas del cuerpo del Pokémon eléctrico entraran en contacto en el aire, generando tras el contacto otra onda expansiva que lanzó a los dos monstruos de bolsillo a sus correspondientes mitades del campo.

    —<<Oh, Azulón>> —Se lamentó Ecko al ver como la parálisis comenzaba a extenderse ahora por la mitad derecha de la anatomía e su compañero.
    —G-groao. —Gruñó confiado el Pokémon, quien por alguna razón había leído los pensamientos de su entrenador.
    —¡Acabemos de una vez, Magneton, primero desenrollar! —Ordenó el Teniente señalando al malherido Lucario. —Después ya sabes qué es lo que toca hacer.
    —Maknetooon.

    Siendo consciente de que muy posiblemente ese golpe fuese el que decidiese el resultado de la ronda, Azulón se volvió a ver rodeado por el misterioso y chispeante halito azul aún permaneciendo de rodillas en el suelo.

    Tras recibir el impacto de la rodada de Magneton, ambos Pokémon quedaron unidos por las fuerzas magnéticas del magnético, sin embargo para sorpresa y deleite de los allí presentes, ambos salieron despedidos hacia el alto techo cuando Azulón dirigió la colosal onda de choque hacia el suelo que éste consiguió generar mediante su ataque palmeo con las escasas fuerzas que le quedaban.

    Una vez en el aire, tan solo el seco y atronador ruido de una brutal explosión fue lo que hizo que ambos cuerpos se separasen y cayesen al campo de batalla, exhaustos y debilitados completamente.

    —¡Ambos Pokémon no pueden continuar, la ronda queda empatada! —Decretó el referí alzando los dos banderines al mismo tiempo. —¡Por favor, prosigan!
    —Me han gustado las agallas que ha demostrado tener tu Pokémon, recluta. —Rió Surge tomando otra de sus Pokéball. —¡Pero te recuerdo que este combate es a tres Pokémon! ¡Ve, Electabuzz!

    El haz de luz poco a poco fue tomando forma hasta finalmente convertirse en una criatura bípeda de una estatura no superior al metro y veinte centímetros de altura; su fuerte cuerpo de pelaje amarillo estaba decorado por unas franjas negras asemejando a la piel de un tigre, patrón que se repetía tanto en las extremidades superiores, como en las inferiores, como en su alargada cola.

    En la cabeza, además, se alzaban dos gruesas antenas redondeadas entre las cuales se elevaban dos largos mechones de pelo, bajo los cuales unos fieros ojos de pupilas azuladas miraban de manera desafiante a su rival humano.

    —¡Eléctabus! —Gritó el Pokémon llevando a cabo un saludo militar.
    —¡Descanse, soldado!
    —<<Electabuzz>> —Murmuró Ecko. —Sé de sobra que puedo contar contigo, compañero. —Dijo agarrando la última Pokéball sin usar que quedaba en el lado derecho de su cinturón. —¡Ve, Marvel!

    El Pokémon elegido esta vez por el moreno fue otro cánido (aunque cuadrúpedo) que superaba con creces el metro y noventa centímetros de estatura y cuyo pelaje, al igual que el de Electabuzz, también recordaba al de un tigre, a excepción de que en éste era de color naranja.

    El hocico de dicha criatura —pasando por la garganta y cuello hasta la parte trasera de la nuca— estaba cubierto por un fino pelaje de tonalidad algo más cremosa, el cual también se repetía en la cola y extremidades motoras, las cuales terminaban en unas gruesas zarpas.

    Tras reconocer el ambiente en el que se encontraba, el Pokémon de fuego comenzó a mover su rabo lateralmente como símbolo de felicidad para poco después acercarse hasta donde estaba su entrenador, y sentándose a escasos centímetros de él, le dedicó un amigable ladrido seguido de algún que otro lametón en el rostro.

    —Lo vas a hacer genial ¿Verdad? —Sonrió Ecko a su Arcanine, quien a modo de respuesta rápidamente erizó el pelaje de su lomo y dejó caer todo el peso de su cuerpo sobre sus patas delanteras, tomando así una pose de combate.
    —¡Vamos a seguir viendo de que pastas estáis hechos! —Exclamó el Líder del Gimnasio después de hacer tronar los nudillos de sus manos. —¡Electabuzz, puño trueno!
    —¡Marvel, lanzallamas!
    —¡Electabuzz, usa también pantalla luz!

    Sin pararse a pensarlo un momento, el Pokémon del Líder del Gimnasio comenzó a girar su puño derecho haciendo que éste se cargase de electricidad como si de una turbina se tratase, y cuando ya había almacenado la suficiente energía en él se lanzó en pos de su oponente con la intención de asestarle un severo puñetazo.

    No obstante, Marvel había comenzado ya a emanar una tórrida corriente de llamas desde su peludo hocico, pero que para desgracia suya acabó impactando en una brillante pared ambarina generada en torno al cuerpo del Pokémon eléctrico, quien además también logró evadirlas a base de propinar un potente salto (manteniendo su puño aún cargado de electricidad).

    Al ver que iba a ser golpeado, el Pokémon de fuego evadió el puñetazo con un simple quiebro hacia la izquierda haciendo que el impacto del golpe lo recibiese el suelo; sin embargo, caracterizado en parte por su astucia, éste se apresuró a repetir su emisión de llamas, las cuales volvieron a impactar otra vez contra el muro protector.

    —¡Me gusta el estilo de tu Pokémon, recluta! —Rió el Teniente. —¡Pero me gusta más el nuestro! ¡Electabuzz, sigue con puño trueno!
    —¡Velocidad extrema, Marvel! —Ordenó Ecko.
    —¡Auuú! —Aulló el cánido plenamente confiado.

    Del mismo modo que antes, el Pokémon eléctrico acabó por conseguir que de nuevo su puño se viese envuelto en electricidad y, con las mismas intenciones que la vez anterior, partió de nuevo a la carrera para poder llevar a cabo su ofensiva.

    Por el otro lado, Marvel igualó el gesto de su adversario partiendo también a la carrera aunque con una velocidad notablemente mucho mayor, logrando así impactar en el pecho del Electabuzz y arrojándolo varios metros atrás, cayendo al suelo sobre sus cuatro extremidades motrices.

    Creyendo que se trataba de una buena oportunidad, Marvel tampoco dudó un instante en dirigir contra su enemigo una nueva ráfaga de llamas, las cuales una vez más volvieron a chocar contra los paneles que protegían al Pokémon del Teniente.

    En vista de que sus barreras aún seguían funcionando, el Pokémon eléctrico tampoco se hizo demorar y, haciendo uso de su ataque rápido, consiguió evadir los ataques enemigos a gran velocidad para finalizar su ataque asestando al Arcanine un severo puño trueno en el costado derecho.

    —¡Buen golpe, Electabuzz! —Vitoreó el “Rayo americano” a su Pokémon. —¡Repítelo otra vez!
    —¡Marvel, detenlo con lanzallamas! —Se apresuró a decir el moreno, no estaba dispuesto a permitir que otro de sus compañeros fuese afectado por la parálisis.

    De nuevo a la carrera, una repetida emisión de llamas volvió a impactar contra la pantalla de luz generada por el Pokémon del Lt. Surge, sin embargo, a diferencia que en las pasadas ocasiones, la sucesión de ataques parecía estar debilitándola poco a poco puesto que se pudo apreciar como alguna que otra pequeña llama conseguía traspasarla y quemar con ello al Pokémon enemigo.

    Sabiendo que se encontraba en problemas, Electabuzz rápidamente se apartó de la dirección del lanzallamas describiendo una especie de semicírculo en el suelo, tras lo cual propinó un potente salto y cargó otra vez el puño de energía eléctrica.

    Aun en el aire, Marvel supo reaccionar a tiempo para expectorar otro ataque de fuego contra su adversario que destruyó por completo la pantalla de luz; sin embargo el ataque no fue lo suficientemente rápido como para haber llegado a evitar que el puño trueno volviese a impactarlo en el mismo sitio, golpe que desencadenó que el canino llegase a toser alguna que otra gotita de sangre.

    —<<Si de verdad queremos ganar entonces tendremos que tener más cuidado con esos puñetazos>> —Pensó Ecko tras observar la escena. —¿Cómo te encuentras, Marvel?
    —¡Gruao! —Ladró el Arcanine enseñando sus bien cuidados dientes al rival.
    —¡En pie, soldado! —Ordenó Surge a su Pokémon. —¡Vamos a poner fin a esto, Electabuzz, ataca con puñodinámico!
    —<<Oh, oh>> —Ecko tragó saliva. —¡Marvel, esquiva y ataca con velocidad extrema! ¡No permitas que ese ataque te golpee!

    Aprovechando la escasa distancia a la que ambos se encontraban, Marvel intentó realizar una nuevo ataque lanzallamas a quemarropa (y nunca mejor dicho), sin embargo antes de que pudiese hacer algo, Electabuzz ya lo había esquivado haciendo otra vez uso de su ataque rápido, ataque con el que además se sirvió para propinar otro potente salto que lo alzó varios metros arriba de la cabeza de su oponente; fue desde ahí arriba cuando el puño derecho de éste comenzó a brillar con un fulgor blanquecino que no presagiaba nada bueno.

    Finalmente, gracias a la fuerza de la gravedad y durante el movimiento de caída, el Pokémon del Teniente logró impactar el puñetazo directo en el rostro del canino, originando con el contacto una controlada explosión que hizo además que la cabeza del Pokémon de fuego se golpease severamente contra el suelo, obligándole a soltar un horrible chillido de dolor.

    —¡Buen golpe! —Exclamó el Líder del Gimnasio.
    —¡Marvel! ¡Marvel, amigo! —Gritó el moreno al comprobar cómo su compañero se tambaleaba por el terreno de batalla en un estado completo de confusión. —¡Marvel, vuelve en sí! ¡Intenta aunque sea un lanzallamas!
    —¡Es nuestra oportunidad, Electabuzz, puño trueno! —Ordenó Surge.

    Pese a que un realmente molesto pitido se había adueñado de sus oídos y sus ojos veían doble o triple, el Pokémon del ojiverde fue lo suficientemente astuto como para olfatear a su enemigo y evitar que el golpe que éste tenía intención de asestarle le impactase.

    No obstante, debido al escaso sentido de la coordinación que tenía en esos momentos, el Pokémon de fuego interpretó mal la orden de su compañero humano y empezó a correr realizando su ataque velocidad extrema pero al poco tiempo del impacto contra el rival, tropezó y cayó de nuevo al suelo.

    Electabuzz —que había acabado en la otra mitad del campo de batalla a causa de la inercia de la embestida— se abalanzó bastante molesto contra el perro con su puño rebosando electricidad pero rápidamente fue sorprendido por una corriente de llamas que lo abrasó en la zona pectoral, tras lo cual cayó también al suelo para poder rodar y extinguir las llamas.

    —<<Menos mal a su olfato>> —Pensó aliviado el ojiverde mientras se apartaba con el antebrazo derecho el sudor de la frente. —¡Marvel, recupérate!
    —¡Electabuzz, en pie! —Exclamó a pleno pulmón el rubio. —¡Puño trueno una última vez, vamos!
    —Elec-electaburs —Gruñó el Pokémon eléctrico, quien mostraba feos síntomas de abrasamiento tanto en la zona pectoral como en su brazo derecho.
    —<<Con suerte ahora sus derechazos no serán tan poderosos>> —Respiró Ecko por un instante, aunque no tardó mucho en regresar a la cruda realidad. —¡Marvel, amigo! ¡Sé que puedes oírme, repite lanzallamas una vez más!

    Sin embargo, el aturdimiento por el que aún estaba siendo afectado Marvel provocó que éste no supiera interpretar la orden brindada por su entrenador y continuase tambaleándose por el campo de batalla completamente desorientado, siendo un blanco fácil para el malhumorado Electabuzz, que le asestó un severo izquierdazo electrificado de nuevo en la cara, tras lo cual Marvel comenzó a chillar como si de un pequeño cachorro al que han pisado una pata se tratase; los puñetazos siguieron repitiéndose una par de veces más.

    A pesar del golpe recibido y del dolor sufrido por el brutal impacto en una zona dañada, los impulsos eléctricos que ahora recorrían su cuerpo fueron los que ocasionaron que Marvel volviese a recobrar parte de su sentido de la orientación y adolorido, menease la cabeza para despejarse.

    —¡Eres genial, Marvel! —Rió Ecko tras observar como su canino compañero había logrado recuperar el sentido. —¡Ánimo, ataca con velocidad extrema!
    —¡Auuú! —Aulló el Arcanine, tras lo cual cruzó la mirada con la de su rival y dejó escapar una ligera sonrisa de confianza.
    —¡Electabuzz, detenlo usando ataque rápido! —Ordenó rápidamente el Teniente. —¡Y remátalo también con puñodinámico!

    Pese a que la velocidad del Electabuzz era digna de admirar, las mejores cualidades físicas de Marvel fueron las que hicieron que el misil explosivo que era el puño del rival se estampase contra el suelo del campo de batalla, explotando y lanzando alguna que otra esquirla de azulejo a ambos luchadores.

    Finalmente, durante la ejecución de uno de los quiebros que estaba realizando, Marvel fue capaz de agarrar con sus colmillos el puño de su rival y consiguió lanzarlo varios metros atrás, cayendo al suelo sobre la zona en la que presentaba la mayor parte de sus quemaduras y levantándose muy a duras penas, lo que Marvel aprovechó para volver a asestar otra de sus veloces arremetidas.

    —¡Bien hecho, Marvel! —Felicitó el chico de la piel con lunares a su compañero. —¡Ahora termina con lanzallamas!
    —¡Electabuzz, pantalla luz! —Fue la decisión de Surge en vista de que si su Pokémon no pudiese atacar, al menos no resultase herido.
    —Electabus…

    El flamígero ataque cruzó de nuevo el campo de batalla y volvió a ser repelido por la pared protectora generada por el Pokémon eléctrico; sin embargo, aún envuelto en llamas, Electabuzz no se percató de que Marvel había comenzado otra veloz arremetida contra él, que logró impactarlo violentamente y lanzarlo varios metros más allá de la posición en la que se encontraba, tras lo cual aterrizó en el suelo muy malherido y haciendo duros estragos por levantarse.

    No obstante, y para sorpresa de los aspirantes, el Pokémon eléctrico consiguió ponerse en pie pese a que sus rodillas temblaran como si no tuviesen hueso, en un estado físico algo lamentable.

    —Elek tabus… —Gruñó el Pokémon amarillo, quien victima de las quemaduras, mordiscos, golpes y cansancio no pudo hacer nada por evitar caer exhausto al suelo y completamente debilitado.
    —¡Electabuzz no puede seguir combatiendo! —Decretó el árbitro alzando los banderines. —¡Los ganadores del combate oficial por la medalla del Gimnasio de Ciudad Carmín son el aspirante y sus Pokémon!
    —¡Lo hicimos, Marvel! —Ecko corrió hasta donde se encontraba su compañero, quien cansado optó por echarse sobre el suelo.
    —¡Gruao! —Ladró dolido el cánido cuando su entrenador le abrazó en la zona de las costillas; aunque contestó a su gesto con una cariñosa lametada en la mejilla de éste.

    Haciendo regresar a su caído compañero al interior de su correspondiente contenedor, el militar abandonó el cuadrilátero en el que había permanecido durante todo el combate y se acercó hasta la zona en la que se encontraba la pareja vencedora.

    Extendiendo su robusto brazo derecho, el Teniente ayudó a incorporarse a quien lo había conseguido derrotarlo y con semblante decidido sacó de uno de los bolsillos de su pantalón una pequeña chapa metálica del tamaño de medio pulgar y de forma poligonal similar a una flor en llamas, pues era de color naranja y amarillo metalizado.

    —Supongo que esta no es mi noche. —Dijo el Teniente pasándose la mano derecha por la nuca. —Ten, te mereces la medalla trueno. —Añadió entregándole al ojiverde el trofeo.
    —¡Gracias!
    —Tienes un estilo de combate peculiar, recluta. — Carcajeó el hombre mientras le daba un golpe en la espalda como gesto de camaradería aunque quizás de una manera un tanto descontrolada. —Será mejor que vayas al recibidor, me ocupare mientras de que Jiro se haga cargo de la transferencia de dinero.

    Un nerviosa entrenadora esperaba ligeramente asustada a que llegase su turno de combatir sentada en uno de los sofás de la sala de espera, junto a ella se encontraba esperando también Ecko, a quien la mencionada entrenadora no paraba de hacer preguntas acerca de su reciente batalla de gimnasio, pidiéndole también algún consejo que otro.

    Pasados un par de minutos en el que Ecko intentó responder de buena manera a las preguntas que se la hacían, el enorme portón metalizado que conducía a la arena principal se abrió y pudieron acceder así al hall Surge acompañado por Jiro y un pequeño muchacho que al notar enseguida la presencia de Ecko, no tardó en ocultarse detrás del Marine.

    —¿Andy? —Preguntó Ecko esbozando una ligera sonrisa al encontrarse con el novel.
    —¿Es que ya conocías a mi sobrino? —Rió fuertemente el Líder mientras se apartaba y dejaba al niño al descubierto. —¿Por qué no me lo dijiste antes? —Preguntó al joven mientras Ecko recibía de manos de Jiro su tarjeta de entrenador.
    —Yo, bueno, pensé que… —Tartamudeó Andy poniéndose algo colorado.
    —¡Jajaja! —Carcajeó Surge mientras ponía su brazo derecho en los hombros de Jiro y con el otro abrazaba fuertemente a su sobrino. —¡Míralos bien, Ecko, de aquí a unos años cualquiera de estos dos puede estar ocupando mi lugar!

    El menos joven de los dos, sin saber que contestar, se limitó a reír junto con el actual líder, tras lo cual marchó al interior de la sala donde anteriormente habían combatido para dejar todo listo para el siguiente enfrentamiento.

    Haciéndole el habitual gesto con la cabeza, Jiro ordenó a la nueva aspirante que entrase a dicha sala para que esperase allí dentro Surge, quien aún se estaba despidiendo del muchacho de Isla Canela.

    —Que te vaya bien en tu viaje —Dijo el Teniente extendiendo su fornido brazo derecho a modo de saludo. —¡Vuelve a hacernos alguna visita y tengamos otro combate!
    —Lo tendré en cuenta. —Contestó Ecko correspondiendo al apretón de manos. —Aunque creo que será mejor que me vaya ya al Centro Pokémon para que los chicos puedan descansar. —Añadió. —¡Volveremos a vernos! —Se despidió, tras lo cual finalmente abandonó las instalaciones del Gimnasio.

    Fecha desconocida, Gran Casino Pokémon, Ciudad Azulona, 23:33 PM.

    —Si ustedes me lo permitieran, señoritas, me gustaría decirlas que esta noche están realmente arrebatadoras. —Piropeó el hombre del esmoquin morado a las tres mujeres que compartían asiento con él.
    —Por favor, Señor Smith, al final va a conseguir que me sonroje de verdad —Rió avergonzada una de las dos féminas a las que iba dirigido el piropo —, es usted todo un caballero.
    —No me gusta que se me clasifique como tal —Respondió el trajeado mientras se levantaba del cómodo sofá y se quitaba las arrugas del pantalón —tengo demasiados trapos sucios a mis espaldas; sin embargo, permítanme que las invite a otro copazo.

    Abandonando a su sensual compañía y atravesando un corto pasillo delimitado a ambos lados por varias filas de máquinas tragaperras, el moreno llegó hasta una alargada barra de madera de caoba barnizada en la que un gran número de camareros desempeñaban su trabajo sirviendo copas por doquier, algunos incluso portando bandejas de canapés o algún que otro aperitivo.

    Tomando asiento en uno de los mullidos taburetes giratorios anexos a ésta, el hombre dio un par de tontas vueltecitas mientras esperaba a ser atendido, sacando a la vista una plastificada tarjeta de crédito de cierto rango superior; finalmente el trajeado no tardó en ser atendido por un camarero de edad algo avanzada y que a juzgar por su vestimenta parecía ser quien llevaba las riendas del bar.

    —La señoritas de mi reservado me han pedido otro copazo —Dijo el del traje morado a quien se encontraba tras la barra. —, asegúrate de que esté bien cargado. —Añadió después de sacar de uno de los bolsillos de su americana un pequeño tarrito lleno de lo que parecía ser polvo blanco. —Hoy promete ser una buena noche.
    —Como desee, Señor Smith. —Contestó el barman con naturalidad mientras con cierto disimulo guardaba el recipiente en uno de los bolsillos de su uniforme.
    —Por favor, Jeeves, sabes lo mucho que me molesta que la gente que me conoce bien me llame por ese estúpido nombre. —Espetó algo mosqueado. —Si no eres una de esas busconas te recomiendo que no vuelvas a llamarme así, a no ser que ya no quieras seguir trabajando en este casino.
    —L-lo lamento muchísimo señor Pesth, tenga por seguro que esto no volverá a ocurrir más. —Tartamudeó el experimentado camarero. —¿Puedo ofrecerle algo que tomar?

    Antes de decantarse por las bebidas que iba a consumir, una de las camareras que circulaban por el lugar lo interrumpió ofreciéndole tomar uno de los suculentos canapés que llevaba en la bandeja que ésta sostenía, los cuales parecían haber salido directos de la cocina.

    Mirando con esmero los pequeños, decorados y deliciosos bocados que le estaban siendo ofrecidos, el del esmoquin morado centró su atención en uno con base redondeada de bizcocho recubierta por una crema de queso blanquecina y algún pedacito de mango en la que había dibujada con sirope una estilizada “R” de color rojo; esbozando una ligera sonrisa, Pesth finalmente se decidió por este, llevándoselo a la boca disfrutándolo con gusto.

    —¿Sabes, Jeeves? —Finalmente dijo el del esmoquin morado. —Apunta todo lo que tomen las señoritas de mi reservado a mi cuenta. —Rió mientras se limpiaba un poco de crema de queso de los labios con su afilada lengua. —Parece ser que a mí me reclaman.
    —Como usted lo ordene, Señor Pesth. —Sentenció el avanzado hombre, tras lo cual volvió con su trabajo de servir copas.

    Tras abandonar las salas de ocio y adentrándose en las zonas reservadas al personal más selecto del casino, el engalanado hombre optó por tomar uno de los ascensores allí presentes, adentrándose en él e introduciendo en una pequeña clavija cercana al panel de mandos su tarjeta de crédito, gesto que ocasionó que apareciese un botón luminoso en el que se podía leer la palabra “LOFT” y que apenas dudó en pulsar, activándose así los mecanismos del elevador y conduciéndolo hasta dicha planta.

    Tras abrirse las puertas del sistema de elevación, Pesth se adentró decididamente en una amplia y oscurecida habitación cuyos únicos hilos de visibilidad eran producidos gracias a la luz lunar que traspasaba los ventanales y a la que un pequeño flexo de escritorio emitía, bajo el cual se podía distinguir la silueta de una figura femenina.

    Ignorando a su acompañante, el del esmoquin se dirigió de manera decidida (como si conociese perfectamente los obstáculos que se podía encontrar durante el camino) hacia un amplio mueble-bar de caoba barnizada y, tras seleccionar las bebidas que formarían parte de su cocktail, se dispuso a mezclarlas en un amplio copón de cristal fino; tras esto se sentó en un aterciopelado sofá blanco para disfrutar de su bebida.

    —Cada vez me gustan más los reclamos que usas para hacerme venir a tu despacho —Dijo Pesth al tiempo que cruzaba su pierna derecha para luego dar un sorbo de la copa. —; añoro esta habitación, sobre todo por la bebida, sin duda la de aquí es mucho mejor que el agua destilada que sirven abajo.
    —Y yo imagino que algún día decidirás guardarte esa afilada lengua que tienes y aprenderás a tratar como es debido a tus superiores. —Contestó seriamente una fémina voz, tras lo cual lo siguiente en escucharse fue el firme caminar de unos zapatos de tacón.

    Concentrado en disfrutar plenamente de su bebida, Pesth ni siquiera se dio cuenta de que algo caía por su hombro derecho hasta que el objeto en cuestión aterrizó sobre sus rodillas; fue entonces cuando observó que se trataba de un sobre negro, estando su tapa sujeta con un elegante sello carmesí en el que se notaba impresa una letra “R” del mismo color.

    Vestida con una escotada camisa blanca que insinuaba bastante bien sus generosos senos y complementada con una falda de secretaria gris sujeta por dos tirantes negros, la mujer a la que antes se había podido escuchar se acercó hasta el interruptor oculto en la penumbra y, tras pulsarlo, se pudo apreciar con mayor claridad el resto de su anatomía: Unas largas y pronunciadas piernas cubiertas por unas medias marrones y una larga melena de color rosa (relativamente claro) recogido en un improvisado moño amarrado por dos lapiceros.

    Sus ojos azules oscuros estaban además cubiertos por unas gafas de trabajo, bajo cuyo cristal derecho se podía diferenciar cómo un pequeño lunar adornaba el bello rostro de la mujer.

    —Perdona por despertarte, Áltos, pero será solo un momento —Se disculpó la mujer de labios carmesíes. —; enseguida podrás volver a dormir.
    —¡Pidya! —Pió el esbelto pájaro de plumas pardas que dormitaba sobre un bonito poste de madera oscura y cuya cresta plumada adquiría una tonalidad granate al reflejar en ella la luz de la habitación.

    Olvidándose por un momento del adormilado Pidgeot, la pelirrosa optó por servirse ella también en un vaso corto un par de hielos y un chorro de whisky, tras lo cual pegó un pequeño sorbo y se paró a mirar detenidamente al hombre del esmoquin morado, quien permanecía atento en la lectura de la carta haciendo de vez en cuando una rara mueca cuando algo no le sonaba muy convincente.

    Cuando terminó de leer el contenido del sobre, Pesth arrugó el papel y sin pensárselo dos veces lo lanzó de espaldas sin importarle en demasía el lugar en el que éste pudiese acabar; después de hacer esto tan solo se limitó a beberse el contenido de su copa de un único trago.

    —No sé qué tiene que ver esto conmigo, Administradora Kalindra —Rió el hombre mientras se sacaba un cigarrillo de uno de los bolsillos de su americana y se disponía a encenderlo con el hábil movimiento de una cerilla. —; si lo que ha escrito ese tarugo de Smoke es correcto, creo que esta misión se te ha asignado a ti.
    —En efecto. —Contestó la bella mujer mientras con un leve soplo apagaba la llama del fósforo. —Y si yo recuerdo bien, tú estás bajo mis órdenes —Continuó. —; además no pienso ensuciar mis manos yo sola en algo como esto.
    —Siempre andas zorreando con todo el mundo para conseguir las cosas que quieres menos conmigo. —Se encogió de brazos el hombre. —Esa es la segunda razón por la que no soporto que seas mi jefa.

    Tras escuchar las palabras pronunciadas por el del esmoquin, la pelirrosa esbozó una ligera sonrisa y, tras desanudarse el moño del pelo y dejar sus lentes sobre la cubierta del mueble-bar, también bebió el contenido de su vaso de un solo trago.

    Golpeando el suelo con sus zapatos de tacón, la mujer caminó con paso decidido hasta donde se encontraba su compañero, sin embargo tan solo dio la vuelta al sillón para ponerse tras él y con un suave gesto comenzó a acariciarle el hombro derecho.

    De pronto Pesth comenzó a sentir como un cálido aliento golpeaba su oreja derecha y, notablemente excitado, se llevó de nuevo el vaso a la boca, sin embargo apenas pudo beber algo más que el poco agua que habían soltado los hielos al derretirse.

    —Encárgate de lo que te he mandado, Pesth. —Susurró sensualmente la pelirrosa al oído del hombre, cuyo ritmo cardiaco comenzaba a acelerarse cada vez más. —Y lárgate de mi despacho de inmediato.

    Ligeramente avergonzado por el hecho de habérsele pasado por la cabeza la idea de haber podido llegar a intimar con la pelirrosa más de lo que en verdad había llegado a ocurrir, Pesth rápidamente se levantó de su asiento y, sin dirigir apenas la mirada a la ojiazul, se introdujo otra vez en el ascensor.

    —Siempre a sus órdenes, Administradora Kalindra. —Vaciló Pesth tras marcar el “0” como destino. —Siempre a sus órdenes. —Las puertas del ascensor se cerraron y éste comenzó a descender. —<<Zorra>> —Rió con malicia, tras lo cual tomó su anterior cigarrillo, un nuevo fósforo y volvió a disfrutar de su tabaco con placer.
    #2111359 30/08/2013 23:08
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    0Wish0Wish

    # Fecha de alta: 20/08/2008

    # Edad: 26 años

    # Ubicación: Isla Canela

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    Capítulo 003 — Reencuentros explosivos


    Una taza de café con leche, un vaso zumo de frutas, tostadas y un par huevos fritos eran los componentes del desayuno que el joven de Isla Canela —con la mirada todavía algo somnolienta— parecía degustar con placer, considerándolo quizás como una especie de recompensa por el triunfo en el Gimnasio la noche anterior, fruto del entrenamiento y duro esfuerzo tanto suyo como de sus compañeros.

    Cuando por fin terminó con su comida, y tras dejar su bandeja en una especie de casillero a la espera de que viniesen a recogerla, Ecko se dirigió hasta el cajero para abonar con su tarjeta de entrenador el precio que su almuerzo había costado; una vez realizado esto tan solo tomó su mochila —la cual estaba en una de las sillas de la mesa en la que había estado sentado— y sin nada más que hacer allí abandonó la cafetería.

    —<<Al menos pude pagar con el dinero que ganamos ayer en el Gimnasio, lo cierto es que ya me empezaba a escasear>> —Dijo para sí mismo el chico de los lunares mientras guardaba su tarjeta de entrenador en la billetera. —Con un poco de suerte quizás pasado mañana pueda desayunar ya en casa. —Continuó, no pudiendo evitar soltar una ligera sonrisa al sentirse agradado por tal idea.


    Martes, 9 de Junio, Centro Pokémon de Ciudad Carmín, 09:48 AM

    —De verdad que el Teniente cada vez nos da más trabajo conforme se acerca la Liga Pokémon. —Se lamentó la enfermera peliverde mientras se pasaba la muñeca por su frente para intentar secarse el sudor. —Últimamente no damos a vasto curando Pokémon paralizados.
    —Entiendo. —Rió débilmente Ecko pasándose la mano por la nuca. —¿Y cómo se encuentran mis Pokémon, enfermera Midori?
    —¡Ah, sí! ¡Perdona! —Exclamó algo despistada la empleada del centro. —Enseguida hago que te los traigan. —Añadió, tras lo cual pulsó un pequeño botón rojo ubicado en el teclado del ordenador de su escritorio.

    La bombilla ubicada sobre la puerta que conducía a las instalaciones reservadas al personal del Centro cambió su color pasando de rojo a verde, derivando que sus paneles se abriesen de par en par y por ellos circulase una de las simpáticas enfermeras Chansey portando la bandeja con las cuatro Pokéball que Ecko había dejado al cuidado la noche anterior; la Pokémon, como de costumbre, llevaba una alegre canción en los labios.

    —Te leo el diagnóstico. —Dijo observando la pantalla del ordenador. —En líneas generales tanto Grovyle como Umbreon se encuentran en perfecto estado —Informó la enfermera. —, no obstante sería conveniente que Lucario descansase por un tiempo.
    —Sin duda el pobre Azulón fue el que peor parado salió anoche. —Suspiró el ojiverde.
    —Sí, y en cuento a Arcanine —Continuó la enfermera con el parte. —, es bastante posible que durante los próximos días sufra alguna que otra migraña o mareo; los golpes que recibió en la cabeza fueron algo complicados y dejarán estas secuelas durante un corto periodo de tiempo.
    —Lo comprendo. —Contestó Ecko, en parte bastante aliviado por los resultados finales del chequeo médico, aunque no por ello poco preocupado por la salud de sus compañeros.

    Tras colgar las cuatro esferas de nuevo en los correspondientes lugares de su cinturón, el moreno consideró de gran importancia seguir los consejos brindados por la enfermera Midori y por ello, antes de comenzar con las cosas que tenía previstas, fijó su rumbo a la sala de videoteléfonos a fin de poder volver a hablar de nuevo con su abuelo para poder intercambiar a Azulón por alguno de los Pokémon que tenía en casa.

    Después de calcular de manera un poco improvisada cuanto tiempo podría gastar haciendo la llamada, el chico de los lunares introdujo la cantidad de monedas que consideró suficiente en la máquina y procedió a marcar de nuevo el teléfono de su hogar; sin embargo, al contrario que la vez anterior, el interlocutor esta vez conectó la pantalla del videoteléfono sin esperar a saber con quién estaba hablando.

    —¿Ecko? —Dijo una voz femenina ligeramente algo adormilada. —¡Hola, hermano! ¿Ocurre algo? —Continuó la interlocutora algo más despejada.

    En la pantalla de Ecko ahora mismo aparecía la imagen de una chica que apenas alcanzaría los quince años de edad y alargado cabello oscuro ligeramente ondulado en las puntas; la muchacha en cuestión tenía también unos profundos ojos de írises azulados —cubiertos por unas gafas de pasta negras— y a lo largo de su piel se podían diferenciar, igual que como a su hermano, pequeños y bonitos lunares.

    —¿Naomi, qué estás haciendo en el laboratorio de papá? —Se extrañó el muchacho al no esperar que fuese ella, sino más bien su abuelo o progenitor, quien contestase a la llamada. —No me digas que te quedaste dormida estudiando y fui yo quien te despertó. —Rió con una ligera pizca de malicia.
    —Eh, bueno, algo así… —Contestó la ojiazul poniéndose algo colorada. —¡Pero eso no importa! ¿Querías algo, no? —Se apresuró a decir para cambiar rápidamente el tema de la conversación.

    Tras intentar explicar a su hermana pequeña con todo lujo de detalles su combate por la medalla Trueno en el Gimnasio Carmín y las consecuencias que habían derivado de derrotar a los Pokémon de Surge, Ecko continuó su explicación mencionando el diagnóstico que recientemente le había mencionado la enfermera del Centro, para finalmente acabar su explicación ofreciendo realizar un intercambio de Pokémon.

    —Así que vas a mandarme a Zuzú —Rió Naomi sacando la lengua, pues ese era un mote con el que ésta llamaba al Pokémon de su hermano y que a éste no parecía gustarle demasiado.—; bueno ¿Y a quién quieres que te mande? —Preguntó. —¿Quieres que te mande alguno de los míos?
    —Creo que esta vez no, preferiría que me enviases a Jinbe. —Se decantó el moreno tras pararse a pensarlo un par de segundos. —Supongo que es buena idea que vaya entrenando con él.
    —Bueno, si es por cuestión de entrenamiento… —Contestó la chica llevándose la mano a la boca con el fin de intentar frenar un inminente bostezo. —Muse estuvo entrenando con él hace un par de días. —Continuó al tiempo que juntaba las puntas de sus dedos índices.
    —<<Esa chica es un peligro, a saber lo que hizo con él>> —Masculló Ecko. —Bueno, ya hablaré con ella cuando regrese a la isla. —Dijo intentando no pensar mucho en ello. —¿Qué me dices? ¿Empezamos el intercambio?

    Mientras la quinceañera iba a buscar el Pokémon indicado por su hermano, éste presionó un botón ubicado en el teclado numérico en el que se podía leer la palabra “intercambio”, lo que desencadenó que una pequeña compuerta circular se abriese en el borde derecho del aparato en la cual Ecko introdujo la Pokéball de Azulón en su tamaño reducido.

    Tras rellenar seguidamente una serie de requisitos tales como los datos del destinatario y una vez que Naomi completó el mismo proceso, el intercambio entre amabas criaturas se vio finalizado cuando en las respectivas pantallas de cada uno de los videoteléfonos se mostró una pequeña ventana en la que se leía con letras verdes “intercambio finalizado”.

    —Creo que por mi parte eso era todo —Dijo el ojiverde tomando la nueva Pokéball y colgándola en el hueco que ahora estaba vacío en su cinturón. —, no te olvides de darle a Azulón una dieta basada en bayas zreza, eso facilitará su rehabilitación.
    —¡Jo! ¿Tienes que irte ya? —Preguntó Naomi queriendo poder hablar un poco más de tiempo con su hermano mayor. —Para una vez que puedo hablar contigo… —Añadió mientras meneaba la cabeza a modo de resignación.
    —Tampoco te pongas así, cerebrito. —Bromeó el ojiverde. —Cuando llegue a casa hablamos más ¿De acuerdo? —Continuó. —Siempre y cuando no me hables de esas cosas que a ti te gustan y…
    —Eres bobo. —Rió la guapa muchacha. —¡Que te vaya muy bien en tu viaje! —Se despidió guiñándole uno de sus bonitos ojos a su hermano.

    Una vez finalizada la conversación telefónica y tras abandonar las instalaciones del Centro Pokémon, el joven de Isla Canela creyó que sería buena idea tener un acompañante durante el trayecto que se disponía a hacer, y por ello tomó la Pokéball que recién le había enviado su hermana para que tras agrandarla pudiese salir Jinbe.

    Una bípeda tortuga de aproximadamente metro y diez centímetros de estatura se materializó frente a su entrenador; su piel escamosa de color añil resaltaba notablemente con respecto al caparazón que protegía su cuerpo, dicho caparazón era de una tonalidad pastel por la zona ventral y de un marrón bastante más oscuro por la parte trasera.

    Por los huecos presentes en dicha coraza asomaban con cierta gracia sus cortas —aunque no por ello menos potentes— extremidades acabadas todas ellas en tres finas garras similares al nácar, así como una esponjosa cola formada por plumas azules idénticas a las que componían sus orejas; falta mencionar que bajo sus ojos de írises rojizos se diferenciaba como sus mejillas eran de una tonalidad un poco más oscura que la del resto de su cuerpo.

    —¡Warol, warol! —Gruñó el Wartortle alzando su corto brazo derecho.
    —¿Cómo te ha ido por casa, Jinbe? —Contestó el humano agachándose hasta igualar la altura de su compañero Pokémon. —¿Te parece bien que nos vayamos de paseo hasta Ciudad Azafrán?
    —¡Tortel! —Asintió orgullosa la tortuga.

    Con todo esto hablado ya nada les impedía comenzar su viaje y por ello, tras adentrarse en las bonitas calles de Ciudad Carmín, la desproporcionada pareja no tardó en encontrar la salida norte de la ciudad y con ello puso rumbo a la capital de la región Kanto, Ciudad Azafrán.


    Royal Navy Hotel, Ciudad Carmín, 11:12 AM.

    Los dorados rayos del sol de la mañana que incidían sobre la blanquecina piel de aquella mujer realmente lograban realzar la belleza de ésta e incluso llegaban a insinuar un poco más sus atractivas curvas cubiertas en ese instante por un bikini de rayas azules marino y blancas.

    Descansando sobre la cómoda tumbona de madera acolchada con un mullido colchón blanco, la pelirrosa parecía estar completamente atenta a los “algo descontrolados” juegos que los otros tres hombres que parecían estar a sus órdenes realizaban en la piscina, salpicando constantemente con ello a un cuarto hombre que no lograba disfrutar de su almuerzo: Un pequeño surtido de sushi colocado en una tabla de madera.

    Cansado ya de que los tres infantiles tipos no cesaran sus jueguecitos, el hombre vestido con una arremangada —y empapada— camisa morada y bermudas negras se acercó hasta la amplia mesa de cristal ubicada en el “chill-out” donde descansaba la mujer para depositar su bandeja; tras esto, con semblante decidido agrandó una Rocketball —dispositivo similar a la Pokéball pero con la mitad superior negra y la inferior roja— y se vio decidido a escarmentar a los causantes de que su almuerzo se viese interrumpido; apenas estuvo a punto de realizar un movimiento cuando la voz de la mujer lo detuvo en el acto.

    —¿Crees que la azotea de este hotel es el mejor lugar para empezar una estúpida bronca de niños pequeños? —Dijo la mujer con una seductora voz pero que no por ello dejaba de resultar un tanto amenazante. —¿Eh, Pesth?
    —¡A caso no ves como me han dejado esos incompetentes! —Exclamó el hombre mientras extendía sus brazos para dejar a la vista el estado de su atuendo. —¿Sabes lo que cuesta esta camisa?
    —Entonces supongo que la culpa es tuya por ponerte a comer cerca del borde de la piscina. —Se burló la mujer, causando así unas cuantas risotadas en los hombres que continuaban con sus burradas en el agua. —¡Y a vosotros se os acabó el descanso! —Tras lo cual las risas cesaron.

    Levantándose de la tumbona y tras atarse un pareo azul alrededor de su cintura, Kalindra pidió a los allí presentes que se reuniesen en torno a la ya mencionada mesa de cristal en la que había —además de varias carpetas, documentos y fotografías— un par de laptop negras bastante modernas.

    Reunidos ya los cinco, la pelirrosa recogió su melena en un improvisado moño y, tras ponerse sus gafas de trabajo, tomó dos de las carpetas confidenciales para entregárselas a Pesth y a otro de los hombres que jugaban en la piscina, concretamente a uno alto y de facciones delgadas, barba de tres días y engominado cabello castaño peinado con un tupé que le daba un aspecto totalmente ochentero.

    Tras pegar un vistazo al contenido que se les había entregado, Spyke, el repeinado Rocket, esbozó una perversa sonrisa y ladeó después su cuello ocasionando que éste crujiese levemente; por el otro lado Pesth se mantuvo serio, la verdad es que era difícil de descubrir si esto era así por la dificultad de las órdenes que se le habían asignado o porque aún le duraba el enfado por la vergüenza que Kalindra le había hecho pasa instantes atrás.

    —El contenido de estas carpetas no es más que un simple recordatorio de lo que ya tenéis que saber. —Dijo seriamente la Administradora Rocket mientras bajaba la pantalla del laptop que consultaba. —Es por eso que espero que todo salga absolutamente perfecto.
    —No te preocupes, Kalindra, no quedarás mal ante los ojos de Smoke por nuestra culpa —Vaciló Pesth a su superior mientras la enviaba una venenosa mirada con sus ojos ambarinos. —; todos sabemos lo importante que es esta misión para tu futuro en la organización.
    —¡Será mejor que no hables así de la jefa! —Exclamó Spyke dando un golpe sobre la mesa. —¡Deberías estarle agradecido por todo lo que ha hecho por ti durante estos últimos años!
    —¡Ya está bien a los dos! —Puso fin a la discusión la Administradora. —Ya sabéis que papel jugáis cada uno de vosotros ¡Ahora cumplid con vuestra misión!

    Tras lograr aguantar las ganas de querer arrancar de cuajo la afilada lengua de aquel que se había atrevido a levantarle la voz, Kalindra, no sin antes acabarse el delicioso almuerzo de Pesth, optó por tomarse un relajante baño en la piscina del hotel mientras sus subordinados se retiraban, ocasionando que con su marcha la azotea del Royal Navy Hotel volviese a ser el lugar de tranquilidad y descanso que estaba destinado a ser.

    —¡Entonces pongamos las manos en la masa! —Exclamó un robusto y calvo Rocket (aunque solo en su cabeza, pues su espalda y piernas estaban plagadas de vello capilar) mientras chocaba su puño derecho en la palma de su mano izquierda y hacía tronar fuertemente sus nudillos hasta casi parecer que estos habían quebrado.
    —Querrás decir que nos pongamos manos a la obra, Beef. —Rió Spyke mientras le daba unas palmadas a su gigante compañero en su peluda espalda, siendo consciente de lo realmente tonto que éste podía llegar a ser.
    —¡Sí, bueno, eso es lo de menos! —Dijo entre fuertes carcajadas el calvo. —¡Lo que realmente importa es que hoy patearemos unos cuantos culos!


    Sede de Silph S.A, Ciudad Azafrán, 12:43 PM

    “Impresionante”, sin lugar a duda la palabra para describir aquella inmensa recepción era “impresionante”; la cenefa de color turquesa que recubría tanto las paredes como el suelo de la habitación encajaba perfectamente con el verdor de las plantas que suponían la mayor parte de la decoración y, que a pesar del enorme tráfico de personas que recorrían esa sucursal, lograban transmitir cierta paz en el ambiente.

    En el centro de la sala y colocada a una altura un poco más elevada que el resto de la decoración se alzaba de manera majestuosa una elegante fuente de pizarra decorada con motivos Pokémon y que no paraba de emanar distintos tipos de chorros de agua realizando bonitas coreografías.

    Alrededor de la fuente y ubicados en los cuatro puntos cardinales, dos pares de tubos cilíndricos de cristal en los que iban introducidos varios ascensores con capacidad para una veintena de personas cruzaban por completo lo alto de la habitación.

    Tras seguir las indicaciones brindadas por una de las azafatas, Ecko optó por esperar al ayudante de Pástor en una de las salas de espera del edificio, el cual no era más que in amplio salón dotado con diversos elementos de relax tales como máquinas expendedoras; sintiendo algo de sed por la caminata que había realizado, Ecko optó por sacar una botella de agua de una de ellas.

    Si bien el número de personas era considerablemente mucho menor allí dentro, el chico de los lunares no se percató —o al menos hasta que éste lo agarró desde su respaldo por su hombro derecho— de que alguien cercano a él permanecía desde hacía ya rato esperando en la sala y que además se mostraba sorprendido de verlo también allí.

    —¿Dónde están tus modales, Ecko? —Preguntó aquel chico con cierto aire bromista. —¿Es que ya no saludas ni a los amigos?
    —¡Kaden! —Exclamó el moreno escupiendo parte del agua que estaba a punto de beber, víctima un poco del susto. —¿Qué haces en Silph?
    —Supongo que lo mismo que tú. —Contestó éste; tras ello le extendió la mano a modo de saludo, gesto que Ecko enseguida igualó. —Aunque también tengo un par de asuntos pendientes por aquí.

    Tras propinar un pequeño salto, el chico de ojos negros y pelo de color azul extremadamente oscuro —hasta el punto de parecer ser negro— logró pasar por encima del respaldo del sofá y sentarse a la par que el chico de los lunares sin apenas arrugar la camiseta gris clara que vestía y que combinaba con unos jeans oscuros; ahora que estaba junto a él la diferencia de edad entre ambos era más que evidente, pues Ecko era dos años menor.

    El ojiverde, sorprendido por encontrarse a un viejo amigo en semejante lugar sin apenas saberlo de antemano, se molestó en contarle los motivos por los que había acudido hasta Ciudad Azafrán, incluyendo en su relato si anterior hazaña en el Gimnasio Carmín, quizás con la intención de tener un momento de gloria ante su compañero; la conversación siguió con su curso.

    —¿Y cuáles son esos otros asuntos que tienes aquí en Silph? —Preguntó el chico de los lunares.
    —Vine a recoger mi Pokédex. —Fue la respuesta del peliazul. —Unos de los amigos de mi padre se ofrecieron a hacerme un par de actualizaciones bastante interesantes en su Sistema Operativo. —Continuó.
    —Pensé que estarías aquí por la medalla Pantano. —Dijo Ecko con un tono que podía resultar algo vacilón. —¿Sabes? Yo ya la conseguí hace varias semanas —Alardeó. —; aunque tuve que probar suerte dos veces.
    —Me alegro por ti, Ecko. —Rió Kaden sacando de uno de los compartimentos de la mochila que llevaba consigo un estuche metálico idéntico al que Ecko utilizaba para guardar sus medallas. —Yo la conseguí hace ya meses, bueno, como también las siete restantes.

    Sintiéndose un poco avergonzado al comprobar que una vez más Kaden había logrado eclipsarlo, el ojiverde creyó conveniente buscar un nuevo tema de conversación y por ello comenzó a recordar todas las aventuras que habían vivido tanto él como sus Pokémon durante su viaje por Kanto a fin de poder hacer así más amena la espera; gracias a esto se enteró de que Kaden ya había conseguido todas sus medallas hacía ya varios meses y que ahora se encontraba entrenando a su equipo en Pueblo Paleta.

    La conversación entre los dos jóvenes se prolongó aproximadamente unos veinte minutos más en los que no cesaron las risas y los buenos recuerdos. Pasado ese tiempo, un hombre que rondaría los treinta años de edad, de pelo castaño y ojos marrones cubiertos por unas lentes entró en la sala ataviado con una bata de laboratorio bajo la que asomaban unos pantalones negros; sobre su hombro derecho colgaba además una bandolera de cuero marrón que apenas lograba sujetar debido a la gran cantidad de carpetas y archivos que portaba entre sus manos.

    Tras acercarse al lugar donde descansaban los muchachos de Isla Canela, Milo agradeció a ambos por haberse tomado la molestia de haber acudido hasta Ciudad azafrán, y como persona cercana a ellos que era, quiso recompensárselo invitando a ambos a comer en la cafetería de la sede de Silph.

    —Entonces, Ecko, todavía te faltan dos medallas más para poder tener las ocho. —Dijo Milo mientras probaba un bocado del bistec con patatas que estaba comiendo. —Y tú, Kaden, ya tienes todas. —Continuó. —¿No os parece estupendo?
    —Bueno, pero en cuanto lleguemos a Isla Canela tengo pensado desafiar a Blaine. —Se apresuró a decir Ecko al ver que Kaden soltaba una leve carcajada. —Aún queda tiempo hasta que empiece la Liga Pokémon.
    —No cabe duda que lo tuyo con ese viejo será emocionante. —Contestó el científico. —Y decidme, chicos ¿Ya sabéis que es lo que queréis hacer después de terminar vuestro viaje? —Preguntó a los dos jóvenes. —Me resulta interesante saber qué es lo que planeáis hacer con vuestras vidas.

    A la pregunta lanzada por Milo, Kaden contestó con un simple “Aún no lo he decidido” y acto seguido continuó disfrutando del plato de pasta con tomate que había pedido; no obstante, Ecko se explayó un poco más con su respuesta, contestando que una vez terminase la Liga Pokémon estaba decidido a empezar sus estudios universitarios de Medicina Pokémon en Ciudad Azulona.

    —Así que Medicina Pokémon, como tu madre. —Exclamó mesándose la barbilla. —Eso sí que es realmente interesante. —Añadió. —Supongo que entonces no habrás pisado por demasiados Centros Pokémon.
    —Bueno, no exactamente… —Contestó el ojiverde mientras una gota de sudor recorría su sien. —La verdad es que, bueno, yo… —Desvariaba.
    —Supongo que no eres tan buen entrenador como médico. —Rió Kaden, quien no había intercambiado demasiadas palabras durante la comida. —Espero que algún día podamos verte como nuevo Doctor en Isla Canela.

    Tres cuartos de hora más tarde la comida finalizó con los estómagos de ambos más que satisfechos; tras pagar la cuenta y sin nada más que hacer allí, los tres de Isla Canela abandonaron las instalaciones de Silph y pasearon tranquilamente por las calles de la ciudad hasta llegar a un pequeño parquecito en el que varios grupos de niños jugaban corriendo por todos lados bajo la atenta mirada de sus madres.

    Sin habérsele pasado lo más mínimo anteriormente por la cabeza que eran tres personas las que formaban el grupo, Milo no se vio con más remedio que el de advertir a los dos entrenadores que tan solo uno de ellos podría regresar a Ciudad Carmín con él, puesto que su vehículo no estaba capacitado para transportar a más personas ya que no era más que una simple motocicleta con un pequeño sidecar.

    Sin importarle demasiado, Kaden lanzó una Pokéball al suelo del parque liberando así de su interior a una criatura con aspecto de dragona que sobrepasaba con creces los dos metros y veinte centímetros de altura; su piel de escamas naranjas combinaba con las blanquecinas de su abdomen y con la fina membrana verdosa que recubría las pequeñas alas que salían de su espalda; de la zona superior de su cabeza asomaban también dos pequeñas antenas y un grueso cuerno de características similares a las de sus garras.

    La presencia de la Pokémon no tardó en captar la atención de los niños que por allí jugueteaban y que no dudaron en acercarse para verla mejor; no obstante allí estaban sus madres para impedírselo.

    —Por mí no te preocupes, Milo, yo iré volando. —Dijo Kaden tras montarse a lomos de su Dragonite. —Qué opinas, Ecko ¿Quieres echar una carrera contra Ehola y contra mí para ver quien llega antes a Ciudad Carmín?
    —Me temo que tendrá que ser en otra ocasión —Contestó Ecko con algo de pesadez, pues realmente quería hacerlo. —, una de las alas de Harrier está un poco magullada y es mejor que no la fuerce demasiado soportando mi caga. —Informó. —Además, no sé yo si me sentiría muy seguro teniendo lo competitivo que es…
    —Como quieras. —Añadió encogiéndose de brazos. —Os espero entonces a los dos en el barco. —Terminó de decir, tras lo cual abandonó la plaza una vez su Pokémon alzase el vuelo.

    Siendo ahora tan solo dos personas, el nieto y el ayudante de Pástor marcharon de nuevo a la sede de Silph donde Milo decía tener estacionada su motocicleta en un parking para empleados.
    Una vez allí, tras colocare el casco e introducirse a duras penas en el sidecar, Milo arrancó el viejo motor del vehículo y —tras producir un feo sonido y soltar una considerable nube de humo negro— comenzaron a callejear por las transitadas calles de ciudad Azafrán hasta encontrar la salida sur, la cual los llevaría otra vez hasta Ciudad Carmín.


    Ruta 6, 16:07 PM.

    La luz del sol filtrada a través de la frondosa copa de los árboles causaba que pequeñas manchas de tonalidad algo más oscura sobresaliesen visualmente en comparación con el oscurecido suelo de la pequeña arboleda, haciendo del entorno un bello mosaico natural.

    Tumbado bajo la sombra de uno de los árboles más gruesos entre los allí presentes, el estúpido de Beef lanzaba por los aires a modo de juego a un pequeño Pokémon similar a una semilla, puesto que de cuyo redondeado cuerpo azul protuberaban tres pequeñas y frescas hojas verdes; como era normal, los vivarachos ojitos rojos del pequeño Oddish mostraban claros síntomas de agobio al verse fuertemente aferrado por los gruesos puños del Rocket que no paraba de zarandearle.

    Aburrido ya de jugar con la planta, el soldado Rocket lanzó al Pokémon semilla hacia atrás sin importarle demasiado donde ésta podía caer, y con grandes rasgos de pesadez se levantó de su asiento apoyándose en su puño derecho —sin ni siquiera percatarse de lo sucio que había quedado por la parte trasera su uniforme negro— para poder acercarse hasta una bonita moto de carretera similar a una Chopper americana, en la que su compañero Spyke (vestido con el mismo uniforme también) dormía plácidamente sobre su mullido asiento de cuero, mientras con una gorra cubría su rostro para favorecer así su descanso.

    —¡Oye, tío! ¡Estoy hasta los mismísimos de estar esperando aquí sentado! —Gritó el mastodonte golpeando violentamente el tronco del árbol más cercano a él. —¡Se supone que ese idiota de Wissen tenía que haber pasado hace dos horas!
    —Será mejor que relajes ese temperamento, Beef. —Intentó tranquilizarlo su compañero, tras lo cual bostezó enérgicamente. —Que conste que ya venías advertido a esta misión; supongo que la reunión esa se habrá alargado más de lo esperado o yo que sé.
    —¡Argh, pero es que siento que tengo que machacar a alguien cuanto antes! —Gruñó el calvo; Spyke, para tratar de tranquilizarlo, le ofreció una de las latas de cerveza que acababa de sacar de una de las alforjas laterales de su vehículo.

    Mientras tanto, ajenos a los acontecimientos que parecían estar teniendo lugar en la arboleda en la que se encontraban los dos Rocket, los dos procedentes de Isla Canela atravesaban con la motocicleta de Milo un pequeño puente de madera que cruzaba de orilla a orilla el brillante lago de aguas poco profundas de la ruta 6; lago en el que se podían apreciar a varias especies de Pokémon acuáticos salvajes y alguna que otra tienda de campaña establecida en la arena.

    Pasados aproximadamente quince minutos desde que habían salido de Azafrán, el molesto ruido producido por el destartalado motor del vehículo de Milo fue percibido por el garrulo de Beef, quien sin esperar siquiera a su camarada y esbozando una perversa sonrisa, tomó ansiosamente una de las Rocketball que llevaba consigo y la lanzó al sendero de gravilla, liberando con el gesto a la criatura que contenía.

    —¿Qué hace en medio del camino ese Pokémon salvaje? —Se preguntó extrañado el científico al tiempo que hacía sonar el claxon de su vehículo con intención de despejar su camino. —<<Es raro, hasta donde yo sé estos Pokémon nos son comunes por esta ruta>>
    —Parece un… —Intentó descifrar Ecko a medida que se acercaban a la arboleda, pues a causa del traqueteo de su vehículo era bastante difícil de reconocer así de buenas a primeras. —¡Qué narices, cuidado con eso!

    Tras ejecutar un fuerte derrape digno de todo un especialista de las películas de acción, Milo logró evadir de manera casi satisfactoria una rápida ráfaga de afiladas rocas puntiagudas que logró impactar en la zona delantera del vehículo, reventando así la rueda directriz del vehículo y provocando que la motocicleta girase en círculos a medida que se desplazaba hasta lograr detenerse justo en frente de la arboleda; esto ocasionó que en durante los giros Ecko saliese despedido del sidecar y aterrizase de bruces en el sendero de gravilla, lastimándose así tanto las palmas de las manos como las rodillas.

    El causante de la rocosa metralla se trataba de una casi esférica mole de grisácea roca de aproximadamente un metro de diámetro y de cuyo pedregoso cuerpo protuberaban cuatro recios brazos y dos pequeñas piernas casi inapreciables que servían únicamente para que dicho Pokémon, conocido como Graveler, se mantuviera erguido.

    —¡Ecko! ¿Te encuentras bien? —Preguntó Milo bajándose rápidamente de la humeante motocicleta para ir a interesarse por el moreno que estaba tendido en el suelo. —Que desastre de moto… ¿Estás herido?
    —Tranquilo… —Dijo adolorido el ojiverde poniéndose en pie y pasando la mano por la zona de la nuca. —Creo que estoy bien. —Añadió jadeante mientras apoyaba sus manos en las rodillas, las cuales sangraba un poco por el rozamiento contra el suelo.
    —¿Pero qué mosca le ha picado a ese Graveler? —Exclamó extrañado el científico mientras observaba el siniestro total ocurrido a su moto, sin perder de vista tampoco al Pokémon agresor.
    —No tengo ni idea —Tosió el chico de los lunares. —, pero parece que se ha quedado con las ganas de más. —Continuó diciendo al percatarse de que el asaltante comenzaba a generar de nuevo otro de sus ataques rocosos. —¡Ve, Jinbe!

    Justo antes de que una nueva metralla de rocas lograse impactar de nuevo en el objetivo, éstas fueron repelidas por una pared protectora generada por el Wartortle del de Isla Canela, cuyo gran orgullo no le permitía dejar que sus compañeros humanos resultasen heridos; por ello se apresuró en lanzar también desde su boca un potente chorro de agua que aunque no sirvió para golpear al Pokémon de roca, sí que valió para que este al menos cesara sus ofensivas por el momento.

    Contento por encontrarse con un usuario dispuesto a combatir contra él, el Graveler se lanzó rodando contra el anfibio a pesar de que ésta había lanzado ya tres finos rayos congelados que impactaron en los dos brazos derechos de la mole de piedra, aunque sin consecuencias mayores; no obstante, la velocidad a la que rodaba el Graveler hizo inminente el impacto, lanzando a ambos Pokémon por los aires.

    —¡Pero qué coño estás haciendo, tío! —Gritó Spyke al Rocket del Graveler. —¡No nos interesa que estos os panolis acaben criando malvas! —Exclamó tirando su gorra de Rocket al suelo. —O al menos no el mayor de ellos.
    —¡Ya me estaba cansando de esperar! —Rió el armario calvo fuertemente. —Tranquilo, Spyke, acabo con ellos ahora mismo, les robamos lo que hemos venido a buscar y nos largamos de aquí en tu moto.
    —¡Tendrías que pararte a pensar un momento en las cosas! —Exclamó el Rocket ochentero tomando la única Rocketball que llevaba consigo y lanzándola hacia donde combatían los otros dos Pokémon. —¡Joder!

    En el improvisado campo de batalla, las rodadas embestidas del Pokémon roca aumentaban progresivamente su potencia de ataque y cada vez resultaban más difíciles de esquivar a la azulada tortuga, quien apenas contrarrestaba las ofensivas con más chorros de su pistola de agua o bien rayos hielo; no obstante, para desgracia de la orgullosa tortuga y pese a la ventaja de tipos, estos ataques parecían no afectar en lo más mínimo a la mole de piedra, quien cesando sus ataques desenrollar logró sorprender a Jinbe clavándole un brutal ráfaga de piedras en el costado derecho, lanzándolo con ello varios más atrás.

    Dolido pero no dispuesto a darse por derrotado, el Wartortle de Ecko logró ponerse de nuevo en pie; sin embargo, lo único que pudo ver era como ahora el Graveler fijaba como blanco de sus ataques a la pareja de Isla Canela.

    —Ahora en serio ¿Qué cable se le ha torcido a este? —Exclamó Milo agachándose tras el sidecar de su vehículo y llevándose las manos a la cabeza mientras una ráfaga de rocas pasaba cerca de él como si de metralla se tratase. —¿Es una emboscada?
    —¡Jinbe! ¿Todo bien? —Preguntó Ecko, a lo que su Pokémon contestó con un confiado movimiento de cabeza. —¡En ese caso repite la pistola de agua!
    —¡Warol! —Gruñó la tortuga mientras con cierta chulería peinaba las plumas de su cabeza como si de una melena se tratase.

    Sin embargo para sorpresa de los allí presentes, cuando la tortuga se disponía a lanzar otro fuerte torrente de agua, un nuevo adversario entró apareció desde la arboleda a un vertiginosa velocidad y sin hacer miramiento alguno, golpeó violentamente con su robusta y alargada ala derecha —la cual parecía relucir con un brillo metalizado— al Pokémon anfibio, arrojándolo así nuevamente contra el suelo y haciendo que ahora el combate estuviese notablemente desnivelado.

    El nuevo Pokémon agresor era un ave de plumaje pardo y pronunciado pico rosado, diferenciándose en la zona superior de su pequeña cabeza una cresta de plumas rojas, bajo las cuales los malignos ojos negros de la criatura conocida como Fearow fijaron como objetivo a los dos pasajeros de la destrozada motocicleta.

    Tras esto, el ave Pokémon se lanzó velozmente desde el aire contra los dos de Isla Canela dejando tras de sí una fina estela plateada; sin embargo, ambos se vieron sorprendidos cuando el Pokémon de Spyke no colisionó contra ellos, sino que voló a escasos centímetros sobre sus cabezas portando en su afilado pico la bandolera que Milo había dejado en el sidecar.

    —¡Se lleva mi bolsa! —Gritó el joven científico poniéndose en pie y desprotegiéndose por tanto de los ataques rocosos. —¡Hay que hacer algo!
    —¡Al suelo! —Exclamó Ecko lanzándose contra Milo, pues una nueva oleada de rocas puntiagudas se dirigía peligrosamente hacia ellos. —<<Esto tiene que ser cosa de Rockets>> —Murmuró. —Sé que la enfermera dijo que no te forzases demasiado, pero no hay más opción ¡Atrapa a ese Fearow, Harrier!
    —¡Wartorel! —Gruñó orgullosamente la tortuga mientras se ponía otra vez en pie y expectoraba otro chorro de agua al Graveler, dejando vía libre de persecución al Pokémon que Ecko acababa de liberar.

    Un prehistórico ser de aproximadamente metro ochenta de altura (contando desde las puntas de los cuernos protuberantes en su nuca hasta el final de la flecha en la que acababa su cola) y casi tres metros y medio de envergadura fue el Pokémon que acabó por materializarse en el terreno de batalla; a pesar de su fiero aspecto de dinosaurio cubierto de roca lisa y sus robustas mandíbulas sembradas de afilados colmillos, el Aerodactyl de Ecko parecía estar al tanto de la situación que estaban sufriendo sus compañeros y, dejándose llevar por sus instintos, se alzó al vuelo para perseguir al ave rapaz e intentar que ésta no escapase.

    —<<Ese mocoso tiene arsenal de sobra>> —Se lamentó Spyke, quien estaba lo suficientemente oculto como para pasar desapercibido, pero también como para poder manejar el combate con soltura. —Vamos a tener que ser un poco más bruscos. —Sonrió.
    —¡Eso me gusta! —Rió Beef maliciosamente. —¡Y cuando acabemos con ellos me quedaré con sus Pokémon!

    Mientras el intercambio de chorros de agua y piedras puntiagudas se estaba llevando a cabo en tierra firme, la persecución aérea de Harrier estaba resultando algo dificultosa puesto que el Fearow de Spyke era bastante más rápido que el Aerodactyl de Ecko; no obstante éste no se quedaba rezagado y cuando tenía ocasión cargaba fuertemente contra su adversario usando su cabeza a modo de ariete pero siendo esquivado en la mayoría de las ocasiones, esto ocasionaba la frustración del Pokémon de roca y un aumento notable de su temperamento.

    Finalmente, aprovechando uno de los tirabuzones que de manera prepotente realizaba el Pokémon del Rocket en el aire, Harrier se lanzó en picado de manera muy violenta contra el Pokémon pájaro mientras su mandíbula emanaba un denso vaho congelado; de esta manera el Aerodactyl fue capaz de clavar sus afilados dientes en el pecho del enemigo y ocasionó que ambos cayesen de manera totalmente descontrolada contra el suelo, causando un ligero temblor y levantando consigo una buena nube de polvo.

    —¡Harrier! —Gritó Ecko al observar el brutal impacto contra el suelo que el ataque colmillo hielo usado por su Pokémon había desencadenado. —<<Caer desde tan arriba no ha tenido que sentarle nada bien a sus alas>>
    —¡El proyecto! —Exclamó Milo observando cómo los dos Pokémon voladores estaban inconscientes en el suelo; su movimiento alertó también al Graveler de Beef.
    —¡Detente, Milo! —Se apresuró a decir el ojiverde al ver como la mole rocosa comenzaba a realizar su movimiento de rotación contra éste.
    —¡Arranca la moto, Spyke! —Gritó Beef en un tono bastante serio desde la arboleda, casi como si estuviese a punto de cometer un acto que los asegurase la victoria; el grito fue escuchado por los dos de Isla Canela. —¡Voy a hacer que barran el polvo!

    Cuando el impacto del Graveler con el científico era casi inminente, el rocoso cuerpo del Pokémon de Beef comenzó a adquirir un brillo incandescente debido a la gran cantidad de energía que estaba almacenando en su interior.

    Con toda la sangre de su cuerpo congelada y con los músculos semiparalizados, Milo era incapaz de separarse de los dos Pokémon voladores derrotados sobre el suelo, tan solo era capaz de observar como la mole de piedra se acercaba cada vez más a él con una velocidad en continuo incremento.

    A falta de dos segundos para el impacto, la ira contenida en su interior fue la causante de que Harrier desplegase sus alas y saliese despedido contra el rodante rival, impactando con su dura cabeza en la zona pectoral del Graveler y haciendo que ambos saliesen despedidos en direcciones contrarias, llegando Harrier a aterrizar varios metros más atrás de donde había caído la primera vez y Graveler explotando súbitamente en el aire, generando en el aire un atronador ruido que fue precedido por un descoordinado revoloteo de las aves que descansaba en los árboles; después se hizo un silencio sepulcral.

    La onda expansiva generada por el ataque explosión del Pokémon de Beef había alcanzado en mayor parte el área en la que se encontraba Ecko, por ello fue por lo que el muchacho permanecía tumbado en el suelo con su rostro ensuciado por la gravilla y sus ojos completamente desorientados; de sus oídos resbalaban además dos pequeños hilos de sangre. Junto a él permanecía debilitado Jinbe, quien orgullosa y heroicamente había logrado sosegar el daño del ataque tras haber usado “in extremis” un último ataque protección.

    —¡Ecko! ¡Ecko, contesta! —Gritó Milo arrodillado frente al malherido cuerpo del entrenador Pokémon, —¡Ecko, puedes oírme! —Exclamó cogiéndole de la cabeza y asustándose un poco cuando éste abrió la boca para toser un par de gotas de sangre que mancharon su bata.

    Aprovechando la confusión generada, desde dentro de la arboleda surgieron dos rayos carmesíes que desmaterializaron a los dos Pokémon asaltantes y los condujeron de nuevo al interior de sus correspondientes Rocketball.

    Después de que esto ocurriera, el fuerte rugido del motor del vehículo de Spyke retumbó entre los matorrales para que pocos segundos después el dúo de ladrones irrumpiese en el camino de arena, tomando la bandolera del suelo y fijando rápidamente su rumbo a Ciudad Carmín.

    —¿Estás bien de la cabeza, tío? —Exclamó Spyke mientras conducía su motocicleta por un tramo de ruta cercano a su destino. —¡Por poco consigues que nos recogiesen en pedazos!
    —¡Argh! —Gruñó Beef, quien viajaba de copiloto y portaba la bandolera de Milo rodeando su grueso brazo derecho. —¡Ni siquiera me dio tiempo a robarles los Pokémon!
    —Tú solo preocúpate por eso, joder. —Contestó el Rocket ochentero tras dar un brusco acelerón a su vehículo. —Reza porque el científico haya salido vivo de esta; no quisiera tener que ver a Kalindra o a Smoke cabreados.


    Zona Portuaria, Ciudad Carmín, 16:36 PM.

    Un brusco golpe de aire se arremolinó a los pies de la dragona conforme ésta completaba su aterrizaje; una vez en tierra firme, tras acariciar a modo de agradecimiento el hocico de la criatura, el peliazul devolvió a la Dragonite al interior de su Pokéball y, tras sacar del interior de su mochila una sabrosa manzana, marchó con paso decidido a buscar el barco del joven científico.

    Durante su paseo por el puerto la brisa marina hacía que Kaden realmente se sintiera relajado, sin embargo una fuerte sacudida en la boca del estómago ocasionó que éste estuviera a punto de caer al agua y por tanto volviese de nuevo a la realidad.

    —¡Auch! ¿Eh? —Se extrañó el autor del golpe. —¡Ah, no, no! ¡Aparta, tenemos que encontrar ayuda! —Gritó Tomas levantándose del suelo, ayudando también al pequeño Andy a hacerlo. —¡Es urgente!
    —¡Oh, esperad! —Dijo Kaden agarrando por el cuello de la camiseta a los dos muchachos. —¿Qué es tan urgente como para tirar mi merienda por el suelo? —Rió con intención de intimidar un poco a los críos.
    —¡Unos tipos muy raros se metieron por los barcos anclados en el puerto! —Balbuceó Andy dejando escapar alguna lagrimilla y con un moco escurriendo de su nariz. —¡Y ahora tienen a Connor! ¡Hay que ayudarle!
    —<<Vaya>> —Murmuró el de Isla Canela sorprendido por lo ocurrido. —Está bien, id a avisar a alguien; si consigo ver a ese amigo vuestro entonces yo lo ayudaré. —Dijo sonriendo, aunque por su forma de hablar se notaba que lo decía con bastante seriedad.

    Dejando marchar a los críos, Kaden continuó con su caminata hasta llegar a pocos metros del lugar en el que se encontraba el barco citado por Milo: Un barco carguero en cuyo casco se podía leer “Transportes marítimos Onoda” acompañado por el correspondiente logotipo de dicha empresa.

    Sintiendo quizás algo de desconfianza por lo que los dos nobeles le habían contado hacía escasos minutos, Kaden optó por liberar de unas de sus Pokéball a uno de sus compañeros para poder contar con algo de apoyo por si las cosas se torcían y la situación pasaba a mayores.

    Cuando el destello de luz cesó, el ser materializado y de aspecto similar al de un bípedo reptil de escamas rojas, movió su alargada cola acabada en una llama para después pegar un perezoso bostezo dejando así entrever sus pequeños pero afilados colmillos; los ojos de dicho Charmeleon eran además de color verde esmeralda, color que combinaba con las escamas blanquecinas de su pecho.

    —Venga Ozai, no te pongas en ese plan. —Dijo el peliazul a su desconforme Pokémon de fuego. —Si me ayudas ahora esta noche tendrás ración doble de cena.
    —Char, char. —Bostezó enfadado el reptil cruzando sus garras y girando su cabeza, dejando ver así el cuerno que protuberaba de la zona de su nuca.

    Creyendo que en caso de que hubiese alguien en la nave sería rápidamente detectado si optaba por acceder a la cubierta de la nave por el puente de acceso, el peliazul optó por adentrarse en la nave subiendo por unas escalerillas anexas al casco de esta. Una vez dentro, la pareja de Pokémon y humano quedó sorprendida al comprobar por cuenta propia lo que allí estaba ocurriendo.

    Cercano al mástil principal del barco y con un estado de ánimo por los suelos, Connor lloraba agachado mientras abrazaba con sus flacuchos brazos a su debilitado Nidoran, quien mostraba feos hematomas a lo largo de su anatomía.

    Frente a éste, el “lengua-afilada” de Pesth reía maliciosamente con las manos metidas en los bolsos acompañado por un levitante Pokémon púrpura de aspecto similar a tres minas explosivas unidas entre sí; dicho ente no dejaba de emanar gases tóxicos por cada uno de los apéndices protuberantes de su cuerpo, donde se podía diferenciar un lúgubre rostro, en cual se distinguía una especie de calavera dibujada bajo su enorme mandíbula.

    Cabreado por lo que estaba ocurriendo, Kaden se hizo notar en cubierta cuando enseguida ordenó a Ozai atacar con lanzallamas al Weezing enemigo, pillándolo por sorpresa y recibiendo de lleno el golpe, lo que ocasionó que ciertas partes de su irregular cuerpo acabasen abrasadas.

    —Mira, no sé quién eres y la verdad es que me importa más bien poco —Dijo el de los ojos oscuros mientras se acercaba hasta donde estaba la pareja nobel. —, y aunque ahora mismo tenga demasiadas preguntas rondando por mi cabeza solo me interesa saber una. —Continuó mirando al Rocket. —¿Qué estás haciendo en mi barco?
    #2106100 16/09/2013 01:46
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    0Wish0Wish

    # Fecha de alta: 20/08/2008

    # Edad: 26 años

    # Ubicación: Isla Canela

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    Nota: Este capítulo puede contener algunas escenas violentas y diálogos dotados con un lenguaje un tanto soez y malsonante, así como elementos de carácter sexual; por ello me veo obligado a anunciar que si quieres leer el capítulo lo hagas bajo tu propia responsabilidad.

    Capítulo 004 — Ciencia sin conciencia


    Mientras el día rasgaba ya las primeras horas de la tarde y la suave brisa marina lograba mitigar el calor que consigo traía la cada vez más próxima estación de verano, los acontecimientos que estaban todavía por ocurrir en aquel barco de “Transportes marítimos Onoda” anclado en el puerto de Ciudad Carmín no se presentaban nada prósperos, como lo suelen ser aquellos en los que la palabra “Rocket” tiene algo que ver.


    Martes, 9 de Junio, Zona Portuaria, Ciudad Carmín, 16:52 PM.

    Pese a que la corriente de llamas había alcanzado de lleno a la mayor de sus tres esferas, el apestoso Weezing no se vio afectado en demasía por el ataque del Charmeleon y enseguida volvió a ocupar su puesto de combate al lado del lengua-afilada de Pesth, cuya expresión se mostraba sorprendida por lo acontecido al tiempo que también reflejaba malicia y plena confianza en sí mismo.

    —Mira, no sé quién eres y la verdad es que me importa más bien poco —Dijo el de los ojos oscuros mientras se acercaba hasta donde estaba la pareja nobel. —, y aunque ahora mismo tenga demasiadas preguntas rondando por mi cabeza solo me interesa saber una. —Continuó mirando al Rocket. —¿Qué estás haciendo en mi barco?
    —¿Tu barco? —Rió éste de manera vacilona. —Hasta donde yo sé no eres ese estúpido cerebrito de Milo Wissen, por lo que creo que debería importarte más bien poco lo que esté o no esté haciendo en este jodido barco. —Añadió chasqueando los dedos, gesto que enseguida fue interpretado por su Pokémon como una orden de ataque.
    —Vaya, que malhablado eres. —Contestó Kaden desafiante. —Habrá que lavarte la lengua con jabón ¡Ozai, lanzallamas!

    Mientras el flamígero reptil escupía desde su boca otra tórrida corriente de llamas, el Pokémon venoso de Pesth había comenzado a expulsar por cada uno de sus apéndices un denso humo violeta con una gran concentración de toxicidad que poco a poco acabó por ocupar buena parte de la cubierta del barco; sin embargo, escasos segundos después, lo altamente inflamable que resultaba aquel gas venenoso ocasionó que al instante en el que las llamas hicieron contacto con él la cubierta del barco comenzase a arder.

    —¿Tienes miedo de hacer saltar por los aires este barquito? —Se burló Pesth mientras cubría su boca con un pañuelo morado y se lo ataba en torno al cuello. —Porque a mí no ¡Weezing, gas venenoso y calcinación!
    —<<No es buen momento para usar ataques de tipo fuego>> —Meditó el peliazul al percatarse de las intenciones del Rocket. —<<Entonces me temo que Ozai me servirá más bien de poco; aunque…>> —Continuó. —¡Ozai, garra dragón!
    —¡Chaar, chaar! —Asintió el lagarto.

    De nuevo, el ente levitante volvió a producir otra vez su tóxico gas mientras el Pokémon de fuego recorría la cada vez más deteriorada cubierta del barco con sus garras envueltas por un místico fuego verdoso, garras con las que enseguida pudo lacerar al rival y que sirvieron para hacerlo retroceder varios metros; no obstante, siguiendo al pie de la letra la órdenes de su entrenador, el Weezing expulsó desde su pestilente boca una bocanada de fuego que generó una fuerte explosión al entrar en contacto con el gas.

    En consecuencia del brutal impacto, Ozai salió despedido varios metros atrás de donde se encontraba y acabó cayendo cerca de los pies de su compañero humano, quien pudo observar cómo el fuego comenzaba a expandirse con rapidez por las demás partes de la cubierta y amenazaba con seguir extendiéndose si no hacía nada por evitarlo.

    —A ver ¿Cómo dijeron tus amigos que te llamabas? —Dijo Kaden intentando hacer que el nombre del muchacho volviese a su mente. —<<¿Detective Conan?>> —Pensó, aunque ese nombre le sonaba más bien de otra cosa. —Es igual, quiero que ahora mismo cojas a tu Pokémon y te largues de este barco cuanto antes ¿Me has oído?
    —… —Asintió el nobel con los ojos brillando por las lágrimas que brotaban de ellos, un moco escurría de su nariz.
    —<<Este va listo si piensa que voy a dejar que destroce uno de los barcos de mi padre>> —Rió de manera desafiante el de Isla Canela para sí mismo. —¡Ehola, Thunder, os necesito!

    Sabiendo que contaba con la protección del peliazul para poder escapar de allí, el nobel en seguida abandonó el barco con su debilitado pequeño compañero entre los brazos y, sin mirar ni un solo momento atrás, acabó por desaparecer entre las calles del puerto con la esperanza de poder encontrar ayuda cuanto antes.

    Tras asegurarse de que el niño estaba ya fuera de peligro, el de Isla Canela no tardó en tomar dos de las Pokéball que llevaba consigo y con ello se apresuró a liberar a las criaturas que estas contenían, siendo la primera de ellas Ehola —la Dragonite con la que había realizado el trayecto desde Ciudad Azafrán— y la segunda un ser de aspecto antropomorfo que vagamente recordaba al Electabuzz con el que el Teniente Surge había librado su combate de Gimnasio, dado que era su forma evolucionada.

    La criatura en cuestión —conocida como Electivire— superaba casi los dos metros de altura y, al igual que su forma previa, el estampado de tigre también adornaba su pelaje amarillo; en su cabeza se distinguían dos antenas redondeadas en las puntas bajo las cuales —cruzados por una franja de color negra— se distinguían dos grandes ojos de color carmesí.

    Quizás la mayor diferencia entre este Pokémon y su etapa evolutiva anterior era que la columna vertebral de éste finalizaba en dos gruesas colas de color negro y de las que protuberaba un pequeño apéndice rojo que muchas veces utilizaba a modo de toma de tierra.

    —¡Electivir! —Gritó el Pokémon eléctrico mientras se golpeaba fuertemente el pecho con sus puños, soltando alguna chispa con cada impacto.
    —¡Está bien, chicos, esto es lo que hay! —Kaden llamó la atención de sus compañeros. —¡Ehola, necesito que apagues ese fuego como sea! —Ordenó a la dragona. —¡Y tú, Thunder, enseña modales a ese Weezing, puño trueno!
    —¡Draaaa! —Rugió la Dragonite al ritmo que alzaba majestuosamente el vuelo.
    —Estás empezando a ser un crio un poco molesto. —Comentó Pesth apartándose el pañuelo de la boca y deslizando su afilada lengua sobre los labios. —Luego dirás que no te lo advertí. —Se encogió de hombros. —¡Weezing, bomba lodo!

    Tras realizar una confiada acrobacia aérea envuelta en una cortina de agua y finalizando la actuación con una vertiginosa caída en picado, la dragona fue capaz gracias a ello de apagar buena parte del fuego que azotaba a la cubierta, quedando tan solo unas pequeñas brasas que se encargó de extinguir tras batir fuertemente sus alas.

    Por el otro lado, aprovechando que ahora la visibilidad había mejorado considerablemente gracias a la extinción de las llamas, el Pokémon eléctrico cargó sus dos puños con energía eléctrica para que, tras propinar un enérgico salto, lograse estamparlos en el asimétrico cuerpo del Pokémon venenoso, quien claramente no pudo hacer nada por esquivar el golpe y mucho menos para poder llevar a cabo su tóxica ofensiva.

    Con el incendio aparentemente controlado la balanza del combate se había inclinado levemente a favor del chico de Isla Canela puesto que no solo contaba con tres Pokémon, sino que también mostraban un mejor estado físico que el de su rival; consciente de ello, Thunder proseguía atacando con sus electrizados puños a la mina levitante, sin embargo, una espontánea ráfaga de proyectiles de fango logró impactarle en la espalda y consiguió frenar su ofensiva, además de que lo lanzó varios metros atrás contra el suelo.

    En vista de que su compañero de equipo había sido atacado de manera rastrera, Ozai, bastante enfurecido, volvió a iluminar sus garras con el místico fuego verde y partió enajenado al lugar del que había salido el chorro de tierra; no obstante, para desgracia suya, una nueva ráfaga de estos proyectiles golpeó su cabeza, cegándolo y derribándolo sobre la cubierta.

    —¡Ya era hora de que apareciese por aquí, recluta! —Exclamó Pesth notablemente enfadado por la situación tan crítica en la que había estado su Pokémon. —¿Tienes lo que hemos venido a buscar? —Preguntó ansiosamente.
    —Tranquilo, jefe. —Contestó el soldado Rocket que faltaba por darse a conocer del grupo de los que habían estado jugueteando horas antes en la piscina del hotel. —Tuve que rebuscar en unos cuantos cajones, pero finalmente lo encontré sobre el escritorio.

    Subiendo por las escaleras que conducían a las instalaciones internas del barco apareció un joven que rondaría los veinticuatro años de edad, pelo moreno peinado con el flequillo de punta y complexión atlética; tenía además la piel bronceada y vestía un traje de neopreno cubriendo su tren inferior combinado con una ajustada camiseta sin mangas de rayas azules marino y blancas. Se podía diferenciar además que su bíceps derecho llevaba tatuada (en color azul oscuro) una estilizada letra “A” que recordaba al emblema de alguna organización originaria de una región extranjera.

    Junto al bronceado Rocket —cuyo nombre, por cierto, era Haxe— un Pokémon anfibio de grandes dimensiones y gomosa piel azul retiraba de su boca el lodo que había quedado adherido a ésta tras la expectoración; dicho monstruo lucía además dos grandes aletas en la parte superior de su cabeza similares a una un poco mayor ubicada al final de su espalda y que hacía la función de timón cuando este se encontraba en el agua. De sus carrillos protuberaban además un par de espinas anaranjadas, color idéntico al de sus ojos recubiertos por una fina película protectora.

    —<<Así que eso era lo que andaban buscando>> —Meditó el peliazul al observar que el recién aparecido Rocket portaba algo entre sus manos. —La cosa se va a poner fea, será mejor que regreses, Ozai.
    —¡Un gesto muy inteligente por tu parte! —Rió Pesth con su habitual prepotencia, consciente además de que ahora alguien cubría sus espaldas. —¡Weezing, bomba lodo contra Dragonite!
    —¡Swampert, repite el disparo de lodo otra vez! —Ordenó el Rocket con aspecto de buceador a su monstruo de bolsillo.
    —<<Qué problemático>> —La mirada de Kaden dio la sensación de completa pesadez. —¡Ehola, carga dragón contra Swampert! —Se apresuró a decir con determinación. —¡Thunder, acaba de una vez con ese molesto Weezing, puño trueno otra vez!

    Tras retomar el vuelo una segunda vez, la dragona en seguida se lanzó en picado contra el Pokémon anfibio mientras un místico fuego azulado cubría toda su anatomía; mientras tanto, en el improvisado campo de batalla, el Swampert de Haxe volvía a repetir su expectoración de proyectiles fangosos contra el Pokémon eléctrico, quien ahora conseguía esquivarlos con mayor facilidad.

    Al percatarse de que la Dragonite se acercaba peligrosamente contra él, el Pokémon de Haxe rápidamente dirigió contra ésta una nueva ráfaga de lodo que, combinado con el chorro de mugre púrpura que escupió el Weezing desde su boca, lograron impactar en el pecho del objetivo frenando con ello su arremetida y obligándola a volver a la cubierta de la nave bastante tocada.

    No obstante, aprovechando la distracción que la dragona había logrado generar a base de sufrir ella los dos ataques, Thunder consiguió impactar nuevamente sus electrizados puños en el Pokémon venenoso, impacto que desencadeno que éste saliera despedido contra el Swampert aliado y ambos acabasen cayendo al suelo.

    —¡Eso es, Thunder! ¡Buen trabajo! —Kaden en seguida felicitó a su monstruo de bolsillo, desgraciadamente para él el único bien parado en dicha ronda. —¡Tú también, Ehola!
    —<<Estúpido niñato>> —Se lamentó Pesth mientras hacía regresar al debilitado Pokémon venenoso al interior de su Rocketball. —Realmente te estás jugando el tipo por meter las narices donde no te llaman.

    Tras guardar la extraña cápsula en uno de los bolsillos de sus bermudas, el lengua-afilada se apresuró en tomar otra de las que llevaba consigo y, tras presionar el apéndice central de ésta, envió al campo de batalla a su siguiente Pokémon.

    La criatura en cuestión era una canina de piel oscura como la noche —a excepción del vientre y el hocico puesto que ahí era de color anaranjado— y de gráciles extremidades en las que se podían diferenciar dos grandes aros de hueso en cada una de ellas, patrones óseos que se repetían a lo largo de su lomo tomando forma de costillas y en la zona pectoral, donde adquirían la forma de un tétrico cráneo; no obstante, lo que sin duda llamaba más la atención de su anatomía eran los dos curvados cuernos que salían de su cabeza así como la alargada cola acabada en punta de flecha que la Pokémon, mejor conocida como Houndoom, poseía.

    —¡Houndoom, demuéstrales quien manda! —Exclamó el Rocket con una maliciosa sonrisa adornando su rostro como complemento. —¡Colmillo ígneo!
    —¡Swampert, tú también, puño hielo a Dragonite! —Terció Haxe intentado brindar apoyo a su compañero de misión.
    —¡Prestad atención, chicos! —Exclamó Kaden ofreciendo apoyo a sus compañeros Pokémon en todo momento. —¡Thunder, demolición a Houndoom! ¡Ehola, esquiva y ataca con acua jet!

    A una velocidad digna de mención, la Pokémon canina partió a la carrera contra el Pokémon eléctrico con sus afilados colmillos rebosantes de fuego, sin embargo, no dispuesto a dejarse golpear bajo ningún concepto, Thunder se dispuso a contraatacar violentamente haciendo uso de su puño derecho; no obstante, la agilidad de la Houndoom fue suficiente como para poder esquivar el golpe y tras ello pegar un enérgico salto gracias al cual consiguió hundir sus pronunciados colmillos en el hombro izquierdo del Electivire.

    Por el otro lado, el Pokémon anfibio había conseguido que un gélido vaho rodease su grueso puño derecho y por ello se viese decidido a estamparlo en la cabeza de la dragona, quien siguiendo las órdenes de su entrenador había conseguido comprimir en torno a su figura una cortina de agua a presión, la cual comenzó a liberar desde la zona de sus pies haciendo así que saliese despedida contra el Swampert; no obstante los dos ataques colisionaron en sus respectivos blancos obligando a ambos a retroceder varios metros.

    —¡Thunder, no dejes que es Houndoom te siga mordiendo! —Se apresuró a decir el peliazul en vista de que su Pokémon estaba sufriendo a causa de los ardores generados por semejante mordisco.
    —¡E-electivir! —Gruñó el Pokémon eléctrico mientras notaba como los ardientes colmillos de la canina se hundían cada vez más en su carne y le aplicaban una mayor presión.

    Tomando nota de las órdenes que su entrenador le ofrecía, la forma evolucionada de Electabuzz abrazó con sus recias extremidades a la Pokémon siniestra haciendo que la respiración de ésta se entrecortase; a pesar de estar siendo mordido, Thunder dirigió los dos apéndices protuberantes en sus colas contra el suelo y, tras garantizarse una buena toma de tierra, sacudió todo su cuerpo con un brutal descarga eléctrica que ocasionó que la Pokémon de Pesth abriese su mandíbula y cayese al suelo electrocutada.

    Sin embargo, no contento con que la causante de que su brazo izquierdo se viese afectado por graves quemaduras estuviese ahora en libertad, Thunder aprovechó el momento para golpearla con su ataque demolición en la zona de las costillas, ocasionando que ésta cayese varios metros atrás de donde se encontraba con su puntiagudo rabo escondido entre las patas traseras.

    —¡Qué se supone que estás haciendo, inútil! —Gritó Pesth a su compañero humano visiblemente enfadado. —¡Se supone que tienes que cubrir a mi Pokémon!
    —Pero la Dragoni… ¡Es que mi Pokémon! —Intentó excusarse el Rocket con aspecto de buceador. —¡Argh! ¡Swampert, disparo lodo a Electivire, ya!
    —No podemos permitir que este par de dos se salgan con la suya ¿Verdad, Ehola? —Exclamó Kaden intentando brindar protección a su otro Pokémon. —¡Ánimo, chica! ¡Carga dragón!

    Mientras la dragona realizaba una vez más su caída libre envuelta en místicas llamas, en la cubierta, Thunder conseguía evitar muy a duras penas los chorros de lodo que le enviaba el anfibio a causa de los dolores derivados de las quemaduras que sufría; sin embargo, a falta de escasos segundos para que Ehola impactase contra el tipo agua, éste generó en torno a su figura una protectora barrera ambarina que absorbió la potencia del ataque dragón y causó su retroceso.

    Aprovechándose de eso, el Swampert rápidamente repitió otro de sus puños hielo que impactó de manera violenta en la cabeza de la Dragonite, pillándola por sorpresa y arrojándola contra una gran pila de bidones cercanos al mástil, los cuales en seguida se precipitaron sobre la Pokémon dragón golpeándola en diversas zonas de su cuerpo y dejándola realmente muy malherida.

    No obstante, no dispuesta a permitir que aquellos Rocket se salieran con la suya, Ehola intentó sacar fuerzas de flaqueza de donde no había y por ello, a pesar de haber intentado ponerse de nuevo en pié, el peso que la gran montaña de bidones ejercían sobre ella acabó por derrumbarla otra vez contra la cubierta.

    —¡Joder, Ehola! —Exclamó el chico de los ojos oscuros tras observar el cuerpo de su compañera tendido bajo los recipientes, completamente debilitada y con leves síntomas de congelación. —<<Lo siento mucho, amiga; buen trabajo>>
    —Solo un idiota como tú intentaría dárselas de héroe luchando contra alguien del Team Rocket. —Vaciló Pesth sonriendo maliciosamente mientras su Pokémon cojeaba por la cubierta intentando escapar de los puñetazos electrizados de Thunder.
    —<<Sin Ehola combatiendo la cosa se va a complicar bastante>> —Se lamentó el chico de Isla Canela. —<<El problema son esos ataques de tierra de Swampert, Houndoom está bastante machacada y no supone una gran amenaza>> —Meditó. —¡Argh, que problemático! —Kaden se encogió de hombros.
    —¡Houndoom, ataca otra vez con colmillo ígneo! —Ordenó el Rocket al mando. —¡Y tú encárgate de que no vuelvan a ponerle un dedo encima!

    Mientras la Pokémon canina corría cojeando del lado del costado en el que había recibido el golpe, el Swampert estaba empezando a preparar una nueva tanda de proyectiles terrosos con los que derribar al rival; sin embargo, pese a que el dolor de su brazo quemado iba en aumento, Thunder fue capaz de evadir agachándose los ardientes colmillos de la Houndoom, agarrando además para su desgracia —durante el salto que ésta propinó— una de sus patas traseras.

    Percatado de que su compañera había sido atrapada por una de sus extremidades, el Swampert de Haxe rápidamente dirigió su expectoración de barro contra el Pokémon eléctrico, sin embargo la manera que éste tuvo de contrarrestar ese ataque fue lanzando a la canina contra él, quien inevitablemente recibió el impacto de los proyectiles terrosos en el aire y acabó impactando contra el cuerpo de su compañero anfibio, cayendo los dos al suelo aunque ella completamente debilitada.

    Con un rival por los suelos y el otro fuera de combate, Thunder supo aprovechar la ocasión para lanzarse todo lo veloz que sus agotadas extremidades le permitían contra el Pokémon anfibio, logrando impactar su ataque demolición en el vientre de éste y haciéndolo caer —después de toser unas cuantas gotas de sangre— debilitado; consciente de su victoria, el Electivire comenzó a golpearse en el pecho con orgullo.

    —¿Q-qué hacemos ahora, jefe? —Tartamudeó Haxe tras hacer regresar a su compañero Pokémon al interior de la correspondiente Rocketball.
    —Tienes lo que venimos buscando ¿No? —Dijo Pesth con un tono bastante molesto a su subordinado. —¡Pues lárgate de aquí! —Exclamó enfadado. —Deja que sea yo el que ponga fin de una puta vez a este jodido trabajo.
    —¡A-a sus órdenes, jefe! —Contestó el bronceado Rocket; después sacó de su mochila lo que parecía ser una especie de mascarilla de oxígeno y la colocó sobre su rostro.

    Con un potente salto, el Rocket buceador cayó en las frías aguas del puerto tras pasar sin mucho esfuerzo sobre la barandilla lateral del barco; una vez en el agua —y para sorpresa del peliazul— Haxe salió despedido por el agua dejando tras de sí una fina estela de espuma.

    Esto principalmente había sido así dado que el joven recluta había logrado caer sobre el lomo de un Pokémon acuático que previamente había liberado de una nueva Rocketball; el Pokémon en cuestión era una especie de escualo de azuladas escamas afiladas —aunque en la zona ventral eran blancas— y en cuya frente se diferenciaba una cruz en forma de “X” de color amarillo.

    La distracción causada por aquel Sharpedo fue suficiente como para que el lengua-afilada de Pesth sacara de uno de los bolsillos traseros de sus bermudas un intimidador revólver con el que definitivamente estaba dispuesto a terminar la disputa; no obstante, aún con energías para poder seguir luchando y proteger a su entrenador, Thunder en seguida se percató de las intenciones que el Rocket tenía en mente y por ello a la velocidad del rayo —y nunca mejor dicho— lanzó una descarga eléctrica a la mano que empuñaba el arma de fuego que bastó para que ésta cayese al suelo y se evitara así un derramamiento de sangre innecesario.

    —¡Joder, mi mano! —Gritó Pesth agarrándose la zona afectada, la cual se encontraba ahora semiparalizada y con feas quemaduras. —¡Me las vas a pagar, jodido niñato! —Exclamó lanzándose de nuevo a por el revólver.

    Inesperadamente para todos los allí presentes un violento corte en el aire cruzó la cubierta del masacrado barco de mercancías hasta impactar en el pecho del Pokémon eléctrico, ocasionando que éste sufriera un brutal impacto directo y cayese al suelo muy malherido —aunque no debilitado— sin poder hacer nada por ponerse en pie, puesto que sus temblorosas extremidades enseguida cedían.

    Tras ello, un elegante y majestuoso Pidgeot de proporciones muy superiores a las habituales en su especie —y de aspecto vagamente familiar— aterrizó en la cubierta en medio de ambos; cuando el remolino que su aterrizaje había ocasionado cesó, de su lomo bajó la Administradora Kalindra vestida en esta ocasión con su habitual uniforme de Rocket: Un gran chaquetón verde oscuro que llegaba casi hasta el suelo con una imponente “R” roja en la espalda y que además tenía —a modo de adorno— un gran collar de plumas negras en torno al cuello y dos más pequeños alrededor de las muñecas.

    Vestía además bajo el chaquetón un apretado corsé negro —que realzaba y marcaba el contorno de sus pechos—, unas medias de rejilla y unas botas de cuero negras que cubrían estilizadamente sus piernas hasta la altura de sus rodillas.

    —Parece que hice bien en venir aquí. —Dijo la pelirrosa con un tono de voz firme, mirando al Rocket tendido sobre el suelo. —Mírate Pesth, das bastante pena ahí tirado.
    —Joder, Kalindra. —El lengua-afilada intentó pronunciar algunas palabras, sin embargo el dolor que achacaba su mano electrificada apenas se lo permitía. —El chico interfirió en nuestros planes y…
    —Con que en nuestros planes. —Kalindra lo interrumpió con voz seria mientras se acercaba hasta donde se encontraba el revólver y lo cogía. —¿Sabes que medio escuadrón de policía está viniendo aquí porque alguien ha avisado de actividad sospechosa en el puerto? —Preguntó mientras guardaba el arma en el interior de su bota derecha. —Dime Pesth ¿Estaba eso entre los planes?

    Mientras los dos Rocket discutían, Kaden —a punto de mojar los pantalones y con la sangre de su cuerpo fría como el hielo—, no se sabe si por instinto o por decisión propia, aprovechó el momento para hacer regresar al interior de su Pokéball a Thunder; tras ello, con la garganta completamente seca por el pánico, intentó retroceder un par de metros a fin de poder pasar desapercibido.

    La voz de la mujer enseguida lo detuvo, lo último que Kaden pudo recordar fue ver el consecuente destello producido por una Rocketball seguido de la petrificante mirada de una enorme serpiente de piel amarilla y negra y pronunciados colmillos; después de esto, el peliazul cayó al suelo paralizado mientras la serpiente se enroscaba sobre sí misma dejando ver su horrible cola acabada en forma de sable.

    —Creo que aún no te ha quedado claro que tu época como Administrador ya expiró hace tiempo. —Espetó la pelirrosa. —Supongo que será conveniente que tanto tú como yo tengamos una charla con el jefazo, a ver si él puede refrescarte la memoria.
    —… —Pesth se limitó a ponerse en pie y a montar sobre el lomo del Pidgeot; aunque no medió palabra, en su cara se podía distinguir su oscura sonrisa de prepotencia, como si nada de lo que decía su superior hiciese efecto en él.
    —Y tú, guapo, supongo que no tienes pensado decir nada a nadie ¿Verdad? —Preguntó Kalindra al peliazul sin esperar respuesta alguna por parte de éste en vista de cómo se encontraba. —Por el bien de todos, digo.

    Apenas pasaron tres minutos desde que el enorme Pokémon volador despegó de la cubierta cuando tres coches patrulla y dos motocicletas de policía —todos ellos con sus respectivos rotatorios azules— aparcaron en el puerto, desencadenando que instantes después más de media docena de policías abordasen el barco en busca de heridos y testigos o con la intención de comenzar a buscar pruebas que les ayudasen a resolver que era todo aquello que había ocurrido allí.


    La mañana siguiente se había levantado despejada y tranquila, como si nada raro hubiese ocurrido el día anterior, prometiendo traer un agradable día de verano; además, como todo buen miércoles, el número de barcos de todo tipo que llegaban y zarpaban del puerto era considerable, como también lo era el número de personas que últimamente transitaban el Centro Pokémon local, el cual parecía ir en aumento conforme se iba aproximando la fecha de cierre de los Gimnasios oficiales, poco menos de un mes aproximadamente.


    Miércoles, 10 de Junio, Cafetería del Centro Pokémon, Ciudad Carmín, 10:07 AM.

    Con cuidado de intentar no desbordar el café por encima del resto de alimentos que había en la bandeja que recién había pasado a recoger al mostrador del establecimiento, Milo se aseguró de que podía depositar —sin riesgo de que hubiese algo debajo— dicho recipiente sobre la mesa en la que tenía pensado desayunar, mesa en la que esperaba también Kaden, quien mostraba unas feas ojeras y aparentemente lucía un poco más serio que de costumbre.

    —¿Seguro que no piensas desayunar nada? —Preguntó el joven científico mientras daba un mordisco a una tostada ligeramente ennegrecida en los bordes. —Sabes tan bien como yo que no es bueno empezar el día con el estómago vacío; al menos intenta comer algo.
    —No tengo hambre, con beber un poco de agua tengo suficiente. —Contestó Kaden seriamente, bostezando, era notable en él que apenas había pegado ojo la noche anterior. —Lo único que necesito es dormir un par de horas.
    —Yo tampoco he podido dormir como es debido. —Añadió Milo soplando levemente la jarra que contenía la oscura bebida; sus gafas se empañaron cuando éste se acercó para beber. —¡Caray, este café sí que está ardiendo!

    El rato que duró el almuerzo apenas se prolongó durante veinte minutos más, tiempo en el que ambos jóvenes no se vieron especialmente animados y en el que las palabras intercambiadas tampoco fueron demasiadas, sin embargo esto no era muy difícil de comprender si se tenían en cuenta el cúmulo de experiencias acontecidas el día anterior. Finalmente Milo se aventuró a iniciar una nueva conversación.

    —Escucha Kaden, de verdad que siento lo que ocurrió ayer en el barco de tu padre. —Dijo mientras depositaba en la bandeja su taza de café. —Esta misma tarde pienso ir al desguace local para ver que me dan por las piezas que no se rompieron de mi moto —Explicó. —; se que no me darán mucho por ellas, pero si le añado algunos ahorrillos que tengo por ahí sueltos quizás pueda servir de algo.
    —… —Kaden permanecía encerrado en sus pensamientos, Milo captó su atención dándole un leve golpecito en el brazo. —¿Eh? ¡Ah! —El peliazul volvió a la realidad. —No es necesario que lo hagas, de verdad; a mi padre le bastará con saber que sus trabajadores están bien, ya sabes cómo es él.
    —Créeme cuando de verdad te digo que Braham es un buen hombre. — Milo suspiró, después logró esbozar una ligera sonrisa. —De igual manera buscaré algún modo de compensarlo.

    Los dos jóvenes intercambiaban ahora con un poco más de ánimo alguna que otra palabra e incluso risotada, sin embargo un fuerte estruendo —concretamente el ruido de unos cubiertos al chocar contra el suelo— captó su atención y los obligó a dirigir la mirada hasta el mostrador de la cafetería.

    El causante de dicho alboroto no se trataba más que de Ecko, quien con su brazo derecho envuelto en vendajes trataba de llevar hasta la mesa de los de Isla Canela su bandeja de desayuno, acción que al parecer le costaba bastante realizar; el ojiverde vestía en esta ocasión unos pantalones de chándal grises —con tres líneas azules recorriendo lo largo de cada pierna— y una camiseta blanca con el logotipo del Centro Pokémon, pues su ropa después del accidente había quedado en un estado algo lamentable.

    En vista de que apenas podía cargar con su desayuno, Milo y Kaden se levantaron rápidamente para ofrecerle su ayuda, preguntándole también al unísono cómo se encontraba.

    —El brazo ya no me duele tanto cuando le muevo, pero me molesta igualmente. —Contestó el ojiverde antes de intentar pegar un sorbo de su vaso de zumo. —Lo peor es el cuello y el oído derecho, oigo bastante mal pero la enfermera dice que mejorará conforme vayan pasando los días. —Explicó señalando a duras penas dicha oreja, la más afectada por la explosión.
    —Creo que en resumidas cuentas hemos tenido incluso demasiada suerte. —Dijo Kaden mientras la horrible imagen de la pistola de Pesth apuntándole cruzaba por su cabeza. —Aunque Milo, en verdad no sé cómo de importante era ese proyecto tuyo.
    —Bueno… —El joven científico se llevó la mano a la barbilla y soltó un breve suspiro. —Lo verdaderamente importante del proyecto se quedó en las oficinas de Silph; la verdad es que hubiese sido un poco irresponsable llevar algo de tal magnitud en una simple bandolera.
    —¿Y qué fue lo que nos robaron entonces? —Preguntó Ecko, tras lo cual se llevó la mano a su oído dañado por haber hablado con un tono algo elevado y que sin duda le causó alguna que otra molestia.
    —Vaya —El ayudante de Pástor esbozó una leve sonrisa y procedió a limpiar sus gafas. —, la verdad es que esto no es algo que se pueda contar así a voz de pronto, sin embargo intentaré resumíroslo lo mejor que me sea posible.

    Tras sacar de uno de los bolsillos de la nueva bandolera que llevaba consigo un estuche metálico igual al que habían robado los Rocket, el joven científico comenzó con su explicación ofreciendo una breve introducción acerca de que en dicho proyecto, además de él, estaban involucrados tanto Pástor como Víctor Davenport (abuelo y padre de Ecko) como otros cuatro científicos que trabajaban en uno de los laboratorios de Isla Canela y cuyo principal objetivo era el estudio de la evolución Pokémon.

    —Este proyecto, al que hemos bautizado con el nombre de “Eón”, ha estado financiado desde un principio por la corporación Silph ¿Me seguís? —Explicó, ambos asintieron. —Pero desgraciadamente nuestra investigación se estancó hace un par de meses y se nos amenazó con retirarnos las subvenciones que se nos entregaban si no obteníamos resultados pronto —Continuó. —; sin embargo, hace relativamente poco realizamos un importante hallazgo que sin duda dio un giro radical a la investigación.
    —... —Ecko y Kaden se mantuvieron en silencio.
    —Y precisamente fue por eso por lo que tuve que acudir hasta la sede de Silph en Ciudad Azafrán —Prosiguió Milo. —, para exponer nuestros nuevos avances y tratar de evitar así que cortaran con las subvenciones; cosa que afortunadamente hemos logrado conseguir.

    Tras decir esto, el ayudante de Pástor pulsó uno de los botones presentes en la carcasa superior del estuche y tras dejar escapar una pequeña cantidad de vapor —lo que daba lugar a entender que se trataban de pequeños estuches frigoríficos— la tapa superior del recipiente se levantó dejando a la vista lo que albergaba en su interior: Al menos media docena de probetas repletas de un viscoso fluido amarillento, enumeradas y clasificadas todas ellas con etiquetas.

    —El problema que nos planteábamos en el proyecto Eón era muy simple: ¿Por qué determinadas especies de Pokémon evolucionan y otras no? —Continuó Milo mientras tomaba una de las probetas del interior del estuche. —La respuesta es esta, y la hemos bautizado como “Evoidea”.
    —¿Evoidea? —Preguntó Ecko bastante interesado en dicho tema.
    —En efecto, Evoidea. —Respondió el científico regresando el frasco al lugar del que lo había sacado. —Lo realmente interesante es que esta proteína es producida por todas las especies de Pokémon gracias a una pequeña glándula; sin embargo, el hecho de que sea o no capaz de alterar el ADN del individuo depende ya de otros factores que todavía permanecen bajo investigación.

    Concluida la breve y muy generalizada explicación, Milo guardó de nuevo el metalizado recipiente frigorífico en el mismo apartado de su mochila de donde lo había sacado y rápidamente se preparó para la muy posible oleada de preguntas que estaban por venir.

    —Entonces lo que esos tipos se llevaron no era otra cosa más que esa Evoidea de la que nos estás hablando. —Dedujo el chico de los lunares pasándose la mano por su maltrecho cuello a fin de poder aliviar el dolor que lo atacaba ocasionalmente.
    —Efectivamente, tanto lo que llevaba en mi bolsa como lo que robaron en el barco era la Evoidea de distintas especies de Pokémon. —Respondió Milo. —Desgraciadamente olvidé uno de los contenedores en mi camarote, no les tuvo que resultar muy difícil encontrarlo.
    —A saber qué es lo que pretenden hacer esa basura de Rockets con algo tan importante como eso. —Masculló Kaden de mala manera.
    —Sin duda eso es lo que más me preocupa de este feo asunto. —Dijo el científico quitándose las gafas para poder limpiarlas otra vez. —Si algo hemos descubierto también en el laboratorio es que esa proteína, usada en menores cantidades, puede emplearse como un agente dopante; es decir, toda una bomba de relojería en manos de una organización como el Team Rocket.

    Sorprendido ante la última afirmación de Milo, al peliazul rápidamente se le vino a la cabeza el inusual tamaño que poseía el Pidgeot de la Administradora Kalindra ligado a la idea de si éste podía haber sido dopado con las mencionadas proteínas; bastante molesto con esta idea, Kaden se levantó de su asiento pensando que había llegado la hora de ir a hacer otros asuntos.

    —Tengo que irme. —Dijo el de los ojos oscuros seriamente. —No puedo quedarme de brazos cruzados ante algo como esto; quizás vaya a revisar cómo ha quedado el barco o tal vez vaya a la comisaría a ver como llevan la investigación; no lo sé, siento que la cabeza me va a estallar.
    —Sí, yo también tengo que marcharme. —Añadió Ecko igualando el gesto de su amigo, aunque tras levantarse del asiento un fuerte dolor le atizó en la espalda. —Dentro de diez minutos tengo que acudir a revisión con la enfermera Midori.
    —En ese caso espérame, Kaden —Fue lo único que dijo Milo. —, iré contigo a prestar declaración.


    Con motivo de la rehabilitación a la que se vía obligado a acudir Ecko cada mañana, la reparación del barco de mercancías y la investigación que se estaba llevando a cabo sobre los sucesos acontecidos en el puerto, la estadía del grupo de los de Isla Canela se vio forzada a prolongarse por cinco días más, tiempo que tanto Ecko como Kaden aprovecharon para entrenar; el primero con intención de ofrecer una buena batalla en su siguiente combate de Gimnasio y el segundo con vistas ya al campeonato regional de la Liga Pokémon.


    Lunes, 15 de Junio, Zona Portuaria, Ciudad Carmín, 11:37 AM.

    La cubierta del barco había sido reparada tanto por el personal de los astilleros como por los jornaleros del padre de Kaden que viajaban a bordo, los problemas eléctricos originados por las llamas que alcanzaron los cables de alta tensión habían sido arreglados gustosamente (en la medida de lo posible) por el Teniente Surge, quien había accedido a hacerlo como muestra de agradecimiento por haber salvado tanto a Connor como al resto de sus amigos —entre los que iba incluido su sobrino— de las manos de los Rocket; por todo este trabajo en equipo la reparación duró cinco días y no ocho, que era lo que se esperaba.

    Mientras los jornaleros terminaban de preparar todo lo necesario para la partida de la nave, el Líder del Gimnasio tenía una pequeña conversación con Milo sobre los apaños que había realizado en el barco a fin de que una vez llegaran a Isla Canela, éste pudiese explicárselos al padre del peliazul; por otra parte, el ojiverde mantenía una última conversación con el “Superejército especial de Ciudad Carmín” ligeramente sorprendido por el hecho de que había conseguido pronunciar más de dos frases seguidas sin haber sufrido el impacto de un chorro de agua fría.

    —Vamos Connor, díselo. —Andy susurró, como estaba acostumbrado a hacer, en el oído del líder de su pandilla. —Antes que se monte en el barco y se vaya.
    —Esto… Yo… Bueno, nosotros queríamos pedirte disculpas por haberte confundido con un intruso el otro día y haberte atacado. —Se atrevió finalmente a decir el cabecilla del grupo algo sonrojado. —¡Lo sentimos! —Los tres niños pegaron sus brazos al cuerpo y se inclinaron levemente.
    —Vaya, no sé qué decir. —Rió el ojiverde pasándose la mano por la nuca. —Supongo que no ha pasado nada, no hace falta que os disculpéis por algo como eso. —Una gota de sudor escurría por su sien derecha. —Ya está olvidado.
    —Aun así queríamos darte algo —Continuó diciendo Connor. —, lo encontramos tirado en nuestra base y ninguno de nosotros sabemos cómo funciona; te lo puedes quedar, creemos que está estropeado. —Ecko no pudo evitar sentirse extraño al oír esto.

    Envuelto en un pequeño paño gris, Tomas llevaba entre sus manos un pequeño paquete esférico que enseguida entregó al joven de los lunares, quien tras desenvolverlo, pudo observar con más detenimiento que se trataba de un pulido pedazo de mineral de color verdoso apenas superior a una pelota de tenis de mesa y que, en contacto con la luz solar, liberaba un brillo verdoso bastante bello.

    Tras agradecer una vez más a los tres nobeles el pequeño detalle que habían tenido con él, Ecko guardó el pedazo de mineral —sin saber realmente de que se trataba— en uno de los compartimentos de su equipaje y rápidamente subió al barco por el puente de acceso; sin embargo, a medio camino de subir, dio media vuelta y bajó de nuevo al puerto pues entre los que allí se quedaban se encontraba Kaden, quien no traía consigo su equipaje y no aparentaba demasiadas intenciones de montar en el transporte.

    —¿Por qué no subes tú también al barco? —Preguntó algo extrañado el chico de los lunares a su amigo. —¿Qué pasa, no tenías pensado regresar a Isla Canela con nosotros?
    —Aún no. —Contestó el peliazul. —Antes de volver a casa tengo que ir a hacer una visita a alguien en Ciudad Verde. —Fue su respuesta, aunque quizás la idea de volver a subirse a ese barco también lo echaba un poco para atrás.
    —¿Y qué hay de mi batalla de Gimnasio contra Blaine? —Protestó Ecko ante la decisión del chico de los ojos oscuros. —Acordamos en que irías a verla y que después continuaríamos viajando juntos hasta que empezase la liga.
    —Estaré allí para entonces. —Rió Kaden mientras estrechaba la mano a su amigo. —No quisiera perderme por nada del mundo la paliza que va a darte ese vejestorio. —Continuó. —Nos veremos en un par de días.
    —Cuento con ello. —Ecko correspondió al apretón de manos mientras miraba desafiante al peliazul, dejando muy claro que, además de ser rivales, a ambos también los unía un fuerte vínculo de amistad.

    Finalmente, bajo la protección del astro rey, el barco de mercancías hizo sonar su sirena dos veces —señal de que salía del puerto— para instantes después adentrarse en aguas salvajes sin perder más tiempo, puesto que todavía les esperaba casi un día entero de viaje hasta llegar a su destino.


    La anaranjada luz del alba hacía que las pocas nubes que se apreciaban en el despejado cielo se volviesen de un color rosado y se reflejasen en el mar, formando un bonito cuadro de colores pastel y dejando en evidencia que la tripulación del barco de mercancías se estaba acercando a la cálida isla; finalmente, pasadas un par de horas, el radar de la sala de mandos de la nave comenzó a detectar en sus radares la enorme masa de tierra ubicada en el extremo sur-occidental de Kanto.

    Isla Canela, “La feroz ciudad del ardiente deseo”, se trataba de una isla de origen volcánico que desde hacía ya muchas décadas basaba su actividad económica en el turismo, puesto que para miles de viajeros de todas partes del globo el hecho de poder ver un volcán tan antiguo todavía en actividad resultaba exótico, así como la posibilidad de acudir a las muchas piscinas de aguas termales naturales o ver Pokémon de fuego en estado natural también llamaba la atención.

    No obstante, a pesar de la civilización asentada desde hacía ya mucho tiempo, la isla continuaba teniendo bosques y arrecifes de coral vírgenes, algo que sin lugar dudas también resultaba ser un buen reclamo.


    Martes, 16 de Junio, Puerto occidental, Isla Canela, 08:32 AM.

    Una joven que apena rondaría los dieciocho años de edad —vestida con una chaqueta marrón, falda deportiva gris y playeras blancas— de corta melena pelirroja acomodada en una pequeña cola de caballo, piel blanquecina (con pecas en rostro, hombros y pecho) y mirada de un hipnotizante color azul trotaba a un ritmo no demasiado rápido por un irregular sendero de tierra que atravesaba un pequeño bosque perenne, intentando disfrutar durante el trayecto del paisaje y tirando como bien podía de su acompañante.

    Dicha compañía se trataba de una rechoncha criatura que sobradamente alcanzaría el metro y setenta centímetros de estatura y piel rosada, siendo el rasgo más significativo de éste su enorme y alargada lengua pegajosa que apenas era capaz de introducir dentro de la boca ubicada en su pequeña cabeza, en lo alto de la cual protuberaba una especie de tupé bajo el que se podían diferenciar dos ojos negros como dos botones.

    Las extremidades de dicho ser eran relativamente cortas en comparación a su enorme cuerpo, lo que hacía que éste fuese andando varios metros más atrás de su compañera humana; cabe mencionar que, casi dando la sensación de ser un babero, en torno al cuello de la criatura se podían diferenciar ciertos motivos de color blanco.

    —¡Venga Buck, no puedes pararte para descansar cada dos por tres! —La chica se detuvo en el sitio al tiempo que seguía trotando. —Solo un poco más, hasta que lleguemos al puerto ¿Vale?
    —L-Liki… —Logró decir entre jadeos el rosado ser mejor conocido como Lickilicky; finalmente el cansancio provocó que éste optase por sentarse sobre el suelo. —L-lickili…
    —No sé por qué estás hoy tan cansado, si salimos a correr todas las mañanas. —Intentó alentar la pelirroja a su compañero, sin embargo al ver que éste no cedía procedió a empujarle desde su espalda como medianamente podía. —<<Jo, lo que pesas>> Solo un último esfuerzo más.

    Conforme la pelirroja y su Pokémon se iban acercando al lugar que suponía la meta de su recorrido, un pesado vehículo todoterreno de color caqui —manchado en diversas partes de su carrocería por barro— los adelantaba y se apresuraba a llegar a un pequeño puerto de mercancías en el que un buen número de jornaleros se encontraban trabajando.

    Tras aparcar el vehículo cerca de una vieja oficina de obra, del interior de éste bajó un hombre que rondaría los cuarenta y cinco años, moreno y cuyo rostro estaba adornado por una lustrosa barba de tres días; vestía además un mono de operario azul oscuro caído hasta la cintura y una camiseta blanca sin mangas manchada de grasa de motor; dicho hombre se trataba de Braham Onoda, quien a pesar de ser dueño de la empresa de mercancías “Transportes marítimos Onoda” y presumiblemente uno de los hombres con mayor poder adquisitivo de la zona, le gustaba trabajar junto a sus empleados y sentirse como un jornalero más.

    Junto a él bajó del vehículo un pequeño roedor eléctrico de apenas cuarenta centímetros de alto y puntiaguda cola en forma de rayo; se distinguían —al igual que en su forma evolucionada— dos pequeños carrillos bajo sus vivarachos ojos, salvo que en esta ocasión los de este Pokémon, mejor conocido como Pikachu, eran de color rojo.

    Al observar que el recién desembarcado grupo de jóvenes que tantos altercados habían sufrido durante su estancia en Ciudad Carmín se acercaban a saludar a semejante hombre, la pecosa —sorprendida por la llegada de éstos— partió a la carrera con su compañero Pokémon tras ella, intentando seguir su ritmo.

    —¡Ecko, Milo! —Exclamó la ojiazul para hacer sentir a los nombrados de su presencia. —¡Chicos, que bien que hayáis regresado!
    —¡Oh, mirad quién viene! —Rió Braham con su Pokémon subido sobre sus hombros. —Qué energía tiene siempre esta chica.
    —¡Hola, Muse! —Fue el alegre saludo de Milo; Ecko, sin embargo, todavía parecía algo molesto por los dolores que le ocasionaban los ruidos en su oído, aunque ya eran mucho menores.

    Muse, una chica también originaria de Isla Canela, era amiga íntima desde la más tierna infancia de Kaden y Ecko debido a que sus padres trabajaban en el laboratorio del abuelo de este último desde que ambos se mudaron de Johto.

    —Isla Canela ha estado un poco más aburrida que de costumbre desde que os fuisteis de viaje, chicos. —Dijo Muse abrazando fuertemente al chico de los lunares. —Lástima que Kaden no haya querido venir… —Añadió. —¡Os he echado de menos!
    —¡Ah, Muse, me haces daño! —Se lamentó el ojiverde, pues aunque su rehabilitación había sido bastante buena los estragos del accidente aún hacían efecto en él. —¡No me aprietes tanto, que aún me duele el cuello!
    —¡Oh, sí! ¡El accidente! —Se disculpó la pelirroja, quien acto seguido soltó a su amigo de entre sus brazos y rápidamente llevó las manos tras su espalda. —Lo siento, Ecko ¿Cómo te encuentras?
    —Supuse que al llegar a casa mejoraría un poco, pero creo que estaba mejor en Ciudad Carmín. —Bromeó el moreno con una pizca de seriedad para resultar más convincente. —aunque bueno, supongo que también me alegro de verte. —Rió, tras lo cual Muse volvió a repetir su abrazo aunque ahora con algo más de delicadeza.

    Mientras Ecko y Muse se contaban mutuamente lo que habían estado haciendo durante el tiempo que habían estado sin verse y Milo hablaba por su teléfono móvil, el padre de Kaden terminaba de dar las órdenes correspondientes a sus jornaleros; una vez hubo terminado, éste reunió de nuevo a la pandilla y los invitó a montar en su todoterreno para poder llevarlos a sus respectivos hogares.

    No fueron más que diez minutos los que tardó el vehículo en llegar —siguiendo el camino que antes habían estado recorriendo Muse y Buck— hasta una amplia explanada ubicada en un gran claro del bosque en la que se podía observar como se había establecido en ella una pequeña comunidad de viviendas (quizás no más de nueve), así como algún que otro invernadero y postes de electricidad que sujetaban los cables que comunicaban con la civilización.

    —Muchas gracias por todo lo que has hecho por nosotros, Braham. —Dijo Milo una vez todos estuvieron ya en tierra. —Y bueno, me gustaría volver a pedirte disculpas otra vez por lo de tu barco…
    —Todo está bien si ha acabado bien. —Fue la respuesta de Braham al joven, tras esto detuvo el automóvil frente a la puerta de una de las viviendas. —No tienes por qué volver a preocuparte.
    —¡Pika! —Chilló la pequeña ratona, subida en el hombro de éste.
    —En fin, gracias otra vez. —Sentenció sonriendo, tras lo cual bajó del vehículo junto con el resto de pasajeros y acudió a ver a aquellas personas que habían acudido a recibirlo.


    El motor de una enorme motocicleta de carretera rugía por las calles de la ciudad conforme su piloto la aceleraba a fin de abrirse paso entre los coches que se encontraban circulando por la calzada, los cuales —aunque no eran muchos dadas las horas de la noche— no se cortaban en hacer sonar su claxon para expresar su enfado por la conducción imprudente que semejante hombre estaba ejerciendo.

    Tras callejear por un par de minutos más, el misterioso motorista llegó a lo que parecía ser finalmente su destino: Un edificio —aparentemente una gran lavandería industrial— cuyo perímetro se encontraba delimitado por una verja metálica la cual solamente podía ser atravesada accediendo por una entrada dotada de vigilancia humana y una barra elevadora que restringía el acceso; en la fachada principal de dicha construcción se diferenciaba un gran panel de luces de neón en el que se leía con letras azules y rosas las palabras “Soap and Go”, algunas de ellas parpadeantes.

    El piloto —un musculado hombre moreno de aproximadamente cuarenta años vestido con una chupa de cuero marrón, vaqueros oscuros y botas de motorista, cuyo ojo derecho estaba además cruzado por una cicatriz—, tras mostrar al guardia de turno que esperaba en la caseta de la entrada una pequeña tarjeta de identificación, prosiguió su camino al interior del recinto montado en su vehículo una vez la barra que bloqueaba la entrada se levantó y le permitió el paso.

    El rugido del motor finalmente dejó de oírse cuando la trasera elevable del garaje en el que se introdujo bajo su compuerta, devolviendo a la tranquilidad aquella vieja factoría de limpieza.


    Fecha desconocida, Lugar clasificado, Ciudad Verde, 00:41 PM.

    Tras cruzar un amplio pasillo iluminado por una tenue luz violeta, el motorista, algo acalorado, optó por quitarse la cazadora de cuero —dejando ver así que bajo ésta vestía una ajustada camiseta negra— una vez que acabó por detenerse frente a una puerta de metal de la cual parecía tener la llave, puesto que tras introducir en ella la tarjeta anteriormente mostrada al guardia de seguridad ésta se abrió y permitió así al hombre atravesarla.

    Una vez dentro se pudo comprobar que la iluminación de dicho cuarto era casi inexistente, de hecho si no fuera por la escasa luz que se filtraba por la rendija inferior de la puerta, apenas podrían diferenciarse los muebles que se encontraban allí; el hombre sin embargo se adentró a oscuras y lanzó su cazadora hacia la derecha, como si supiese de seguro el lugar en el que ésta podía caer.

    —Vaya, mira quién tiene el placer de venir a hacernos una visita —El tono sensual de una voz femenina rompió el silencio dominante en la oscuridad de la habitación. —; el tipo más duro de todo el Team Rocket.
    —… —El hombre espetó una simple carcajada, poco después comenzó a notar como dos manos de mujer comenzaban a acariciar su espalda y pecho de manera estimulante. —¿Qué quieres, Kalindra?
    —Nada en especial… —Rió juguetonamente la pelirrosa para poco después comenzar a besuquear el cuello del motorista. —Solo pensé que te gustaría saber que ya tengo en mis manos el proyecto de ese tal Wissen, Comandante Smoke.
    —En eso consistía tu parte de la misión. —Contestó el hombre seriamente, parecía estar bastante acostumbrado al trato al que estaba siendo sometido. —Y bien ¿Dónde se encuentra?
    —Creo que eso tendrás que sonsacármelo, no todo va a resultarte tan fácil esta noche. —Coqueteó la fémina.

    Atrapados en un fogoso beso, la pelirrosa poco a poco se fue desprendiendo de su plumado chaquetón verde ocasionando que —cuando dicha prenda tocó el suelo— ésta quedase entre los brazos del motorista de la misma manera que cuando vino al mundo, desnuda, con su modelado cuerpo rozando el de su superior. Dejándose llevar por la pasión, los dos Rocket comenzaron a practicar el juego de adultos donde buenamente les resultaba más cómodo, para ser exactos (y quizás un tanto morbosos) alternando entre el sofá y el escritorio.

    Mientras la pareja disfrutaba plenamente del acto sexual, los dos fueron interrumpidos en un par de ocasiones por un ligero zumbido proveniente del interior de uno de los bolsillos del chaquetón de Kalindra; sin embargo no dispuestos a permitir que nada ni nadie los interrumpiese, ambos optaron por ignorar dicho ruido las dos veces y seguir con su fogosa práctica.

    No obstante, no mucho después desde la última vez que había vuelto a sonar, dicho zumbido se repitió en una tercera ocasión y, temiendo que de verdad pudiera tratarse de algo importante, la Administradora se vio obligada a dejar con la miel en los labios al Comandante y dignarse a contestar el teléfono.

    —<<Solo alguien tan jodidamente odioso como él podría llamar a estas horas>> —Pensó la Administradora no muy contenta al ver en la pantalla del aparato electrónico quien era el autor de la llamada. —Qué es lo que quieres. —Contestó.
    —Perdona ¿Es que estabas labrándote el ascenso? Si quieres llamo en otro momento… —Rió con cierta malicia la voz del otro lado del auricular. —Aunque esta es ya la tercera vez que lo hago… Joder jefa, sí que pones empeño en tu trabajo.
    —Más te vale que lo que vayas a decirme sea importante porque de lo contrario voy a encargarme personalmente de… —Dijo Kalindra con un notable enfado, sin embargo intentó mantener el tono de voz habitual para no alertar demasiado a su superior.
    —Ya sabemos quiénes son esos dos incordios. —Contestó la voz, cortando en el acto de la amenaza de la pelirrosa. —¿Sorprendida? Vamos, sabes que en el fondo hago bien mi trabajo. —Rió. —Ahora dime qué es eso tan especial que me quieres hacer, me muero de ganas por saberlo. —Vaciló, sin embargo su interlocutor cortó la conversación, lo que ocasionó en él alguna carcajada.

    No muy contenta con lo que estaba haciendo, la Administradora Kalindra no tuvo más remedio que volver a guardar el teléfono en el sitio de donde lo sacó y, ardiendo en deseos de mandar a la mierda al vomitivo de Pesth, se resignó a volver a ponerse de nuevo su uniforme —ahora al completo—, acicalarse para que nadie con quien pudiera encontrarse llegase a sospechar de lo que había estado haciendo y marcharse de allí; sin embargo, antes de poder agarrar el picaporte que la separaba de las instalaciones de la base la voz del hombre la detuvo en el acto.

    —¿Qué pasa, problemas? —Preguntó el hombre con su habitual ronco tono de voz; a pesar de la oscuridad se podía saber donde éste se encontraba por la anaranjada luz que producía el puro que había comenzado a fumar.
    —No, era esa rata de Pesth. —Contestó la Administradora al son que se ajustaba gafas de trabajo. —Me reclaman en los laboratorios, al parecer ya han comenzado a examinar esas proteínas y necesitan que esté allí con ellos.
    —No les hagas esperar —Se limitó a decir Smoke mientras una nube de humo salía de su boca. —, el jefazo está que no caga con esas proteínas. —Continuó dando otra calada. —Será mejor tenerle contento.

    Tras abandonar ahora sí el despacho del Comandante, la pelirrosa siguió su camino a través de los muchos corredores de la base hasta detenerse frente a una habitación al lado de cuya puerta podía leerse un cartel en el que ponía “Salón Boss” y a la cual solo podían acceder los altos cargos de la organización; sin embargo, al introducir la correspondiente tarjeta en la cerradura de la puerta, ésta pudo comprobar que el seguro no estaba echado y que por tanto debía de haber alguien más allí dentro.

    En el interior del enorme cuarto, el lengua-afilada de Pesth —con una mano vendada— descansaba sobre una de las muchas sillas de alto ejecutivo que allí había mientras colocaba sus pies sobre una enorme pila de folios —los cuales estaban esparcidos a lo largo de una amplia mesa de reuniones— y fumaba despreocupadamente un cigarrillo; de cuando en cuando el Rocket también pegaba algún que otro sorbo de la copa de alcohol que reposaba sobre la mesa, actividad que al parecer había llevado tiempo haciendo puesto que junto a su vaso había también una botella de whisky a punto de terminarse.

    —Cuánto echo de menos esta sala ¿Sabes? —Suspiró el Rocket apagando la colilla de su cigarro en un cenicero de porcelana negra; su voz delataba que se encontraba algo ebrio. —Me trae demasiados buenos recuerdos.
    —Quizás sea así, sin embargo ya no estás autorizado para estar aquí dentro. —Contestó su superior secamente, si de por sí no le gustaba tratar con Pesth sobrio, mucha menos gracia la hacía el tener que verlo ligeramente borracho.
    —¡Oh vamos, Kalindra, déjame fantasear sólo un poquito más! —Vaciló Pesth encogiéndose de hombros. —A fin de cuentas se me podrían escapar ciertas cosas sobre lo ocurrido en Ciudad Carmín que creo que a Smoke no le agradaría conocer.

    Aguantándose como medianamente podía las ganas de darle una buena paliza allí mismo, la Administradora Rocket optó calmarse y cerrar la puerta con clave de seguridad desde el interior para evitar que alguien pudiera enterarse de aquella reunión clandestina; con semblante decidido, la mujer se acercó hasta donde se encontraba su mezquino compañero y, apartando la silla que se encontraba a su lado, se sentó junto a él no sin antes lanzarle una auténtica mirada de desprecio, lo que ocasionó la risa en Pesth.

    —Te sorprendería saber quiénes son, sobretodo uno de ellos. —Pesth se encogió de hombros tras entregar a la mujer una carpeta negra en la que se podía leer la palabra “confidencial” en letras rojas. —¿Me equivoco si digo que este mundo es un pañuelo? —Rió.
    —Quieren a este. —Fue lo único que se limitó a decir Kalindra tras haber pegado sin demasiado interés una ojeada al interior de dicho documento. —<<Y ya entiendo porqué>>
    —¿Quieren o quieres? —Rió ácidamente el lengua-afilada. —Yo lo veo un poco joven para ti.
    —Un día voy a arrancarte esa lengua asquerosa que tienes. —Dijo la pelirrosa lanzando al Rocket de mala manera la carpeta que había ojeado, con tal suerte que provocó que este cayera al suelo debido a la ebriedad. —Nunca olvides quien te sacó de la mierda, Pesth. —Añadió dejando su asiento. —<<Basura desagradecida>>
    —¡Yo creo que tampoco es para ponerse así, Administradora Kalindra! ¡Solo era una bromita! —Rió el hombre desde el suelo mientras de su nariz escurrían dos hilos de sangre. —¡Además sabes que yo estoy siempre a tus órdenes!

    Y tras esto, el odioso Rocket que tantos problemas había causado durante los altercados ocurridos en Ciudad Carmín se dispuso a recoger los folios que habían caído al suelo entre risotadas de borracho, recogiendo entre ellos una fotografía de dentro de la carpeta que anteriormente había mostrado a Kalindra y casualmente aquella en la que ésta había prestado especial atención, una fotografía de Kaden Onoda.
    #2095100 02/11/2013 15:55
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    0Wish0Wish

    # Fecha de alta: 20/08/2008

    # Edad: 26 años

    # Ubicación: Isla Canela

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    Capítulo 005 — Ardiente conocimiento


    —Jobar, que mal has dibujado ese Charizard. —Dijo la joven niña pelirroja de ojos celestes entre risas. —¡Sí parece un Psyduck con alas!
    —Pues a mí sí que me gusta —Contestó el niño de ojos verdes mientras cogía el folio en el que estaba dibujando y lo alejaba para poder apreciarlo mejor, haciendo a su vez una mueca con la lengua. —; además, tú solo estás dibujando Pokémon redondos, Muse. —Continuó. —¡Esos son mucho más fáciles de hacer que los míos!

    Entre risas y pinturas de colores, los dos niños continuaron con su entretenido juego de dibujar al mismo tiempo que, de cuando en cuando, hacían una pequeña pausa para poder tomar un pequeño aperitivo de galletas y zumo que tenían en una bandeja colocada sobre la cama que había en la habitación. Finalmente, las diversiones de ambos pasaron a nervios y emoción cuando el peculiar sonido producido por el timbre de una puerta irrumpió la tranquilidad de la casa, haciendo que la pequeña pelirroja saltase del suelo excitada y con la mirada rebosante de brillo.

    —¡Ya están aquí, Ecko! —Exclamó alegre Muse mientras se levantaba del suelo con mucha energía. —¡Mira, mira, Blaine ya está en la puerta!
    —¡Es verdad! —Dijo feliz el niño ojiverde asomándose, al igual que su amiga, a la ventana de la habitación. —¿Crees que los traerá?
    —¡Pues claro que los trae, bobo! —Exclamó la ojiazul riendo. —¡Es por eso por lo que ha venido!

    Dejándose llevar por la felicidad característica de un niño pequeño cuando está a punto de recibir un regalo, la joven pareja salió corriendo de la habitación en la que se encontraban y, sin dar relativa importancia a si habían cerrado o no la puerta, se aventuraron a bajar corriendo las escaleras que conducían al piso inferior de la vivienda.

    Al llegar al amplio salón, tanto Ecko como Muse pudieron comprobar con sus propios ojos que allí se encontraban, sentados en el sofá, los padres del ojiverde, quienes permanecían atentos a los movimientos que una joven y enérgica Naomi no paraba de hacer; junto a ellos se encontraban también los padres de Muse.

    Después de oírse como una puerta se cerraba, tras la joven pareja apareció un “ocho años más joven” Pastor —quien aún conservaba su cabello de color oscuro— acompañado de un extravagante hombre vestido con una singular camisa blanca arremangada y unos pantalones de color ocre, llevaba además sobre su despoblada cabeza un elegante sobrero blanco con una línea del mismo color que la del jersey que vestía por encima de la camisa, azul oscuro; aunque sin duda alguna, lo que más caracterizaba a Blaine era su trabajado bigote canoso, sus redondeadas gafas de sol y su peculiar bastón de madera en forma de interrogación.

    —¿Cómo estáis, chicos? ¿Nerviosos? —Preguntó sonriente el viejo del sombrero mientras saludaba correctamente a los padres del ojiverde y daba un caramelo con palo a su hija pequeña; después repitió el saludo con los de la pelirroja.
    —¡Sí! —Se apresuró a decir Muse, diciendo Ecko la misma respuesta pocos instantes después.
    —Entonces será mejor que no os haga esperar más. —Rió Blaine tomando dos Pokéball de su cinturón. —Estos pequeños acaban de nacer hace unas semanas y están deseando tener a alguien con quien pasar aventuras. —Informó entregando a los niños las esferas. —¿Por qué no las abrís y veis qué hay dentro?

    Con un poco de nerviosismo y torpeza dado que era la primera vez que tenían en sus manos un dispositivo semejante a ese, tanto Muse como Ecko lograron por fin liberar del interior de las cápsulas a los que serían sus primeros compañeros Pokémon.

    Cuando el haz de luz cesó, frente a los allí presentes se materializaron dos criaturas que a pesar de no ser muy diferentes en cuanto a anatomía, si lo eran en otros aspectos, puesto que el Pokémon que apareció frente a Ecko era un pequeño cachorro canino de pelaje anaranjado con rayas negras en la espalda; sobre su cabeza además, se alzaba una pequeña melena de pelo color cremoso similar al de su hocico, pecho y cola.

    Por el otro lado, el Pokémon que tomo forma frente a Muse parecía ser un pequeño zorro de color pardo y alargadas orejas, tenía también rodeando su cuello una mullida bufanda de pelo pálido y unos vivarachos ojos negros.

    —Espero que este Growlithe y esta Eevee sean vuestros más fieles compañeros durante muchos años. —Dijo Blaine a los muchachos, quienes ya jugaban con ellos. —Vuestros padres sabrán que ambos pueden evolucionar a Pokémon del tipo fuego y…
    —Déjalo, Blaine. —Rió Víctor Davenport. —No creo que te hagan ya mucho más caso en lo que queda de día. —Continuó diciendo. —Gracias por haberte tomado la molestia de darles tú su primer Pokémon.
    —¡Oh, vamos, Víctor! Sabes que lo hago gustosamente. —Exclamó el calvo. —No hay nada como ver el brillo en la mirada de un entrenador y su Pokémon la primera vez que se conocen; me recuerda a nuestros tiempos jóvenes. —Blaine sacudió un pequeño codazo a Pástor.
    —Papá… —Dijo Naomi tirando de la manga de la bata de laboratorio de su padre. —¿También hay un Pokémon para mí?

    Mientras los padres de Ecko explicaban a su hermana pequeña que necesitaba cumplir los diez años de edad para recibir a su primer Pokémon y Pastor y Blaine —amigos también desde hacía ya muchos años— se iban a disfrutar de un té casero a la cocina, los dos recién nombrados entrenadores Pokémon salían al amplio jardín de la casa para poder jugar con sus monstruos de bolsillo y comenzar a estrechar lazos cuanto antes con ellos.

    —Creo que a Eevee la voy a llamar Astra —Dijo Muse contenta mientras corría por la hierba seguida de su pequeña compañera, a quien pareció gustarle ese nombre.
    —Pues tú… —Meditó Ecko mientras se tiraba al césped y su Pokémon, meneando la cola alegremente, le lamía la cara. —¡Tú te llamarás Marvel!


    Viernes, 19 de Junio, Comunidad de viviendas, Isla Canela, 11:12 AM.

    Tras preparar las bicicletas que habitualmente utilizaban para poder desplazarse hasta la zona más poblada de la isla y esperar un par de minutos a que Muse pasase a buscarlos, Ecko, su hermana Naomi y la pelirroja comenzaron a pedalear sus vehículos por el camino de tierra que cruzaba el bosque con un buen estado de ánimo y manteniendo durante el trayecto una agradable conversación.

    —Apuesto a que no sabes qué día es hoy. —Canturreó Muse al ojiverde una vez el grupo de tres salió del bosque, comenzando a circular ya por una carretera asfaltada próxima a la zona urbana de la isla.
    —Hombre, es difícil de olvidar. —Rió éste mientras lanzaba una mueca a la pelirroja. —¿Por qué crees sino que he esperado hasta hoy para tener el combate de Gimnasio? —Continuó diciendo. —Quería que fuese especial.
    —¡Ah! Es verdad. —Exclamó Naomi separándose un mechón de su oscuro cabello de los labios. —Hoy hace ocho años ya desde que Marvel y tú formáis equipo ¿No? —Sonrió. —Hay que ver lo rápido que pasa el tiempo.

    Continuando con su alegre camino y pasados unos diez minutos desde que salieron de casa, el grupo de tres llegó finalmente hasta la zona urbana de la isla, en la que sin duda alguna lo que más predominaban eran tanto los turistas con sus camisas florales y sus cámaras de fotos como las múltiples pensiones que servían de alojamiento a éstos.

    Callejeando por un par de minutos más y saliendo de nuevo del casco urbano hasta llegar a un pequeño parque aislado envuelto en naturaleza, tanto Ecko como sus dos acompañantes finalmente encontraron un antiguo (aunque no por ello maltratado) dojo de batalla en cuyo rojizo tejado principal se podía leer, en un amplio cartel de madera, “Gimnasio Pokémon de Isla Canela”.

    Finalmente los tres optaron por bajarse de sus bicicletas y optaron por encadenarlas a una pequeña valla de madera colocada junto a un pequeño cartel informativo en el que el Líder de dicho gimnasio se autodefinía como “El maestro de los acertijos” e invitaba a todos los retadores a que lo desafiaran.

    Tras dejar atrás los chirriantes escalones de madera de la entrada y cruzar la enorme puerta de madera con legendarios Pokémon de fuego grabados en ella, los tres jóvenes fueron recibidos, junto con un caluroso aire, por un chico aparentemente mayor que ellos y de grandes proporciones —pues no solo estaba un poco entrado en peso sino que además su estatura era notablemente superior por varios centímetros a la de Ecko—, quien vestía una camiseta sin mangas roja y unas bermudas marrones; sus ojos, pequeños, eran de color azul aguamarina y además resaltaban notablemente en contraste con el color granate de su relativamente corto cabello.

    —¡Ecko Davenport! —Rió el grandullón al reconocerle entre el grupo de tres. —¡Cuánto tiempo sin vernos! —Continuó, abrazando después al chico de los lunares; poco más tarde le soltó al darse cuenta de que lo apretaba demasiado. —Tu abuelo me contó cuando llegó que vendrías.
    —Yo también me alegro de verte, Samuel. —Contestó el ojiverde aparentemente feliz; Samuel había sido un buen amigo suyo desde la infancia al que hacía ya bastante tiempo que no veía. —¿Ha venido ya Kaden?
    —¿Kaden? Que va, aun no. —Respondió el peligranate rascándose la sien derecha. —Oye ¿Sabes que Blaine me nombró su aprendiz? —Dijo enseguida, emocionado. —Fue tras volver de mi viaje por Hoenn.
    —Me alegro mucho por ti. —Le felicitó Ecko dándole un pequeño golpe en el brazo derecho, símbolo de camaradería. —¿Tendré que luchar entonces primero contra ti?
    —¡Mucho me temo que no! —Carcajeó Samuel. —Si este es ya el séptimo combate de Gimnasio que disputas entonces tienes vía libre contra el líder, así lo establece la Liga. —Explicó. —Pero eso sí, necesitaré tu tarjeta de entrenador para hacer oficial el desafío ¿Qué te parece si me la prestas un momento y dejamos listos todos los preparativos?

    Tras entregar la debida acreditación al enorme muchacho, el trío de adolescentes se sentó a esperar en unos cómodos sofás de mimbre que había en el hall del dojo, intentando no pensar demasiado en el calor que allí hacía; apenas cinco minutos más tarde, el recientemente nombrado aprendiz de Blaine volvió hasta donde se encontraban para hacer saber que todo había funcionado correctamente y que podían acceder a la arena de combate.

    —¡Ecko! —Naomi detuvo a su hermano antes de que éste pudiese tomar el camino que lo llevaría a la arena de batalla. —Quizás pienses distinto a mí pero creo que tu mejor opción hoy sería usar a Kyoshi —Explicó. —, a no ser que prefieras que te deje a Praxie o a Minerva; he traído a los dos conmigo por si acaso.
    —Agradezco tu ayuda, cerebrito. —Contestó su hermano sonriendo. —Pero ya he elegido a los tres que voy a utilizar y ellos están de acuerdo en luchar hoy —Dijo a la ojiazul. —; aunque dame ánimos desde la grada ¿Vale?
    —Bobo… —Rió la morena para después dar un dulce beso en la mejilla de su hermano. —¡Mucha suerte entonces!


    Gimnasio Pokémon de Isla Canela, 11:34 AM.

    Sin duda alguna aquello se trataba de un templo del calor; el campo donde se realizaría el encuentro se diferenciaba con líneas de cal sobre una anaranjada y ardiente arena de origen volcánico.
    Las paredes del edificio eran negras con algunas escrituras orientales en diversas partes de éstas; además, al lado derecho del recinto —en el lado opuesto a las gradas donde permanecían Naomi, Muse y el padre y abuelo del ojiverde— se podía observar una especie de rejilla que seguramente conectase con el subsuelo —dado que ésta era la única fuente de luz— y era suficiente como para que toda la habitación reluciese con un resplandeciente y realmente caluroso fulgor naranja.

    Al otro extremo del campo se encontraba la persona que hacía exactamente ocho años se había encargado de entregarle a su primer compañero Pokémon y cuya vestimenta no distaba mucho a la de aquel día —a excepción de que esta vez tanto la línea de su sombrero como el color de su jersey eran de un bonito color rojo—; finalmente, Blaine, tras colocarse sobre sus pequeños ojos marrones sus curiosas gafas de sol, comenzó su discurso como líder de Gimnasio.

    —Llegados a este punto, creo que lo único que deben sobrar hoy aquí son las presentaciones. —Fue de la manera con la que éste recibió al chico de los lunares. — Hace ocho años te entregué tu primer Pokémon y decidiste formarte como entrenador —Continuó. —, ahora debes demostrarme que no me equivocaba contigo, Ecko. —Terminó por decir el viejo líder. —Samuel, cuando quieras.

    Tras tomar los dos banderines oficiales para poder llevar a cabo el arbitraje del combate, el fornido peligranate ocupó su correspondiente lugar en la circunferencia central del campo de batalla y, tras levantar sendos objetos, procedió a explicar las normas que regirían la batalla —las mismas que en anteriores ocasiones— para después dar finalmente introducción al combate.

    —¡El combate entre Blaine Guren, Líder del Gimnasio de Isla Canela, y el retador, Ecko Davenport, puede comenzar! —Dictaminó el grandullón a pleno pulmón bajando súbitamente las dos pequeñas banderas. —¡Procedan!
    —<<A ver qué es lo que has aprendido en todo este tiempo, muchacho>> —Pensó el viejo del bastón mientras tomaba una de sus Pokéball, no pudiendo evitar esbozar una ligera sonrisa. —¡Ninetales, a combatir!
    —Quizás es un poco precipitado que salgas tan pronto a luchar —Dijo el ojiverde mientras agarraba otra de las suyas, colocada del lado derecho de su cinturón. —, pero sé que te mueres de ganas por hacerlo ¡Ve, Jinbe!

    Mientras que frente al ojiverde terminaba de materializarse el orgulloso Wartortle, el Pokémon que tomó forma en la mitad correspondiente al Líder del Gimnasio se trataba de una vulpina de fino pelaje amarillento e hipnotizante mirada carmesí, cuyo rasgo más característico era sin duda sus nueve majestuosas colas que la Pokémon no tardó en menear elegantemente.

    Tras este gesto —y signo de que su habilidad “sequía” estaba en pleno funcionamiento— la mirada de la Pokémon del tipo fuego enseguida adquirió un brillo dorado que poco a poco se fue transmitiendo por toda su anatomía —en forma de aura brillante— hasta el punto de llegar a propagarse por todo el recinto; principalmente por ello la arena de la cancha comenzó a calentarse de sobremanera y el aire a ras de suelo comenzó a volverse más denso y borroso, hasta el punto de producir algún que otro pequeño espejismo sobre la superficie.

    —¡Venga, Ecko! —Se permitió vacilar por un instante el Líder del Gimnasio. —¿Un Pokémon de agua? —Rió. —Creo que esperaba algo más original por parte del nieto de Pástor. —Este comentario ocasionó en las gradas alguna carcajada del nombrado.
    —¡Warol, war! —Gruñó enfadada la tortuga, pues no estaba dispuesto a permitir que su orgullo resultase lo más mínimamente dañado, y menos por alguien que entrenaba Pokémon de un tipo débil contra él.
    —¡Lo tuyo sí que es novedad, Blaine! —Fue la respuesta del chico de los lunares, ligeramente confiado. —<<Confío en los chicos, ambos sabemos que hoy tenemos demasiadas cosas en juego>> —Sonrió. —¡Jinbe, empezamos! ¡Ataca con pistola de agua!
    —¡Esquiva con ataque rápido y ataca también con onda ígnea! —Fue la orden del calvo.

    Con total intención de hacer tragar las afirmaciones que Blaine había dicho sobre él escasos segundo atrás, la orgullosa tortuga se apresuró —apenas se lo ordenó su entrenador— a lanzar un enorme chorro de agua contra su enemiga, a quien a decir verdad no la supuso demasiado trabajo esquivarlo con su ataque rápido, puesto que cuando el acuático chorro cruzó el campo de batalla, éste ya había perdido la mayor parte de su inercia como consecuencia del intenso calor que allí hacía y había quedado reducido a simple vapor.

    En vista de que las técnicas de su rival no alcanzaban todo el potencial que se esperaban de éstas, la Pokémon zorro —mientras realizaba elegantes movimientos de sus nueve apéndices— comenzó a arremolinar en torno a su figura una gran cantidad de brasas que poco a poco ardían en cuanto entraban en contacto con el chispeante halo dorado que la rodeaba.

    Una vez la Ninetales consideró suficiente, ésta expulsó el remolino de ascuas en forma de un abrasador viento contra la plumada tortuga, quien no dispuesta a dejarse golpear por un ataque al que era resistente, optó por expectorar un nuevo chorro de agua que logró extinguir buena parte de dichas partículas y ocasionó que no resultase demasiado dañado, a excepción de alguna que otra brasa que inevitablemente había acabado haciendo contacto con su piel.

    —¡Bien hecho, Jinbe! —Felicitó el moreno al Pokémon anfibio por el modo con el que éste había conseguido desviar el ataque. —¡Intenta volver a repetir otro pistola de agua! ¡Desde todos los ángulos posibles!
    —¡No lo permitas, Ninetales! —Reaccionó el Líder del Gimnasio. —¡Vuelve a esquivar y onda ígnea una vez más!

    Siguiendo al pie de la letra las órdenes de su compañero humano, numerosos chorros de agua volvían a ser expulsados por la boca del Pokémon acuático con el fin de poder hacer impacto en la Pokémon zorro, sin embargo, al igual que en la vez anterior, éstos perdían fuerza a mitad de su trayectoria y no suponían un mayor problema para la vulpina, quien contrarrestaba los ataques con más ráfagas de brasas.

    El intercambio de ataques continuó hasta pasados tres prolongados minutos, cuando finalmente un error de la canina permitió a la tortuga acercarse lo suficiente a ésta como para poder asestarle un pistoletazo de agua con la suficiente presión, arrojándola un par de metros hacia atrás y provocando un enfado algo mayor en ella, lo que derivó en que los pelos de su lomo se erizasen.

    —Quizás sí que subestimamos a ese Wartortle ¿No crees, Ninetales? —Sonrió Blaine tras observar cómo se desenvolvía el Pokémon de agua. —Lástima que tengamos que acabar ya con él ¡Compañera, usa rayo solar, por favor!
    —¡Warol, warol! —Gruñó el quelonio sorprendido al observar cómo su rival generaba entre sus fauces una reluciente esfera de tonalidad entre amarilla y verde.
    —<<Oh, oh, problemas>> —Fue lo que enseguida cruzó por la mente de Ecko. —¡Jinbe, usa protección! —Se apresuró a decir, consciente de que ese ataque podría incluso decidir el resultado de la ronda.

    A pesar de que el ataque rayo solar requiere el almacenamiento previo de energía para poder funcionar correctamente, la gran cantidad de calor presente en el ambiente —gracias a la habilidad “sequía” de la Pokémon— permitió que esto no fuese así y que, para desgracia de la tortuga, la esfera que ésta formó entre sus mandíbulas estallase por completo adquiriendo la forma de un devastador rayo luminoso, el cual cruzó el campo de batalla en cuestión de milésimas.

    Sin embargo, debido a las indicaciones brindadas por Ecko, Jinbe fue capaz de frenar la brutal sacudida de energía gracias a que pudo generar una barrera protectora de color aguamarina que disolvió la veloz saeta y evitó con ello ser golpeado.

    Aun así, intentando no parecer frágil ante su rival, Jinbe lanzó por decisión propia tres zigzagueantes rayos de hielo con los que intentó derribar a su enemigo; no obstante éstos se derritieron —y evaporaron— apenas entraron en contacto con la figura de Ninetales, quien sin demora contestó la ofensiva del Pokémon del ojiverde generando una nueva onda ígnea que no pudo ser evadida por el Wartortle.

    —¡Jinbe! —Exclamó el ojiverde al presenciar la ola de calor y brasas a la que había sido sometido su compañero Pokémon. —¿Te encuentras bien?
    —¡Warol! —Respondió la orgullosa tortuga mientras se incorporaba y peinaba las plumas de su cabeza con cierta chulería.
    —¡Ninetales, creo que ya hemos calentado lo suficiente, otra vez rayo solar! —Comandó el viejo del peculiar bigote con serenidad, pues apenas parecía estar sufriendo a causa del calor.
    —¡Protección una vez más, Jinbe! —Ordenó Ecko aun siendo consciente del riesgo que podía llevar esta decisión.

    De nuevo, la Pokémon vulpina llevó a cabo su devastador ataque de tipo planta contra la plumada tortuga, quien otra vez consiguió evitar ser golpeada gracias a la creación de una nueva pared protectora; no obstante el ardor que le proporcionaban las quemaduras, el intenso calor dominante en la sala y el agotamiento, fueron los que ocasionaron que el ataque protección no durase cuanto debía y acabara desvaneciéndose, lo que ocasionó que Jinbe recibiera buena parte de la energía solar del rayo en su vientre y saliera despedido hasta los pies de su entrenador.

    —<<Mierda, Jinbe>> —Se lamentó el chico de los lunares al observar el impacto que había recibido su compañero de equipo. —¿Estás bien?
    —Warol… —Refunfuñó la tortuga mientras se levantaba, realmente magullado, del ardiente suelo; podían apreciarse en sus extremidades superiores algunas feas quemaduras.
    —<<Nos lo estás poniendo difícil ¿Eh? A ver si dormido eres igual de problemático>> —Blaine esbozó una pícara sonrisa de confianza. —¡Ninetales, ataque rápido e hipnosis! —Ordenó señalando con su bastón al quelonio.
    —¡Nain! —Asintió la vulpina con una dulce voz mientras partía a la carrera.

    Mientras que su gran orgullo era lo que ayudaba a la azulada tortuga a ponerse de nuevo en pie tras el impacto, la elegante Ninetales —tras salir corriendo mientras liberaba su estela plateada— logró asestar al tortugo un golpe con su cabeza que hizo que todos sus esfuerzos resultaran en vano.

    Siendo consciente de que en cierta medida tenía la situación bajo control, la vulpina apoyó sus dos extremidades delanteras en el pecho del quemado Wartortle y, con los ojos envuelto con un hipnotizante halo azul, se dispuso a mirar fijamente a los ojos de Jinbe, poniendo su hocico a escasos metros de la cabeza de éste y enseñándole también sus filas de blanquecinos y puntiagudos dientes a modo de superioridad.

    Ligeramente enfadado consigo mismo por cómo se estaba viendo sometido y sabiendo las intenciones que tenía su contrincante, el Pokémon del tipo agua consiguió evitar caer en el juego hipnótico de ésta y velozmente expectoró un nueva pistola de agua que hizo blanco en la cabeza y hocico de la Ninetales, haciendo que ésta retrocediese bruscamente a causa del agua tragada y finalmente cayera de bruces al suelo, torciéndose el tobillo de su pata derecha en el proceso; esto provocó que la Pokémon liberase un agudo aullido de dolor.

    —<<Realmente estuvo cerca de causarnos problemas>> —Suspiró el ojiverde mientras miraba por un instante a la grada y su hermana le contestaba mentalmente con una mirada de “te lo dije” —Jinbe ¿Puedes continuar? —El tortugo asintió.
    —¡Vigila bien el estado de tu pata, Ninetales! —Advirtió el Líder de Gimnasio a su monstruo de bolsillo. —¡Aún lo puedes hacer mejor! ¡Ataca con onda ígnea!
    —¡No lo dejes, pistola de agua otra vez! —Ordenó rápidamente Ecko.
    —¡Warol!

    Con un gran esfuerzo y sacrificio por parte de cada uno de ellos, finalmente, tanto el chorro de agua expulsado por Wartortle, como la ráfaga de cenizas y brasas generada por la Pokémon canina terminaron por colisionar en medio del campo de batalla, dando lugar a una pequeña onda expansiva que ocasionó que en la arena de combate se levantara una borrosa nube de polvo, cenizas y vapor que acabó por cegar al quelonio, quien dando golpes de ciego (o de cegado) intentaba no desorientarse, o al menos no perder la posición de su enemigo.

    No obstante, la astucia por la que se caracterizaba la Pokémon zorro valió para que ésta volviese a realizar la misma técnica que la vez anterior y, tras derribar al Pokémon tortuga golpeando haciendo uso de su ataque rápido, consiguió volver a poner bajo sus patas al susodicho, quien volvió a expectorar un nuevo chorro de agua que esta vez sí pudo ser esquivado por la canina.

    Escasos instantes después, Jinbe —dado que estaba cegado y no pudo hacer demasiado por evitarlo— poco a poco fue sintiendo como sus párpados comenzaban a pesarle al quedar prendado de la brillante e hipnótica mirada de la Pokémon de Blaine.

    —¡Jinbe, despierta! —Exclamó el chico de los lunares intentando captar la atención del durmiente Pokémon. —¡Pistola de agua! ¡Venga, amigo, no puedes quedarte ahí!
    —Has jugado bien tus cartas, Ecko —Vaciló por un instante Blaine. —, pero esto acaba aquí ¡Ninetales, termina con rayo solar!

    Tras generar toda la energía solar necesaria entre sus fauces para asegurarse un golpe que resultase letal, la dormida tortuga aún seguía tumbada en el medio de la arena cuando un nuevo rayo solar cruzó de lado a lado el campo de batalla; sin embargo, cuando apenas faltaban unos pequeños instantes para que el impacto diese lugar, finalmente ocurrió lo que nadie pensaba que pudiese ocurrir.

    Una última barrera protectora apareció en torno al maltrecho cuerpo del Pokémon anfibio el suficiente tiempo como para reducir la intensidad de la ofensiva rival hasta un grado que éste consideró capaz de soportar; cuando la protección cesó y a pesar que el ataque estaba ya muy debilitado, el impacto ocasionó que el rechoncho cuerpo de Jinbe saliese otra vez despedido hasta casi llegar a los pies de Ecko.

    No obstante la cosa no terminó ahí, pues por muy difícil que resultase de creer, el orgulloso Pokémon del ojiverde logró levantarse muy a duras penas mientras un intenso halo plateado cubría su figura; finalmente y de manera muy súbita, la mágica luz que recubría al Pokémon de agua se expandió en forma de energía por todo el campo de batalla, alcanzando a la Pokémon canina y asestándola un golpe casi devastador.

    —No sabía que Jinbe supiera usar manto espejo con tanta precisión. —Dijo Naomi a los que compartían asiento con ella en las gradas. —¿Has tenido tú algo que ver con esto, Muse? —Sonrió.
    —¡Pues sí! —Respondió alegremente la pecosa. —La mayor parte del tiempo que pasé en Isla Canela mientras Ecko estaba de viaje lo aproveché para intentar mejorar, entre otros, el manto espejo de Jinbe; y al parecer el entrenamiento ha dado muy buenos resultados. —Explico. —¡Bien hecho, chicos!
    —Un magnífico trabajo por tu parte, pelirroja. —Intervino el padre del ojiverde mientras se mesaba pensativo la barbilla. —Sin embargo, aunque le haya servido para salir más o menos bien parado este asalto, no puedo evitar preocuparme —Continuó. —; no veo a Ecko lo suficientemente concentrado.

    Mientras los cuatro espectadores continuaban con su conversación, en la arena de combate tanto Jinbe como Ninetales aún permanecían tirados sobre el suelo frente a sus respectivos entrenadores; no obstante Samuel aún no había considerado necesario levantar el banderín a favor de ninguno de los participantes. A causa de esto fue por lo que tuvieron que transcurrir aproximadamente dos minutos hasta que finalmente Jinbe logró ponerse de nuevo en pie.

    Tras acercarse todo lo que su maltrecho cuerpo le permitía hasta donde permanecía tumbada la Pokémon zorro, Jinbe comenzó a generar entre sus fauces un nuevo ataque rayo hielo con el que derrotar de una buena vez a su adversaria; sin embargo —y principalmente gracias a su desarrollado olfato— la Pokémon de fuego logró voltear su cabeza hacia el quelonio y, tras dedicarle una umbría mirada —de características muy distintas a las del ataque hipnosis— que lo dejó petrificado, ésta logró ponerse en pie muy a duras penas y comenzó a generar en torno a la rechoncha anatomía del Pokémon de agua una densa nube negra que lo envolvió por completo y, después de asestarle una fuerte sacudida de energía oscura, acabó por lanzarlo poco después hasta los pies de su entrenador.

    Infortunio, ataque especial de tipo fantasma; si el usuario que recibe el impacto de este ataque presenta alteraciones físicas por un problema de estado, la cantidad de daño producida se verá incrementada el doble. —Fue la explicación brindada por la robotizada voz de la Pokédex de Ecko.
    —¡El Pokémon del retador no puede continuar! —Decretó Samuel levantando el banderín que otorgaba la victoria al Pokémon del Líder del Gimnasio. —¡Blaine gana la ronda!
    —A veces te dejas llevar demasiado por tu orgullo —Dijo Ecko mientras hacía regresar a su Pokémon al interior de la correspondiente Pokéball. —, sin embargo nunca defraudas ¡Buen trabajo, Jinbe!
    —Tú también has hecho un combate espléndido, Ninetales; mejor será que regreses. —Fue lo que dijo Blaine para sorpresa de los allí presentes, pues según las normas oficiales, al Líder del Gimnasio se le tenía prohibido relevar sus Pokémon. —El tobillo de Ninetales no luce demasiado bien y no pienso poner en juego su estado físico ¡La ronda queda en empate!

    Pese a que difícilmente alguien de los allí presentes esperaba que el viejo líder del Gimnasio dictaminase esa decisión en la que salía claramente perjudicado, la determinación con la que llevó a cabo la acción obligó a Samuel a repetir su veredicto, declarando efectivamente el empate y anunciando a los dos participantes que liberasen a los siguientes Pokémon.

    —Vaya, qué sorpresa. —Dijo Naomi después de dejar de beber de la botella de agua que llevaba consigo. —Aunque lo cierto es que no creo que a Blaine le interese tener lesionada a una Pokémon que usa en el noventa por ciento de sus combates de Gimnasio.
    —En efecto —Contestó sonriente Pástor mientras observaba el desarrollo del combate. —, Blaine siempre ha sabido muy bien cómo actuar en ese sentido. —Continuó. —Ahora solo espero que ese viejo le siga haciendo sudar la gota gorda a tu hermano. —Sonrió.
    —¡Animo, Ecko! —Exclamó enérgicamente Muse desde las gradas.

    En vista de que el combate tenía que seguir con su rumbo habitual, el ojiverde ya había tomado en su mano la Pokéball de quien sería el próximo en salir a combatir, por lo que sin dejar lugar a la demora se apresuró en agrandarla y liberar en medio del campo de batalla a su Aerodactyl, quien nada más entrar en contacto la ardiente arena del suelo —puesto que a pesar de que Ninetales ya no estuviera en el campo su habilidad seguía estando activa— soltó un potente e intimidador rugido que consiguió poner la piel de gallina a más de uno de los allí presentes.

    —<<No cabe duda de que ese es uno de los Pokémon de Víctor>> —Blaine sonrió mientras el anaranjado fulgor que reinaba en la sala se reflejaba en sus oscuras lentes. —¡Está bien, Charmeleon, a combatir!
    Conocedor ahora de con quien tendría que verse las caras, el Pokémon roca y volador apoyó en el suelo las garras protuberantes de sus alas para volver a emitir otro atronador rugido; a pesar de ello, este gesto no pareció intimidar demasiado al flamígero lagarto de Blaine, quien también, para hacer presente que tampoco tenía poco potencial, comenzó a agrandar el tamaño de la llama de su cola mientras achicaba sus pupilas y mostraba sus colmillos blanquecinos.

    —¡Charmeleon, usa garra metal! —Empezó ordenando a su Pokémon el Líder del Gimnasio tras tener la autorización del referí. —¡Sin miedo!
    —¡Harrier, no se lo permitas! —Contrarrestó Ecko la orden rival. —¡Detenlo con avalancha!
    —¡Esquívalo con danza dragón! —Fue la siguiente orden de Blaine.
    —¡Char, char!

    Con una disposición y velocidad envidiables, el Charmeleon de Blaine partió a la carrera mientras las garras de sus extremidades superiores se prolongaban un par de centímetros y se endurecían de tal manera que llegaban a parecer filos metalizados; por el otro lado, consciente del peligro, Harrier acató las órdenes de su entrenador y, tras pegar un fuerte batir de alas, logró realizar un despegue vertical con el que consiguió evitar el impacto del agresor.

    Mientras el Pokémon de roca sobrevolaba el campo de batalla bajo la fiera (y algo impotente) mirada de su rival, al menos una docena de desproporcionadas rocas se fueron materializando poco a poco en torno a Harrier envueltas por un halito violeta, las cuales parecían aumentar su diámetro conforme éstas seguían la trayectoria que su invocador realizaba en el aire.

    Finalmente, cuando éste consideró que dichos peñascos habían alcanzado ya un tamaño óptimo, optó por dejarlos caer súbitamente contra el ardiente suelo donde el Pokémon de fuego —cuya llama lucía ahora con un brillo verdoso a causa de su técnica de incremento— conseguía esquivarlas con acrobáticos saltos y piruetas al son que realizaba lo que parecía ser una mística coreografía.

    En vista de que no había conseguido acertar ni uno solo de sus movimientos, el Aerodactyl del moreno se lanzó en picado con el fin de poder estampar en alguna parte de la anatomía de su rival su duro cráneo; sin embargo, éste, gracias en parte al incremento de fuerza y velocidad al que se estaba viendo sometido, contrarrestó la ofensiva haciendo uso de sus metalizadas garras dando un severo zarpazo al Pokémon prehistórico, haciendo saltar alguna que otra chispa en el impacto y ocasionando que cayera de bruces en la mitad del campo de batalla correspondiente a su entrenador.

    —¡Harrier, remonta el vuelo y ataca con golpe aéreo! —Ordenó Ecko sin poder evitar sentirse algo preocupado por el impacto que había recibido su Pokémon.
    —¡Griaaa! —Rugió enajenado Aerodactyl, no demasiado contento por lo que le acababa de suceder.
    —¡Charmeleon, por favor, golpea con envite ígneo! —Se limitó a ordenar el calvo a su compañero.

    Levantando el vuelo con bastante rapidez e influenciado notablemente por la ira, el Pokémon volador comenzó a ejecutar violentas acrobacias en el aire mientras intentaba buscar desde las alturas el momento idóneo para propinar un golpe certero a su adversario; segundos después, Harrier volvió a lanzarse en picado a una vertiginosa velocidad —dejando tras de sí una estela brillante— hasta llegar a sobrevolar el terreno de batalla a escasos veinte centímetros del suelo.

    Por el lado del Líder del Gimnasio, los ojos de su Pokémon habían sido inundados por un ardiente brillo anaranjado que ocasionaba que la todavía verdosa llama de su cola comenzara a aumentar aún más su ya considerable tamaño, hasta el punto de llegar a envolver toda la anatomía del Charmeleon con una abrasadora cortina de llamas verdes; poco después de que esto tuviera lugar, el lagarto salió despedido justo en dirección contraria a su enemigo.

    Finalmente el inevitable impacto dio lugar en el semicampo perteneciente a Blaine, originando que Harrier saliera despedido hacia la izquierda y aterrizara forzosamente en suelo —levantando en el proceso una buena nube de cálido polvo—, y que Charmeleon acabase cayendo de bruces a los pies de su entrenador, jadeante y mostrando feos hematomas en la parte derecha de su cuerpo, con la que había asestado la arremetida.

    —¿H-Harrier? —Tartamudeó sorprendido el ojiverde tras haber presenciado lo realmente violento que había llegado a ser semejante impacto.
    —¡Charmeleon! —Exclamó el viejo viendo como su Pokémon hincaba las rodillas en el cálido suelo, aquejado por el daño que sin lugar a dudas éste estaba sufriendo.
    —¡Griaaa! —Tronó el Aerodactyl, tras lo cual, para sorpresa de todos, volvió a retomar una vez más el vuelo.

    Llevando a cabo una vez más las peligrosas acrobacias aéreas y consciente de que si actuaba ahora que su rival estaba dolido podría asegurarse casi con certeza el triunfo de la ronda, Harrier logró realizar —con bastante peor precisión que antes— un looping con el que consiguió una vertiginosa caída en picado contra el Pokémon de Blaine, quien a duras penas había logrado avanzar hasta la mitad del campo de batalla motivado por querer tumbar al Pokémon prehistórico con un golpe de sus metalizadas garras.

    A falta de escasas milésimas de segundo para que tuviera lugar el impacto de los dos ataques, la velocidad del Pokémon roca y volador fue suficiente como para evitar el violento izquierdazo haciendo uso de un espontáneo quiebro hacia la derecha; a pesar de esto, el Pokémon del chico de los lunares consiguió agarrar con sus fuertes garras el maltrecho brazo derecho de su rival y, como si de un águila que lleva a su presa entre las uñas se tratara, levantó el vuelo con el Pokémon de Blaine prisionero entre ellas.

    Con el fin de desorientar al apresado rival que intentaba por todos los medios liberarse de sus esposas de roca, Harrier se vio obligado a realizar una vez más otro de sus tirabuzones, sin embargo esta vez, cuando la pareja se encontraba a medio camino de realizar la acrobacia, la zarpa que el Charmeleon no tenía apresada por las garras rivales se vio enseguida envuelta por chisporroteante energía eléctrica, la cual no dudó en estampar mediante un electrizado puñetazo en uno de los costados del Pokémon raptor, desencadenando que éste lo soltase en pleno aire y ambos cayeran violentamente contra el suelo desde varios metros de altura.

    —Eso ha tenido que doler bastante —Se lamentó Muse haciendo una mueca de dolor tras observar la fuerte caída libre. —; a ambos...
    —Lo que en verdad me ha sorprendido ha sido la capacidad que tiene Harrier para aguantar los golpes físicos —Dijo la hermana del ojiverde llevándose el dedo índice a los labios. —; de hecho me sorprende que haya sido capaz de retomar el vuelo tantas veces después de recibir todo ese daño.
    —Conozco demasiado bien a Harrier y sé lo realmente testarudo que puede llegar a ponerse en un combate Pokémon. —Intervino el padre de la morena. —Si algo se le pone entre ceja y ceja, es bastante difícil detenerlo.
    —La verdad es que no creo que mi nieto haya hecho un mal trabajo con ese Aerodactyl —Rió Pástor. —; a fin de cuentas parece que es capaz de controlarlo mejor que tú. —Añadió dándole una palmada en la espalda a su hijo.

    Las gotas de sudor corrían por la frente y las sienes del ojiverde mientras los dos Pokémon seguían tendidos en el suelo, boca arriba y jadeando de manera agitada; Blaine permanecía en el lado opuesto del campo, igual de sereno que cuando había comenzado el combate, ni siquiera daba la sensación de haber sudado en algún momento.

    —¡Charmeleon, en pié! —Exclamó Blaine dando un golpe seco con el bastón al suelo. —¡Danza dragón y envite ígneo una última vez!
    —C-char, char… —Charmeleon logró volver a ponerse en pie sin poder evitar tambalearse ligeramente hacia los lados; no obstante volvió a iluminar en torno a su figura el habitual halo verdoso.
    —¡Vamos, Harrier! —Animó Ecko a su prehistórico Pokémon, quien también intentaba tomar una pose de combate. —¡Usa avalancha!

    El hecho de contemplar como su contrincante había sido capaz de volver a ponerse en pie y se dirigía hacia él envuelto en una nueva cortina de fuego verdoso, fue lo que desencadenó que Harrier adquiriese otra vez su pose de batalla —aunque sin alzar el vuelo— y liberase un nuevo rugido intimidador, para que, instantes después, comenzase a generar en torno a su anatomía el mismo número de piedras que la vez anterior.

    No obstante a diferencia de la pasada ocasión, cuando esta vez los peñascos alcanzaron su máximo diámetro, éstos reventaron brutalmente y generaron en el proceso más de una veintena de pequeñas, puntiagudas y afiladas rocas grisáceas que comenzaron a orbitar en torno al cuerpo del dinosaurio para que, justo después de un brutal rugido, cada una de dichas esquirlas saliera disparada contra el lagarto del tipo fuego, quien realizando su mística coreografía conseguía evadir algunas cuantas; no obstante era notable que otras tantas estaban impactando también en él, puesto que de vez en cuando éste soltaba algún que otro gruñido de dolor.

    Cuando la lluvia de metralla rocosa cesó, el Pokémon de Blaine volvió a envolverse una vez más por aquel abrasador fuego verdoso y, a gran velocidad, comenzó a acercarse hasta donde permanecía el Aerodactyl del joven de Isla Canela, quien no dispuesto a dejarse golpear volvió a dirigir contra su adversario una nueva tanda de esquirlas rocosas, las cuales conseguían impactar de lleno en su blanco y poco a poco eran las desencadenantes de que el ataque pirómano del Charmeleon perdiera potencia y precisión.

    Finalmente, agotado por el cansancio y la gran cantidad de daño recibida, el Pokémon del Líder del Gimnasio acabó por detenerse —ya sin ningún fuego místico cubriendo su anatomía— frente al cuerpo de roca lisa de su contrincante, mostrándole sus metalizadas garras; sin embargo, apenas había logrado hacer algo con ellas cuando jadeante cayó de rodillas al suelo, azotado completamente por los estragos de la batalla.

    —C-chaar… —Fue lo único que pudo decir el lagarto.

    No dispuesto a mostrar misericordia, y en vista de que su rival estaba prácticamente arrodillado frente a él, Harrier —tras tronar nuevamente con otro de sus habituales rugidos prehistóricos— rápidamente lo apresó entre sus fauces como si de una criatura indefensa se tratara y, tras zarandearlo durante unos interminables segundos, arrojó el cuerpo del Charmeleon de manera súbita contra una de las paredes del Gimnasio, produciendo tan solo un ruido metálico cuando todo su cuerpo cayó desplomado sobre la ardiente arena del Gimnasio.

    —¡Charmeleon no puede continuar combatiendo! —Decretó Samuel levantando esta vez el banderín a favor del ojiverde. —¡El retador y su Pokémon ganan la ronda!
    —¡Bien hecho, Harrier! —Vitoreó el moreno a su rocoso compañero.
    —¡Griaaa! —Rugió ensordecedoramente el dinosaurio, tras lo cual, a causa de un temblor que azotaba sus alas, no pudo evitar tropezar y caer al suelo aquejado por los dolores; no obstante, parecía estar dispuesto a seguir combatiendo ya que rápidamente volvió a ponerse erguido.
    —<<Puede que de momento estés cumpliendo con mis expectativas, chico>> —Pensó Blaine mientras hacía regresar a su debilitado compañero y tomaba la última de sus Pokéball. —<<Sin embargo los combates no terminan hasta que cae el último Pokémon>> —Sonrió confiado. —¡Mi último Pokémon! ¡Ve, Magmar!

    La criatura enviada a combatir por el calvo esta vez era bastante dispar a la que había utilizado anteriormente, pues ahora se trataba de una especie de salamandra antropomórfica de casi un metro y medio de estatura con una singular mandíbula en forma de pico de pato, cuyas extremidades poseían además aguzadas garras blancas, cinco en las del tren superior y dos en las del inferior; sobre su cabeza se alzaban también dos llamas que en cierto modo daban la sensación de parecer antenas, y por todo su cuerpo se apreciaban patrones amarillos y rojos dando la sensación de estar envuelto en ardientes mechas, quizá con la excepción de su cola acababa en una flama, totalmente amarilla a excepción de su llameante punta —que al ondearla acrecentaba la sensación de calor en el lugar— y los grilletes negros que rodeaban su cuello y tobillos.

    —<<Lo sabía>> —Murmuró Ecko tragando saliva, más le resultó un poco complicado por el calor imperante en la habitación. —¡Harrier! ¿Puedes continuar? —Preguntó en seguida al de los tipos roca y volador, quien dio a entender que sí a su manera. —¡En ese caso adelante, roca afilada!
    —¡Magmar, esquívalo usando pantalla humo! —Fue la simple orden brindada por el veterano Líder.

    Con algo más de pesadez que las veces anteriores, el dinosaurio alado retomó una vez más el vuelo sobre las cabezas de los allí presentes y siguiendo con las órdenes que le habían sido asignadas, volvió a generar alrededor de sí mismo las puntiagudas esquirlas de piedra, las cuales en seguida lanzó contra su nuevo adversario; no obstante éste no parecía demasiado preocupado por la metralla que se le aproximaba y, con aparentemente bastante tranquilidad comenzó a expulsar por su singular pico una gran cantidad de oscuro y denso humo grisáceo que acabó por cubrir al menos un cuarto del terreno de batalla, lo suficiente como para hacer que el Pokémon del ojiverde perdiese de vista a su presa.

    No obstante, no dispuesto a dejar salir impugne a su enemigo, Harrier comenzó a sobrevolar la cortina de humo a fin de poder detectar su posición, cosa que en mayor o menor media consiguió puesto que las llamas que protuberaban del cuerpo del Magmar podían diferenciarse entre la densa masa de humo desde las alturas; tras localizar donde se encontraba su blanco, el Aerodactyl volvió a hacer uso de su ataque golpe aéreo y se introdujo en la oscura bruma.

    Transcurridos apenas un par de segundos después de esto, entre la densa cortina de humo —la cual parecía ir menguando ligeramente— se pudo diferenciar lo que pareció ser un fuerte destello azulado acompañado por dos sonoros golpes y precedido por el cuerpo de Harrier, el cual atravesó de manera violenta la gaseosa cortina y acabó de bruces a escasos metros de donde Ecko se encontraba; tras él salió el Magmar de Blaine, cuyos puños estaban envueltos por una leve aura azul oscura.

    —¡Harrier! —Exclamó Ecko algo asustado por la manera tan violenta con la que su Pokémon había salido despedido de la casi ya desaparecida cortina de humo.
    —¡Griaaa! —Tronó realmente enfurecido el Aerodactyl achicando sus pupilas; tras lo cual partió como buenamente podía a la carrera con sus colmillos rebosantes de electricidad.
    —Makmaar. —Gruñó la salamandra con pico de pato una vez volvió a estampar sus puños en el duro cráneo del Pokémon prehistórico.
    —<<Mierda, Harrier>> —Se lamentó el ojiverde al contemplar como su Pokémon continuaba recibiendo los impactos enemigos sin poder hacer gran cosa por evitarlo. —<<Suficiente por ahora>> ¡Regresa! —Ordenó tomando la Pokéball correspondiente y haciéndolo regresar.

    Consciente de que a pesar de no haber derrotado a su enemigo, sí había logrado causar cierto temor al entrenador de éste, la salamandra antropomorfa enseguida expectoró desde su hocico de pato una intimidadora ráfaga de llamas hacia el techo del edificio, tras lo cual, como gesto de victoria, golpeó repetidas veces con su alargada cola el arenoso suelo.

    —¡El retador ha realizado un cambio de Pokémon! —Exclamó Samuel alzando los dos banderines, para luego acabar señalando a Ecko con el que éste tenía asignado. —¡Continúen con el combate!
    —<<Lo estamos haciendo bien; pongo todas mis esperanzas en ti, amigo >> —El ojiverde habló telepáticamente a su nueva Pokéball con la certeza total de que el ser de su interior lo estaba escuchando. —¡Un último esfuerzo, Marvel!

    Una vez el destello de la Pokéball cesó, frente a Ecko tomó forma quien había sido desde hacía ya ocho años su primer compañero Pokémon, y en el que como bien había dicho ya, ponía todas sus esperanzas; consciente de ello, Marvel tan solo cruzó la mirada con la del ojiverde y, tras esbozar una perceptible sonrisa de complicidad, pegó un ensordecedor aullido que fue precedido por su habitual pose de combate —mitad delantera de su cuerpo flexionada y parte trasera elevada.

    —Sin duda esta debe de ser la guinda del pastel. —Rió Blaine ajustándose sus oscuras lentes con el dedo índice. —Una lástima que tenga que poner fin a este combate. —Fanfarroneó. —¡Magmar, golpe bis!
    —¡La guinda no será otra que tu medalla! —Vaciló el chico de los lunares intentando avivar todavía un poco más la llama del combate. —¡Marvel, esquiva y ataca con velocidad extrema!

    Sendos puños del Magmar comenzaron a adquirir de nuevo aquel fulgor azulado que previamente los allí presentes habían podido apreciar, tras lo cual partió a la carrera en pos de poder estamparlos en su recién fijado blanco; no obstante, gracias a que el humo que cubría parte del terreno de batalla había comenzado a disiparse y haciendo uso de su gran velocidad, Marvel fue capaz de esquivar los dos puñetazos con un brusco quiebro hacia la izquierda y otro hacia la derecha, para después, aprovechándose del impulso, golpear a su rival con todo el peso de su cuerpo, causándole cierto retroceso.

    Conocedor de que la técnica había resultado satisfactoria, el Pokémon canino rápidamente se dispuso a ejecutarla otra vez, sin embargo su rival anduvo un par de pasos por delante suyo y se apresuró a producir una nueva tanda de humo, el cual se sumó al ya existente y aumentó considerablemente la masa oscura que ahora cubría más de la mitad del campo.

    Atrapado dentro de la bruma gaseosa, Marvel intentó encontrar la posición de su enemigo haciendo uso de su buen olfato, pero a pesar de esto, el único rastro que pudo obtener de él fue cuando éste estaba a escasos centímetros suyos con sus dos puños dispuestos a ser estampados en el objetivo.

    —¡Marvel! ¿Cómo te encuentras? —Preguntó Ecko al presenciar el golpe que había recibido su Pokémon, que a pesar de no haber resultado demasiado certero, para nada era algo que se tuviera que pasar por alto.
    —¡Groao! —Ladró el elegante canino sacudiendo hacia ambos lados la cabeza.
    —Admiro el empeño que parece estar poniendo tu Pokémon, Ecko —Dijo Blaine soltando una sonrisa de confianza. —; sin embargo me pregunto si te hará falta más que eso para poder derrotarnos. —Vaciló. —¡Magmar, de nuevo usa pantalla humo y luego golpe bis!
    —¡Maak! —Gruñó el Pokémon antropomorfo mientras sus puños adquirían el brillo azulado de los ataques del tipo dragón.

    Tras volver a emanar desde su pico el denso gas grisáceo, la nube de humo ocupaba ahora al menos el setenta por ciento del terreno total de batalla y provocaba que tanto para los entrenadores, como para sus Pokémon y para los espectadores, la visibilidad fuese prácticamente nula; no obstante no todo estaba en contra del joven de Isla Canela, pues afortunadamente era capaz de diferenciar como el fuego emanado por el cuerpo de la salamandra dibujaba ligeramente su silueta.

    En el interior de la nube de humo la cosa era parcialmente diferente: Marvel intentaba como buenamente podía esquivar los puñetazos —haciendo uso de su capacidad de rastreo—que el Magmar de Blaine le dirigía; no obstante dichas arremetidas no duraron mucho tiempo más, pues enseguida se pudo observar entre la oscuridad como gran cantidad de lucecitas verdes comenzaban a agruparse formando un pequeño núcleo que poco a poco iba creciendo hasta el punto de llegar a estallar, desencadenando que una gran cortina de aire embistiera al Pokémon de Ecko y disipara instantáneamente todo el humo presente.

    Aturdido por lo que acaba de ocurrir, Marvel de nuevo no fue capaz de percatarse de cómo el Magmar volvía a acercarse a él con sus dos puños relucientes con energía dracónida, por ello el impacto que recibió en la cabeza y costado fue inevitable, casi tanto como el hecho de que saliera despedido hasta casi llegar a los pies del chico de los lunares.

    —¡Ánimo, Marvel! —Exclamó el ojiverde a su Pokémon, quien se levantaba del suelo bastante dolido en la mandíbula y costillas, lugares afectados por los golpes. —¡Sol matinal y contraataca con colmillo rayo!
    —¡Magmar, impídelo! —Ordenó Blaine con semblante decidido, aunque si bien la idea de que Marvel pudiera usar el primero de los ataques mencionados causaba en lo profundo de su corazón una especial ilusión.
    —¡Maak!

    La cortina de humo había desaparecido, la visibilidad del campo de batalla había vuelto a la normalidad y gracias a ello Marvel se encontraba envuelto por un brillante aura dorada de cualidades sanadoras; gracias a ello y a la vertiginosa velocidad que el ataque velocidad extrema le brindaba, el canino pudo acercarse sin apenas dificultad hasta el Pokémon de Blaine mientras sus potentes fauces comenzaban a cargarse de chisporroteante energía eléctrica.

    Tras buscar una posición óptima y considerar el momento oportuno, Marvel propinó un potente salto con el que consiguió caer encima del Magmar rival con el fin de hundir en la carne de éste sus eléctricos colmillos; sin embargo esto no fue así ya que las gruesas garras del Pokémon antropomorfo agarraron firmemente las mandíbulas del Arcanine antes de que éste pudiese efectuar su mordida, frenando así el ataque.

    No obstante, no dispuesto a dejar escapar a su rival y aprovechando que su boca estaba plenamente abierta, Marvel dejó escapar un potente ataque lanzallamas que impactó de lleno en el rostro y cuerpo del Pokémon rival, quien abrasado estampó un severo golpe bis en el cráneo del Pokémon de Ecko, empotrándolo contra el suelo y haciéndole soltar agudos aullidos de dolor.

    —¡Buen trabajo, Magmar! —Vitoreó el calvo golpeando con la base de su bastón en el suelo del recinto. —¡Pero aún no hemos finalizado, termina el combate con golpe bis!
    —¡Marvel, en pie! —Exclamó el chico de los lunares sudando por el calor y el temor de ver a su Pokémon sometido bajo los puñetazos rivales. —¡Rápido, compañero, sol matinal y velocidad extrema!
    —¡Auuú! —Aulló de dolor el atigrado perro tras sentir como repetidos golpes impactaban violentamente en su costado izquierdo, haciendo inevitable que pequeñas gotitas de sangre salpicasen el suelo.

    Los golpes seguían sucediéndose bajo la mirada de los espectadores, sin embargo, antes de que un último puñetazo lograse impactar en el maltrecho cuerpo del Pokémon atigrado, éste, haciendo un hercúleo esfuerzo, consiguió aferrar con sus electrificados colmillos el puño del rival, ocasionando que una descarga eléctrica sacudiese por completo el cuerpo del Pokémon del Líder del Gimnasio y paralizase levemente parte de la mitad izquierda de su anatomía, lo que le obligó a detener sus arremetidas.

    Tomando tan solo un único instante para detenerse a tomar una bocanada de aire, Marvel, volviendo a hacer uso de su envidiable velocidad, consiguió estampar un severo cabezazo en el vientre de la salamandra, ocasionando que ésta saliera despedida varios metros hacia atrás y acabase de rodillas de espaldas a su entrenador; no obstante, pese a que la electricidad le resultaba más bien un impedimento, el Magmar de Blaine consiguió volver a ponerse en pie.

    —¡Magmar, haz tu mejor esfuerzo! —Animó el viejo Líder del Gimnasio a su compañero de batallas. —¡Llamarada!
    —¡M-maak! —Gruñó el flamígero sintiendo como la mitad paralizada de su cuerpo comenzaba a pesarle cada vez más y más.
    —¡Marvel, no podemos permitírselo! —Se apresuró a decir Ecko señalando de manera decidida a su rival Pokémon. —¡Lanzallamas!
    —¡Auuuú!

    Magmar rápidamente expectoró desde su pico una bola de fuego de la que enseguida se prolongaron cinco apéndices que daban la sensación de ser una auténtica estrella de fuego, Marvel, por el otro lado, produjo desde su hocico su habitual torrente de llamas; ambos ataques impactaron en el medio del campo creando una explosión algo descontrolada que ocasionó que más de uno se llevara la mano a los ojos para evitar ser cegado.

    Sabiendo que ninguno de los dos había conseguido nada con esos movimientos, Marvel reanudó sus arremetidas haciendo uso de la velocidad extrema mientras el desgaste obligaba a Magmar a hincar una de sus rodillas en el suelo; a escasos metros de su enemigo, el Arcanine del ojiverde propinó un enérgico salto mientras sus colmillos volvían a rebosar de una electricidad dispuesta a ser descargada en el blanco semiparalizado.

    Instantes antes de que los punzantes colmillos se hundieran en su piel, las luces verdes que anteriormente habían sorprendido a Marvel en el interior de la nube de humo volvieron a aparecer alrededor del Pokémon del calvo, las cuales nuevamente volvieron a desencadenar la corriente de viento que elevó al Pokémon canino por los aires y lo dejó caer al suelo desde varios metros de altura.

    —¡Marvel! —El ojiverde no pudo evitar soltar un pequeño grito al observar la altura desde la que había caído su compañero Pokémon. —¡Marvel, sol matinal!
    —G-groao… —Gruñó el cuadrúpedo haciendo un enorme esfuerzo por levantarse, mas parecía que un fuerte dolor en el costado izquierdo no se lo permitía de ninguna manera.
    —¡Magmar, no hay tiempo que perder! —Exclamó Blaine desabrochándose el botón más superior de la camisa, al parecer incluso él estaba comenzando a sufrir ya los estragos del calor y la tensión. —¡Llamarada!
    —¡M-makmaar! —Gruñó el Pokémon bípedo mientras la horrible sensación de sentir cómo su brazo izquierdo quedaba completamente inmovilizado hacía aparición en él.

    Como a duras penas podía, tendido desde el suelo, el aura sanadora volvió a rodear el cuerpo del Pokémon de Ecko y poco a poco fue consiguiendo que parte de su salud mejorara levemente, no obstante, una repetida estrella de fuego atizó al cuadrúpedo y obligó a que su sanación se detuviera de manera drástica.

    Pese a esto, las fuerzas que el sol matinal le habían brindado fueron suficientes para que Marvel pudiera ponerse de nuevo en pie y partir a la carrera usando velocidad extrema, mientras que por el otro lado Magmar había vuelto a generar una nueva cortina de humo y sus brazos volvían a brillar con el místico halo azul oscuro; el impacto ocurrió en las profundidades de la bruma oscura, ambos Pokémon salieron despedidos en direcciones contrarias, acabando cada uno de pie en sus respectivas mitades del campo de batalla.

    —¡Marvel, ándate con cuidado por donde pueda aparecer! —Advirtió el de la piel de lunares a su monstruo de bolsillo. —<<Magmar puede alcanzarnos en cualquier momento atravesando esa nube de humo>> —Se lamentó, pues apenas podía ver la mitad correspondiente de su campo.
    —¡Magmar, último movimiento! —Exclamó el Líder del Gimnasio desde la otra parte de la enorme nube de humo. —¡Llamarada a la máxima potencia!
    —¡Marvel, detenlos! —Ordenó rápidamente el joven natal de la isla. —¡Lanzallamas, al máximo también!

    Los dos ataques de fuego anteriormente realizados volvieron a producirse una vez más, aunque sí se podía apreciar que ambos eran ahora de unas dimensiones muy notablemente superiores; el impacto de las dos técnicas pirómanas volvió a tener lugar en la mitad de la circunferencia presente en el medio de la cancha, generándose esta vez una enorme bola de fuego que no tardó en detonar una fuerte explosión y ocasionó que todo el humo presente en la arena de batalla se expandiera por todo el recinto, ocasionando que la visibilidad fuese ahora cien por cien nula.

    —¡Marvel! ¡Marvel! —Llamaba Ecko a su Pokémon, sin embargo no recibía la más mínima contestación por parte de éste. —¡Marvel! ¿Estás bien, amigo?
    —… —Blaine se mantuvo serio, tan solo pasó la mano por su lustroso bigote para apagar con la punta de sus dedos unas pequeñas ascuas que se había depositado sobre él.

    Conforme los segundos iban transcurriendo la densa humareda iba también perdiendo espesor y poco a poco iba permitiendo a los allí presentes hacerse una idea de lo que podía haber ocurrido.

    Finalmente pudo apreciarse la silueta bípeda de Magmar erguida entre la bruma, con sus dos puños envueltos por el brillante halo azul oscuro, el cual escasos segundos después desapareció, y con él, también la silueta; lo siguiente en escucharse fue el ruido de un cuerpo desplomándose sobre el suelo.

    Samuel, quien sudaba la gota gorda y cuyo rostro se notaba ligeramente ennegrecido por el polvo, humo y las cenizas intercambiadas durante todo el combate, aún no parecía estar dispuesto a decretar un veredicto hasta que la humareda no terminara de despejarse.

    La nube poco a poco fue perdiendo consistencia, gracias a lo cual pudo verse como una leve luz dorada intentaba abrirse paso entre ella y pasados finalmente un par de segundos más, también el resultado de la ronda.

    —¡Magmar está completamente paralizado y debilitado, por tanto no puede seguir combatiendo! —Dictaminó finalmente el referí una vez la nube de humo se desvaneció lo suficiente como para permitir sacar una conclusión.

    Cuando la nube de humo finalmente se disipó, lo que se pudo observar fue el debilitado cuerpo del Pokémon con aspecto de salamandra tendido sobre un exhausto Marvel, quien jadeante, ni siquiera era capaz de poder quitarse de encima el peso que comprimía sus pulmones y dificultaba su respiración.

    —¡Los ganadores del combate por la Medalla oficial del Gimnasio de Isla Canela son Ecko Davenport y Marvel! —Decretó finalmente el peligranate.
    —… —Blaine devolvió a su compañero al interior de su respectiva cápsula y con un elegante gesto de su bastón levantó la parte delantera del sombrero que cubría su rostro.
    —¡Ganaron! —Exclamaron Muse y Naomi desde el graderío al unísono para después abrazarse dejándose llevar por la emoción; Pástor y Víctor Davenport enseguida rompieron a reír de felicidad.
    —¡Marvel! —Fue lo único que dijo Ecko, algo perplejo; no obstante se podía apreciar cómo la alegría comenzaba a apoderarse también de su rostro. —¡Marvel, amigo!

    Antes de poder celebrar como era debido su victoria, el ojiverde en seguida acudió a interesarse por su compañero Pokémon —quien ya no tenía al Magmar comprimiendo sus pulmones— arrodillándose sobre el suelo para poder ponerse a la altura de éste.

    Al notar la presencia de su entrenador gracias al buen olfato, Marvel intentó hacer un esfuerzo por ponerse en pie, sin embargo esto tan solo logró causarle molestia en sus zonas dañadas, es por ello por lo que el canino tan solo se limitó a lamer el brazo de su compañero humano —antes de cerrar por fin los ojos— cuando este acarició su cabeza a modo de agradecimiento.

    Tras hacer regresar al Arcanine al interior de su correspondiente Pokéball, Ecko pudo escuchar unos pasos dirigiéndose hacia él; el golpe de un bastón contra el suelo fue lo siguiente, seguido de una mano que lo ayudó a ponerse de nuevo en pie.

    —Han pasado ocho años desde entonces… —Por fin se decidió a hablar Blaine, su voz sonaba ligeramente nostálgica. —Te conozco bien, Ecko, yo te he dado tu primer Pokémon y acabo de vivir a flor de piel cuánto habéis mejorado desde entonces. —Continuó. —No te voy a decir que esté contento con el resultado de este combate —Vaciló. —, pero tampoco puedo negar que seas digno merecedor de esto; ten, para ti.

    Cuando las palabras de Blaine terminaron y el saludo de ambos entrenadores cesó, el chico de los lunares pudo observar como entre su mano derecha se encontraba ahora un pequeño objeto de color rojo metalizado de forma similar a una pequeña llama; la verdosa mirada del joven se iluminó cuando pudo reconocer que ese pequeño signo era la Medalla Volcán, condecoración que le acreditaba haber ganado aquella candente y reñida batalla de Gimnasio contra quien en un día había sido su mentor.

    Ecko enseguida alzó el pequeño trofeo para que lo pudieran ver en las gradas, todos se mostraban realmente alegres por su triunfo, sin embargo, pese a que la alegría también formaba parte de él en aquel instante, el ojiverde no podía evitar echar en falta a alguien más en aquellos asientos del graderío.


    Gimnasio Pokémon de Isla Canela, 11:36 AM.

    El ruido producido por el motor del vehículo todoterreno que aparcó a escasos metros de la puerta del edificio se detuvo, tras lo cual el traqueteo al que Kaden estaba siendo sometido en el asiento del conductor también cesó.

    Tras quitarse el cinturón de seguridad, el joven se dispuso a bajar del automóvil, sin embargo, antes de hacerlo, una pequeña vibración dentro de uno de los bolsillos de su pantalón lo detuvo; el peliazul no tardó en darse cuenta de que se trataba de su teléfono móvil.

    —Hola, papá —Contestó directamente a la llamada al ver en la pantalla quién era el que la estaba realizando. —; ahora iba a entrar al Gimnasio para ver el combate de…

    Ni siquiera fue capaz de terminar de decir la frase, tan solo volvió a arrancar de nuevo su vehículo y tras pegar un fuerte acelerón, abandonó el recinto anexo al Gimnasio y poco a poco desapareció entre las cada vez más transitadas calles de Isla Canela.

    #2090675 23/11/2013 17:10
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    0Wish0Wish

    # Fecha de alta: 20/08/2008

    # Edad: 26 años

    # Ubicación: Isla Canela

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    Nota: Este capítulo puede contener algunas escenas violentas y diálogos dotados con un lenguaje un tanto soez y malsonante; por ello me veo obligado a anunciar que si quieres leer el capítulo lo hagas bajo tu propia responsabilidad.

    Capítulo 006 — Narcisismo Rocket


    —¡Baja del coche, Nahema! —Exclamó el peliazul una vez salió del vehículo mientras abría la puerta trasera del todoterreno para que su acompañante pudiera salir cuanto antes de él. —¡No podemos perder más tiempo!

    Acompañada por una especie de rugido, rápidamente una elegante leona de pelaje y poblada melena completamente blanca, fiera mirada de írises amarillentos y que alcanzaba sobradamente el metro y cuarenta centímetros de altura surgió de entre los asientos traseros del vehículo y se colocó junto a su entrenador tras ejecutar un grácil salto; una vez estuvo junto a el muchacho se pudo observar con más detenimiento como el extremo final de su cola acababa en una especie de shuriken amarillo.

    Consciente de los acontecimientos que estaban ocurriendo y en vista de la preocupación que parecía carcomer las entrañas de su entrenador, la Luxray de piel albina partió rápidamente a la carrera impulsada por sus potentes extremidades, seguida varios metros atrás por su compañero humano.

    Después de recorrer el tramo de sendero restante —delimitado a ambos lados por la frondosa vegetación de la jungla—, la pareja de entrenador y Pokémon se vio obligada a detenerse ante una enorme verja de metal oxidada que marcaba el perímetro perteneciente al patio de una enorme —y destartalada por el paso del tiempo— mansión, en cuya fachada principal se podían observar como la inmensa mayoría de sus ventanales estaban destrozados y por sus huecos escapaban alguna que otra mustia liana o raíz de considerable tamaño.

    Agarrado a uno de los barrotes de la valla, el chico de los ojos oscuros pudo comprobar también que en el centro de la parcela se podía observar, además de una vieja fuente cubierta de musgo y sin agua que emanar, un enorme vehículo todoterreno de color negro —de mayor tamaño que el suyo— y cristales tintados.

    —Joder, si esto se trata de una broma, es una de pésimo gusto. —Kaden cerró los ojos y, sentado sobre el suelo, apoyó la nuca contra el muro de piedra y hormigón que constituía la base de la verja. —¡Son esos cabrones otra vez!
    —¡Luuxrai! —Comenzó a gruñir la Luxray, pues gracias a su visión infrarroja había logrado detectar a dos amenazas próximas, una humana y otra Pokémon, montando guardia en aquel abandonado recinto.
    —<<Está bien>> —El chico de los ojos oscuros tomó aire para después soltarlo todo de golpe. —No sabemos qué podemos encontrarnos ahí dentro, chica. —Dijo mientras acariciaba la impecable melena de la leona. —Tenemos que estar preparados para luchar en cualquier momento. —Ella asintió.

    Teniendo más que presente que todos los miedos e inseguridades tenían que quedar al otro lado de la oxidada verja, la pareja de Isla Canela consiguió adentrarse en el enorme patio de la mansión gracias a un agujero presente en la base de piedra y hormigón —lo suficientemente grande como para que ambos pasaran sin problemas— y rápidamente intentaron pasar inadvertidos recorriendo en primer lugar (y en completo sigilo) el perímetro de la finca y poco después escondiéndose tras el automóvil allí estacionado, estando Nahema siempre pendiente de la posición de los dos guardias.

    El tiempo en el que tanto entrenador como Pokémon permanecían ocultos tras el transporte parecía transcurrir a una velocidad el triple de lenta, además, a la angustia de la espera también se le sumaba la tensión de tener a los guardianes cada vez vigilando más cerca, hasta el punto de que el peliazul consiguió ver en una ocasión —bajo el chasis del coche— las enormes botas del guardia humano pisotear el suelo, sintiendo en ese instante como la respiración se le aceleraba a pasos agigantados.

    Pendiente de no intentar llamar su atención, Kaden ni siquiera pareció percatarse de que el otro guardián había conseguido olisquear la posición de los dos intrusos y por ello, teniendo lo más seguro en mente la intención de darles un buen escarmiento a base de palos, éste subió al techo del vehículo —tras propinar un enérgico salto— con su puño derecho envuelto en llamas dispuesto a estamparlo en al menos uno de los dos.

    —¡Luuxrra! —Rugió la leona mostrando las afiladas uñas de sus zarpas y lanzándose contra el inoportuno enemigo, ocasionando que tras el impacto ambos cayeran al suelo y, con el estruendo, llamasen la atención del guarda humano.
    —¡Eh! ¿Quién demonios anda ahí? —Exclamó el personaje, quien a pesar de resultar completamente desconocido para el chico peliazul, no lo hubiese sido tanto para su amigo Ecko.

    Apareciendo por delante del capó del vehículo, el gigantesco Beef —vestido con su habitual uniforme negro de soldado Rocket— ordenó rápidamente a su tampoco pequeño Pokémon quitarse de encima a su felina atacante, gesto que éste no dudó ni un segundo en ejecutar asestando un par de puñetazos en sendos costados de la blanca leona, quien no dispuesta a sufrir más daño no tuvo más remedio que verse obligada a soltarlo.

    Tras haber conseguido mantener a raya por unos instantes a su enemigo, Kaden enseguida pudo comprobar como el Pokémon que hacía unos segundos los había atacado se trataba de un sobremusculado bulldog de aspecto rabioso que rozaría el metro y medio de estatura, de completo pelaje violeta —a excepción de por un par de franjas azabaches que se distinguían en su cuello y muñecas a modo de pulseras y collar— y cuyo rasgo más significativo era su enorme mandíbula babeante, de la cual protuberaban dos enormes colmillos de idéntico color al de su piel y otros un tanto más pequeños de color blanco deslucido; aunque no pudiese apreciarlo a flor de piel, su aliento no daba la sensación de oler presumiblemente a rosas.

    En vista de que la Pokémon del peliazul permanecía tirada sobre el suelo en consecuencia de los dos golpes recibidos, el puño derecho del violento Granbull macho volvió a incendiarse de nuevo en llamas dispuesto a volver a ser estampado en su enemiga, sin embargo, antes de que éste pudiese hacer nada, Nahema enseguida se abalanzó sobre él clavando sus afilados colmillos repletos de electricidad en el cuello, ocasionando así que el Pokémon del Rocket se desplomara de rodillas contra el suelo.

    —¡Voy a patearos el culo a los dos, intrusos! —Vociferó Beef haciendo tronar sus gruesos y peludos nudillos. —¡Granbull, levántate y usa fuerza!
    —¡Nahema, esquívalo y rayo! —Ordenó Kaden alejándose de donde se encontraba para poder dirigir mejor el combate y también con la intención de no permanecer demasiado cerca del musculado y tonto Rocket por si a éste le daba por hacer aún más de las suyas.

    Aún arrodillado y con la feroz leona clavándole violentamente sus electrizados colmillos en el cuello, el Pokémon del tipo hada fue capaz —a base de emplear en ello la fuerza bruta— de quitarse de encima a la Luxray agarrándola de las extremidades traseras y lanzándola de manera súbita contra el vehículo todoterreno, ocasionando que tras el golpe las puertas de éste se aboyaran.

    Dolida por el fuerte impacto del golpe, la Pokémon albina consiguió volver a ponerse en pie antes de que su rival se la echase encima y, haciendo uso de su envidiable velocidad, fue capaz de dirigirle una electrizada saeta que logró hacer blanco en el pecho del Pokémon de Beef e impidió que éste volviera a ponerse erguido, dado que una seria parálisis comenzaba a afectar la mitad derecha de su anatomía.

    —¡Joder, a la jefa no la va a gustar nada que nos hayamos cargado la puerta de uno de sus coches! ¡Tú tienes la culpa de esto! —Exclamó el calvo señalando al muchacho de la isla. —¡Granbull, he dicho que te levantes! ¡Ataca con enfado!
    —¡Nahema, esquívalo con ataque rápido! —Se apresuró a decir el peliazul, pues realmente era conocedor de lo brutal que podía llegar a ser un ataque como ese ejecutado por una mala bestia como lo era su adversario.

    A pesar del daño sufrido y aún más a lo dañado que se encontraba internamente su cuerpo a causa de la parálisis por la que se veía afectado, el Pokémon del Rocket consiguió ponerse en pie —envuelto por una chispeante aura rojiza— con los ojos completamente en blanco; haciendo uso de su desmesurada fuerza, el Granbull se dispuso a estampar sus recios puños en el grácil cuerpo de la leona, quien sin embargo conseguía evadirlos haciendo uso del movimiento ordenado por su compañero, dejando tras de sí la típica estela plateada.

    El hecho de no poder golpear correctamente a la Pokémon felina desencadenó que, tras una de las fuertes arremetidas, una de las extremidades superiores del Pokémon Rocket impactase e hiciese un enorme agujero en el armazón que cubría una de las maltratadas puertas del transporte, quedando así atrapada entre los hierros de ésta.

    No suponiendo esto ningún tipo de impedimento, el cabreo al que estaba siendo sometido el canino fue causante de que con tan solo un simple (y brusco) movimiento, la puerta fuese arrancada de cuajo y quedase enganchada en el brazo de éste, causándole serios cortes en el antebrazo; el peliazul no pudo evitar sentirse preocupado por ello.

    —<<Esa puerta puede actuar perfectamente como una cuchilla si decide golpear con ella a Nahema>> —Kaden tragó saliva mientras una fría gota de sudor recorría toda su sien derecha. —¡Escucha, Nahema, tienes que seguir esquivando! ¡No importa por cuanto tiempo, sabes que al final acabará por caer confundido!
    —¡Luux! —Asintió la Luxray albina al tiempo que esquivaba otra arremetida del Pokémon agresor.
    —¡Granbul! —Gruñó el tipo hada mientras zarandeaba inconscientemente su brazo apresado con el fin de liberarlo de entre los hierros, lo que condujo a que numerosas gotitas de sangre producidas por las laceraciones salpicasen a la leona.

    Debido a los continuos y violentos movimientos a los que se veía sometida, finalmente la puerta acabó por ceder y permitió liberarse de ella al Pokémon del tipo hada, con tan mala suerte que en el trayecto acabó por golpear las extremidades traseras de la Pokémon eléctrica; esto ocasionó su tropiezo y condujo a que el violento y descontrolado Granbull impactase de manera salvaje —y en repetidas ocasiones—contra ella, arrojándola bastante malherida varios metros hacia la derecha de donde se encontraba su entrenador.

    A fin de acabar con el combate de una buena vez, el Pokémon del Rocket enseguida se dirigió corriendo —impulsándose ahora por sus cuatro robustas extremidades motrices— hacia donde permanecía tumbada la leona, volviendo de nuevo a atropellar el casi debilitado cuerpo de ésta; tras el impacto, la Pokémon albina salió despedida y terminó por estrellarse contra la magullada carrocería del transporte Rocket.

    —¡Eso es, Granbull! ¡Ahora remátalo! —Gritó el calvo y gigantesco Rocket alzando su gran puño derecho.

    Lleno de cólera y cabreado como una mala bestia, el Pokémon canino aprovechó el débil estado de la leona para continuar asestando puñetazos en los costados de ésta, golpes que consiguieron que desgarrara más de un frío gemido de dolor acompañado por la expectoración de gotitas de sangre.

    A pesar de que Nahema yacía ya completamente debilitada, el Granbull —sin hacer ya para nada uso de la razón en consecuencia a la confusión que generaba el ataque enfado— no consideró haber descargado todavía la suficiente ira, y esto fue motivo por el cual arrancó la otra puerta del automóvil —como si fuese de juguete— con la más segura intención de golpear con ella a la compañera del peliazul.

    Sin embargo, tras alzar el pedazo de carrocería con ambas manos en alto, ocurrió algo que sin duda consiguió desconcertar a los allí presentes, puesto que en lugar de impactar con el pedazo de metal el casi inerte cuerpo de la leona, el Granbull la estampó estrepitosamente contra su cráneo desencadenando que ésta se partiese en dos mitades, tras lo cual ocasionó que el tipo hada cayera al suelo completamente noqueado y con alguna que otra fea brecha en su cabeza.

    Al observar que el enfrentamiento entre los dos monstruos de bolsillo había llegado a su fin, Kaden enseguida partió hacia donde se encontraba su debilitada Pokémon, quien se encontraba haciendo grandes esfuerzos por mantener una respiración estable y cuyo albino pelaje estaba manchado en diferentes zonas por oscuras manchas granates de sangre.

    Con manos temblorosas por el terror que sentía al ver a su compañera en un estado tan lamentable, el peliazul acariciaba la melena de la Pokémon felina para hacerla saber que el combate ya había terminado y que por fin podía descansar; tras pedirla disculpas, el muchacho de Isla Canela optó por hacerla regresar al interior de su Pokéball, teniendo muy en mente que se encargaría de hacérselo pagar al responsable de aquello.

    —¡Vas a tragarte el polvo, chaval! —Refunfuñó el calvo Rocket acercándose hasta donde todavía permanecía arrodillado Kaden, poniéndose mientras una especie de puño americano en los nodillos de su mano derecha y haciéndoles tronar nuevamente.

    En vista de que en un combate cuerpo a cuerpo éste no tendría la más mínima oportunidad de ganar, el chico de los ojos oscuros intentó salir corriendo para poder escapar de la mole que se le venía encima, sin embargo, antes de poder hacer nada por evitarlo, el mastodóntico Rocket consiguió agarrarle fuertemente del brazo —hasta el punto de que Kaden llegó a pensar que le estaba cortando la circulación— y empotró su cabeza contra el capó del masacrado automóvil, aplicándole una gran presión en el cráneo por culpa de los metalizados nudillos que aplastaban su sien derecha.

    —Vaya, vaya… ¡A ver qué tenemos por aquí! —Rió bobaliconamente el calvo mientras toqueteaba cada una de las seis Pokéball que colgaban del cinturón del chico de los ojos oscuros.
    —¡Olvídate de hacer algo a mis Pokémon! —Fue lo que se pudo entender por parte de Kaden, dado que sus aplastados carrillos no le permitían hablar con suficiente claridad. —¡Maldito bastar…! —Intentó asestar una patada como medianamente pudo, sin embargo el Rocket contrarrestó el golpe aplicando mayor presión sobre su cabeza.
    —Si tienes un Pokémon que es solo de color blanco seguro que los demás que tienes también son igual de extraños. —Dijo el Rocket socarronamente. —Si los vendo seguro que me saco una buena pasta por ellos. —Añadió mientras arrancaba las Pokéball, una a una, del cinturón del joven. —Dime tú ¿Qué saldrá si abro esta?

    Tras volver a abrir los ojos después de haber sido cegado por la emisión de luz provocada por la Pokéball que había “tomado prestada” del cinturón del muchacho, Beef pudo comprobar por sí mismo como frente a él se había materializado un ente levitante y de gomosa piel púrpura que lo miraba fijamente con sus penetrantes y tétricos ojos triangulares, al mismo tiempo que se relamía su fantasmal boca con una enorme y pegajosa lengua rosada aparentemente recubierta por una viscosa capa de saliva.

    Lo que completaba la irregular anatomía de este ser —conocido como Haunter— eran dos puntiagudas y frías manos de tres dedos cada una y una especie de “espinas” que protuberaban desde su espalda, las cuales, al parecer, podía cambiar de tamaño a su gusto.

    —¡Joder, qué repelús me da! —Vaciló con cierto sarcasmo Beef al presenciar como la tétrica mirada del Pokémon de Kaden se cruzaba con la suya. —Fantasmas a mi… ¡Ahora vas a ver!
    —¡Ozzy! —Exclamó el aplastado peliazul al observar lo tonto había llegado a ser el Rocket enemigo solo por el hecho de haber liberado a uno de sus compañeros Pokémon. —<<Al final voy a tener que darte las gracias y todo, grandullón>> —Kaden sonrió maliciosamente.
    —¡Joon! ¡Joon! —Pronunció el fantasmagórico monstruo de bolsillo al ver como su entrenador permanecía aplastado por el puño derecho de semejante gorila.
    —¡Toma puño, cabrón! —Gritó el Rocket mientras con su puño izquierdo intentaba golpear al ente fantasmal, sin embargo, fracasando en el intento, puesto que tras el golpe recibido el cuerpo de éste se desvaneció y posteriormente regeneró sin sentir dolor o molestia alguna.

    En vista de que si no hacía algo pronto por ayudar a su entrenador éste acabaría seriamente lastimado, el ente fantasmal —haciendo buen uso de su pícara personalidad— comenzó a juguetear con el robusto Rocket atravesando una y otra vez su enorme cuerpo sin demasiado impedimento gracias a su consistencia gaseosa; esto ocasionó que en el proceso varios escalofríos recorriesen cada centímetro cuadrado de la anatomía del calvo, y que fueron los que le obligaron a liberar al peliazul, provocando que éste se derrumbase estrepitosamente sobre el suelo víctima de una horrible jaqueca.

    Sabiendo lo asustado que se encontraba, Ozzy decidió volver a penetrar de nuevo el cuerpo del soldado Rocket con la diferencia de que esta vez no decidió atravesarlo, sino quedarse en el interior de éste.

    Aterrado por albergar en sus entrañas una criatura fantasmal, el estúpido de Beef se arrancó el jersey que conformaba la parte superior de su uniforme con la intención de agarrar con ello al ente espiritual, sin embargo solo consiguió que éste se riese y asustase más al humano; cuando consideró que la broma había durado lo suficiente, el Pokémon del peliazul volvió a salir del cuerpo enemigo y enseguida le pegó un fuerte lametón en la cara del Rocket, dejándole todo el rostro sudado y pegajoso —además de con una expresión aterrada.

    Al observar que el calvo estaba completamente paralizado por el terror, el Haunter de Kaden no dudó en iluminar sus triangulares ojos con un brillante halito azulado que poco a poco se fue apoderando también de sus fantasmales manos, tras lo cual, realizó con ellas una especie de movimiento hipnótico que ocasionó que el dueño del Granbull entrara en un estado somnoliento que acabó por dejarlo completamente dormido sobre el suelo.

    —Buen trabajo, Ozzy… —Agradeció Kaden a su compañero mientras se ponía de nuevo en pie y recogía del suelo todas las Pokéball que el calvo le había arrebatado de su cinturón instantes atrás. —<<Joder qué dolor de cabeza>> —Se lamentó llevándose ambas manos a las sienes. — ¿Qué crees que deberíamos hacer con este tipo?
    —¡Joon, joon! —Rió el fantasma acercando su rostro al del agresor y haciéndole una fea y tétrica mueca a modo de burla.
    —No creo que eso que propongas sea una buena idea, Ozzy. —Dijo el muchacho a su Pokémon, pues aun no sabiendo qué era lo que éste le había dicho, sí que podía llegara a imaginarse lo que pretendía. —Aunque por otro lado se trata de uno de esos jodidos Rocket —Añadió mientras observaba el cuerpo del calvo tendido sobre el suelo. —, no veo por qué tendría que portarme bien con él.

    Tras realizar un esfuerzo algo fraudulento por intentar amordazar al Rocket con los harapos a los que había quedado reducido su jersey, el peliazul tomó asiento en el terroso suelo de la finca para intentar recuperar el aliento después de todo lo vivido, llevándose las manos a la sienes y apoyando su espalda en uno de los neumáticos del destartalado vehículo todoterreno; pese al cúmulo de acontecimientos, el muchacho consiguió poner la mente en blanco por unos instantes.

    Siendo consciente de que algo preocupaba a su compañero humano, pero sin saber a ciencia cierta qué era lo que lo hacía estar así, el Pokémon fantasma se acercó hasta éste y, haciéndole la misma mueca que anteriormente le había hecho al dormido Beef, consiguió arrancarle una pequeña sonrisa que animó al muchacho a volver a ponerse en pie.

    —Creo que nadie mejor que tú conoce esta mansión, a fin de cuentas te criaste aquí. — Kaden soltó una leve sonrisa mientras se ponía en pie y sacudía el polvo de sus viejos vaqueros. —Debes ser consciente de que hay demasiadas cosas en juego ¿Crees que podrás guiarme una vez estemos allí dentro?
    —¡Jooooon! —Rió el Haunter marcando el rumbo, junto a su entrenador, al interior de la lujosa y abandonada mansión.


    Vernes, 19 de Junio, Mansión Pokémon, Isla Canela, 11:57 PM.

    Unas altísimas estanterías repletas de libros de todo tipo cubrían tres de las cuatro enmohecidas y desgastadas paredes de la enorme, abandonada y polvorienta habitación en la que, a pesar de esto, la cálida luz del sol del mediodía conseguía filtrarse por las innumerables grietas presentes en el techo o ventanales, dándola de esta manera un aspecto algo menos lúgubre de lo que en verdad parecía tener.

    El resto del mobiliario de lo que en tiempo pasados sin duda fue una maravillosa biblioteca privada, permanecía tapado por grandes sábanas blancas roídas en las esquinas y desgastadas por el paso de los años; afortunadamente dichas prendas habían conseguido que los muebles no se viesen demasiado dañados, como se podía comprobar gracias un lujoso sillón de cuero verde —bastante amplio— que miraba hacia una chimenea ubicada en la pared del fondo, de tal manera que el hombre que entró en la habitación no pudo saber si había o no alguien sentado en él hasta que no se decidió a preguntar.

    —Aun sigo sin entenderlo… —El elegantemente vestido sacudió la cabeza mientras apartaba la sábana que cubría un viejo sofá, se sentaba en él y comenzaba a fumarse un cigarrillo. —Si tan interesada estaba en el muchacho ¿Por qué no ha tenido las narices de venir ella misma a por él?
    —Tenía cosas que hacer con su equipo de investigación. —Contestó una voz ronca desde detrás del sillón que miraba a la chimenea. —Últimamente no sale de ahí, ya sabes lo liados que están todos por los laboratorios desde que trajeron esas estúpidas muestras de proteínas.
    —<<Desde que yo traje, viejo verde>> —Fue lo que enseguida pasó por la cabeza de Pesth. —Mejor veámoslo desde otra perspectiva. —Continuó diciendo. —Si han acabado pasándote todo el marrón a ti ¿Por qué es entonces que no has traído a tus propios hombres? —Preguntó. —Incluso yo mismo podría haberme hecho cargo de esta misión si me lo hubiese pedido; lo que ocurre es que esa zorra quiere mi ruina.
    —Desde luego sabes que no la faltan motivos, Pesth; quizás te esté dando una segunda oportunidad. —Rió la voz del misterioso hombre. —¡Eh, Niva, bonita! ¿A dónde te vas? ¿Es que quieres irte a jugar un ratito?

    Tras pegar un pequeño salto que la permitió bajar desde las rodillas en cuyo regazo descansaba, una pequeña criatura con aspecto de hurón, fino pelaje de color crema —menos en la espalda y en algunos de los anillos que adornaban su frondosa cola, pues ahí era de color marrón ligeramente oscurecido— y pequeñas extremidades redondeadas comenzó a corretear entre los viejos muebles de la habitación, parándose a oler de vez en cuando algún que otro objeto con su achatado hocico; esto ocasionaba que la pequeña Furret no pudiese evitar estornudar a causa del polvo, tras lo cual siempre se peinaba sus pequeñas y puntiagudas orejas coquetamente.

    Seguido a ella, la persona que había permanecido sentada en el lujoso sillón durante toda la conversación también se levantó y depositó en la estantería más cercana a él un libro que aparentemente había estado leyendo.

    El misterioso hombre se trataba de un varón de aproximadamente cincuenta años, de roñosa melena rubia ligeramente ensuciada —con alguna que otras rastas— y barba de las mismas condiciones; su rostro iba cubierto por unas estrafalarias gafas de sol circulares de pasta blanca y vestía además una camisa del mismo color plagada de remaches circulares metálicos que llevaba arremangada descuidadamente, de tal manera que se podía diferenciar como ambos brazos estaban cubiertos completamente por tatuajes.

    El resto de su particular vestimenta lo completaban unos apretados vaqueros roídos en los bajos, unos botines de cuero marrones y un siniestro bastón de madera oscura cuya empuñadura era una clavera con una “R” roja pintada en la frente y ojos de diamante, los cuales también estaban incrustados en los casi innumerables anillos que cubrían sus dedos.

    —¡A la mierda las segundas oportunidades! Sabes que siempre está mejor si alguien hace el trabajo sucio por ti. —Contestó Pesth tras apagar su cigarrillo y arrojarlo a sus espaldas con un ligero golpe de dedo. —Aun así me resulta extraño de creer… —Murmuró. — ¡El mismísimo Rob Barthel, quien un día fue Comandante del segundo escuadrón, siendo manipulado por mujeres!
    —Pues explícame cual es la diferencia entre tú y yo hora mismo. —Meditó el Rocket dueño de la curiosa Furret. —En mi caso Scarlett es Scarlett, y Kalindra siempre ha sido mi niña pequeña, por lo que no me importa hacerme cargo de algunos de sus asuntos siempre y cuando me lo pida y éstos no sean demasiado sucios. —Rió mientras su rostro se sonrojaba y adquiría una expresión mucho más risueña a la par que cómica; hizo una breve pausa. —¿Pero en el tuyo?
    —<<Viejo verde cabrón>> —Pensó maliciosamente, pues sabía que en el fondo no le faltaba razón. —Recuérdame que cuando vuelva a conseguir mi ascenso no acabe convirtiéndome en alguien como tú. —Dijo de mala gana mientras sujetaba con los labios otro cigarrillo, volvía a encenderlo con una cerilla y expulsaba el humo hacia el techo como si de una chimenea se tratase.


    Gracias a que su gaseoso cuerpo le permitía atravesar —como ya había demostrado—cualquier tipo de objeto o superficie sin apenas realizar esfuerzo alguno, Ozzy volvió a aparecer de nuevo junto a su entrenador —quien esperaba sentado en los escalones de acceso a la vivienda— tras cruzar la roñosa puerta de la mansión después de haber estado inspeccionando durante un buen par de minutos el interior de ésta con el fin de detectar si había alguna amenaza similar a la que desgraciadamente habían tenido que hacer frente, para así poder evitarla.

    Tras intentar hacer entender a su compañero humano que aparentemente el piso principal de la mansión parecía estar libre de peligros, la extraña pareja —armándose nuevamente de valor— optó por acceder al interior del inmueble, entrando Kaden por una vieja ventana sin cristal cercana a la puerta principal y su Haunter volviendo a atravesar la deteriorada pared de la fachada principal.

    Si bien la decoración no distaba mucho de la de la biblioteca en la que habían intercambiado anteriormente palabras los dos Rocket, al tratarse de una habitación principal se podían diferenciar diversos cuadros colgados en las viejas paredes —cuyo papel empezaba a despegarse en algunos sitios—, alguna que otra estantería con exquisitas vajillas, así como una elegante lámpara de araña en pleno centro sobre lo que parecía ser una amplia mesa de comedor, cubierta también —como el resto del mobiliario— por una vieja sábana blanca.

    —Ozzy, ve al piso de arriba y pega otro vistazo, si ves algo fuera de lo común no dudes en avisarme ¿De acuerdo? —Ordenó el peliazul a su Pokémon a fin de poder evitar encontrarse con alguien indeseado dentro de la mansión.
    —¿Joon? —Gruñó el espectro gaseoso sintiendo quizás algo de preocupación por el hecho de dejar solo a su entrenador en un lugar así.
    —Por mí no te preocupes, Ozai estará aquí conmigo. —Intentó tranquilizar el muchacho de los ojos oscuros a su monstruo de bolsillo. —Ahora ve arriba, por favor, no podemos permitirnos perder más tiempo.

    De esta manera, mientras el Pokémon fantasma levitaba cada vez más hasta el punto de desaparecer tras fundirse con el propio techo de la habitación, el chico de Isla Canela optó por liberar de su correspondiente Pokéball al flamígero reptil para evitar estar solo en caso de ser atacado, quien una vez fuera no pudo evitar sentirse asqueado por el lugar en el que se encontraba y por ello —cruzándose de brazos— optó por sentarse sobre el polvoriento suelo sin tener apenas cuidado de si la llama de su cola tocaba algún objeto que pudiese prender.

    Por este despreocupado gesto fue por el que Kaden no dudó en llamar la atención del Pokémon de fuego, quien con cierta pesadez volvió a ponerse otra vez en pie mientras soltaba un profundo suspiro de resignación y tras esto, con cierta desgana, se puso a cotillear entre los objetos que se encontraban esparcidos en la estancia, parándose a juguetear por unos instantes con un pequeño ratón de pelaje morado —color crema en el vientre—, de pronunciado incisivos que había salido de debajo de un sofá.

    Mientras Ozai olisqueaba al Rattata salvaje para saber si se trataba de un amigo o enemigo, en el piso superior a donde se encontraban los dos compañeros comenzaron a escucharse fuertes ruidos que daban la sensación de que algo fuera de lo común estaba ocurriendo, pues estos se asemejaban bastante a fuertes pisotones y golpes contra el suelo, además de que también podía escucharse algún que otro gruñido.

    Olvidándose completamente de su espontaneo amigo, el Pokémon de Kaden achicó sus pupilas y, tras asomar los puntiagudos dientes de su mandíbula, se acercó hasta donde se encontraba su compañero humano soltando un desafiante gruñido, estando plenamente dispuesto a combatir y aún más a proteger al muchacho.

    Finalmente, tras un par de prolongados minutos de agonía intentando averiguar qué era lo que podría estar pasando sobre sus cabezas —y deseando que no fuera lo que ambos realmente pensaban—, una porción del destartalado techo cedió estrepitosamente a escasos metros de donde permanecía la pareja, levantando tras de sí una enorme nube de polvo y cenizas y dejando además una considerable montaña de escombros en medio de la habitación.

    Apenas la nube de polvo consiguió despejarse levemente, de la pila de maderas y piedras grisáceas apareció un recio crustáceo de puntiagudo exoesqueleto anaranjado que posiblemente superaba el metro y treinta centímetros de altura y cuyo rasgo más significativo era su pinza izquierda —la cual era enorme en comparación con la derecha— además de su prominente mandíbula y sus dos grandes y redondeados ojos.

    —¡Kuki ku! —Gruñó el inesperado Kingler girándose hacia la pareja y liberando desde su boca un potente torrente de agua hirviendo que afortunadamente ambos lograron evadir.
    —¡Char, chaar! —Contestó Ozai a la par que expectoraba una potente bocanada de llamas que acabaron impactando en la tenaza de mayor tamaño del cangrejo, la cual éste empleó como escudo; sin embargo, si bien esto no logró dañarle demasiado, sí consiguió hacerlo retroceder un par de metros.

    Cabreado por el ardor que le provocaban las pequeñas quemaduras que habían comenzado a formarse en su enrome pinza, el malhumorado cangrejo envolvió su mencionado apéndice con una gruesa cortina de agua, la cual no dudó en estampar contra el Pokémon reptil.

    Sin embargo, haciendo uso de su agilidad, éste logró evitar el impacto y desencadenó que el golpe lo recibiera la montaña de tablas y cemento que había caído del techo, ocasionando que todos los escombros se esparcieran por la habitación y que con ello quedase a la vista el debilitado cuerpo de Ozzy, quien había permanecido todo el rato bajo éstos y mostraba además feos síntomas de abrasamiento en determinadas partes de su gomoso cuerpo.

    —¡Joder, Ozzy! ¿Qué te ha pasado? —Exclamó el peliazul preocupado por el lamentable estado de su compañero; instantes después lo hacía regresar a su Pokéball. —¡Ozai, tenemos que evitar usar ataques de fuego! —Pidió a su actual monstruo. —Ya tenemos suficiente con los jodidos Rocket como para encima tener que tratar otro incendio.
    —¡Chaaar! —asintió el Charmeleon mientras extendía sus puntiagudas garras y éstas poco a poco se envolvían con una chispeante aura de color verde amarillento.
    —¡Kuki ku, ku! —Gruñó el cangrejo enemigo volviendo a empapar completamente de agua su enorme garra izquierda, la cual esta vez sí logró impactar contra las del reptil, causando que tras el impacto se liberase una ligera onda expansiva.

    A causa de la potencia generada por el intercambio de fuerzas entre los dos ataques, los dos monstruos de bolsillo se vieron obligados a retroceder un par de metros, momento que el pesado cangrejo aprovechó para poder recuperar el aliento; no obstante, convencido de que si estaba participando en un combate era para acabar siendo proclamado ganador, Ozai volvió a repetir su ataque garra dragón mientras se lanzaba contra el cuerpo del Kingler enemigo, quien cansado —pero dispuesto a cumplir sus objetivos—, consiguió súbitamente golpear al Pokémon de fuego con su recia e hidratada pinza y lanzarlo varios metros atrás contra una estantería, la cual, tras el impacto, se derrumbó encima de éste, produciendo un desagradable ruido cuando todas las cuberterías chocaron contra el suelo.

    Estando ahora completamente desprotegido, en un auto reflejo del peliazul, éste se vio obligado a volcar un polvoriento sofá del salón para poder ocultarse tras su respaldo ya que nuevamente el Pokémon del tipo agua dirigió otro peligroso ataque escaldar contra él; no obstante, al ser consciente de que no había dado satisfactoriamente a su blanco, el crustáceo anaranjado consiguió acercarse hasta el mueble que ejercía de barricada y logró partirlo en dos como si de una simple ramita se tratara con un severo golpe de su tenaza, gastando algo de tiempo después en hacer trizas los pedazos más grandes que habían quedado, oportunidad que Kaden enseguida aprovechó para ir a socorrer a su sepultado compañero.

    —¡Aguanta, Ozai! —Exclamó el peliazul apretando fuertemente los dientes en un esfuerzo por levantar el pesado mueble que había sepultado a su compañero Pokémon. —¡Voy a sacarte de ahí abajo!
    —¡Gruao! —Un intimidador rugido se pudo escuchar desde debajo de la pesada estantería, la cual poco a poco comenzó a resultar más liviana para el muchacho que la estaba levantando dado que una luz parecía estar empujando bajo ésta.

    Realizando una fuerza difícil de contrarrestar que ocasionó que el de los ojos oscuros se diese de bruces con el suelo, quien anteriormente había quedado enterrado bajo el pesado mueble como Charmeleon, había logrado escapar de ella transformado en un majestuoso dragón de escamosa piel anaranjada —algo más clara que la de su etapa evolutiva anterior— a excepción de su zona ventral, puesto que era de una tonalidad más amarillenta.

    La criatura en cuestión rozaría sobradamente el metro ochenta de alto y quizás los tres metros y medio de largo, tomando como referencia, claro está, desde la punta superior de los dos cuernos protuberantes en su nuca hasta el final de su cola, donde al igual que en su forma anterior, también ardía una brillante llama.

    Tras desplegar sus dos lustrosas alas de membrana verde oscura, el recién evolucionado Charizard, alzó el vuelo dentro de la sala dejando tras de sí una brillante estela plateada e intentando como bien podía esquivar los muebles de la sala, tras lo cual logró encajar en el pecho del enfurecido cangrejo enemigo un aéreo golpe que ocasionó que éste saliese despedido al exterior violentamente, destrozando con el golpe parte de la pared cercana a la puerta, y acabando completamente debilitado cerca del dormido Beef.

    —<<Al fin evolucionaste, amigo>> —Sonrió Kaden acercándose hasta su jadeante Pokémon de los tipos fuego y volador. —¡Joder, mi espalda! —El joven se vio obligado a detenerse a medio camino azotado por un dolor en la zona lumbar ocasionado tras su reciente caída.
    —¡Chaaar! —Gruñó el Charizard acudiendo hasta donde su entrenador se encontraba para ofrecerle como apoyo su larga y robusta cola.
    —Ozai… —Murmuró el muchacho de los ojos oscuros mientras miraba cara a cara a su nuevo compañero. —Vamos a por esa panda de cabrones. —Exclamó poniéndose en pie y apretando fuertemente sus puños. —¡Por Nahema! ¡Por Ozzy! ¡Y por…!
    —¡Y por todos mis compañeros! —Contestó burlona una vomitiva voz, desgraciadamente conocida para ambos, desde sus espaldas; una voz que para nada traía a ambos buenos recuerdos. —Rayo carga. —Ordenó tras chasquear sus dedos.

    Apenas pudo escucharse la orden, un fino rayo electrizado cruzó el amplio salón de la vivienda e impactó violentamente en el cuello del dragón, obligándole a soltar un gruñido de dolor y ocasionando que se desplomara sobre el maltratado suelo; tras intentar ponerse otra vez en pie, un repetido rayo volvió a azotarlo nuevamente y consiguió dejarlo tumbado de forma permanente, aunque no debilitado.

    —¡Tú! ¡Serás hijo de...! —Gritó Kaden para poco después salir corriendo contra el individuo que había proclamado esas palabras con el fin de darle su bien buscado merecido.
    —¡Alakazam, usa psíquico! —Proclamó Pesth con una tranquilidad absoluta, demostrando así su prepotencia.

    Como era de esperar por parte de los Rocket, el lengua-afilada de Pesth, iba acompañado por el joven recluta Rocket Haxe y un antropomorfo Pokémon de metro y medio de estatura y piel amarillenta, cuya sobredimensionada cabeza contenía los pequeños y algo siniestros ojos de ese Pokémon, además de largos y anchos bigotes, uno a cada lado, que lo denotaban con un viejo macho; sus tétricas manos sujetaban grácilmente una plateada y mística cucharas respectivamente, además determinadas zonas de su cuerpo como rodillas, torso y antebrazos estaban protegidos por lo que parecía ser una ligera cubierta de piel marrón.

    Antes de que tanto el peliazul como su Charizard pudieran comenzar un nuevo combate, el Pokémon del tipo psíquico —después de realizar un estilizado movimiento de sus dos cubiertos— consiguió que la pareja natal de la isla comenzara a levitar envuelta en un brillante manto púrpura que consiguió desmayar al peliazul; no obstante, Ozai intentaba liberarse de la mística fuerza que lo sujetaba a base de usar su ataque lanzallamas, sin embargo lo único que consiguió fue que el Pokémon del Rocket lo golpeara violentamente contra los ornamentos de la habitación —así como contra el suelo, las paredes y el techo—y finalmente acabase por caer debilitado.

    —Encárgate de llevarlo al piso de arriba ¿Quieres? —Ordenó fríamente Pesth mientras indicaba a su Pokémon que cesara el ataque, ocasionando que ambos cayeran de golpe contra el polvoriento suelo y las Pokéball de Kaden rodasen por la sala. —Recoge eso también —Dijo a Haxe encendiéndose otro cigarrillo. —, y al debilucho de tu Pokémon.
    —¡A la orden, Pesth! —Contestó el joven recluta algo molesto por el comentario realizado sobre su Kingler y ya no vestido como un buceador, sino como un auténtico soldado Rocket.


    Un fuerte golpe retumbó por toda su cabeza provocándole una jaqueca un poco mayor a la que llevaba sufriendo desde que el tonto de Beef había aplastado su sien sobre el capó del todoterreno; ligeramente inconsciente, el muchacho trató de mover sus brazos y piernas, sin embargo le resultaba imposible, tan solo sentía como una áspera correa apretaba sus extremidades causándole una molestia mayor.

    Finalmente, cuando éste logró recuperar el sentido, pudo reconocer —en la medida de lo posible— que se encontraba en una polvorienta biblioteca, sin sus preciados Pokémon colgando de su cinturón y vigilado por el lengua-afilada de Pesth.

    —¡Mira quien se despierta! Que tipo más duro eres ¿Eh? —Dijo Pesth poniéndose de cuclillas y exhalando el humo de su cigarro sobre la cara del peliazul. —¿Recuerdas cuando te dije que no estaba bien hacerse el héroe contra el Team Rocket? —Continuó diciendo mientras con la punta de su zapato movía el magullado rostro del peliazul, para poco después propinarle un pisotón sobre el mentón. —¡Pues esto es lo que te pasa por hacerlo!
    —Mi padre, qué has hecho con mi padre… —Fue lo único que pudo decir el de los ojos oscuros con un ligero hilo de voz mientras la boca comenzaba a saberle cada vez más a sangre.
    —Su padre, dice. —Rió a carcajadas dirigiéndose a los dos Rocket que allí le acompañaban, siendo uno Haxe y el otro un todavía dormido Beef. —¿De verdad te importa tanto lo que hayamos hecho con él?
    —Donde está mi padre… —Logró repetir Kaden, después lanzó un fuerte escupitajo de saliva y sangre sobre las bermudas moradas de Pesth, gesto que sin duda le molestó y le hizo entrar en cólera.
    —¡Jodido incordio! —Exclamó Pesth enfurecido mientras comenzaba a propinar una severa paliza a base de patadas al peliazul. —¿Quieres saber donde está tu padre? ¿De verdad quieres ver que voy a hacer con él? —Dijo enajenado. —¡Beef, despierta de una puta vez y tráelo aquí!

    En vista de que el grandullón todavía permanecía afectado por la hipnosis, Haxe enseguida se apresuró a realizar en su lugar la orden que Pesth le había asignado a fin de evitar una fea disputa.

    Tras correr una cortina que aparentemente comunicaba la sala de la biblioteca en la que estaban con otra anexa a dicha habitación, el recluta Rocket apareció acompañado del Swampert contra el que habían luchado anteriormente en Ciudad Carmín y quien llevaba en estos mismos instantes a una figura demasiado conocida para él, amordazada en brazos y piernas y con los ojos cubiertos por una cinta negra; mostraba además claros síntomas de haber recibido, al igual que su hijo, una paliza por parte de los Rocket.

    Sin tener mucho cuidado de si le hacía daño o no, el Pokémon anfibio depositó a Braham Onoda sobre una polvorienta silla mientras Haxe, siguiendo las órdenes que Pesth le estaba dando, le descubría los ojos para que pudiera ver, con horror, como su hijo estaba siendo víctima de una soberana paliza por el mero hecho de haber acudido a rescatarlo.

    —¿Qué se siente al ver cómo dan una paliza a tu hijo y no poder hacer nada por evitarlo? —Se burló el lengua-afilada tras arrear un último pisotón al peliazul casi en la boca del estómago, lo que le llevó a escupir unas gotas de sangre. —¡Esto es por lo que esa zorra me quitó hace diez años!
    —¡Déjalo en paz! ¡Quítame estas cuerdas y pelea contra mí como un hombre! —Gritó Braham enfurecido al presenciar el horrible espectáculo al que había estado siendo sometido su hijo. —¡Vamos, solo eres pura basura de Rocket!
    —¡Ah, el amor de un padre! —Rió Pesth mientras se acercaba hasta el hombre amordazado con paso lento. —¿Por qué no cierras la boca y disfrutas un poco más del espectáculo? —Vaciló. —Tú, haz que se calle. —Ordenó a Haxe.
    —… —Éste no contestó, tan solo obedeció y se apresuró en atar en torno a la boca del marinero la cinta que previamente había tenido cubriendo sus ojos.

    Dispuesto a seguir con el macabro espectáculo, Pesth se dirigió hacia donde permanecía tirado el peliazul, sin embargo la presencia del Administrador Rob lo detuvo en el acto; el estrafalario hombre, sin haberse percatado de lo anteriormente ocurrido, se agachó para observar con mayor detenimiento la linchada cara del joven de Isla Canela, a lo que simplemente contestó con un suspiro de resignación.

    —La verdad es que se me hace difícil reconocerlo con tantos golpes en la cara ¿Seguro que es este el muchacho que buscábamos? —Preguntó el estrambótico Rocket acercándose hasta donde se encontraba el lengua-afilada.
    —El cabrón se los merecía. —Pesth se mantuvo serio, tan solo se desabrochó el botón superior de su camisa morada para intentar refrescarse después de todo el empeño que había puesto en la paliza, después ladeó el cuello para hacerlo crujir.
    —¡Muchacho! —Exclamó el Administrador intentando captar la atención de Haxe. —Despierta a tu compañero y limpiad todo este desastre ¡Absolutamente todo! —Ordenó con un tono de voz realmente serio, no parecía el mismo que había estado antes en la biblioteca. —¡La misión ha concluido, nos vamos!

    Dispuesto a escaquearse, el lengua-afilada optó por largarse rápidamente de la biblioteca, sin embargo una vez más fue detenido por su superior —frenándole con el bastón—, quien le acercó los labios al oído.

    —Dime pues solo una cosa, Pesth. —Dijo en un tono tan solo perceptible para ellos dos. —¿Qué es entonces lo que tú te mereces?


    Comunidad de viviendas, Isla Canela, 22:32 PM.

    La luna llena estaba aquella noche especialmente bonita, ésta se veía esplendorosa en el despejado cielo nocturno sembrado de estrellas mientras desde las profundidades del bosque cercano al sendero de acceso a la urbanización se podían escuchar los ruidos producidos por los Pokémon nocturnos —la mayoría del tipo bicho— que salían a vivir, a su modo, la vida de la noche.

    Pese a que la temperatura había descendido un par de grados más de la cuenta con la llegada del ocaso, el buen tiempo invitaba a pasar un rato en la calle, principal motivo por el cual tanto Ecko como su hermana permanecían sentados en un mullido sofá-columpio ubicado en el porche trasero de su casa, analizando la batalla de Gimnasio que el ojiverde había tenido durante el día.

    —¡Toc, toc! ¿Puedo pasar? —Una voz conocida para ambos los interrumpió.

    Tras cruzar la puerta que comunicaba el interior de la vivienda con el lugar en el que se encontraba la pareja de hermanos, Muse hizo aparición acompañada por una Pokémon cuadrúpeda de rasgos similares a los de un pequeño zorro, dado que poseía unas alargadas orejas puntiagudas y una elegante cola esponjosa de color amarillento que contrastaba a la perfección con el cálido color anaranjado de su corto pelaje.
    Dicha Pokémon no era nadie más que Astra, la Flareon que había evolucionado hacía ya algunos años atrás de la pequeña Eevee que Muse recibió de las manos de Blaine el mismo día que Ecko recibió a Marvel.

    —¡Ah, hola, Muse! —Saludó amablemente Naomi mientras se apartaba del extremo derecho del sofá para poder hacer un hueco en él a la recién llegada. —Sí que hacía tiempo que no nos sentábamos los tres a charlar en este sofá ¿Verdad?
    —Verdad. —Contestó su hermano esbozando una ligera sonrisa. —¡Eh, Clove! ¿Por qué no vas a jugar un rato al jardín con Astra? —Añadió dando un ligero golpecito a la nombrada, quien dormía como habitualmente solía hacer, sobre las rodillas de éste.
    —¡Sniii! —Bostezó la comadreja algo molesta por tener que abandonar su lugar favorito y aún más por tener que soportar a la Flareon. —Sniii… —Finalmente se resignó a aceptar la orden de su querido entrenador y saltó del regazo de sus piernas.

    Después de que las dos Pokémon dejaran a sus respectivos entrenadores para ir a hacer lo que se las había ordenado, los tres jóvenes comenzaron a charlas animadamente aprovechando, como bien había mencionado, que hacía mucho tiempo que no lo hacía.

    —¿Cuándo piensas continuar con tu viaje, Ecko? —Preguntó la pelirroja mientras se despojaba se sus zapatillas All-Star rojas y ponía sus descalzos pies sobre el mullido cojín del asiento. —La Liga Pokémon empieza en Julio y si no te das prisa no tendrás las ocho medallas para entonces.
    —Lo cierto es que había planeado viajar junto a Kaden a Ciudad Verde para desafiar al último Líder de Gimnasio —Contestó el ojiverde. —; aunque a decir verdad también acordamos que hoy vendría a ver mi batalla contra el viejo.
    —<<Cierto, Kaden>> —El nombre del nombrado enseguida apareció en la mente de la morena. —La verdad es que hace ya varias semanas que no sé nada de él, desde que vino a retar a Blaine. —Añadió, llevándose la mano a la boca para intentar frenar un bostezo.

    Consciente de que el sueño comenzaba a hacer ya un efecto notable en ella, la menor de los Davenport optó por adentrarse en la vivienda, dejando solos a los dos viejos amigos sentados en el sofá-columpio del porche.

    —Lo que pasa es que, verás, voy a pasar el verano estudiando en la Escuela de Criadores de Ciudad Celeste y había pensado que podríamos viajar los dos juntos. —Se atrevió a decir la pelirroja. —Bueno, solo hasta que llegues a Ciudad Verde, luego continuaré sola.
    —Lo dudo mucho. —Fue la respuesta seria y rápida de Ecko, tras lo cual Muse le atizó un golpe con el puño en su hombro derecho. —¡Ah, que era broma, idiota! —Se lamentó mientras agarraba la parte golpeada. —¡Ahora me saldrá un moratón!
    —Eso te pasa por decirme que no. —Dijo la pelirroja arrugando los labios. —¿Entonces sí que nos dejas ir?
    —¿Acaso tengo otro remedio? —Rió el ojiverde bajo la ilusionada mirada de su amiga.
    —¡Será un viaje genial! —Exclamó excitada la ojiazul, abrazando ahora a su amigo y después dándole un pequeño beso en la mejilla derecha. —¿Oíste lo que dijo Ecko, Astra? —Se dirigió a su Pokémon.
    —¡Flao, flao! —Gruñó la vulpina, alegre por conocer la noticia.

    No muy contenta con la idea de que una chica más viajase junto a su amado entrenador, Clove se cruzó de brazos y optó por sentarse en el césped del suelo no de muy buen humor; Astra, al presenciar la reacción de la comadreja se acercó a interesarse por ella, sin embargo lo único que consiguió fue sentirse ignorada.
    Conocedora de lo orgullosa que podía ser la Sneasel en determinados temas, la Flareon de Muse no hizo más que esbozar una ligera sonrisa a su manera para después tumbarse sobre la hierba a descansar.

    —Bien ¿Qué te parece si lo hablamos todo mañana por la mañana? —Preguntó la pecosa mientras se levantaba del sofá y volvía a calzarse sus zapatillas. —Creo que lo mejor será que me vaya ya a casa para hacer una lista de todo el equipaje que tendré que preparar. —Añadió. —¡Astra, nos vamos! ¡Hasta luego, Clove!
    —¡Sniii! —Se despidió la Sneasel con cierta pesadez, tras lo cual acudió corriendo hasta donde se encontraba su entrenador para poder volver a acurrucarse otra vez en él.
    —<<Parece que al final no terminaremos este viaje solos>> —Ecko miraba el cielo nocturno mientras pasaba la mano entre las orejas de su Pokémon, lo que ocasionaba que ésta soltara algún que otro ronroneo. —<<Me alegro>> —Sonrió.

    Cansado ya de estar al aire libre y agotado por todas las experiencias vividas durante el día, el ojiverde devolvió a su Pokémon —la cual se había vuelto a quedar dormida en el regazo de éste— al interior de su correspondiente cápsula y finalmente se adentró en el interior de su casa.

    —Estoy preparando café para papá y el abuelo. —Dijo atentamente Naomi a su hermano, quien acababa de entrar en la amplia cocina de la vivienda. —Yo también estoy preparándome uno ¿Quieres tú otro?
    —Gracias, cerebrito. —Contestó Ecko a la invitación de la ojiazul. —Pero lo que ahora necesito es dormir y dudo que el café pueda ayudarme a hacerlo. —Continuó diciendo mientras abría el refrigerador, tomaba una botella de agua fría y pegaba tres largos tragos de ella.
    —Hasta mañana entonces. —Se despidió la morena.

    Y dicho esto, el moreno subió pesadamente las escaleras que conducían con el piso superior del edificio mientras se desprendía de la ropa que había llevado puesta todo el día, se adentró en su habitación y tras ponerse la ropa apropiada para dormir, tomó su Pokégear y se llevó el auricular a la oreja; en vista de que a quien estaba realizando la llamada no contestaba, el chico de los lunares guardó el aparato en uno de los cajones de su mesilla de noche y acto seguido se tumbó sobre la cómoda cama.

    —<<¿Por qué debería preocuparme?>> —Una marejada de ideas invadía la mente del ojiverde. —<<A fin de cuentas no es la primera vez que no sabemos nada de Kaden, siempre está apareciendo y desapareciendo constantemente>> —Se llevó las manos al rostro y respiró profundo.

    Aún envuelto en sus pensamientos, el moreno volvió a levantarse del colchón y se acercó hasta una amplia estantería, de la cual, entre todas las cosas que ésta contenía, detuvo su atención en una foto algo antigua en la que aparecían retratados Blaine, Kaden, Samuel, Muse y él mismo, quizás siete años atrás.
    Tras esbozar una ligera sonrisa, el moreno se puso a curiosear el resto de baldas, en una de las cuales se encontraba una pequeña bandeja —similar a la que se ofrece en los centros Pokémon para colocar las Pokéball— con siete esferas de tamaño reducido; tras tomar una en concreto volvió a ocupar su lugar en la cama.

    —Azulón… —Dijo mientras sostenía en alto la Pokéball del nombrado. —Hoy hemos ganado a Blaine, pero tú y yo todavía tenemos que demostrar a ese abuelo lo mucho que hemos mejorado en todo este tiempo juntos ¿De acuerdo? —Terminó de decir, tras lo cual apagó las luces de la lámpara ubicada sobre la mesilla de noche y sutilmente se dejó caer víctima del sueño.

    Una leve aura azul envolvió la Pokéball y consiguió iluminar parte de la oscuridad dominante en el cuarto, instantes después se apagó y, sin nada ni nadie que lo hubiese visto, todo volvió a su habitual normalidad.
    #2051214 18/05/2014 16:09
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    0Wish0Wish

    # Fecha de alta: 20/08/2008

    # Edad: 26 años

    # Ubicación: Isla Canela

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    Capítulo 007 — Tipos duros


    Los madrugadores rayos del alba atravesaban con buen ánimo la fina neblina que cubría desde hacía ya un par de horas la playa más septentrional de Isla Canela, de ello derivaba que todo cuanto éstos tocasen acabase adquiriendo el confortable color acaramelado dominante en el cielo, el cual había amanecido parcialmente despejado y tranquilo, ofreciendo a quienes cubría bajo su seno una leve brisa veraniega que refrescaba el ambiente.

    La arena costera se apreciaba ligeramente oscurecida aun estando a varios metros de la orilla debido a lo alta que había estado la marea la pasada noche; afortunadamente el mar se veía sereno, ideal si lo que se pretendía era navegar en él.

    Lunes, 22 de Junio, Playa Norte, Isla Canela, 6:15 AM.

    —¿Qué se siente la primera vez que vas a nadar en mar abierto, Praxie? —Preguntó la chica a la criatura que reposaba frente a ella mientras acariciaba cariñosamente el alargado cuello de ésta. —Disfruta del viaje ¿De acuerdo? —Aconsejó, dibujando una sonrisa.
    —¡Laaaa! —Contestó el Pokémon con una melódica voz, disfrutando plenamente de las muestras de afecto de su compañera.
    —¡Y pórtate bien! —Le regañó la humana con dulzura.

    Tras dejar escapar lo que parecía ser una especie de traviesa carcajada, el compañero de Naomi se alejó nadando desde la orilla para encontrarse en aguas un poco más profundas con otra Pokémon de su misma especie, quien intentando disfrutar el máximo posible su estancia fuera de la Pokéball, nadaba relajadamente entre las suaves olas; o al menos hasta que Praxie comenzó a reclamar que jugase con él.

    A simple vista, el aspecto de las dos criaturas que ahora jugaban juntas recordaba vagamente al de algún dinosaurio marino, puesto que sobradamente éstas podrían llegar a alcanzar los dos metros y treinta centímetros de longitud —contando desde la punta del cuerno que protuberaba en su frente hasta el final de su achatada cola— y su piel permanecía cubierta por un suave manto de escamas de color crema en el vientre y garganta y otras de diversos tonos de azul en el resto del cuerpo; sobre sus espaldas, además, contaban también con firmes caparazones grisáceos de los que protuberaban largas y redondeadas púas de diferentes centímetros de longitud.

    Cabe destacar que la relación que mantenía la pareja de Lapras iba bastante más allá del ser simplemente compañeros de juegos, ya que ambos Pokémon tenían un vínculo fuertemente ligado por lazos de sangre que unen a una madre con su hijo, algunos de los cuales podían verse reflejados por ejemplo en el color de los ojos, ya que ambos compartían el mismo tono violeta pálido de sus írises.

    —¿Seguro que no quieres que te preste también a Minerva o a Albus? —La muchacha se dirigió a su hermano mientras se apartaba el oscuro cabello del rostro y le mostraba dos Pokéball de tamaño reducido.
    —Seguro. —Contestó el ojiverde con una sonrisa. —Ahora que nuestro viaje está acabando es cuando más necesito que los chicos estén a mi lado. —Añadió. —Solo encárgate de que Marvel y Harrier descansen lo suficiente, Cerebrito.
    —Entonces dudo que ese sea un trabajo demasiado difícil. —Rió la morena de ojos azules. —Esos dos duermen incluso más que tú.

    No pudiendo evitar echarse a reír ante tal afirmación, la despedida de los dos hermanos terminó en un cariñoso abrazo que se vio forzado a poner fin después de escuchar el fuerte silbido con el que Muse intentó captar la atención de los dos Pokémon marinos, quienes dejándose llevar por sus juegos habían comenzado a alejarse inconscientemente de la playa más de lo que debían.

    Obedientes, la pareja de Lapras regresó a la orilla donde una vez allí se pudo apreciar con mayor precisión la notable diferencia de tamaños existente entre ambos, pues Mylka —nombre con el que Muse había bautizado a su Pokémon— era aproximadamente veinte centímetros superior a Praxie, debido fundamentalmente a la diferencia de edad entre ambos.

    —Os deseo la mejor de las suertes. —Brindó ánimos la hermana del ojiverde una vez se hubo despedido también de su amiga pelirroja. —Será mejor que marchéis antes de que el sol comience a calentar. —Sonrió.

    Siguiendo el consejo ofrecido por la menor de los Davenport, tanto Ecko como Muse se vieron obligados a prescindir de su calzado una vez tuvieron que introducir sus pies en el agua a fin de poder acomodar sus equipajes sobre los caparazones de sus monturas, para acto seguido ocupar también un asiento sobre ellos.

    La emoción ante la posibilidad de poder viajar por primera vez en mar abierto hacía que Praxie canturreara y se moviera de manera enérgica con Ecko sobre su lomo, lo que ocasionó que éste tuviera que aferrarse al cuello del Lapras para evitar caer de cabeza al agua; sin embargo, la mirada de su entrenadora bastó para que la criatura comprendiera que un viaje a través del océano requería un poco más de seriedad y por tanto se relajara.

    —¡Que os vaya muy bien! —Se despidió la joven de los lunares desde la orilla mientras un soplo de aire ondeaba su oscura melena ondulada.
    —¡Nos vemos pronto! —Exclamó la pareja de amigos al unísono, acompañados por el melódico canto de los Pokémon marinos en los que viajaban.

    De esa manera, protegidos por la salida del astro rey, la pareja de Lapras acabó por abandonar las cálidas aguas de la costa de Isla Canela para enseguida comenzar su larga travesía marina a través de la vasta Ruta 21, una despejada ruta marina que actuaba como nexo de unión entre su isla natal y Pueblo Paleta, lugar que suponía la primera escala en su viaje antes de llegar a Ciudad Verde.

    Las tablas de madera del pequeño embarcadero chirriaron con las primeras pisadas de la pareja de Isla Canela, no mucho después dicho crujido fue acompañado por el chasquido de los huesos de la espalda del ojiverde, quien después del pesado viaje a lomos de Praxie no dudó en estirar todas las extremidades que, en cierto modo, se le habían quedado atrofiadas.

    —¡Ah! ¡Qué raro se hace volver a caminar después de pasar tanto tiempo sentada! ¬—Exclamó la pecosa una vez se hubo bajado de su Pokémon. —Se me ha quedado el culo de cartón. —Pasó sus manos acariciando la zona mencionada.

    Gracias a los tentempiés que individualmente habían preparado para tomar después de la travesía, la pareja de la isla sureña pudo reponer parte de sus fuerzas mientras que sus Pokémon —a modo de recompensa por lo bien que se habían portado durante el viaje— tenían permiso para nadar a sus anchas, tiempo que Mylka enseguida aprovechó para relajarse pero que Praxie, más movido por la curiosidad que por cualquier otra cosa, decidió gastarlo en inspeccionar los cubos y redes que había en los viejos botes atados al muelle, pertenecientes lo más seguro los pescadores del lugar.

    Tras hacer regresar a la pareja de Lapras al interior de sus respectivas Pokéball, los dos jóvenes continuaron con su camino hasta Pueblo Paleta, camino que les llevaría a seguir el cauce del río a través de un pequeño bosquejo que separaba la costa de la civilización.

    —¡Yukón, no vayas muy lejos! —El ojiverde trató de captar la atención del geckónido, a quien había dejado salir de su correspondiente Pokéball para que pudiese jugar durante el camino entre las copas de los árboles.
    —¡Grovail! —Afirmó despreocupado el lagarto mientras saltaba de rama en rama, dando la impresión de decir esto tan solo para evitar que su entrenador le cohibiera demasiado.
    —Deberías saber mejor que ninguno que Yukón solo regresará si hay comida por medio. —Rió la pelirroja mientras adelantaba un par de pasos al moreno y lanzaba una baya al aire, la cual el reptil captó con un potente salto para continuar después con su diversión en los árboles. —¿Ves? En el fondo no están difícil de…

    Las palabras de la pelirroja se vieron interrumpidas por la presencia de un pequeño ser surgido de entre los arbustos de la ribera que quedaba a su izquierda; dicha criatura daba la sensación de ser una especie de ovillo conformado por una gran cantidad de escurridizas lianas azules y de cuya parte inferior asomaban un par de pies de color rojo claro.

    Tras detenerse frente a la pareja, el espontáneo Pokémon prolongó desde ambos costados un par de cepas con las que consiguió abrir el pequeño bolsillo en el que la pelirroja guardaba las bayas y, tras tomar un par de ellas, se las llevó al interior de la maraña de lianas donde aparentemente tendría que tener la boca, pues de su rostro tan solo se podían apreciar dos simpáticos ojos de pupila oscura.

    Tangela, Pokémon enredadera; las lianas azules que ocultan todo su cuerpo están en constante movimiento para desconcertar a sus enemigos. —Informó la voz robotizada de la Pokédex de Muse. —Ataca a sus víctimas mediante cosquillas.
    —¿Cosquillas? —Repitió Muse igualando la altura del Pokémon planta y ofreciéndole otro par de bayas, las cuales no dudó en aceptar y tomar con sus tentáculos. —¿Puedes prestarme una Pokéball vacía, Ecko? —Preguntó sonriente a su amigo. —¡Quiero capturarlo!
    —<<¿Pero qué equipaje habrá preparado ésta? >> —Pensó el chico de los lunares al tiempo que se resignaba a tomar del interior de su mochila lo que la pecosa le había pedido. —¿Estás segura de que quieres hacerlo?
    —Completamente. —Asintió mientras agrandaba el tamaño de la cápsula y se disponía a tocar con el apéndice central de ésta el cuerpo del Pokémon salvaje, quien continuaba saboreando la comida que la pelirroja le estaba ofreciendo.

    Antes de que el botón de la Pokéball alcanzase a tocar el escurridizo cuerpo del Pokémon del tipo planta, y atraído sobre todo por el rico aroma de las pequeñas frutas, Yukón volvió a aparecer de entre las copas de los árboles realizando una hábil acrobacia con la que consiguió aterrizar —de manera no demasiado suave— sobre la pelirroja, lo que ocasionó que ésta, al igual que todas las bayas que guardaba en su bolsillo, acabasen tiradas por el suelo.

    Sorprendido por la brusca aparición del Grovyle y temiendo una posible amenaza por parte de éste, el nerviosismo y la inseguridad comenzaron a invadir el tembloroso cuerpo del pequeño brote de lianas, quien a fin de evitar un enfrentamiento rápidamente se precipitó al río y acabó por esfumarse junto con la corriente.

    —¡Grovail! —Gruñó el Pokémon del ojiverde una vez hubo acabado con todos los frutos, tras lo cual volvió a su lugar de recreo en la copa de los árboles.
    —Oh, Yukón… —Refunfuñó la pelirroja mientras se lamentaba también por el golpe al que había sido sometido su trasero. —¿Has visto lo que has hecho? —Exclamó, hinchando los carrillos. —¡Por tu culpa se ha escapado!
    —¿Gro? —Bostezó el Grovyle al tiempo que asomaba su cabeza entre las ramas, quedándose colgado boca abajo de alguna de ellas con total despreocupación.
    —Será mejor que regreses. —Suspiró el chico de los lunares tras apuntar a su compañero con el desvirtualizador rayo rojo de la correspondiente Pokéball. —Te pido disculpas por lo de ese Tangela, Muse. —Añadió pasándose la mano por la nuca. —¿Continuamos? —Terminó por decir mientras ayudaba a su amiga a levantarse.

    Tras reanudar de nuevo la marcha, apenas tuvieron que pasar cinco minutos para que al final de lo que parecía ser ya el camino que cruzaba aquel bosquejo, ambos pudieran divisar un viejo cartel de madera pintado de blanco y en el que se podía leer —con letras más o menos legibles debido al deterioro— “Bienvenidos a Pueblo Paleta: El lienzo en blanco de tu viaje”

    Pueblo Paleta, 15:44 PM.

    A pesar de ser una de las localidades más pequeñas de toda la región de Kanto (si es que no se trataba de la que más), Pueblo Paleta había sido desde tiempos inmemorables cuna de grandes entrenadores finalmente convertidos en las más grandes leyendas del mundo Pokémon; esto provocaba que buena parte de los entrenadores novatos —y no tan novatos— que ansiaban alcanzar la fama de las viejas del pasado eligieran dicho lugar como el punto de partida de su viaje.

    A esto le acompañaba además el hecho de que Pueblo Paleta albergaba también el laboratorio de investigación Pokémon del prestigioso Profesor Oak, quien era muchas veces el encargado de entregar a la mayoría de las jóvenes promesas su primer compañero Pokémon a cambio de realizar para él algunas tareas específicas que ayudasen en su investigación, como bien podía ser el completar un Pokédex u otras por el estilo; dicha edificación se erguía orgullosa en lo alto de una colina ubicada a un par de cuadras al este de la entrada meridional del pueblo, y era donde la joven pareja había fijado el rumbo, pues antes de continuar su viaje debían atender allí unos asuntos.

    —Estupendo, mira cuantas escaleras… —Se lamentó la pelirroja al ver la larga hilera de peldaños que había que subir para llegar hasta la cima. —Hubiese preferido pasar dos horas más sentada sobre Mylka antes que esto. —Una gota de sudor corría por una de sus sienes.

    Las puertas de cristal del edificio se desplazaron lateralmente hacia los lados, dejando escapar desde el interior del laboratorio una refrescante brisa climatizada que sin duda sirvió para que la pareja de entrenadores recuperase el aliento después de la pesada subida.

    Aquel lugar conseguía arrancarle una sensación familiar al ojiverde y no precisamente por el hecho de haber estado allí con anterioridad, todas esas máquinas extrañas y estanterías de metal repletas de libros, frascos y apuntes le recordaban al laboratorio en el que su padre y abuelo pasaban la mayor parte del día encerrados, solo que a diferencia de éste, el de su familia estaba mucho más ordenado.

    Alguien apareció tras una de las enormes estanterías, se trataba de una mujer de no más de veintiocho años de edad, de cabello castaño claro recogido en un improvisado moño y ojos de tonalidad olivada; vestía uniformada con la habitual bata blanca de laboratorio —la cual llevaba arremangada por el calor— y portaba entre sus brazos lo que sin duda se trataba de una incubadora eléctrica de huevos Pokémon.

    La joven iba acompañada por un ser antropomorfo también portador de un recipiente semejante entre sus manos —las cuales parecían ir cubiertas por guantes—; el aspecto de dicho personaje se asemejaba vagamente al de un arlequín o mimo, principalmente debido al colorido que contaban las rechonchas partes de su cuerpo, así como por sus pies puntiagudos con forma de babuchas y sus orejas en punta, todas ellas de color azul oscuro.

    —Creo que no es necesario que te pregunte si tú eres la hija de los Groen —La científica depositó el contenedor en una mesa de escritorio y se pasó el antebrazo por la frente para secarse el sudor. —, ya veo que eres igual que tu madre. —Rió. — ¿Muse, verdad?
    —Sí. —Respondió escuetamente la ojiazul con cierta vergüenza.
    —Entonces imagino que tú debes ser el nieto de Pástor —Añadió mientras indicaba con gestos a su compañero donde podía dejar la incubadora. —; Milo me avisó hace un par de horas de vuestra llegada. —Continuó. —A propósito, soy Dalia, y el que está conmigo es Mr. Mime, los dos trabajamos aquí.
    —¡Míster maim! —Sonrió el arlequín.

    Finalizadas ya las presentaciones, Ecko procedió a explicar a la joven el motivo de su visita, explicando que ésta había sido concretada por su abuelo a petición del profesor Oak, quien interesado en el descubrimiento que su amigo de Isla Canela había realizado sobre la Evoidea, había solicitado que se le suministraran un par de muestras para que éste pudiese analizarlas personalmente en su laboratorio y contribuir con ello a la investigación.

    Cabe destacar que, en un principio, Víctor Davenport rehusó de hacer dicha entrega después de rememorar los oscuros sucesos que acontecieron a su hijo en la Ruta 6 por culpa de tal sustancia, sin embargo, consciente de todo el bien que esa ayuda proporcionada por Oak podría brindar a su familia, Ecko se negó a declinar la oferta y por ello accedió a entregar personalmente las muestras una vez partiese de su isla natal, a pesar de los posibles riesgos.

    —Así que ésta es la famosa Evoidea… —La científica tomó el estuche frigorífico de manos del moreno y, tras abrirlo, tomó cuidadosamente una de las muestras de su interior para analizarla levemente. —Mr. Mime ¿Por qué no vas a avisar al abuelo de nuestra visita mientras yo llevo las muestras a la cámara frigorífica?
    —¡Maim maim! —Asintió el Pokémon psíquico-hada llevándose la mano a la cabeza, como si estuviese acatando la orden de algún militar.
    —¿Qué os parece si esperáis a mi abuelo en el patio, chicos? —Sugirió Dalia, guardando la muestra que antes había tomado. —Allí estaréis más cómodos cuando os atienda el profesor.

    Lo primero con lo que la pareja de Isla Canela se topó después de salir a la parte trasera del laboratorio fue con una extensa llanura que se extendía hasta aquellos lugares que la vista no alcanzaba a divisar, y en la cual, si se observaba con cierta precaución, se podían observar una gran variedad de especies Pokémon paciendo tranquilamente sin nada que los molestase.

    A pocos metros de la puerta trasera se alzaba un enorme y frondoso árbol bajo la sombra del cual se había construido un pequeño cobertizo de madera, el cual albergaba una amplia mesa de jardín con sus respectivas butacas acolchadas, dos de las cuales no tardarían en ser ocupadas por la pareja de amigos.

    Considerando aquel sitio un buen lugar para que sus Pokémon salieran a relajarse, tanto Ecko como Muse decidieron liberar el contenido de todas las Pokéball que llevaban consigo —a excepción de las que contenían a los Lapras— para que sus compañeros pudieran estirar las piernas y tomar su ración de comida diaria, la cual se había molestado en preparar la ojiazul en su casa siguiendo la receta que había encontrado en una revista de crianza Pokémon.

    Después de distribuir los siete cuencos de comida sobre la hierba —cinco para los Pokémon de Ecko y los dos restantes para los de la pelirroja— cada uno de los miembros de los respectivos equipos se apresuró en tomar el suyo propio y comenzar a degustar su contenido.

    —¡Qué tenemos aquí! —Una carcajada sonó a espaldas de los dos muchachos. —No todos los días se ven en este laboratorio unos Pokémon como los vuestros. —Exclamó aquel hombre dando unas palmaditas de felicidad. —<<Qué cabeza la mía ¿Cómo dijo Dalia que se llamaban estos chicos?>>

    Samuel Oak pertenecía a la misma generación de investigadores que Pástor Davenport, de hecho ambos habían sido compañeros en la universidad de Ciudad Azulona durante su etapa universitaria; era por tanto un hombre de edad avanzada, tal y como delataba su espigada cabellera gris y sus profundas cejas de color oscuro, así como alguna que otra arruga en su frente y pómulos.

    Ataviado con su bata blanca de laboratorio sobre su ropa de diario —una camisa de flores roja y unas bermudas marrones— Oak tomó asiento en una de las butacas del cobertizo mientras dejaba escapar un leve gemido de pesadez aquejado por un dolor de espalda, tras lo cual miró fijamente al grupo de Pokémon que los de Isla Canela habían liberado y, no pudiendo evitar con ello ensimismarse en sus pensamientos, se vio obligado a soltar una leve carcajada.

    —¿Cuántos años llevaré ya en este mundillo? ¿Treinta? ¿Cuarenta? —El profesor observaba como el Grovyle del ojiverde hociqueaba en el cuenco de comida de sus compañeros, más siempre acaba siendo repelido por éstos. —Y estas criaturas todavía siguen resultándome igual de fascinantes que el primer día. —Esbozó una agradable sonrisa. —¡Tomad asientos, chicos!

    Tras volver a ocupar de nuevo sus respectivas butacas, el profesor Oak rápidamente se quiso interesar en cómo les había ido a los dos muchachos desde la última vez que se vieron hacía ya un par de meses en el caso de Ecko y años en el de la pelirroja.

    —Estoy muy interesado en ver toda la información que habéis recopilado en vuestras Pokédex desde que os hice entrega de ellas. —Explicó el del pelo canoso. —Que si mal no recuerdo, creo que fue la última vez que te vi a ti, pelirroja.
    —Sí, tres años hace ya de eso. —Respondió enseguida Muse. —La verdad es que siento que la mía no pueda estar tan completa como la de Ecko —Añadió con cierta nostalgia. —; yo aún no he realizado mi viaje y…
    —Bueno ¡Nunca es tarde para ello! —Rió Oak poniendo su mano en uno de los hombros de la ojiazul. —Si te soy sincero aún estoy esperando el día en el que el abuelo de tu amigo me llame para volver a ir a recorrer regiones juntos. —Añadió. —¡Como en los viejos tiempos!

    La puerta trasera del laboratorio volvió a abrirse cuando Dalia y su Mr. Mime cruzaron por ella portando cada uno una bandeja, llevando la nieta de Oak en la suya cuatro vasos de cristal con hielos y su compañero una jarra de limonada que verter en ellos y un platito con pastas; después de servirla, Dalia tomó asiento en la butaca que quedaba libre mientras Mr. Mime iba a relacionarse con el resto de Pokémon que allí se encontraban.

    —¡Grovail! — Yukón se acercó hasta la butaca de su entrenador y dio un pequeño tirón a la manga de su camiseta, una vez captó la atención de éste señaló con una de sus garras el interior de sus fauces abiertas. —¡Gro, gro!
    —¿Dónde se encuentra tu fondo, Yukón? —Suspiró el ojiverde mientras acariciaba la cabeza del lagarto, no se percató de que donde debería haber siete comederos en verdad solo había seis. —Entre las bayas de antes y esto creo que por hoy ya has comido suficiente.
    —¡Grovail, gro! —Insistió el gecko mientras su estómago lanzaba un pequeño rugido.

    Ante las consecutivas negaciones de su entrenador cada vez que le pedía algo que llevarse a la boca, el Pokémon del tipo planta vio como única solución a su hambruna el tener que “tomar prestado” alguna porción del contenido de los recipientes de su compañero, sin embargo, conscientes de lo que suponía compartir una hora de la comida con Yukón, la mayoría de ellos ya se había apresurado a terminarse su ración de comida a excepción de la Sneasel, a quien prefirió no molestar para evitar salir perdiendo —ya que en la mayoría de las disputas que los enfrentaban, su entrenador siempre acababa poniéndose de su parte.

    Hambriento y mosqueado por la actitud que sus compañeros de equipo habían mostrado hacia él, el Pokémon gecko no demoró en separarse de todos ellos subiéndose a lo alto de las ramas del árbol que les daba cobijo, lugar en el que podría jugar a su antojo y posiblemente maquinar alguna jugarreta que gastarles a modo de pequeña venganza.

    Sin nada que se le viniese a la cabeza, el Pokémon del ojiverde optó por recostarse junto al grueso tronco del árbol mientras ponía sus garras sobre la nuca a modo de almohada y decidía tomarse una siestecita.

    —¿Gro? —Antes de que sus amarillentos ojos se cerraran un delicioso aroma cautivó sus fosas nasales. —¡Grovail! —Comenzó a olisquear en todas las direcciones, intentado buscar la fuente de dicho olor.

    Finalmente le localizó sentado un par de ramas más abajo de la suya; visto desde allí arriba daba la sensación de parecer un pequeño hombrecillo, una especie de tétrico duende tal vez. Movía las piernas hacia delante y hacia atrás —como si estuviera montado en una especie de columpio— mientras disfrutaba de la comida que contenía el recipiente que reposaba en su regazo; Yukón en seguida lo identificó.

    —¡Grovail! —Exclamó al tanto que saltaba desde su posición hasta la rama en la que se encontraba el duende. —¡Gro, grovail!

    La rama tembló tras la caída y algunas aves Pokémon salieron volando de la copa del árbol; los comensales miraron hacia arriba tras escuchar el traqueteo de las ramas y alguna que otra hoja cayó sobre la mesa, Ecko suspiró, sabía de sobra que el causante de aquel espectáculo era su Pokémon, ya nada de lo que pudiera hacer éste lograría sorprenderle.

    El hombrecillo púrpura se puso en pie tras el encontronazo con el Pokémon del ojiverde y gracias a eso Yukón pudo comprobar cómo éste apenas superaba el medio metro de estatura, lo que en un primer lugar le llevó a pensar en él como en un rival no demasiado complicado; al parecer esta opinión se mantuvo incluso después de observar con más atención las garras o los puntiagudos dientes que asomaban detrás de su burlona sonrisa, sin embargo, si algo había que lograra causar cierta confusión al geckónido, eran sin duda sus dos ojos que, lejos de ser normales, parecían tratarse de gemas preciosas similares a diamantes.
    Otras piedras de dichas características podían diferenciarse en la tétrica anatomía de dicha criatura, siendo éstas un rubí ubicado en el pecho y un zafiro y una esmeralda colocados en la espalda.

    —Shaax. —El pícaro Pokémon no pareció sorprenderse demasiado por la llegada del Pokémon reptil y siguió comiendo del recipiente. —¡Shaax, shax! —Mostró el comedero al Grovyle y le ofreció tomar parte de lo que le quedaba.
    —¿Grovail? —Yukón vaciló un instante y olisqueó la comida con desconfianza, sin embargo, haciendo más caso a los instintos que a la razón, finalmente se decidió a compartir el bocado ofrecido. —¡Gro!
    —¡Shaax, shaax! —Tras dedicarle una pícara sonrisa, el hombrecillo se apresuró en terminarse su comida de un solo bocado antes de que Yukón pudiese catarla. —¡Shaaax! —Bromeó el ser, después de lo cual dedicó una burla al geckónido y saltó al vacío desde la rama en la que se encontraba bajo la atónita mirada de éste.

    Las ramas volvieron a zarandearse pero esta vez de manera más violenta y, a pesar de la altura que los separaba del suelo, el Pokémon morado logró caer al suelo sin problemas —quizás debido a lo liviano que parecía ser— tras lo cual partió a la carrera a través del jardín pillando desprevenidos tantos a los que disfrutaban de la limonada como a sus Pokémon.

    Yukón aterrizó escasos instantes después y, enfadado no solo por haber sido engañado sino también por haberse quedado sin comida, expectoró un rápido ataque recurrente contra el duendecillo que se alejaba corriendo —no demasiado rápido— hacia los límites lejanos de la parcela; tras el impacto, y para sorpresa de éste, el cuerpo del Pokémon fantasma se esfumó en el aire, dejando tan solo caer el comedero contra el suelo.

    De pronto algo cayó sobre su cabeza y pudo sentir a la perfección como tomaba impulso sobre ella, tras el salto, el pícaro hombrecillo aterrizó un par de metros frente a Yukón, tomando en seguida una pose de combate.

    Al observar la escena, el de Isla Canela se levantó de su asiento y acudió con Pokédex en mano hasta donde se encontraba su compañero de equipo a fin de ayudarlo en caso de producirse un enfrentamiento entre ambos.

    —Parece que hoy es el día oficial de encontrarse Pokémon raros. —Rió el ojiverde mientras apuntaba al rival con su enciclopedia electrónica.
    Sableye, Pokémon oscuridad; cava conductos en cuevas usando sus duras garras para buscar piedras preciosas con las que alimentarse. —Informó el aparato electrónico. —Estos Pokémon permanecen siempre al acecho en la oscuridad, a lo que se debe que sean tan difíciles de ver.
    —¡Shax, shaax! —Rió picarescamente el Pokémon de los tipos fantasma y siniestro.

    Antes de que Ecko pudiese indicar una orden a su compañero, el Pokémon oscuridad se apresuró para generar —con un hábil movimiento de brazos— tres bolas de un lúgubre fuego azulado que rápidamente salieron disparadas contra Yukón, quien no dispuesto a sufrir otra humillación de su parte enseguida contrarrestó la ofensiva creando en torno a él una muralla defensiva gracias a su ataque detección.

    Después de despejar los fuegos fatuos producidos por el fantasma, el Pokémon gecko no se hizo demorar y acto seguido lanzó una repetida metralla de semillas incandescentes que impactaron a bocajarro en el gomoso cuerpo del Sableye, impulsando su cuerpo varios metros hacia atrás y haciendo que volviese a desaparecer otra vez, solo que a diferencia de la anterior ocasión éste no volvió a reaparecer.

    —Vaya… ¿Qué clase de Pokémon era ese? —Se sorprendió el ojiverde mientras se adelantaba un par de pasos para recoger el comedero de plástico. —Creo que te debo una disculpa, colega. —Una gotita de sudor escurrió por su sien derecha.
    —¡Grovail! —Yukón se cruzó de brazos y volvió la cabeza para dejar claro el descontento con su entrenador; por otro lado su estómago volvió a rugir más fuerte aún.
    —Supongo que tanto escalar y combatir te habrá dado todavía más hambre —Suspiró el ojiverde regresando hasta donde se encontraba su equipaje. —, ven que te prepare una ración doble, anda.

    Orgulloso por lo rebosante de comida que estaba ahora su cuenco de plástico, Yukón volvió a ocupar su lugar en lo alto de las ramas aunque no sin antes pasearse entre sus compañeros para mostrarles a todos ellos su doble ración de comida, llegando casi a iniciar una de sus habituales disputas con Clove por ello; acabada su comilona y satisfecho con ello, el reptil volvió a considerar la idea de tomarse una siestecita y, tras recostarse de nuevo sobre el tronco del árbol, no pasaron más de treinta segundos hasta que acabó quedándose dormido.

    Una vez que el ojiverde volvió a ocupar su asiento en torno a la mesa, faltó tiempo para que el profesor Oak le pidiese echar un vistazo a su Pokédex a fin de comprobar la información que ésta había recogido sobre el Pokémon ladronzuelo, una vez constatada, Oak no pudo evitar el sentirse sorprendido ya que, a pesar de conocer perfectamente a esa especie de Pokémon, no recordaba tener ninguno entre los muchos que había en su laboratorio.

    La conversación se prolongó durante un buen rato más, casi hasta las cinco y media de la tarde, momento en el que Ecko advirtió a la pelirroja de que si lo que en verdad pretendían era recorrer el mayor tramo posible de la Ruta 1 antes de la caída del sol, deberían partir cuanto antes.

    —¿Seguro que no preferís pasar la noche en Pueblo Paleta? Podéis hospedaros en las habitaciones de invitados. —Cortésmente, la nieta de Oak propuso en seguida alojamiento para los chicos de la Isla, más estos se negaron puesto que de ser así su llegada a la ciudad colindante se retrasaría hasta por la tarde, y lo que pretendían era llegar en la mañana.

    Una vez devueltos todos sus Pokémon al interior de sus correspondientes cápsulas, tras realizar las correspondientes despedidas, y después de que tanto abuelo como nieta volviesen a ocuparse de sus quehaceres en el laboratorio, la pareja de Isla Canela se dispuso a abandonar el emblemático edificio —y el pueblo en general— para fijar rumbo hacia el norte a través de la rural Ruta 1.

    —Con un poco de suerte podremos hacer más de la mitad del camino antes de vernos obligados a montar el campamento. —Dijo optimista el joven de los lunares mientras acomodaba el equipaje de su espalda. —Pero mejor será que nos demos prisa.
    —¡Está bien! ¡Pero las damas primero! —Se apresuró a decir la pecosa con voz cantarina, adelantándose de esa manera al ojiverde para poder salir antes que él del laboratorio de Oak. —¡Ah!

    La colisión ocurrió justo cuando la ojiazul atravesaba la entrada del laboratorio, chocó contra algo pequeño y rápido, debía estar fuera de su campo de visión porque ni siquiera se había percatado de ello —aunque tampoco es que ella fuese presumiblemente atenta—; sintió como se precipitaba escaleras abajo, sin embargo, antes de que eso ocurriera, alguien la agarró por el antebrazo.

    El chico que la ayudó a ponerse en pie era notablemente más alto que ella —y que Ecko incluso—; tras incorporarse pudo percatarse de que quizás sería dos o tres años mayor que ellos, posiblemente de la edad de su amigo Kaden.

    Entrando en detalle, el muchacho —de cabello castaño con el flequillo peinado ligeramente en punta— vestía unos jeans negros combinados con unas zapatillas All-Star del mismo color y una camiseta blanca de manga corta, sobre la cual llevaba una camisa de tela vaquera; sin embargo, lo más curioso en él era la presencia de heterocromía, lo que derivaba en que sus ojos fuesen de distinto color, siendo marrón el derecho y verde oscuro el izquierdo.

    A sus pies, un hombrecillo púrpura permanecía tumbado boca arriba con una mano sobre su pecho; sonreía con su habitual y pícara sonrisa de dientes afilados, el golpe no parecía haberle importado lo más mínimo.

    —G-gracias, supongo… —Tartamudeó con notable vergüenza la pelirroja, intentando volver a peinarse los pelos que se habían alborotado con la sacudida. —Espera ¿Ese Pokémon de antes era tuyo? —Enseguida cambió de tema para olvidar lo ocurrido.
    —¿Qué si éste Pokémon es mío? —Dijo pensativo el de los ojos de distinto color mientras acariciaba el pendiente de madera de su oreja. —Espera un momento… Jax ¿Tú y yo nos conocemos de algo?
    —¡Shaax, shax! —Negó risueño el Sableye, tras lo cual enseguida subió a los hombros de quien en verdad sí era su entrenador para poco después ocupar un lugar sobre la cabeza de éste.
    —¡Pues deberías tener más cuidado con él! —Regañó Muse a la pareja, llevándose las manos a la cintura. —Antes nos ha robado comida ¡Y ahora casi me la pego por su culpa! —Añadió, no pudiendo evitar sonrojarse por ello. —¡Jo, Ecko, di algo!

    Viendo lo colorada que se encontraba su amiga, el ojiverde no tardó en romper a reír poco después que el Sableye y su entrenador, sin embargo esto no pareció causar demasiada gracia a la pelirroja, quien no dispuesta a seguir pasando toda aquella vergüenza, se acercó hasta el escalón en el que se encontraba el moreno y, agarrándolo por el brazo, lo arrastró consigo escaleras abajo.

    —Ecko Davenport, supongo. —Aquel nombre enseguida cruzó por la mente del de los ojos de distinto color cuando la pelirroja lo mencionó; sin duda alguna pareció revivir en él algún tipo de recuerdo.
    —S-sí. —Contestó el chico de los lunares deteniéndose en el acto, girándose poco después hacia el que había pronunciado su nombre. —¿N-nos conocemos de algo? —Añadió, subiendo un par de escalones.
    —Creo que todavía no he tenido ese placer. —Admitió el entrenador del Sableye soltando una casi imperceptible carcajada. —Me llamo Vince. —Añadió éste extendiéndole el brazo derecho a modo de saludo.
    —… —El de Isla Canela dudó un instante. —Ecko, Ecko Davenport.

    Tras vacilar un momento, el chico de los lunares finalmente aceptó el saludo y forjó el apretón de manos con Vince, lo que les llevó a intercambiar sus miradas por primera vez, algo que sin duda pareció incomodarle un poco, pues sentía como esos ojos de distinto color lo miraban casi al punto de parecer que estuviesen haciendo un análisis completo de su persona.

    —Supongo que será mejor que me marche ya. —El ojiverde soltó la mano de Vince y con ello cesó el saludo. —No me gustaría que Muse tuviera que subir a buscarme. —Una gota de sudor corrió por su sien. —Supongo que volveremos a vernos. —Se despidió al tanto que volvía a bajar las escaleras.
    —No me han hablado mal de ti, Ecko Davenport. —Intervino de nuevo Vince, ocasionando que el nombrado volviera a detenerse. —No me hagas pensar lo contrario la vez que nos veamos las caras en la Liga Pokémon.
    —¡Shaaax! —Rió el Sableye desde lo alto de la cabeza de su entrenador mientras se despedía de la pareja de Isla Canela llevándose una de sus garras a la frente a modo de saludo, tras lo cual se introdujo junto con su entrenador en el interior del laboratorio Pokémon.

    Conscientes de que el anochecer estaba prácticamente al acecho, los dos muchachos no se demoraron mucho en avanzar la mayor distancia posible hacia Ciudad Verde antes de quedarse sin luz que los guiase en el camino; de esa manera, luego de recorrer poco más de cinco kilómetros de Ruta 1 —un irregular sendero campestre que separaba los dos núcleos de población— consideraron establecer el campamento bajo un pequeño grupo de árboles, lugar que junto a sus útiles de acampada les proporcionaría cobijo durante la noche.

    Ruta 1, 21:43 PM.

    Era una noche típica de verano, estrellada y oscura, con la luna en lo alto en cuarto menguante y la luz de la hoguera iluminando sus rostros cansados; la pelirroja arrojó al fuego el hueso de la manzana que había terminado de comer lo que ocasionó las consecuentes chispitas, a sus pies Astra mordisqueaba un palo que había tomado del montón de la leña que minutos antes el ojiverde había recogido en compañía de Azulón.

    El Lucario miraba el fuego pensativo mientras a su lado Ecko revisaba la información que su Pokédex había recopilado durante el día, al observar la ficha del Sableye no pudo evitar pensar en aquel chico con quien se habían cruzado a la entrada del laboratorio, Vince; ese nombre le hacía plantearse demasiadas preguntas, como quién era y, sobre todo, por qué sabía su nombre.

    —Flaaa… —La Flareon bostezó después de estirarse en el suelo, las llamas de la hoguera danzaron levemente durante ese instante.
    —Yo también estoy cansada, Astra. —Otro bostezo en seguida se contagió a la pelirroja, quien se frotó los brazos. —Creo que será buena idea que las dos nos vayamos ya a dormir. —Añadió mientras hacía regresar a su Pokémon. —¿Vienes tú también, Ecko?
    —Sí, solo espera que termine de echar un vistazo a esto. —Contestó el de los lunares, algo absorto en la labor que estaba realizando. —O mejor vete yendo, ahora mismo entro yo.
    —Como veas… —La pelirroja se levantó del tronco que le había servido de asiento y se dirigió al interior de la tienda de campaña que antes tanto les había costado montar. —¡Hasta mañana!
    —¡Hasta mañana!

    Azulón —quien a pesar de su tipo, tampoco era de hierro— no pudo evitar dejar escapar un tercer bostezo que sacó a relucir sus blancos colmillos así como también sirvió para captar la atención de su entrenador, quien con una sonrisa cerró la tapa superior de su Pokédex con un rápido movimiento giratorio para acto seguido comenzar a acariciar la frente y orejas del Pokémon canino.

    Por un momento las miradas de entrenador y Pokémon se intercambiaron, y el ojiverde, al observar tan de cerca esos ojos de pupila granate, no pudo evitar transportarse por un breve lapso de tiempo a tiempos pasados.

    Jueves, 26 de Marzo, Casa del entrenador, Ciudad Verde, 17:02 PM.

    El invierno había cedido el paso a la primavera y con ella habían llegado las primeras lluvias de la temporada; las gruesas y frías gotas precipitaban sobre las láminas que componían el tejado de las pistas cubiertas y producían un ruido suave al que era fácil acostumbrarse, pero al que tampoco se podía dejar de prestar atención; la abundante cantidad de agua escañaba por ambas vertientes del tejado, pudiéndose observar las pequeñas “cataratas” desde cualquier lugar del recinto puesto que éste se encontraba al aire libre.

    La parcela estaba compuesta por una decena de pistas de combate delimitadas por mallas de metal trenzadas y separadas unas de otras por pasillos que concurrían en un único pasillo principal —el cual dejaba cinco pistas a cada uno de sus lados—; cada pista de combate era de tierra batida, con las medidas estándar dibujadas con cal blanca y un par de banquillos de madera en cada una de las bandas para que los que se encontraban haciendo uso de ella pudiesen dejar allí sus pertenencias.

    —¡Está bien! ¡Marvel, Jinbe! ¡Los dos aquí! —El ojiverde llamó a quien por entonces eran sus dos únicos compañeros; ambos acudieron obedientes. —Creo que va siendo hora de cambiar de ejercicio, prestad atención porque esto será lo que haremos. —Advirtió. —Jinbe, tenemos que trabajar un poco más tu rayo hielo, así que quiero que te sitúes en esta mitad del campo e intentes acertar con ellos a Marvel ¿De acuerdo?
    —¡Escuero! —La tortuga afirmó; era notablemente más pequeña y sus colores eran más vivos, además carecía de plumas tanto en la cola como en las orejas debido a que se encontraba en su forma preevolucionada.
    —Marvel, tú esquivarás sus ataques con velocidad extrema y, en caso de ser impactado, restaurarás salud con sol matinal. —Ordenó esta vez al Pokémon canino. —El objetivo de este entrenamiento es que seas capaz de combinar ambos ataques de cara a que puedas curarte en combate mientras esquivas al rival.
    —¡Auuú! —Contestó el Arcanine con un aullido, ocupando rápidamente la otra mitad del campo de batalla.

    El Squirtle enseguida comenzó a generar buena cantidad de zigzagueantes rayos de hielo que acto seguido fijaron blanco en el Pokémon canino, quien haciendo uso de su prodigiosa velocidad conseguía evadirlos mediante quiebros hacia los lados; no obstante, si alguno de los gélidos rayos lograba impactar en él —como se dio en alguna ocasión—, tal y como su entrenador le había ordenado, éste recurría a su técnica de luz sanadora para curar las posibles magulladuras.

    Al estar completamente atento a los ejercicios que estaba realizando sus compañeros, el ojiverde apenas se percató de que la puerta que habilitaba el acceso a su cancha se abría y, por ella, accedía la recinto un hombre ya entrado en años —quizás de setenta primaveras en adelante—, portador de una larga barba blanca y cabeza calva cubierta por una gorra verde con la visera hacia atrás, vestido también con un chándal deportivo —con la parte superior gris y e inferior azul oscuro— y gafas de sol rojas; Ecko se percató de su presencia cuando el abuelo tomó asiento en uno de los banquillos, por lo que acto seguido ordenó a sus monstruos de bolsillo que cesaran el entrenamiento.

    —Menudos bañadores más atrevidos han sacado para este verano. —Una gotita de sangre escurría por la nariz del viejo mientras veía lo que parecía tratarse de un pase de modelos en el pequeño televisor amarillo que llevaba consigo. —¡Ah! Lo siento joven, no pretendía distraerte con mis tonterías de señor mayor —Rió. —, perdona si he interrumpido tu entrenamiento.
    —No es necesario disculparse, los chicos y yo ya estábamos terminando. —Dijo el ojiverde colocando en el suelo dos cuencos con agua. —Además, si queremos desafiar al Líder local, antes tendremos que tomarnos un descanso. —Sonrió, tras lo cual también tomó un trago de su cantimplora.
    —Así que pretendes desafiar al Líder del Gimnasio ¿Eh? —El viejo apartó el televisor de sus rodillas y lo colocó a sus pies, donde no molestase. —Y dime joven ¿Cuántas medallas has conseguido ya?
    —Esta va a ser mi primera batalla de Gimnasio, así que de momento ninguna —El de Isla Canela pasó la mano por su nuca mientras en su rostro se dibujaba una sonrisilla tonta. —; apenas empecé mi viaje hace una semana.
    —En ese caso combate contra mí —Sugirió el viejo mientras se levantaba del banquillo y estiraba los huesos de su espalda, los cuales crujieron de manera un tanto asquerosa. —; yo determinaré si estás o no preparado para luchar en ese Gimnasio. —Sentenció. —A propósito, mi nombre es Ryuchi; o eso creo. —Rompió a reír.

    Mientras Ryuchi se dirigía a ocupar su correspondiente posición en la arena de combate, el ojiverde preguntó a sus monstruos de bolsillo quien de los dos estaba dispuesto a combatir, y aunque ambos estuvieron de acuerdo en hacerlo, el de Isla Canela finalmente se decantó por elegir al Squirtle; Marvel se tumbó fuera de los límites del campo para presenciar la escena.

    —Como aún eres un entrenador novato creo que lo mejor será que nuestro combate sea de uno contra uno. —Exclamó Ryuchi desde su posición. —Y como veo que ya has elegido a tu Pokémon creo que va siendo hora de que muestre yo al mío. —Añadió. —¡Ve, Farfetch’d!

    El ave que se materializó frente al viejo era una especie de pato salvaje de predominante plumaje marrón por casi todo su cuerpo —el cual apenas superaría los ochenta centímetros— a excepción de su vientre y alas que eran de un color más claro; sus patas y pico plano eran de color amarillo anaranjado y en su frente —justo sobre sus ojos— se diferenciaba una marca negra en forma de “V”, la cual, junto al puerro que aferraba con el ala izquierda, le daban un aspecto singular.

    —Farfetch’d y yo te cedemos el primer movimiento. —Accedieron deportivamente tanto Ryuchi como su compañero. —¡Muéstranos lo que tienes!
    —¡En ese caso no os haremos esperar! —Contestó el ojiverde tras comprobar que la tortuga había ocupado ya su puesto de combate. —¡Jinbe, que se note todo nuestro entrenamiento! ¡Usa rayo hielo!
    —¡Escuero, escuero! —Asintió el Squirtle.
    —¡Farfetch’d, no se lo permitas! ¡Impídelo usando tu ataque arena! —Fue la respuesta del veterano entrenador. —¡Y después contraataca con tu mejor picotazo!

    Los tres zigzagueantes rayos cruzaron el campo de batalla, sin embargo, debido en parte a la velocidad con la que el pato partió a la carrera —y a la no tan buena precisión que tenía Jinbe en aquel momento—, al Farfetch’d no se le hizo especialmente complicado zafarse de ellos a base de realizar un simple quiebro hacia la izquierda, tras lo cual se dirigió hacia la tortuga arrastrando su palo por el suelo levantando consigo una nube de polvo y arena, la cual dirigió contra el quelonio e inevitablemente acabó cegándolo.

    Consciente de su frágil situación el Squirtle se apresuró a generar en torno a su rechoncho cuerpo un ataque protección que repeliera los ataques rivales, sin embargo, para sorpresa suya, el pato silvestre golpeo dicha barrera haciendo uso de su puerro —el cual había adquirido un brillo verde incandescente— destrozándola por completo y golpeando con ello a Jinbe, quien no pudo hacer más que retroceder un par de metros y sucumbir ante el picotazo rival.

    —Ji ji ji que no te pille por sorpresa, muchacho —Rió el viejo al tiempo que formaba con los dedos de sus manos unas “V” de victoria. —, ese ha sido el ataque amago de mi compañero.
    —¿Cómo te encuentras, Jinbe? —El ojiverde enseguida se interesó por el estado de la tortuga.
    —¡Escuero, escuro! —Gruñó ésta al tiempo que se frotaba los ojos por la gravilla que había entrado en ellos. —¡Escuerooo! —Dedicó a su rival una potente pistola de agua; el orgullo que tenía como Wartortle ya se apreciaba en su etapa de Squirtle.
    —¡Farfetch’d, esquivar y picotazo otra vez!

    Fueron repetidos chorros de agua los que Jinbe lanzó desde su boca —y que desde luego eran más precisos que su anterior ataque— pero que, de nuevo para desgracia suya, tampoco suponían mayor impedimento para el Farfetch’d de Ryuchi, quien con una precisión casi impecable conseguía esquivarlos sin problemas; tan solo un par de ellos consiguieron impactar en una de sus alas, más apenas éstos lograron siquiera desequilibrar al pato.

    Aprovechando el momento en el que la tortuga paraba a recuperar el aliento, el Pokémon del puerro se lanzó velozmente contra ésta con su pico iluminado por un brillo incandescente consiguiendo hacer impacto de nuevo en el centro de la parte delantera de su caparazón, gracias a lo cual el golpe no resultó demasiado severo.

    No obstante, aprovechando la corta distancia que los separaba, Jinbe se apresuró en soltar una dentellada haciendo uso de su ataque mordisco y gracias al cual logró apresar entre sus fauces el ala derecha del Pokémon pato; desgraciadamente para él el ala con el que el ave mejor manejaba el peligroso puerro era la izquierda, y de ello derivó que éste le dedicase un fuerte ataque hoja aguda que terminó por impactar en su redondeada cabeza.

    —Escuero, escueroo. —Jinbe se llevó las manos a la cabeza mientras el Farfetch’d se resentía también por la dentellada en su ala derecha.
    —¡Farfetch’d, repite tu hoja aguda! —Ordenó rápidamente Ryuchi.
    —¡Jinbe, usa rayo hielo para evitar que se acerquen! —Se apresuró a contraatacar el chico de los lunares.

    Sin embargo, en consecuencia a la corta distancia que había entre ambas criaturas y debido también a que la balanza de la velocidad se inclinaba a favor del pato silvestre, Jinbe se vio obligado a reemplazar su ataque rayo hielo por un ataque protección a fin de evitar recibir un daño que posiblemente resultase crítico; no obstante la tortuga no tuvo en cuenta el ataque rival que ignoraba dichas barreras, motivo por el cual tras recibir de nuevo un segundo ataque amago el Squirtle quedó indefenso ante el puerro del Farfetch’d, lo que ocasionó que fuese receptor de un golpe en la barbilla que lo lanzó por los aires hasta los pies de su entrenador.

    —Escuerooo… —Gruñó Jinbe con voz temblorosa mientras sus ojos giraban como si de dos espirales se tratasen; claramente estaba fuera de combate.
    —Ji ji ji, mejor será que regreses a tu Pokéball, Farfetch’d. —Dijo el viejo tras hacer regresar al pato al interior de dicho contenedor. —Ha sido un combate un poco corto para mi gusto ¿No crees? —Rió.
    —Supongo que llevas razón. —Contestó el de los lunares avergonzado mientras ayudaba a la tortuga a incorporarse, tras lo cual pasó el antebrazo por su rostro para secar el sudor de su frente. —¡Buen combate, Jinbe! —Le guiñó un ojo y le mostró el pulgar.
    —Dime una cosa, joven. —Ryuchi tomó asiento en el banquillo; Ecko le acompañó y pegó un trago de su cantimplora, tras lo cual le ofreció a éste, quien aceptó. —¿Crees que después de este combate te ves capacitado para desafiar al Líder del Gimnasio local? —Preguntó. —Te advierto que él es mucho más severo de lo que yo pueda haber sido en nuestro combate.

    El ojiverde fue consciente enseguida de lo mucho que les quedaba por mejorar y comprendió que quizás fuese un poco precipitado el querer desafiar a un Líder de Gimnasio aun llevando poco menos de una semana viajando; sin pensarlo más Ecko dio su respuesta y Ryuchi no pudo evitar sentirse satisfecho con ella.

    —Si me lo permites, joven, me gustaría proponerte un trato. —El viejo se quitó las gafas de sol y mostró así sus dos ojos negros y chiquitos. —Ve a la siguiente ciudad y comienza por desafiar a su Líder de Gimnasio; continúa con tu viaje por la región y regresa aquí cuando hayas conseguido siete de las ocho medallas oficiales, será entonces cuando volvamos a luchar y te someta de nuevo a evaluación.
    —… —Ecko analizó en su mente lo que Ryuchi le estaba proponiendo, finalmente esbozó una sonrisa de convicción. —Creo que los chicos también opinan que es un buen trato. —Tornó su mirada hacia ellos, quienes asintieron.
    —En ese caso ten, cualquier ayuda siempre debe ser bien recibida ¡Te lo digo yo, que llevo más de cuarenta años dirigiendo esta casa de entrenadores! —Ryuchi tomó de su pantalón una Pokéball de tamaño reducido. —¡Adelante! ¡Ábrela, es un regalo para ti! —Rió con su típica carcajada. —Se trata de alguien especial.

    El de Isla Canela tomó la Pokéball de manos del anciano y pulsó el apéndice central de la cápsula, lo que desencadenó el aumento de tamaño de ésta; la luz que liberó poco a poco fue materializándose en forma de un antropomorfo canino de pelaje azulado —a excepción de sus ojos, pecho y piernas pues eran de color negro— que no superaría los setenta centímetros de longitud y de serena mirada de ojos de pupila granate, de cuyos brazos sobresalían además dos protuberancias de metal que en un futuro acabarían convirtiéndose en pinchos.

    Una vez fuera de la Pokéball el Riolu —forma preevolucionada de Lucario— dirigió su mirada a quien hasta ahora le había sido su cuidador, quien con una agradable sonrisa enseguida le hizo comprender que el chico que estaba sentado en frente suyo se había convertido a partir de ese mismo momento en su entrenador; el Pokémon no puso en duda su decisión, sabía que Ryuchi no había elegido a alguien cualquiera.

    A pesar de esto el pequeño canino se acercó con algo de desconfianza al joven de los lunares y muy despacito levantó la palma de su mano derecha para hacérsela ver al entrenador, sin duda pretendiendo que éste imitase el gesto; percatándose de ello Ecko aproximó poco a poco la palma de su mano a la del Pokémon y, antes incluso de que las dos entraran en contacto, un chisporroteante aura azul oscura se manifestó entre ambas, lo que en un principio impresionó al ojiverde pero que sin duda resultó de gran agrado para el Pokémon de tipo lucha, quien conforme con la decisión de su criador, ofreció una sonrisa a quien a partir de ahora iba a ser su entrenador.

    —¿Qué me dices, joven? Me gustaría saber que nombre has pensado para él antes de que me marche a ver el segundo pase de modelos en bikini. —El rostro de Ryuchi se sonrojó y de nuevo una gotita de sangre escurrió de su nariz.
    —Ya lo he decidido. —Sonrió el ojiverde; en cuanto vio esa aura azulada fluir entre las manos de ambos lo supo con certeza. —Se llamará Azulón.
    #2036830 23/07/2014 22:18
    00
    0Wish0Wish

    # Fecha de alta: 20/08/2008

    # Edad: 26 años

    # Ubicación: Isla Canela

    61 407 100 39
    Capítulo 008 — Asuntos familiares


    —Hit-hitmonli…

    El antropomorfo Pokémon del tipo lucha cayó al suelo abatido luego de no ser capaz de resistir el último ataque hidrobomba generado por quien había sido su rival: Un Pokémon cuadrúpedo de brillante piel celeste y cola de sirena que alcanzaba a medir el metro de estatura; de cuya cabeza, además, protuberaban dos aletas laterales recubiertas por una membrana blanca de características similares al collarín que rodeaba su cuello.

    —Regresa a la Pokéball, Hitmonlee. —El chico rechoncho que permanecía en la misma mitad del campo de combate no se demoró en hacer regresar a su compañero caído; con cierta amargura eso sí.
    —¡El combate ha finalizado! —El referí levantó los dos banderines reglamentarios y señaló con ellos a la pareja ganadora del encuentro. —¡Con esta victoria, los actuales reyes de la pista suman una racha de siete triunfos consecutivos!

    La otra mitad de la pareja que había resultado ganadora del combate se trataba de una chica de tez clara, profunda mirada de ojos violetas y cabello rubio recogido en una despeinada coleta; su vestimenta constaba de unos shorts vaqueros y una camiseta blanca de tirantes a conjunto, sobre la cual llevaba puesto un chaleco verde oscuro que para nada ocultaba los rasgos de su atlética anatomía.

    El Pokémon del tipo agua se le acercó con los mismos movimientos tan elegantes que había empleado durante el combate y tomó asiento en el suelo de gravilla, frente a ella; la joven igualó su altura y comenzó a acariciarle las aletas de la cabeza y el hocico, lo que sin duda pareció resultar al Vaporeon de sumo placer, pues comenzó a agitar alegremente su cola de sirena hacia ambos lados.

    —Hiciste un trabajo estupendo enfrentándote a tantos entrenadores hoy, Pakku. —Su entrenadora le dedicó una agradable sonrisa al tiempo que buscaba algo entre los bolsillos de su chaleco. —Gracias por entregarte tan a fondo; ahora descansa. —Añadió haciendo regresar a la criatura al interior de su cápsula; tras ello volvió a ponerse en pie, mirando hacia el público. —¿Quién quiere ser el siguiente?

    Todos aquellos que permanecían en torno a la pista estallaron de júbilo ante la proposición; se les estaba brindando la oportunidad de poder derrocar a la actual reina de la pista y destacar entre todos los entrenadores allí reunidos, y ninguno quería desperdiciar tal oportunidad.

    El ojiverde —igual de emocionado que el resto— entendía que el alboroto de la multitud no era para menos, puesto que Aoki Uchida —la rival a batir— se había convertido en una joven medianamente conocida en el mundo de los entrenadores cuando, tan solo dos años atrás, se había coronado campeona de la Liga Kanto tras ofrecer al mundo uno de esos combates que, según se dice, pasarán a los libros de historia; un combate en el que los miembros del equipo rival —procedentes de la colindante región de Johto— poco o nada pudieron hacer contra el Snorlax de la rubia, quien se bastó de sus fuertes movimientos para debilitar a buena parte de ellos.

    La llegada de la pareja de Isla Canela a Ciudad Verde había ocurrido temprano, apenas un poco después de que el sol terminara de asomar a través de las montañas del oeste; desde entonces lo que hicieron allí fue bastante rutinario: Lo primero fue reservar un alojamiento en el Centro Pokémon local, gracias a lo cual pudieron tomar una refrescante ducha y, posterior a ello, ingerir un completo desayuno con el que sin duda recuperaron las fuerzas gastadas en recorrer el tramo de ruta que les había quedado pendiente el día anterior, y en el que no emplearon más de tres horas y media de su tiempo.

    Tras ello —y sin mucho más que hacer salvo tener que entrenar de cara a la próxima batalla de Gimnasio—, los dos de Isla Canela fijaron su rumbo a la Casa del Entrenador a fin de que Ecko pudiera zanjar los asuntos que tenía pendientes con Ryuchi luego de su primera visita al lugar, algo que, por unos motivos u otros, les había conducido hasta el sótano de la instalaciones del edificio, lugar en el que se estaban llevando a cabo los enfrentamientos.


    Martes, 23 de Junio, Casa del Entrenador, Ciudad Verde, 10:08 AM.

    —¿Qué tal tú, pelirroja? —El pecoso rostro de Muse se enrojeció cuando las palabras de la rubia la eligieron a ella. —¿Combates contra mí?
    —Y-yo es que no soy entrenadora. —Apenas contestó la ojiazul sin saber demasiado qué decir; lo suyo era la crianza Pokémon y no los combates, además, la presión que ejercía la multitud no hacía otra cosa más que ponerla nerviosa.
    —¡Queremos ver otra pelea entre chicas! —Fue una de las cosas que pudo escucharse entre el alboroto; de pronto Muse sintió como una fuerza mayor a la que no era capaz de oponer resistencia la empujaba hacia el campo de batalla. —¡Pues mejor elígeme a mí! —Se escuchó gritar a alguien. —¡Eh, que yo también quiero luchar!
    —¡Ecko! —La pecosa buscó auxilio en su amigo como si él tuviese alguna especie de autoridad; al menos consiguió agarrarlo por la camiseta. —¡Ayuda! —Suplicó con una expresión que al ojiverde le resultó algo cómica.

    Inevitablemente, la fuerza de la multitud acabó arrastrándola hasta la mitad correspondiente al retador, sin embargo no se encontraba sola, pues en un último esfuerzo había conseguido arrastrar al ojiverde consigo y ahora éste, sin comerlo ni beberlo, se veía también involucrado en un enfrentamiento que desde luego poco o nada tenía que ver con él.

    Desde el extremo opuesto de la parcela de batalla Aoki sonrió confiada.

    —¿Así que has traído contigo a tu noviete, eh? —Bromeó la rubia con algo de picardía para caldear un poco la tensión en el ambiente. —En fin, un combate por parejas me vendrá bien para cambiar un poco de aires.
    —¡N-no somos novios! —Los dos de Isla Canela pareja desviaron su mirada el uno del otro al mismo tiempo, sonrojados; esto provocó una carcajada entre todos los que esperaban ver el nuevo combate.
    —Lo que vosotros digáis… —Aoki se encogió de brazos mientras una pícara sonrisa adornaba su bello rostro. —En cualquier caso, si esto va a ser un combate de dobles, necesitaré también un compañero. —Añadió dirigiéndose al público. —¿Algún voluntario?

    La cantidad de entrenadores dispuestos a compartir escenario con la chica de los ojos violetas fue pareja a la de personas que en un principio quisieron aceptar el desafío que ella misma lanzó; sin embargo, finalmente alguien logró abrirse paso entre la multitud y acabó por ocupar un lugar junto a ella.

    Aquel que formaría pareja con Aoki se trataba de un chico de piel oscurecida, cabello negro peinado hacia atrás y ojos de color chocolate cubiertos por unas lentes de cristal anaranjadas; su vestimenta la componían una chaqueta de deporte gris oscura con detalles naranjas, unas bermudas grises a juego y unas deportivas blancas bastante maltratadas.

    —Soy Jay Madchewi, de Ciudad Fucsia. —Se presentó el muchacho ante su nueva compañera y rivales; instantes después la pareja de Isla Canela procedió a seguir el mismo protocolo, pues aún no habían tenido ocasión de hacerlo.
    —¡Un nuevo combate por ostentar el puesto de rey de la pista va a comenzar! —Exclamó el referí izando los dos banderines. —¡Será un combate de dobles, con dos Pokémon por bando! ¡Perderá aquella pareja que antes se quede sin Pokémon! —Explicó. —¡Entrenadores! ¿Algo que decir al respecto?

    Los participantes negaron al unísono, más Muse lo hizo apenas un instante más tarde que el resto de ellos; lo más seguro es que por su cabeza pasase la idea de rechazar el desafío, pero de ser así, entonces los nervios y la presión del público no la dejaron hacerlo.

    —¡En ese caso liberen a sus Pokémon! —Ordenó el árbitro dando inicio con ello al combate; las Pokéball no tardaron en cruzar el campo de batalla.

    Frente a la rubia, la criatura que tomó forma se trataba de una dragona de aspecto ofídico, cuyo prolongado cuerpo permanecía cubierto por un mosaico de escamas azules y blancas —siendo éstas últimas las que cubrían su zona ventral—; en lo alto de su cabeza podía apreciarse también —además de un puntiagudo cuerno— un par de gráciles alas blancas que simulaban ser elegantes orejas, del mismo modo que también eran distinguibles una suerte de diáfanas esferas ubicadas en su garganta y cola.

    Por parte de Jay, el Pokémon que éste envió a combatir se trataba de una antropomorfa rana de robustas extremidades y redondeado cuerpo azul, en cuya blanca barriga podía apreciarse un enorme remolino de color negro que giraba en sentido horario, el cual el Pokémon no tardó en golpear con sus apretados puños de tres dedos cada uno.

    —… —Muse miró su cinturón al notar como una de las tres Pokéball que pendían de éste se agitaba con fuerza; la agarró y tragó saliva. —Hazlo lo mejor que puedas, Astra. —La voz le temblaba un poco.
    —¡A combatir, Kyoshi! —Exclamó el chico de los lunares arrojando sobe el terreno la cápsula de su monstruo de bolsillo. —Eh, Muse; buena elección. —Mostró a su compañera pelirroja el dedo pulgar, intentando tranquilizarla.
    —S-sí. —Contestó ésta con algo más de confianza, sin embargo los nervios impedían que se sintiera a gusto; de haber tenido rivales diferentes quizás hubiese afrontado el desafío con otra filosofía.

    Una vez ya sobre el campo de batalla, las dos formas evolucionadas de Eevee se dedicaron una mirada de aprobación y asintieron al mismo tiempo; quizás el carácter frío de Kyoshi pudiese dar lugar a pensar lo contrario, pero la Umbreon había demostrado en numerosas ocasiones su total confianza en la Pokémon de fuego, debido en parte a todos aquellos entrenamientos que ambas habían superado juntas cada vez que el ojiverde la había dejado bajo los cuidados de su amiga durante el viaje.

    —Suyin ¿Empezamos? —Aoki enseguida tomó la iniciativa, no parecía estar dispuesta a ceder su título de “reina de la pista” a otro; su compañera asintió. —¡En ese caso empieza con una danza dragón! —Ordenó. —¡Y después usa tu mejor acua cola contra Flareon!
    —¡Tú tampoco te quedes atrás, Poliwrath! —Jay reaccionó también, compartir terreno de batalla con una entrenadora de ese nivel requería dar el cien por ciento de sus habilidades de combate. —¡Corpulencia y demolición contra Umbreon!
    —¡Kyoshi, usa más psique en Dragonair! —El ojiverde se apresuró en contrarrestar las órdenes rivales. —¡Y luego bola sombra contra Poliwrath!
    —¡Ambreon! —Asintió la siniestra.
    —¡Astra! ¡Tú…! —Muse dudó que ordenar.

    Una chispeante aura verdosa envolvió el ofídico cuerpo de la dragona conforme ésta realizaba una precisa danza de volteretas y giros en el aire, causantes de que tanto su velocidad como su ataque físico aumentaran progresivamente; desde el suelo, los ojos de la Pokémon siniestra —cubiertos por un brillo amarillo— seguían de manera milimétrica todas y cada una de las acrobacias, ocasionando con ello que los cambios producidos en las características de su rival tuviesen también efecto en ella.

    Sin embargo, a pesar de estar completada casi en su totalidad, Kyoshi no pudo mantener su técnica de copia tanto tiempo como la dragona mantenía la suya de incremento, puesto que enseguida tuvo que hacer frente al violento Poliwrath, quien tras haber puesto en tensión todos los músculos de su cuerpo, se dirigía hacia la posición de ésta mientras su puño derecho resplandecía con un brillo blanco incandescente.

    Kyoshi, no obstante, apenas se achantó ante la amenaza y, debido a ello, consiguió ocultarse entre las sombras con su ataque finta bajo la atónita mirada del renacuajo, quien en vista de que de que ya no tenía un objetivo al que impactar, rápidamente optó por Astra como nuevo blanco y partió acto seguido contra ella.

    La Pokémon de Muse, carente de experiencia en combates y exenta de órdenes que la dijesen cómo podía actuar, se limitaba a mostrar los colmillos y a gruñir a sus dos rivales, quienes acudían hasta su posición en direcciones opuestas.

    Sin embargo, a falta de apenas unas decenas de segundo para el impacto, la Pokémon del ojiverde consiguió materializarse en medio de la trayectoria que estaba siguiendo la Pokémon de Aoki y, haciendo uso de un ataque detección, no solo logró detener la el coletazo cubierto por un remolino de agua que amenazaba con golpear a Astra, sino que también causó el retroceso de la Dragonair, repeliéndola varios metros hacia atrás de su posición.

    Pese a esto, el Poliwrath de Jay continuaba acercándose peligrosamente por el otro flanco, dispuesto a ensartar un derechazo en cualquiera de sus dos rivales; sin embargo, para fortuna de las dos formas evolucionadas de Eevee, esto dejó de ser así luego de que el anfibio tuviera que hacerse a un lado a fin de poder evitar el raudo impacto de una bola sombra que la Pokémon de Ecko le dirigió a quemarropa.

    —Muse, estaría bien que Astra recibiese alguna orden —El ojiverde quiso captar la atención de la pelirroja, quien permanecía atónita ante lo que podía haberle ocurrido a su Pokémon. —; Kyoshi no va a poder defenderla siempre de los ataques.
    —Y-ya lo sé… —Se excusó mientras una fría gota de sudor caía por su sien. —<<¿Pero cómo vamos a poder hacer contra unos rivales así?>> —Su mente se nubló de pensamientos de este tipo; los gritos del público tampoco la dejaban pensar con claridad.
    —¡Flao! —Astra se giró hacia su entrenadora con cara de preocupación; a ella tampoco se la daba demasiado bien combatir, pero estaba dispuesta a hacerlo si contaba con el apoyo de su compañera humana.
    —¡Kyoshi, bola sombra a Dragonair y esquiva con finta si es preciso! —Ecko suspiró ante la negación de su amiga, sin embargo se vio obligado a dar una nueva orden a su Pokémon a fin de evitar con ello la casi asegurada derrota.

    Ante una nueva amenaza de ataque, la Pokémon del tipo siniestro fue capaz de generar dos bolas sombras de manera casi simultánea —debido al notablemente incremento que había experimentado su velocidad—que enseguida fueron dirigidas contra los dos rivales y, si bien la primera de ellas logró impactar y frenar la arremetida del Poliwrath, la segunda fue elegantemente esquivada por la Dragonair, quien no encontró impedimento alguno en su avance hacia la Pokémon del ojiverde mientras generaba otro ataque acua cola.

    Consciente del ataque físico de la dragona —y sabiendo que era preferible enfrentarla desde la distancia—, Kyoshi aprovechó para volver a desaparecer entre las sombras y así evitar el impacto del tremendo coletazo; sin embargo —como la Pokémon de una campeona que era—, Suyin supo reaccionar a tiempo y generó desde la esfera de su garganta un pulso eléctrico que abarcó aproximadamente un radio de dos metros y medio, el cual logró impactar (allí donde estuviera escondida) a la Pokémon del ojiverde y la obligó a materializarse sobre el campo de batalla, mostrando a todos los allí presentes los feos síntomas de una parálisis.

    No obstante, debido a su habilidad “sincronía”, otra repentina parálisis comenzó a hacer acto de presencia también en el cuerpo de la Dragonair, quien se vio forzada a aterrizar sobre el suelo y acabó enroscada sobre sí misma; fue pasados unos segundos cuando, para sorpresa de todos, ésta volvió a retomar el vuelo dejando sobre el terreno de batalla lo que parecía ser una brillante piel transparente de la que saltaban pequeñas chispitas eléctricas, la cual terminó por desvanecerse en el aire instantes después.

    Curada de la parálisis gracias a su habilidad “mudar”, la Pokémon de Aoki se apresuró en generar desde su boca un brillante aliento azulado que impactó en un costado de la Pokémon del tipo siniestro y que consiguió empujarla varios metros hacia atrás, justo en la zona en la que el Pokémon de Jay preparaba en torno a su cuerpo un ataque cascada que prometía ser peligroso.

    —¡Astra, avivar y lanzallamas!
    —¡Flao, flao! —Asintió la Pokémon.

    Un aura rojiza envolvió la anatomía de la Pokémon de fuego mientras el cabello de su cuello, cabeza y cola se ponía de punta; tras ello, la Flareon expectoró desde sus fauces una bocanada de llamas —bastante más grande de lo que hubiese sido normalmente debido al incremento de poder especial que le otorgaba el ataque avivar— que logró atravesar el campo de batalla de un extremo a otro e impactó de lleno en el Pokémon anfibio, quien si bien no sufrió demasiado daño a causa de la cortina de agua que lo envolvía y a la resistencia de tipos, sí se vio obligado a frenar su embestida y a retroceder un par de pasos.

    —Poliwraz… —Se lamentó el anfibio.
    —Dicen que más vale tarde que nunca ¿No? —Aoki bromeó con su compañero de batalla, quien no pudo evitar soltar una leve carcajada. —¡Menos mal que has entrado a apoyar a tu novio! —Exclamó vacilona. —¡Estaba empezando a aburrirme!
    —Por los pelos… —El ojiverde pasó su antebrazo derecho por la frente para intentar apartar el sudor que corría por ella. —Gracias por salir a ayudarnos, Muse. —Ofreció la mano a la pecosa para que ella le chocara la palma. —Kyoshi y contamos con vosotras ¿De acuerdo?
    —S-sí. —Respondió escuetamente; al parecer había recuperado parte del valor y la confianza en sí misma, pero aún debía demostrarlo. —<<Y no somos novios>> —Frunció el ceño mientras observaba a la pareja enemiga, concretamente a Aoki.

    La incorporación de Muse y Astra a la batalla sin duda consiguió nivelar un poco la balanza del combate, sin embargo ésta todavía seguía estando inclinada hacia el bando rival, debido sobre todo a la buena compenetración de sus miembros y a la seria parálisis que poco a poco se iba expandiendo por el cuerpo de la Pokémon del ojiverde; pese a esto, la pareja de Pokémon de Isla Canela supo plantar cara a las adversidades que se le presentaron en los sucesivos turnos haciendo una buena combinación de velocidad y ataques especiales.

    —¡Astra, excavar! —Ordenó la pelirroja a fin de que su compañera pudiera esquivar un peligroso ataque cascada generado por el Poliwrath de Jay.
    —¡Draaa! —Gruñó la dragona.
    —Kyoshi ¿Puedes continuar? —El ojiverde mostró interés por el estado de su compañera después que ésta bloqueara un acua cola de la Dragonair; ésta afirmó, pero Ecko se dio cuenta de cada vez jadeaba más debido al agotamiento que suponía para ella la parálisis. —Mejor sigamos atacando desde la distancia ¡Bola sombra!

    Tal y como había ordenado, la Pokémon de la pelirroja eludió el impacto del anfibio a base de enterrarse en un profundo agujero excavado en el campo de batalla; sin embargo, Muse no tuvo en cuenta que dejar solo a un compañero durante un combate de dobles es una de las cosas que hay que evitar hacer en la medida de lo posible puesto que, de ese modo, estaba arriesgando a dejar a la magullada Pokémon del ojiverde a merced de los dos rivales, quienes supieron aprovechar la oportunidad y enseguida centraron sus respectivos ataques en ella.

    Un ataque detección bastó para frenar un pulso dragón de la Pokémon de Aoki, no obstante, el esfuerzo que le suponía a Kyoshi generar una de esas barreras protectoras en su estado, causó que ésta no pudiese hacer nada por evitar el impacto del ataque cascada que en un principio iba dirigido a su compañera, recibiendo de esta manera un tremendo golpe en el costado que la propulsó varios metros en dirección hacia su entrenador, acabando tirada sobre la gravilla del suelo.

    No dispuesta a rendirse, la Umbreon hizo amago de querer volver a incorporarse, pero el golpe recibido había ocasionado que la parálisis atacase con mayor intensidad sus extremidades traseras y por ello volvió a caer sobre el suelo, lugar en el que acabó recibiendo el impacto de un segundo pulso dragón que la arrojó hasta los pies de su entrenador.

    —¡Umbreon no puede continuar! —Dictaminó el referí alzando el banderín correspondiente a la pareja rival. —¡El combate debe continuar! ¡Prosigan!
    —Eres estupenda, chica. —El ojiverde hizo regresar a su compañera caída, dándole las gracias por el ejemplar comportamiento y compañerismo que había demostrado durante el combate. —Estábamos haciendo un buen trabajo, Muse ¡Seguid así!
    —P-pero ahora… —El rostro de la pelirroja lo decía todo; ahora que estaba sola ante el peligro sentía como los nervios volvían a hacer efecto en ella. —<<No tendría que haber dejado sola a Kyoshi>> —El sudor volvía a caer por sus sienes mientras mordía su labio inferior. —<<Solas no podremos contra alguien como ellos>>

    La Pokémon del tipo fuego regresó a la superficie a espaldas de sus dos rivales, sorprendiendo al Pokémon del tipo agua con un severo golpe en el costado que lo lanzó varios metros a su derecha; la dragona enseguida reaccionó ante la emboscada y se lanzó contra la canina dispuesta a asestarle un testarazo con un poderoso acua cola.

    La velocidad a la que se movía Suyin provocó que el impacto fuese directo, ocasionando que Astra aterrizase de bruces en la circunferencia central del campo de batalla; sin embargo, para sorpresa de muchos, la Flareon se levantó y dedicó un repetido ataque lanzallamas a la Dragonair, quien se zafó de las flamas realizando un estilizado tirabuzón en el aire.

    En cuestión de segundos la situación se volvió inevitablemente crítica: Frente a Astra, Suyin se acercaba cada vez más rápido con su cola envuelta por el remolino de agua, prometiendo con ello poner el punto final al combate; por su derecha, el Poliwrath de Jay se aproximaba algo más despacio con su puño incandescente, pero igualmente con las mismas intenciones.

    La batalla terminó antes del impacto, cuando el puntero rojo entró en contacto con el peludo cuerpo de la Pokémon de fuego y la desmaterializó del campo de batalla; al parecer su entrenadora había tomado ya una decisión al respecto.

    —¡La aspirante retira a su Pokémon! —Proclamó el referí alzando nuevamente los banderines en señal de victoria. —¡Aoki y Jay ganan el combate! ¡La pareja ganadora suma con esta victoria ocho triunfos consecutivos!
    —Buen combate, Muse. —El chico de los lunares posó una mano sobre uno de los hombros de su amiga, lo que en un principio la sobresaltó un poco. —En fin, la próxima vez será. —Suspiró con una sonrisa de resignación. —¿Quieres que vayamos al Centro Pokémon?
    —Sí, por favor. —Suspiró agotada mientras colocaba la Pokéball de su compañera en el lugar correspondiente. —Definitivamente los combates no son lo mío. —Añadió al tiempo que fingía un llanto algo cómico.


    Centro Pokémon de Ciudad Verde, 10:52 AM.

    —Sí, esta misma tarde ya podréis pasar a recogerlos. —Respondió de manera educada la enfermera a la pareja de Isla Canela una vez que éstos le entregaran las cápsulas de los dos Pokémon con los que habían librado el combate.

    Tras tomar nota de los dos pacientes en la base de datos del ordenador, la enfermera —de melena celeste recogida en un trabajado moño y ojos del mismo color— hizo llamar a una de sus compañeras Chansey a través de un pequeño micrófono y, en cuestión de segundos, ésta apareció canturreando su habitual melodía, tras lo cual tomó la bandeja en la que los chicos habían depositado sus Pokéball y volvió a la instalaciones internas del centro para poder comenzar con el tratamiento.

    Con una cosa menos por hacer, la pareja de Isla Canela consideró oportuno acercarse hasta la sala habilitada con videoteléfonos para ponerse en contacto con sus respectivos familiares y hacerles saber de su llegada a Ciudad Verde, así como para contarles también los sucesos que les habían acontecido esa misma mañana; una vez allí, los dos tomaron asientos diferentes.

    La pantalla del videoteléfono del ojiverde se encendió directamente, sin esperar apenas a ver quien estaba al otro lado de la llamada; en ella apareció una mujer ya adulta, de melena blanca con ondulaciones en las puntas y serena mirada de írises azules oscuros, y en cuyo rostro y cuello —únicas zonas visibles de su anatomía en el monitor— podían diferenciarse, además, pequeños y redondeados lunares que, al parecer, su dos hijos habían heredado de ella.

    —¿Mamá? —La reacción del ojiverde fue de sorpresa total, pues no esperaba ni mucho menos que fuese ella quien contestase a su llamada. —¿Estás ya en Isla Canela? ¿Cuándo llegaste? ¿Cómo te fue?
    —Hola, Ecko. —La peliblanca esbozó una confortable sonrisa ante la oleada de preguntas lanzadas por su hijo; la verdad es que no esperaba otra cosa, ambos llevaban demasiado tiempo sin verse. —Todo muy bien, apenas llegué ayer a la isla, un par de horas después de que tú te fueras.
    —De haberlo sabido hubiese aplazado el viaje para un par de días más tarde… —Una gota de sudor cayó por la sien del chico de los lunares. —De todos modos tú tampoco avisaste de que estabas de vuelta. —La regañó cariñosamente, aunque intentando aparentar cierta seriedad.
    —Sí, supongo que en eso tengo algo de culpa. —Roxanne juntó las yemas de sus dedos índices intentando disculparse. —Quise daros a todos una sorpresa; pero ya ves que no me salió del todo bien. —Rió. —De todas maneras háblame mejor de ti, quiero enterarme de lo que os ha ido pasando en todo este tiempo. —Cambió rápidamente de tema. —¿Tienes ya la última medalla de Gimnasio? ¿Y Yukón, cómo se encuentra?

    De buena gana, madre e hijo enseguida se pusieron al día al día de todo cuanto les había ocurrido desde la última vez que ambos se habían visto las caras en persona, hacía ya varios meses.

    Dicho encuentro había tenido lugar en Ciudad Azulona, cuando el ojiverde tan solo tenía en su poder dos medallas de Gimnasio, cuatro Pokémon en su equipo y apenas llevaba poco menos de un mes viajando por Kanto; Ecko había acudido hasta allí buscando un enfrentamiento con la líder de Gimnasio local después de haber perdido su anterior batalla de Gimnasio en Ciudad Azafrán.

    Roxanne Davenport había regresado hacía ya un par de semanas de una larga estancia en el Centro Pokémon de Ciudad Petalia —en la región de Hoenn— donde había tenido que viajar por motivos de trabajo; por aquel entonces, la peliblanca se encontraba trabajando en una de las plantas del Centro Pokémon de Ciudad Azulona y, cuando se enteró de que su hijo también estaba allí, faltó tiempo para que ambos concretaran una cita en la que reencontrarse; cita en la que, además, el ojiverde tuvo oportunidad de incorporar a su equipo a un preevolucionado Yukón, quien había sido un regalo que su madre le había traído desde Hoenn luego de que el Profesor Abedul —el equivalente al viejo Oak en aquella región— se lo entregara a ésta como agradecimiento por unos servicios médicos prestados.

    —A propósito, Ecko. —Algo pareció acudir de repente a la cabeza de la mujer. —Casi se me olvida por completo. —Una gota de sudor cayó ahora por su sien. —Quizás aún sea un poco pronto para decir nada al respecto, pero es muy posible que finalmente acabe consiguiendo una plaza fija como médico de planta en el Centro Pokémon de Isla Canela.
    —¿De verdad? —Los ojos del de la piel de lunares brillaron llenos de emoción. —¿Entonces eso significa que ya no tendrás que volver a viajar más? ¡Qué buena noticia!
    —Tampoco es bueno que nos hagamos falsas ilusiones —Roxanne intentó que su hijo no se alejase demasiado del mundo terrenal. —, aunque sí es cierto que todos los trámites están ya en marcha. —Explicó. —En un par de semanas sabremos la decisión que finalmente tome el Centro.

    Después de tan buena noticia, la charla entre madre e hijo no se prolongó por mucho tiempo más, por lo que tras despedirse de su progenitora y encargarla que diera recuerdos al resto de su familia, el ojiverde terminó por colgar el auricular del aparato y recogió el dinero que había caído como cambio al gasto total de la llamada; tras lo cual esperó a que Muse terminase también su conversación y juntos marcharon a la recepción del edificio, teniendo en mente el plan de salir a dar una vuelta por las calles de la ciudad con intención de hacer algunas compras que les suministrasen provisiones o medicinas para sus Pokémon, y puede que también el volver a la Casa del Entrenador para ver si podían encontrar esta vez a Ryuchi.

    Justo antes de que las puertas de cristal se desplazasen lateralmente para permitirles el paso, una voz recientemente conocida para ellos captó su atención a sus espaladas y los obligó a detenerse antes de que pudieran poner un pie en el exterior; cuando se giraron para ver de quien se trataba, Aoki les hizo una mueca con la lengua.

    Al parecer, la de los ojos violetas había comenzado ya a aburrirse de tantos combates seguidos y había preferido dejar que el título de “Rey de la pista” se lo disputasen entre otros, por lo que aprovechó la oportunidad para acercarse hasta el Centro Pokémon para que tratasen a sus compañeros luego de la buena cantidad de combates que habían realizado esa mañana.

    En ese momento le acompañaba un bípedo monstruo que por poco superaba el metro de altura, de áspera piel marrón —color crema en la zona ventral— y cabeza cubierta por una pulida calavera blanca en la cual se podían observar dos ojos de pupilas enrojecidas; cabe mencionar también que la criatura —conocida como Marowak— sujetaba de manera firme con su puño derecho lo que parecía ser un grueso y alargado hueso, que por su aspecto daba la sensación de tratarse de un fémur.

    —Espero que algún día me propongas una revancha, pelirroja. —Rió la rubia. —Aunque me guste ganar, nuestro combate de hoy me ha sabido a muy poco.
    —Pues yo he tenido más que suficiente. —Contestó Muse mientras una gota de sudor caía por su sien y su rostro se ruborizaba. —Creo que me alejaré de los campos de batalla durante una buena temporadita.
    —Lamento entonces si fui muy severa durante el combate —Aoki lo dijo más por cortesía que por cualquier otra cosa, pues durante el enfrentamiento apenas había mostrado una pequeña parte de lo que era el poder de sus compañeros. —; pero dirigir un sitio como lo es la Casa del Entrenador a veces requiere un poco de mano dura.

    Tras pronunciar esas palabras la pareja de Isla Canela no pudo evitar mirarse, extrañados; ambos tenían entendido —por palabras textuales del mismo— que quien se encargaba de dirigir dicho lugar se trataba de Ryuchi, a quien precisamente estaban buscando por eso.

    El ojiverde no pudo evitar preguntar al respecto y Aoki, tras esbozar una leve sonrisa, les propuso ir a la cafetería del Centro Pokémon para tomar algo mientras hablaban sobre ello.

    —Así que el abuelo os dio uno de sus Pokémon ¿Me equivoco? —Dedujo la rubia tras pegar un sorbo del refresco de naranja que se había pedido. —Y hoy estabais en la Casa del Entrenador buscándole para someteros a su examen.
    —Bueno, en verdad solo a mí. —Se limitó a contestar el ojiverde. —Lo estuvimos buscando por todas partes, pero al no encontrarle decidimos bajar al sótano para ver si estaba allí. —Explicó. —Y bueno, el resto ya lo conoces.
    —Entiendo que no lo encontraseis… —Aoki suspiró e hizo una pausa para beber otro sorbo de su bebida. —El abuelo Ryuchi nos dejó a principios del mes pasado.

    Tras la afirmación de la rubia, Muse estuvo a punto de expulsar cual aspersor el trago de bebida que en ese mismo momento estaba a punto de ingerir; Ecko, por su parte, sintió como la garganta se le secaba y el pulso se le aceleraba a pasos agigantados al tiempo que sus manos le empezaban a temblar.

    —¿M-murió? —El ojiverde consiguió pronunciar al final algunas palabras; sí era verdad que Ryuchi era algo mayor, pero la vitalidad que éste le transmitió la primera vez que lo vio le hizo pensar que aún le quedaban muchos años de vida.
    —¡¿Qué?! —Exclamó Aoki sorprendida, casi no pudiendo evitar soltar una carcajada. —¡No, no! —Rió no pudiendo evitar encontrar gracioso aquel fortuito malentendido. —¡El abuelo se fue a Sinnoh! —Explicó entre carcajadas. —Me dijo que era el momento de que yo tomase su relevo en la Casa del Entrenador, y que él se iba otra vez a recorrer regiones como cuando era joven.

    La pareja de Isla Canela suspiró aliviada, como si de pronto se hubiesen quitado de encima el mayor peso del mundo, aunque después no pudieron evitar romper a reír por la mala interpretación de las palabras de la rubia; Aoki sacudió la cabeza y ofreció un pastelito a su compañera Pokémon —cuyo nombre, por cierto, era Gahara—, quien observaba la escena algo atónita mientras permanecía sentada en el suelo.

    —En cualquier caso tienes un desafío pendiente con mi familia —La de los ojos violetas tomó una actitud algo más seria. —; y al no estar mi abuelo, a la que le corresponde evaluarte en esta ocasión es a mí —Miró al ojiverde, desafiante. —; en un combate Pokémon.
    —Eso está hecho. —Ecko aceptó el desafío, esbozando una ligera sonrisa de confianza y extendiendo la mano a la rubia para firmar con ello el acuerdo. —Cuando tú quieras.
    —Entonces nos vemos esta tarde, sobre las ocho, en las pistas cubiertas. —La de los ojos violetas rápidamente estableció las condiciones del encuentro. —¡Ah! Y lo que creo que es más que evidente: Será con el Pokémon que te entregó mi abuelo.

    Sin mucho más que añadir, la muchacha terminó de un trago su refresco y, después de guiñar un ojo a la pareja de Isla Canela, abandonó la habitación seguida pasos atrás por su compañero Pokémon.


    Fecha desconocida, Lugar clasificado, Ciudad Verde, 23:33 PM.

    Aún cuando su vista por fin se acostumbró a la oscuridad, Kaden ni siquiera pudo averiguar el lugar en el que se encontraba; la cama en la que estaba tirado era dura, con un armazón de hierros como la de los hospitales, así que se llegó a imaginar que quizás podía encontrarse en algún sitio de dicha categoría.

    Se llevó la mano al rostro; lo sentía magullado e hinchado, y notó algo extraño en su labio inferior, como si fueran puntos de sutura, justo en el sitio en el que le había acertado una de las patadas de Pesth; al pasar los dedos contó al menos tres, pero en verdad eran cuatro los que habían tenido que darle para cerrar la herida.

    Trató de incorporarse y entonces fue cuando sintió como si todo el peso de la humanidad cayese sobre su costado derecho; el dolor le cortó la respiración durante un segundo, pero poco a poco consiguió colocar su espalda en ángulo recto con la cama, aunque no fue algo rápido, sino que el proceso le llevó varios minutos de agonía.

    Se dio cuenta de que tenía el torso desnudo, decorado con hematomas, siendo el más grande y el que le producía más dolor de todos ellos el que tenía bajo la axila derecha; intentó tocarlo con la mano, pero el simple hecho de rozarlo con los dedos ya hizo que viese las estrellas; tomó aire y lo soltó de golpe, maldiciendo e intentando recordar qué le había ocurrido.

    De pronto se escuchó un fuerte portazo, parecía venir justo de la habitación que comunicaba con la puerta que estaba frente a su cama.

    —¡Pero qué cojones te pasaba por la cabeza, Scarlett! —Una voz que le resultaba familiar rompió el silencio dominante en el ambiente; sus oídos comenzaron a pitarle. —¿Se puede saber qué era lo que pretendías?
    —L-lo siento en el alma, Comandante. —Se disculpó una segunda voz, desconocida. —Clive y yo intentamos detenerle, pero a él le pegó un puñetazo y le dejó sangrando por la nariz. —Se explicó. —Han tenido que llevarlo a la enfermería y yo solo no pude detenerlo.
    —No te preocupes, Gibson, puedes retirarte. —Interrumpió una voz de mujer; la segunda voz volvió a repetir su disculpa, pero de nuevo ésta insistió en que se retirase. —Y tú, Braham, baja la voz o vas a despertar al niño.

    Braham llevaba puesta la misma ropa que el día de su secuestro, solo que ahora estaba más limpia que entonces, al parecer se habían encargado de lavarla mientras había permanecido inconsciente; su barba había crecido en todo ese tiempo, y ahora su rostro estaba algo más oscuro que de costumbre, decorado con la costra de una herida en su sien izquierda.

    La mujer a la que había interrumpido volvió a tomar asiento en uno de los sillones de la sala en la que se encontraba, provocando el ruido de los tacones al chocar contra el suelo; no tendría más de cuarenta y dos años, y su silueta era voluptuosa, cubierta por un ajustado vestido negro que la llegaba hasta las rodillas; sus ojos eran oscuros como la noche, y su cabello —del mismo color que la mirada— era largo, aunque recogido en un sutil moño.

    —¿El niño?—Braham Onoda cerró la puerta de la habitación, enfurecido. —¡Qué derecho tienes tú para llamarlo así!
    —Por mucho que pretendas evitarlo, jamás podrás remediar el hecho de que Kaden sea tan hijo tuyo como mío. —Respondió Scarlett con serenidad, al parecer el hombre no conseguía intimidarla lo más mínimo. —Y mucho menos impedir el hecho de quiera protegerlo.
    —¿Protegerlo? —El hombre espetó una carcajada seca e irónica. —¿Cuánto tiempo he pasado dormido? Porque la última vez que estaba consciente el hecho de enviar una panda de Rockets a que te secuestren y te den una paliza no estaba considerado como tal.
    —La misión era traer a Kaden a mi lado, sin suplementos. —La mujer miró de manera vacilante a su marido, éste le contestó con una mirada furiosa. —Y si los medios empleados en hacerlo fueron adecuados o no ha sido algo que ya me he encargado yo misma de juzgar. —Añadió. —Pero por si acaso sientes curiosidad, que sepas que esa rata de cloaca ya no volverá a poner un pie dentro de la organización; nunca más.

    La discusión entre Braham y Scarlett se prolongó durante buen rato, tiempo en el que si bien la furia del hombre iba en considerable aumento, la mujer se mantenía fría y serena, con una actitud incluso vacilona.

    La puerta de la habitación que estaba a sus espaldas se abrió con un chirrido y Kaden se vio obligado a apoyar el peso de su cuerpo contra la madera, jadeante y dolorido tras el esfuerzo que le había supuesto el acercarse hasta allí; había logrado vestirse él solo, pero a pesar de eso la luz de la habitación evidenciaba que su aspecto era bastante nefasto, sobre todo por la enorme cantidad de moratones y heridas que le había dejado como recuerdo la brutal paliza.

    Cuando vio a la pareja de adultos necesitó un par de segundos para asimilar la escena; sus ojos se clavaron en la mujer y no pudo evitar que dos lágrimas se resbalaran por ambas mejillas. La mujer contuvo la emoción y se acercó hasta su hijo, aunque guardando las distancias con inseguridad.

    —¿Q-qué, qué es todo esto? —El peliazul apenas consiguió articular palabra, se había formado un nudo alrededor de su garganta; tenía los ojos empapados. —Me dijeron… Todos me dijeron que tú habías muerto.
    —Tuvo que ser así, mi pequeño. —Scarlett se abrazó a su hijo y apoyó la cabeza de éste contra su pecho, acariciándole el cabello y besándolo con ternura. —Estos diez años lejos de ti han sido los peores, pero fueron necesarios para mantenerte a salvo. —Explicó. —Siempre has sido lo más importante en mi vida, Kaden, aunque no estuviese a tu lado para demostrártelo.

    Era verdad que las vidas de Kaden y de su padre habían sido más tranquilas desde que Scarlett había dejado de formar parte de ellas hacía diez años, de eso a Braham no le quedaba ninguna duda, sin embargo, el padre del muchacho no podía evitar presenciar algo oscuro escondido tras las palabras de su exmujer; si en todo ese tiempo había intentado mantener alejado a su hijo de aquella mujer había sido por algo, y esperaba que el peliazul no estuviera demasiado ciego por las emociones como para darse cuenta de ello en ese momento.

    Con los ojos enrojecidos, el de Isla Canela apartó el rostro del pecho de la mujer; ella se apresuró a secarle las lágrimas con un pañuelo negro, con una “R” roja bordada en una esquina. Kaden se fijó en la prenda y de pronto sintió que empezaba a comprender algunas cosas.

    —Me mentisteis… —El de los ojos oscuros apretó los puños dominado por la rabia; sintió como los moratones y las heridas le ardían, pero en aquel momento el dolor físico no era apenas comparable con el otro dolor que sentía. —¡Los dos!
    —Kaden… —A Braham se le cayó el alma al suelo al ver a su hijo así; se acercó hasta su posición, dispuesto a separarlo de los brazos de aquella que decía ser su madre y a llevárselo de regreso a Isla Canela, donde quizás pudiera explicarle sus motivos.
    —¡No! —Exclamó el peliazul antes de que el hombre pudiese agarrarlo por el brazo. —¡No! ¡Me mentisteis! ¡Los dos! —Exclamó, temblando. —¡Tú no estabas muerta! ¡Y tú lo sabías! ¡Los dos me habéis tenido engañado durante estos diez años!

    Cegado por la rabia y la impotencia, el joven de Isla Canela se abrió camino —con pasos torpes y adoloridos— entre la pareja de adultos, con intención de abandonar la habitación y dejar allí a las personas que tanto tiempo le habían tenido engañado cuando, tras girar el picaporte de la puerta, el dolor de su costado lo azotó de tal manera que no pudo evitar desplomarse sobre el suelo, soltando con el golpe un gemido de dolor.

    Tanto Scarlett como Braham se acercaron rápidamente hasta donde su hijo permanecía tirado, dispuestos a ayudarle, sin embargo éste rechazó todo gesto y, como buenamente pudo, se volvió a poner en pie, dolorido, tras lo cual se alejó de la sala recorriendo el pasillo que se expandía hacia su derecha, al final del cual se podía observar lo que parecía tratarse de una salida de emergencia.

    Cuando abrió la puerta, un soplo de aire le atizó el rostro, llevándose consigo las lágrimas de sus mejillas; estaba en una especie de azotea, en la de un edificio muy alto; pudo distinguir a un lado una escalerilla de incendios, sin embargo tenía el cuerpo demasiado dolido como para bajar por ella, eso le hubiese supuesto una muerte casi segura.

    Tomó una de sus Pokéball —las cuales, afortunadamente, su madre había ordenado que nadie tocase— y, tras pulsar el apéndice central de ésta, liberó a Ozai, su Charizard, quien iluminó la oscuridad de la noche con la danzante llama de su cola.

    —Vámonos. —Le dijo mientras subía a su espalda y se abrazaba fuertemente a su cuello; el calor que irradiaba su cuerpo consiguió relajarle durante un breve instante. —Lejos.
    —¡Gruaa!

    El dragón acató la orden sin rechistar y, tras batir fuertemente sus dos lustrosas alas, abandonó la azotea de la construcción instantes antes de que tanto Braham como Scarlett apareciesen en ella: Uno dolido y decepcionado consigo mismo por haber mantenido en el engaño a su hijo durante tanto tiempo, aunque hubiese sido por su bien; la otra, no tanto.


    Casa del Entrenador, 19:58 PM.

    Cuando la pareja de Isla Canela se adentró en la parcela vallada en la que Ryuchi y el ojiverde se habían visto las caras la primera vez, Aoki —a pesar de faltar todavía un par de minutos para la hora acordada—ya los estaba esperando; permanecía sentada en uno de los bancos, aburrida, jugueteando con un par de Pokéball de tamaño reducido para matar el tiempo.

    Al percatarse de la presencia de los dos muchachos, la rubia se levantó rápidamente de su asiento y, con una confiada sonrisa en el rostro, se acercó hasta los jóvenes para recibirles como su abuelo hubiese hecho.

    —¿Has venido a por tu revancha, pelirroja? —La de los ojos violetas no pudo evitar soltar una risotada, vacilona. —No me parece mala idea —Añadió. —; pero déjame que antes me encargue de tu novio.

    Muse se limitó a sonreír y a desear suerte a su amigo, tras lo cual tomó asiento en uno de los bancos del recinto y liberó de sus correspondientes Pokéball tanto a Astra —a quien ya había pasado a recoger (y se encontraba perfectamente)— como a Buck, a fin de que ambos viesen la batalla y tomasen buena nota de ella, tratando con ello el evitar situaciones como las que habían vivido por la mañana.

    —¿Qué te parece si empezamos con lo realmente importante, Ecko? —Aoki se ajustó su alborotada coleta y meneó lateralmente la cabeza para así acomodarse el resto del rubio cabello. —¿Por qué no empiezas enseñándome el Pokémon que te entregó mi abuelo?
    —¡Por supuesto! —El ojiverde se limitó a tomar de su cinturón la Pokéball del Lucario y procedió a dejarlo salir al exterior. —¡Sal, Azulón!

    Fuera ya de su Pokéball, el Pokémon de los tipos lucha y acero no pudo evitar recordar el lugar en el que se encontraba; cerró los ojos y, con su zarpa derecha, palpó la energía del ambiente —lo que derivó que dicha extremidad se rodease por un aura azul oscura— no pudiendo evitar sentir curiosidad por la rubia que se postraba ante sus ojos, quien al parecer, estaba rodeada por un aura similar a la de su antiguo dueño.

    La de los ojos violetas se acercó hasta el Lucario y se puso de cuclillas, igualando su posición; el Pokémon canino la miró con curiosidad, asombrado, a lo que ella no pudo evitar dejar escapar una alegre sonrisilla.

    —Ya veo que mi abuelo no te entregó a un Pokémon cualquiera —Señaló Aoki, satisfecha con lo que sus ojos violetas veían. —; realmente sentía aprecio por ese Riolu. —Añadió. —Esto os pone el listón aun más alto de lo que ya estaba —Sonrió confiada. —, y solo hay una manera de que podáis demostrarlo.
    —¡Entonces adelante! —Respondió el ojiverde confiando plenamente en que tanto él como su Pokémon lo darían todo al completo. —¡Azulón y yo nos morimos de ganas por librar este combate! ¿Verdad que sí?
    —¡Groao! —Asintió el Pokémon luchador.
    —Las cosas hay que demostrarlas con hechos, no con palabras. —Sermoneó la rubia mientras ocupaba el lugar que la correspondía en el campo de batalla. —No voy a haceros esperar más. —Miró a ambos sonriendo, desafiante. —¡Bullet, a luchar!

    El monstruo liberado por Aoki se asemejaba a un antropomorfo insecto de metalizado exoesqueleto rojo, dotado con una estatura no superior al metro y ochenta centímetros y unas extremidades superiores acabadas en forma de amenazantes tenazas, en las cuales se podían distinguir —a ambos lados de cada una de ellas— unos intimidantes patrones circulares amarillos y negros que daban la sensación de parecer un par de ojos furiosos; su anatomía se completaba con un no demasiado abultado abdomen —lo que indicaba que se trataba de un macho— y cuatro alas membranosas a su espalda.

    —¡Saizor! —Exclamó el insecto mientras abría y cerraba repetidamente sus pinzas; su entrenadora cedió a la pareja rival el movimiento que daría inicio al combate.
    —¡En ese caso, Azulón, usa patada ígnea! —Ordenó súbitamente el ojiverde.
    —¡Bullet, detenlo! —Se limitó a decir la ojivioleta.

    Un simple pisotón contra el suelo de gravilla bastó para que la pierna derecha del Pokémon luchador se viese envuelta por un fulgor naranja, fruto de las brasas que habían comenzado a aparecer en ella; acto seguido partió a la carrera, ocasionando que diminutas ascuas se desprendieran con el movimiento y acabasen danzando por el aire.

    Cuando se encontraba a escasos metros del Pokémon metalizado, Azulón se bastó de un potente salto para intentar encontrar el ángulo perfecto desde el que poder asestar su patada.

    La pierna del Lucario iba directa al costado izquierdo del Scizor cuando éste logró aferrarla con sus dos pinzas; la inercia del impacto contra las tenazas ocasionó que el Pokémon bicho se viera forzado a clavar sus extremidades inferiores en el suelo a fin de impedir el arrastra hacia atrás, lo que dejó dibujado en la grava dos grandes surcos de un par de metros de longitud.

    Sintiéndose indefenso, Azulón se apresuró en generar en torno a su zarpa derecha un ataque palmeo con el que poder zafarse de su prisión; sin embargo, antes incluso de que pudiera almacenar la energía necesaria para ello, el Pokémon insecto lo lanzó varios metros hacia atrás, regresándolo hasta su posición inicial.

    —¡Ahora, Bullet! —Mandó enérgicamente Aoki, antes de que sus rivales pudiesen apenas reaccionar. —¡Puño bala!
    —¡Saizor! —Asintió la mantis mientras batía sus membranosas alas y conseguía levantar sus pies un par de centímetros del suelo.
    —¡Puño bala tú también, Azulón! —Se apresuró en ordenar Ecko a fin de evitar que la rubia y su Pokémon les comieran el terreno.

    La deficiente velocidad del Scizor provocó que el encuentro entre los dos Pokémon ocurriese en el semicampo de batalla perteneciente a la rubia, lugar donde las extremidades superiores de ambos contendientes se cubrieron con un brillo metálico y acto seguido comenzaron a intercambiar a base de velocísimos puñetazos, los cuales, a simple vista, eran casi imposibles de seguir con normalidad.

    Un ruido metalizado se escuchaba allí donde los puños de los dos rivales coincidían en su trayectoria, ocasionando también con ello la expulsión de numerosas chispitas resultadas de los repetidos impactos.

    El baile de puñetazos se sucedió durante prolongados segundos, tras lo cual ambos Pokémon se retiraron hasta sus posiciones iniciales en sentidos diferentes.

    —Groao… —Azulón se lamentó, jadeante, por los veloces impactos que había recibido en numerosas partes de su cuerpo; rostro, pecho y costados principalmente.
    —¡Saizor! —El Pokémon de Aoki continuó abriendo y cerrando sus tenazas; había recibido un número considerablemente menor de impactos, apenas uno en el rostro y dos en el abdomen, y por ello se le veía más con mejor aspecto que a su adversario.
    —Creí que ibais a durarnos más tiempo. —Vaciló la ojivioleta con la esperanza de que eso consiguiera cabrear un poco a sus rivales. —Acabaré entonces con esto. —Sonrió. —¡Bullet, usa danza espada y después ataca con tijera x!
    —¡Vamos, Azulón, no podemos dejar que nos ganen! —Animó el chico de los lunares a su compañero. —¡Impídelo usando telépata y después palmeo!

    Tras la orden de su entrenadora, el Pokémon de Aoki volvió a retomar el vuelo —aunque a una altura considerablemente superior a la de la vez anterior— y comenzó a desarrollar violentas acrobacias, gracias a las cuales su cuerpo se fue envolviendo por un aura rojiza causante de que su ataque físico incrementara considerablemente.

    Azulón, por su parte, permanecía inmóvil sobre el terreno de batalla, con los ojos cerrados y las zarpas juntas frente a su pecho; la técnica de incremento rival facilitó el hecho de que éste pudiera analizar con mayor precisión el aura de su adversario, y así poder predecir con mayor exactitud el lugar por el que llegaría el próximo ataque.

    Un brillo verde oscuro recubrió los puños del Pokémon insecto, listo para atacar; sin embargo, antes incluso de que pudiera impactar con ellos al cuerpo de su rival, éste terminó sus cálculos y consiguió despertar del trance, tras lo cual almacenó sobre su zarpa derecha parte de la energía vital que finalmente dirigió en forma de pulso de onda contra las incandescentes tenazas del rival, desatando tras el impacto una leve explosión controlada cuya onda expansiva obligó a ambos luchadores a retroceder un par de metros.

    —Groao… —La zarpa derecha de Azulón permanecía cubierta por una chispeante aura azulada, más viva y pura que la que solía manifestar normalmente.

    Aparentemente consciente de lo que estaba haciendo, el Pokémon de los tipos lucha y acero colocó su otra zarpa bajo la que le brillaba, dejando así un hueco entre ambas; gracias a esto, la energía de su pata iluminada fluyó hasta el centro de dicho espacio y, poco a poco, ésta comenzó a girar en un movimiento de rotación hasta formar lo que parecía ser de una figura esférica, azul y muy brillante.

    Bullet había quedado algo desorientado por culpa de la explosión, pero un par de sacudidas de su picuda cabeza bastaron para que recuperara de nuevo el sentido; cuando abrió los ojos vio como la esfera de energía se acercaba de manera rápida, peligrosa, y, consciente de que no iba a ser capaz de esquivarla debido a la escasa distancia, decidió enfrentarla con sus tenazas, con las que afortunadamente logró desviar el esférico proyectil hacia la izquierda, estrellándolo contra la tierra batida.

    —<<Menuda sorpresa>> —Aoki se mordió el labio inferior, asombrada. —<<Puede que esto se ponga interesante después de todo>> —Sonrió.
    —¿Eso, eso fue una esfera aural? —Los ojos verdes de Ecko rebosaban de brillo, emocionados. —¡Sí, no hay duda! ¡Fue una esfera aural! —Exclamó entusiasmado. —¡Al fin conseguiste aprenderla!
    —¡Groao! —Azulón miró de reojo a su entrenador, satisfecho y orgulloso tras conseguir ejecutar la técnica que tanto tiempo había estado practicando; por otra parte se notaba que el esfuerzo que le supuso realizarla lo había dejado exhausto.
    —¿Podemos continuar ya? —Interrumpió la ojivioleta. —¡Bullet, acábalo con tijera x!

    El Pokémon insecto se lanzó con una fuerte caída en picado mientras sus tenazas volvían a adquirir el fulgor verde incandescente del ataque bicho; Azulón tampoco se quedó rezagado e intentó frenar el envite enemigo a base de lanzar una repetida esfera aural contra éste, quien sin embargo logró zafarse de ella a base de realizar en el aire un quiebro hacia la izquierda.

    En vista de que la “bala roja” se le acercaba cada vez más, el bípedo canino se lanzó contra él mientras su pierna volvía a relucir con el fulgor de las brasas a fin de detener su avance; algo que buenamente consiguió cuando ambos ataques colisionaron en el aire, debido en parte a la pésima resistencia por parte del bicho a los ataques de tipo fuego.

    No obstante, aprovechando la inercia del retroceso tras la colisión —y en vista de que la pierna del Lucario ya no era símbolo de peligro—, Bullet se lanzó en picado contra el Pokémon de Ecko mientras sus puños volvían a relucir con el peculiar brillo metalizado, tras lo cual volvió a impactar una suerte de puñetazos en el cuerpo del canino que lo arrojaron sobre el suelo varios metros atrás de su posición.

    —¡El combate acaba aquí, Ecko! —Rió la ojivioleta mientras formaba con los dedos de las manos unas “V” de victoria. —¡Bullet, termina usando danza espada y tu mejor tijera x!
    —¡No podemos permitírselo! —Se apresuró a decir el ojiverde. —¡Azulón, esfera aural!
    —¡Groao! —Asintió, jadeando.

    Azulón consiguió levantarse del suelo pese al dolor que sentía y, rodeado por un brillo azulado, comenzó a generar entre las palmas de sus zarpas la diáfana esfera de energía; en el otro extremo Bullet seguía con su danza de incremento, rodeado también por una intensísima aura rojiza que llegaba a dar la sensación de que incluso se podía llegar a tocar.

    La energía que comenzaba a fluir entre las manos del Lucario ocasionaba que pequeñas partículas se elevaran atraídas por ésta; la esfera alcanzó un diámetro superior al que habían adquirido las dos anteriores, su forma era ligeramente más esférica también, además emanaba desde su núcleo un místico brillo azulado cargado de aura; era evidente que Azulón estaba comenzando a controlar su nueva técnica.

    Cuando lanzó la esfera contra su rival, éste intentó desviarla con sus incandescentes tenazas de la misma forma que había hecho la primera vez; sin embargo no contaba con que ésta no era como las anteriores, y por ello el impacto le sacudió en el pecho, desprendiendo con la pequeña explosión producida una onda expansiva que de nuevo repelió a los luchadores en sentidos opuestos, aunque ambos lograron caer de pie.

    —Saizor… —Bullet se llevó las pinzas a la zona afectada, la cual se veía ligeramente ennegrecida en comparación con el resto de su anatomía.
    —Groao… —Azulón permanecía con una rodilla hincada en el suelo, jadeando, con diversas zonas de su cuerpo malheridas. —G-groo… —Finalmente se desplomó sobre la tierra batida, agotado.
    —¡Azulón! —El ojiverde se acercó corriendo hasta donde se había desplomado su monstruo de bolsillo y se arrodilló ante él; Muse se levantó del banco y acudió hasta la zona también, más dio la orden de que sus Pokémon se quedaran en el sitio.

    Consciente de que el combate había llegado a su fin, Aoki hizo regresar a su compañero al interior de su Pokéball no sin antes felicitarle por el magnífico combate que había realizado; se acercó hasta donde permanecía la pareja de Isla Canela, con una triunfal sonrisa en el rostro, formando de nuevo con los dedos el símbolo de la victoria.

    —Parece que has superado mis expectativas, Ecko. —Dijo la ojivioleta mientras guardaba la cápsula de Bullet en su chaleco. —Supongo que aún tengo que aprender bastantes cosas de mi abuelo. —Una gota de sudor cayó por su sien. —¡Buen combate!
    —Sí, buen combate —Contestó Ecko tras hacer regresar a Azulón. —; solo que me hubiese gustado ganarlo.
    —Bueno, a todos nos gusta ganar —Rió Aoki mostrando la lengua. —; pero en este combate eso era algo bastante secundario.

    Se acercó hasta el banco desde el que la pelirroja había presenciado la batalla e hizo un gesto para que los dos de Isla Canela la siguieran; tomó una botella de agua que había apartado allí para después del combate y pegó un largo trago.

    —Desde que tengo memoria, mantengo el recuerdo de ver a mi abuelo regalando Pokémon a todos aquellos entrenadores novatos que se acercaban a este lugar. —Confesó. —Él lo hacía porque realmente ama a los Pokémon, y porque nada le produce más satisfacción que ver con sus propios ojos el vínculo que florece entre un entrenador y sus compañeros de equipo. —Explicó. —En verdad ese era el propósito de este combate, y creo que Azulón y tú lo habéis demostrado con creces.
    —Los chicos y yo formamos un gran equipo —Dijo Ecko llevándose la mano al cinturón, palpando las Pokéball que pendían de él. —; a veces ellos tienen sus roces, pero no me cabe la menor duda de que cualquiera de ellos lo daría todo por el resto. —Añadió confiado. —<<Incluso Clove y Yukón>> —Pensó sin poder evitar soltar una carcajada al respecto. —Hemos mejorado mucho durante estos últimos meses, y mañana pensamos demostrarlo en el Gimnasio local.

    Aoki sonrió, aunque sorprendida; la mayoría de los entrenadores que aspiraban a entrar en la Liga Pokémon ya tenían en ese momento las ocho medallas necesarias para poder entrar, y creía francamente que el ojiverde era uno de ellos.

    —En ese caso déjame que te proponga algo: —Mencionó la rubia. —Quédate un par de días más en Ciudad Verde y entrena conmigo; yo me encargaré de prepararte a ti y a tu equipo para esa batalla que dices. —Sugirió. —Tú también estás invitada, pelirroja; no creas que me he olvidado de nuestra revancha. —Bromeó. —¿Qué me decís?

    Ecko sonrió convencido y aceptó de buena gana la propuesta de Aoki, zanjando el acuerdo con un amistoso apretón de manos; ambos cruzaron sus miradas, como cuando dos entrenadores se miran antes de combatir, y fue cuando el ojiverde lo supo con certeza: La rubia había sido una formidable rival y de seguro sería mejor maestra, pero cada vez quedaba menos para la Liga Pokémon y los días próximos a su batalla de Gimnasio prometían ser realmente duros.
    #2025543 03/09/2014 18:42
    00
    0Wish0Wish

    # Fecha de alta: 20/08/2008

    # Edad: 26 años

    # Ubicación: Isla Canela

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    Capítulo 009 — Tierras hostiles


    Los días de entrenamiento con Aoki habían prometido ser duros y exigentes, y de ello podían dar buena fe tanto el ojiverde como sus compañeros Pokémon; Muse podría haberlo hecho también de no haber sido porque el primer día de ejercicios su cuerpo ya había dicho basta, y desde entonces pasaba su tiempo visitando la ciudad o acudiendo a la Casa del Entrenador, lugar en el que había conocido a varios criadores Pokémon que, al igual que ella, también se dirigían a Ciudad Celeste con propósitos similares.

    La rutina de entrenamiento había sido la misma durante todos los días: Se levantaban pronto, y en ayunas, corrían un par de kilómetros por el laberinto natural que les ofrecía el Bosque Verde, tras lo cual tomaban un completo almuerzo que les proporcionaba le energía necesaria para comenzar con las técnicas de combate; de esa manera las mañanas las dedicaban principalmente al perfeccionamiento de las técnicas ofensivas y de evasión, mientras que por las tardes se centraban mayoritariamente en los movimientos de defensa.

    Aunque cansado, Ecko no podía evitar sentirse orgulloso por todos los progresos que sus compañeros habían mostrado durante aquellos días tan intensos; sin embargo, de entre todos ellos, reconocía sentir una especial admiración por Clove al haber mostrado mejores resultados —aunque principalmente debidos a que su margen de mejora era mayor que el del resto.

    Durante las sesiones, Aoki había accedido, además, a enseñar a algunos de los Pokémon del ojiverde nuevos movimientos con los que sorprender en su futura batalla de Gimnasio, por lo que éste les había advertido que debían prestar total atención a cada una de las lecciones particulares de la rubia, algo que éstos hicieron a la perfección.

    Sábado, 27 de Junio, Gimnasio Pokémon de Ciudad Verde, 10:05 AM.

    —¡Vaya, es enorme! —Muse tuvo que inclinar su cabeza hacia atrás para poder observar con mayor precisión la fachada del edificio que se alzaba frente a ellos. —¿Estás seguro de que esto es el Gimnasio? —Preguntó asombrada. —Quiero decir: Parece más un palacio que otra cosa.
    —Según este mapa que me ha dado Aoki no parece que nos hayamos equivocado de lugar. —El ojiverde se rascó la cabeza, dudando. —Lo que me escama es no encontrar ninguna información sobre el líder —Añadió. —; de hecho aquí no dicen ni su nombre.

    No teniendo en mente la idea de perder mucho más tiempo preguntándose si el lugar en el que se encontraban era o no el correcto, la pareja de Isla Canela se apresuró en ascender hasta la plataforma en la que se erguía el edificio a través de una de las dos filas de escaleras que conectaban a ésta con el nivel del suelo, las cuales flanqueaban con ello una elegante fuente de piedra con motivos de Pokémon tallados en ella.

    Una vez en lo alto, el camino continuaba a través de un pasillo de cenefa quebrada delimitado a ambos lados por una fila de grisáceas columnas de estilo barroco, al final de las cuales, frente al portón de bronce que permitía el acceso al edificio, dos robustos soldados pretorianos dotados con armaduras doradas guardaban la entrada portando cada uno de ellos unas afiladas hachas de guerra —de mangos incluso superiores a la su ya de por sí elevada estatura— que mantenían cruzadas formando una gran “X”, obligando de esa manera a que cualquiera que quisiese entrar en el edificio tuviera que detenerse en primer lugar ante su presencia.

    —¡Alto! ¿Quién va? —Rugió uno de los guerreros, más ninguno de ellos pareció articular gesto o movimiento alguno; parecían estar tallados en la misma fría piedra que el resto del edificio.
    —Me llamo Ecko Davenport y soy de Isla Canela —Contestó el ojiverde de manera educada, no demasiado intimidado por la presencia de los dos colosos. —; vengo a desafiar al Líder de este Gimnasio.
    —¿La joven también? —Preguntó el otro guardia con el mismo tono de voz.
    —N-no, yo no… —Se atrevió a responder la pelirroja. —Solamente vengo para ver el combate.
    —En ese caso el acceso para ella queda restringido. —Fue la tajante respuesta del primero de los guardianes. —Solo el aspirante a conseguir la Medalla Tierra puede acceder al interior del Gimnasio; órdenes del Líder.

    Sorprendidos ante semejante normativa y sin intenciones de pretender llevar la contraria a ninguno de los dos guardianes del Gimnasio, la pecosa finalmente se vio obligada a obedecer las indicaciones del soldado, y no pudiendo hacer más que desear a su amigo toda la suerte del mundo, se retiró resignada hasta un pequeño parque cercano al recinto, donde esperaría a que el ojiverde terminara su batalla, deseando que con buenos resultados.

    Tras presionar un botón cercano a la entrada, el macizo portón se dividió en dos secciones que comenzaron a separarse lentamente mientras producían un rocoso ruido al rozar con el suelo; cuando el movimiento de la puerta cesó, uno de los guardias condujo al chico de los lunares al interior del Gimnasio, guiándolo a través de un prolongado pasadizo iluminado por apliques verdosos que conectaba con una pequeña sala de espera de escasa decoración, pues apenas había un par de sillones en los que el ojiverde tomó asiento para hacer más amena la espera.

    Cuando el guardia se retiró de nuevo hacia su puesto de vigilancia, Ecko se quedó solo, sin apenas ser consciente de que desde algún lado de esa habitación alguien lo estaba monitorizando.

    —Don Giovanni, le informo de que tiene usted un retador. —Dijo una voz femenina, al parecer de una mujer joven. —Si lo desea puedo enviar a un sustituto para que se encargue de él en su lugar.
    —No será necesario, Rubí, me encargaré personalmente de él en unos minutos. —Contestó desde la penumbra del despacho otra voz masculina; ronca, como la un hombre que rondaba ya una edad considerable.
    —Con el debido respeto, Don Giovanni, el Doctor Shiranui dice que en su estado es mejor que guarde reposo —Se apresuró a responder la fémina. —, de lo contrario su rehabilitación podría verse prolongada más de lo que ya está previsto.
    —Tonterías, ni que vaya a ser yo el que salga a luchar. —El hombre escupió una irónica carcajada. —Al Doctor Shiranui en verdad le importa una mierda mi salud, tan solo muestra interés en el dinero que yo pueda pagarle por sus servicios. —La última palabra adquirió un tono sarcástico. —¿Por qué crees si no que se molesta tanto en decirme lo mucho que tengo que descansar? —Hizo una breve pausa. —Porque sabe que un muerto no podría pagarle.

    La joven se mantuvo en silencio en la semioscuridad del despacho; sabía que si Don Giovanni tenía intención de combatir finalmente acabaría haciéndolo, y en caso de ser así, absolutamente nadie dentro del Team Rocket —y mucho menos ella— era quien dentro de la organización para tratar de impedírselo.

    —Además, en este combate pretendo probar personalmente a uno de esos sujetos que se encuentran en experimentación. —Añadió el hombre mientras una retorcida sonrisa decoraba su rostro. —Así que por favor, trae aquí mis Pokéball personales y encárgate de acompañar al retador a la arena principal.
    —Como usted lo ordene, Don Giovanni.

    Una de las puertas metálicas de la sala de espera comenzó a desplazarse lateralmente, y para sorpresa del ojiverde, éste pudo comprobar cómo quien atravesaba el umbral se trataba de una mujer joven, de cabello morado recogido en un elaborado moño y ojos del mismo color cubiertos por unas lentes de trabajo; vestía un uniforme de secretaria compuesto por una falda negra, unas medias marrones y una blusa blanca, y sujetaba una laptop tableta contra su moderado pecho.

    La mujer se acercó hasta el de Isla Canela, acompañando sus pasos por el ruido de los tacones al chocar contra el suelo de la estancia.

    —Bienvenido al Gimnasio de Ciudad Verde; mi nombre es Rubí. —Saludó la pelimorada. —Sí es usted tan amable de facilitarme su acreditación como entrenador procederé a realizar los trámites previos a su batalla contra el Líder.
    —Sí, como no. —El ojiverde tomó su plastificado carnet de entrenador y se lo entregó a la joven tal y como ésta le había pedido, quien acto seguido lo introdujo en una pequeña ranura con la que contaba su dispositivo electrónico.
    —Parece que todo está en orden. —Rubí le devolvió al muchacho la tarjeta; el proceso había sido mucho más rápido que Gimnasios anteriores. —Haga el favor pues de seguirme; el Líder del Gimnasio lo estará esperando en la arena principal del estadio.

    Siguiendo los pasos de la mujer, el ojiverde fue recorriendo una red de pasadizos —similares al que le había conducido a la primera estancia— hasta que finalmente ella se detuvo frente a un enorme portón de metal con el motivo de una enorme Pokéball dibujado; tras introducir una especie de clave de seguridad en su tableta, la puerta se partió en dos y, acto seguido, sendas mitades comenzaron a desplazarse lateralmente en sentidos contrarios.

    Tras desearle suerte de una manera bastante protocolaria, la pelimorada se retiró tomando como camino de vuelta el mismo que habían recorrido hasta llegar allí, aunque no sin antes indicar al ojiverde que su batalla por la medalla se desarrollaría en la habitación colindante.

    —<<Realmente debe de hacer falta dinero para mantener un sitio como este>> —Pensó Ecko; no le cabía duda de que aquel era el Gimnasio más majestuoso que había visto nunca. —<<El Líder debe de ser alguien multimillonario>>

    El interior de dicho complejo estaba constituido por una enorme parcela circular embaldosada toda ella por unas pulidas losas de azulejo color verde oscuro, las cuales desaparecían al llegar aproximadamente al centro del recinto, lugar en el que se podía diferenciar lo que presumiblemente era un campo de batalla de arena cobriza, con sus límites reglamentarios delimitados por gruesas líneas de cal blanca e iluminado por unos potentes focos emisores de una tenue luz amarilla.

    A varios metros de los respectivos laterales del parterre se alzaban —de manera intimidante— una larga hilera de enormes columnas de piedra talladas con la forma de diferentes Pokémon bípedos del tipo tierra, quienes sujetaban con sus brazos la pesada estructura que suponía la majestuosa bóveda que se cernía sobre sus cabezas.

    —Debe ocupar su posición en lo alto del palco del retador. —Un tercer guardia apareció tras una de las columnas; no llevaba arma, pero el susto que su voz ocasionó al ojiverde actuó casi como tal. —Solo así podremos empezar con el combate.

    Tal y como había citado el pretoriano, en el lado correspondiente al retador se alzaba desde el suelo —hasta alcanzar una altura aproximada de cinco metros— una estructura de metal rojo desde cuya parte superior podía divisarse a la perfección todo el campo de batalla, la cual resplandecía al reflejar sobre su superficie la luz de la sala.

    Tras ocupar su posición, Ecko pudo diferenciar desde allí arriba como frente a él —ubicado en la pared del fondo de la sala— había construido un pequeño balcón ubicado un par de metros más arriba que su andamio, el cual permanecía cubierto por un pesado cortinón de color verde oliva.

    Mientras el ojiverde—aún fascinado— observaba el recinto en el que iba a tener lugar el enfrentamiento por la medalla, el guardia que hacía escasos segundos le había dado las instrucciones se acercó hasta un intercomunicador ubicado en la pared e informó al Líder de que todo estaba preparado para que diera comienzo el combate; apenas hubo dicho esto, el mencionado accedió hasta su palco privado haciendo a un lado el pesado telón, y posterior a ello, tomó asiento en lo que parecía ser una especie de trono.

    —¿Vas a ser tú mi retador? —Preguntó el hombre con tono divertido. —Será interesante ver lo que puedes hacer.

    Ecko no contestó a su provocación, pero mientras el guardia que ejercería el papel de árbitro dictaba las normas habituales previas al combate, éste no pudo evitar apartar la mirada de aquel que presumía ser el Líder del Gimnasio: Un hombre de piel cobriza, uniformado con un traje negro —decorado con una “R” allí donde se encuentra el corazón (aunque a Ecko le pasó desapercibida)— bajo el cual se podían apreciar los cuellos de una prenda de color gris clara; tenía unos ojos negros, pequeños, perfectos para acompañar la mueca con la que torcía su mandíbula.

    —¡Estas serán las normas de la batalla oficial por la Medalla Tierra! —Exclamó el pretoriano tras terminar de explicarlas; fueron las mismas que en sus anteriores combates de Gimnasio, así que a Ecko no le pillaron por sorpresa. —¡Liberen a sus Pokémon, el combate ya ha dado comienzo!
    —Mi elección será Sandslash. —Dijo Giovanni al lanzar la primera de sus Pokéball.
    —<<Que sean garras contra garras>> —Pensó el ojiverde, muy convencido de quien sería la criatura que enviaría a combatir. —<<Este es el momento de demostrar todo lo que hemos aprendido con Aoki >> —Asió la Pokéball elegida. —¡Ve, Clove!

    Gracias a que su posición en lo alto del palco del retador le permitía controlar cualquier ángulo del terreno de batalla —aunque en verdad hubiese preferido estar a ras de suelo junto a sus compañeros—, el ojiverde pudo distinguir cómo la criatura que recién se había materializado frente a su compañera parecía tratarse de una especie de pangolín de cuerpo de color tierra, quien mantenía su espalda cubierta con una buena tanda de puntiagudas púas marrones oscuras, las cuales, en primera instancia, parecían casi igual de peligrosas que las afiladas garras con las que terminaban cada una de sus extremidades motrices.

    Cuando la Sneasel advirtió de su presencia, la comadreja del tipo hielo enseguida erizó el pelaje oscuro de su lomo, y dejando asomar sus blanquecinos colmillos, dedicó a su rival un arisco bufido de advertencia; entonces Ecko lo supo al instante, aquella Sandslash era una hembra, y conocía perfectamente la poca empatía que Clove sentía hacia aquellas de su mismo género.

    —Sandslash, bajo tierra y danza espada. —Pidió con serenidad el Líder del Gimnasio.
    —¡No se lo permitas, Clove! —Se apresuró a ordenar Ecko. —¡Canto helado!
    —¡Sniii! —Asintió la comadreja.

    Antes incluso de que la Pokémon siniestra pudiese comenzar a preparar su movimiento, la del tipo tierra se adelantó en impulsarse con sus extremidades inferiores para poder propinar así un potente salto con el que —casi como si se estuviera zambullendo en una piscina— logró enterrarse bajo la superficie del campo de batalla, ocasionando de esa manera que las veloces —y muy afiladas— flechas de hielo que la Sneasel expulsó desde sus fauces levantaran una leve nube de polvo tras chocar contra la grava.

    A pesar de encontrarse molesta por haber errado su tiro, la Pokémon del ojiverde no decidió darse tan pronto por vencida y continuó proyectando la cortante metralla helada allí donde su rival aparecía y desaparecía como si de un pez saltando del agua se tratara —solo que en este caso de la arena—, envuelta por una cada vez más brillante aura rojiza señal de que su ataque físico estaba sufriendo un peligroso incremento de poder; no obstante resultó inevitable para la Sandslash recibir el impacto de alguno de dichos proyectiles, lo que ocasionó que en un par de veces ésta pareciese perder el impulso, mas no tardó en volver a recuperarlo.

    Tras garantizar que su técnica de incremento había concluido de manera satisfactoria, la Pokémon del Líder del Gimnasio no se demoró en volver a salir al exterior a través de un agujero excavado a una muy corta distancia de donde se encontraba Clove, y blandiendo sus garras con rudeza —las cuales se habían prolongado por un par de centímetros y relucían con un brillo blanco incandescente— se apresuró en lacerar con ellas a la siniestra comadreja, resultando de ello un impacto inevitable.

    —¿Sand? —La pangolina de tierra no pudo evitar sentirse sorprendida cuando, en el momento en el que sus garras impactaban en su enemiga, la figura de ésta desapareció súbitamente en el aire.
    —¡Sniii! —Chilló Clove, materializándose un par de metros por encima de la del tipo tierra; había conseguido engañarla con su ataque finta, y ahora ella pagaría el precio de tal error.

    Aprovechando al máximo el factor sorpresa —y su también “elevada posición” —, la Pokémon del de Isla Canela se apresuró en expulsar desde sus fauces una nueva barrida de cortante metralla congelada, la cual no demoró en dirigir a quemarropa contra la Pokémon del tipo tierra; no obstante ésta tampoco parecía dispuesta a permitir ser golpeada de semejante manera, por lo que decidió enfrentar el ataque adversario haciendo un repetido uso de sus prolongadas garras, ocasionando con ello que el impacto de los dos ataques culminase levantando una densa nube de polvo.

    Cuando la polvareda cesó, el ojiverde pudo observar desde su plataforma de metal como la Pokémon de su adversario había retrocedido varios metros respecto a su posición anterior y ahora se mantenía inmóvil, convertida en lo que parecía ser una especie de ovillo hecho por púas; Clove seguía en el lugar del impacto, peinándose de manera coqueta las plumas de su cabeza, orgullosa por cómo había actuado.

    —¡Buen trabajo, Clove! —Felicitó Ecko a su compañera. —¡Ahora ve con puño hielo!
    —Apenas tuvisteis un golpe de suerte, muchacho —Comentó Giovanni con una retorcida sonrisa. —; Sandslash, desenrollar ahora.
    —<<Oh, oh; eso va a darnos problemas>> —Pensó el retador mientras una gota de sudor escurría por una de sus sienes.

    Siguiendo las órdenes que su entrenador le había encomendado, la de los tipos hielo y siniestro se apresuró en cargar contra su enemiga pretendiendo para ello hacer uso de su zarpa derecha, la cual ya había comenzado a desprender un gélido vaho causante de que pequeños cristales de hielo se adhiriesen a ésta.

    Desde el extremo opuesto del campo de batalla, la Pokémon del tipo tierra tampoco se demoró en obedecer la orden de su entrenador, y por ello, aprovechando la forma de ovillo que había adoptado, se precipitó contra la comadreja realizando un movimiento similar al de una rueda rodando por el suelo, levantando con el paso de su embestida una turbia estela de gravilla.

    Consciente de que solamente con su fuerza nunca hubiera sido capaz de detener el fortalecido envite rival, la comadreja se vio obligada —muy a su pesar— a detener su ofensiva y realizar un precipitado quiebro hacia la derecha con el que poder esquivar la arremetida, y si bien eso fue lo que en un primer instante consiguió, la escasa distancia a la que la Sandslash pasó de su cuerpo desencadenó que Clove perdiera el equilibrio y cayera de bruces contra la tierra batida, enfurecida por haber ensuciado con ello su cuidado pelaje oscuro.

    —Será entretenido ver cuantas más embestidas puede aguantar esa Sneasel. —Musitó Giovanni, divertido.
    —¡Atenta, Clove! ¡Ahí vuelve otra vez! —Advirtió el de los lunares.

    Aprovechando la inercia proporcionada por la primera rodada, la Pokémon del tipo tierra apenas se bastó de un simple giro de ciento ochenta grados para volver a encarar a la Sneasel, y acto seguido, salir disparada otra vez contra ella a una velocidad incluso mayor que la de la arremetida anterior.

    Por otra parte, Clove tampoco parecía dispuesta a permanecer mucho tiempo más tirada sobre el suelo, y en cuanto supo lo que se acercaba rodando a sus espaldas, enseguida se apresuró en volver a ponerse de pie y adquirir su habitual pose de combate, cabreada.

    Sin embargo, cuando ésta se volvió para poder plantar cara a su rival, apenas pudo observar como la tipo tierra se encontraba a una distancia casi ineludible, por lo que intentando buscar una solución desesperada, se limitó a desaparecer del campo de batalla volviendo a hacer un uso repetido de su ataque finta.

    A pesar de esto, si bien ocultarse entre las sombras era algo que sí le había servido en muchas ocasiones, la distancia que separaba a Clove de su enemiga —y la velocidad y potencia con la que se aproximaba la última— fueron las desencadenantes de que la comadreja no pudiera alejarse lo suficiente de la escena, y debido a ello, tuviera lugar el inevitable impacto que lanzó a la Pokémon siniestra varios metros por el aire.

    —Lástima, solo fueron dos. —Se lamentó con cierta sorna el Líder del Gimnasio.
    —¡Clove! ¿Cómo te encuentras, amiga? —El de Isla Canela enseguida se interesó por el estado de su compañera; el foco que le apuntaba desde lo alto hacía que gruesos goterones de sudor corrieran por su frente y cuello, empapando su camiseta.
    —S-snii… —La comadreja consiguió ponerse de nuevo en pie, sin embargo, al cargar todo el peso de su cuerpo sobre sus dos patas, la zona derecha de su cuerpo pareció resentirse.
    —Sandslash, remátalo con garra brutal. —Mandó Giovanni volviendo a su serenidad, lo más seguro es que teniendo en mente poner fin al enfrentamiento.

    Casi como si llevase esperando escuchar esas palabras desde el inicio del combate, la Pokémon del Líder del Gimnasio no se hizo de rogar a la hora de recuperar su forma habitual y prolongar sus incandescentes garras, tras lo cual encaró a la Pokémon siniestra para acto seguido partir a la carrera a fin de poder abalanzarse sobre ella.

    Dolida en los costados pero no dispuesta a dejarse ganar por ello, Clove se apresuró también en dirigir contra la pangolina una repetida ráfaga de sus cortantes filos helados, buscando de esa manera mantenerla alejada de su posición; sin embargo, si bien parte de dicha metralla sí logró hacer retroceder a la Sandslash, el número de aquellos proyectiles que consiguieron dar en el blanco fue notablemente inferior al número de los que no, lo que en cierto modo no dificultó que la tipo tierra continuara con su avance.

    Habiendo resultado pues imposible para la Sneasel hacer retroceder a su enemiga, la Pokémon del tipo tierra —a una distancia desde la que sin duda podía resultar totalmente certera— no sé reservó a la hora de lanzar repetidos tajos contra la Pokémon siniestra, ejecutando de esa manera una peligrosa danza de zarpazos y cuchilladas, parte de los cuales Clove pudo bloquear con sus garras pero que, finalmente —y debido al dolor y el cansancio que la azotaban—, se vio obligada a eludir desvaneciéndose con su ataque finta.

    A pesar de ello Clove no tardó en volver a reaparecer a pocos metros de la Sandslash, con su zarpa derecha rezumando vaho congelado y con total disposición a estamparlo en su rival, logrando de esa manera un impacto rápido y directo en el rostro de la tipo tierra que la lanzó varios metros hacia atrás.

    —S-sand… —Jadeó la Pokémon del Líder; se llevó una de sus zarpas al rostro, allí donde pequeños cristales de hielo estaban comenzando a entumecer la zona impactada.
    —¡Sniii! —Clove volvió a repetir otro bufido de advertencia, erizando el pelaje de su lomo, demostrando que ella también tenía garras y sabía muy bien cómo usarlas.
    —¡Sanslash! —Contestó la pangolina, tras lo cual volvió a zambullirse en las arenas de la cancha.

    Con cada uno de los saltos con los que la Sandslash atravesaba la superficie del campo de batalla, era posible apreciar que ésta volvía a estar otra vez rodeada por el intenso aura rojiza característica de su ataque danza espada, aplicando a su fuerza el consecuente incremento de poder.

    Sabiendo que de esa manera estaba consiguiendo despistar a su rival, la Sandslash poco a poco comenzó a aumentar su velocidad y a acelerar la frecuencia de las acrobacias, ocasionando con ello que la Sneasel fuese incapaz de seguirle la pista, y mucho menos de acertarla con sus veloces ataques de tipo hielo; fue en ese momento cuando la Sandslash aprovechó para ocultarse bajo la superficie.

    Consciente de que ahora había sido ella quien había caído en la trampa, Clove se dejó caer sobre sus cuatro extremidades, buscando de esa manera el poder sentir la más mínima vibración procedente del subsuelo.

    Los minutos pasaron lentos, y la Pokémon del Líder del Gimnasio —de momento— no daba signos de querer aparecer; Clove seguía atenta, pero le resultaba completamente imposible seguirla el rastro, ni siquiera olisqueando, y eso era algo que comenzaba a alterar de nuevo su humor.

    Ecko miró al pretoriano, su rival llevaba casi cuatro minutos desaparecida del terreno de batalla y estaba seguro de que eso debía estar penalizado en alguna normativa; sin embargo el guardia apenas articuló gesto alguno, se mantuvo firme, sin dar veredicto al enfrentamiento.

    —¡Clove, esa Sandslash puede aparecer por cualquier sitio! —Exclamó el ojiverde desde su palco; veía sonreír a su rival humano, así que estaba seguro que aquello se trataba de una jugarreta.

    Sin embargo, apenas la comadreja se giró para poder mirar a su compañero humano, un veloz proyectil salió bajo sus piernas, asestándole un severo golpe en la barbilla que la lanzó varios metros hacia arriba —alcanzando incluso la altura a la que se encontraba su entrenador— y ocasionando que, tras el fuerte impacto fruto de la caída, Clove no pudiera volver a levantarse.

    —¡Sneasel no puede continuar! —Fue el dictamen del soldado. —¡El aspirante debe sacar un nuevo Pokémon!
    —Buen trabajo, amiga. —Felicitó Ecko a su compañera caída mientras la hacía regresar al interior de su Pokéball. —<<Estoy muy orgulloso de ti>> —Colgó la cápsula en el respectivo gancho de su cinturón y tomó la de al lado. —¡Tu turno, Yukón!

    Como era típico en él cada vez que éste salía a combatir, Yukón se acercó su garra derecha a la frente a modo de saludo militar, y acto seguido, se giró hacia el palco de metal rojo para poder dedicárselo a su compañero humano, quien con una leve sonrisa de resignación le mostró el dedo pulgar como símbolo de haber depositado en él su total confianza.

    Centrándose finalmente en el combate —o al menos eso era lo que el ojiverde esperaba que hiciese—, el Grovyle rápidamente encaró a aquella quien había derrotado a su compañera de equipo, y dejando escapar una traviesa sonrisa, se preparó para combatir adquiriendo su pose de combate.

    —Sandslash, garra brutal. —Ordenó Giovanni, no muy impresionado.
    —¡Doble equipo para esquivar! —El ojiverde enseguida quiso contrarrestar las órdenes enemigas; era el momento de remediar el resultado de la ronda anterior. —¡Después ataca con recurrente!
    —¡Grovail! —Asintió el lagarto.

    Sin embargo, a pesar de las instrucciones ofrecidas por su entrenador, a Yukón no le fue necesario recurrir a su técnica de multiplicación para poder esquivar la arremetida de la Sandslash; los impactos y daños que ésta había sufrido durante la ronda anterior hacían que sus movimientos —a pesar de poderosos— fuesen lentos y torpes, lo suficientes como para que el gecko pudiera zafarse de ellos con unos simples quiebros laterales.

    Siguiendo con lo que su entrenador le había ordenado que hiciera, Yukón rápidamente trató de buscar una oportunidad que le permitiera alejarse lo suficiente de su enemiga como para poder llevar a cabo su ataque evitando correr riesgos innecesarios; dicho momento se dio cuando, tras un intento fallido de cortarle con las garras, la Sandslash perdió el equilibrio y cayó de bruces al suelo, recibiendo de esa manera el impacto de una rápida ráfaga de semillas incandescentes que la desplazaron varios metros por la tierra batida.

    Ante un nuevo ataque recurrente que volvió a fijar blanco en ella, la Pokémon del Líder del Gimnasio se vio obligada a tener que esconderse en otro de sus agujeros y esperar desde allí abajo el momento más óptimo para atacar.

    —¡Yukón, ahora sí, usa el doble equipo! —Se apresuró a decir el chico de la piel con lunares.
    —¡Grovail! —Asintió el lagarto, mirando de reojo a su entrenador.

    Dicho y hecho, Yukón enseguida se encargó de generar en torno a su verdoso cuerpo al menos una docena y media de clones idénticos a su persona, los cuales, apenas pusieron sus patas en el suelo, comenzaron correr por toda la superficie del campo de batalla, generando consigo un auténtico caos de gruñidos y saltos.

    Confundida por no saber identificar cual de todas las vibraciones que escuchaba eran las producidas por su verdadero objetivo, la pangolina de tierra se limitaba a entrar y salir de la arena mientras destruía con sus garras cada una de las copias rivales.

    No obstante, si bien en un principio pensaba que con eso conseguiría quitarse los obstáculos del camino, seguir esa estrategia únicamente le sirvió para poco a poco consumir las últimas fuerzas que reservaba, y por ende, quedar bajo la merced de las intenciones de Yukón.

    —Gro, grovail. —Rieron las tres últimas copias del gecko que quedaban sobre el terreno; rápidamente se reagruparon en torno a su rival, rodeándola.
    —¡Saans! —La Sandslash lanzó un tajo a una de las copias, provocando que ésta se esfumase en el aire tras ser cortada por la mitad; repitió lo mismo con otra, pero esta vez fue esquivada.

    Considerando que quizás la broma podría tener un final distinto al previsto si continuaban llevándola demasiado lejos, las dos copias restantes de Yukón saltaron simultáneamente hacia atrás, dispuestas a terminar ya con el combate.

    A pesar de esto —y sin saber muy bien de donde— la Sandslash logró sacar fuerzas de flaqueza y partió una vez más a la carga contra uno de los dos Yukones, blandiendo peligrosamente sus zarpas; sin embargo, conscientes del peligro, los dos clones se apresuraron en expectorar un repetido ataque recurrente que fue suficiente para obligar a hincar a la Sandslash una rodilla sobre el suelo, y posteriormente, derribarla.

    —¡Sandslash está fuera de combate! —Declaró el pretoriano a pleno pulmón. —¡Prosigan con el enfrentamiento!
    —Parece que esto finalmente sí se pondrá interesante. —Sonrío Giovanni. —Elegiré a Persian.

    El Pokémon que esta vez acabó materializándose frente al compañero del ojiverde se trataba de una felina de pelaje color crema, de una estatura por poco superior al metro de altura y entre cuyos ojos —rojos y rebosantes de arrogancia— se diferenciaba una pequeña joya de color carmesí que brillaba cuando reflejaba sobre su pulida superficie la luz de la sala.

    —<<Creí que este Gimnasio era del tipo tierra>> —Ecko se pasó la mano por la nuca, desconcertado. —<<¡Argh, qué problemático!>> —Una gota de sudor escurrió por su sien.
    —¡Peeer! —Maulló la gata mientras lamía una de sus zarpas delanteras.
    —¡Yukón, recurrente! —El moreno sacudió la cabeza y se apresuró en reanudar el combate.
    —Persian, impídelo. —Pidió Giovanni, absolutamente calmado.

    Antes incluso de que Yukón y su única copia en pie pudieran asimilar siquiera las órdenes que les había enunciado el ojiverde, la Pokémon felina ya se había encargado de propulsarse con un fuerte impulso y partir a la carrera haciendo buen uso de sus ágiles extremidades, gracias a las cuales pudo esquivar las consecutivas ráfagas de semillas explosivas que los dos Grovyle se habían apresurado en expectorar —escasos segundos después— para intentar detenerla.

    Teniendo el camino despejado, la arrogante Persian aprovechó la inercia que le proporcionó su sprint para propinar un potente salto con el que consiguió recortar la distancia que le separaba de sus enemigos —que era de dos o tres metros aproximadamente— mientras en el trayecto prolongaba y envolvía sus zarpas con una umbría y chispeante aura morada.

    Después de aterrizar sobre una de las dos copias de Yukón, tanto ésta como la felina cayeron al suelo envueltos por una maraña de zarpazos y golpes, desencadenando con ello que la copia restante en el campo se esfumara súbitamente en el aire, señal inequívoca de que la Persian había acertado en el momento de elegir a cuál de los dos clones rivales atacar.

    El forcejeo entre los dos monstruos de bolsillo se prolongó durante unos segundos que a Ecko le parecieron interminables, los cuales finalmente concluyeron cuando la Persian logró someter a Yukón sentándose sobre él y oprimiéndole el pecho con sus zarpas delanteras, limitando de ese modo la mayor parte de sus movimientos.

    —Peer. —La Persian cruzó el rostro de Yukón con un umbrío zarpazo; su maliciosa sonrisa podía compararse con la retorcida mueca de su entrenador.
    —¡Grovail! —Yukón gimió de dolor mientras tres líneas de color carmesí comenzaban a dibujarse en su hocico.

    Al ver los finos hilos de sangre brotar de allí donde había arañado a su rival, Persian no pudo evitar relamerse el hocico maliciosamente; consideraba a Yukón alguien inferior, por eso era ella quien estaba sentada sobre el cuerpo de éste y no al revés.

    Una vez más la felina volvió a alzar su zarpa derecha, ensombrecida por el mismo aura fantasmal; sin embargo, antes de poder provocar más daño con ella, la Persian no pudo evitar sacudirse asustada al sentir como algo completamente inesperado y espontáneo tiraba de su enroscado rabo hacia atrás, con fuerza, logrando de ese modo apartarla de su presa.

    Habiéndose quitado una buena carga opresora de encima, Yukón se apresuró en volver a ponerse de pie y en limpiar los hilillos de sangre que escurrían por su puntiagudo hocico; tras ello encaró a su rival, quien en esos momentos hacía desaparecer de un umbrío zarpazo a la copia que el gecko había logrado recrear como una última —y satisfactoria— vía de escape a su sometimiento.

    —¡Peeer! —Bufó enojada Persian, erizando el pelaje de su lomo.

    Notablemente cabreada por como su rival había tratado la parte de su cuerpo por la que más estima sentía, la Pokémon de Giovanni no dudó en querer hacer pagar a Yukón semejante ofensa, por lo que rápidamente se lanzó de un salto contra éste mientras tensaba los músculos de su cola, haciendo que éstos adquirieran en el proceso un brillo blanco metálico.

    Haciendo uso de sus buenos reflejos —y aún mejor agilidad—, la felina se apresuró en ejecutar en pleno “vuelo” un preciso giro de trescientos sesenta grados que le sirvió para apuntar al tipo planta con su metálica extremidad, dispuesta de algún modo a enseñarle a éste buenos modales (pero por las malas).

    No obstante, pese a la rapidez con la que se produjo la arremetida de la Pokémon del Líder, el impacto del coletazo fue detenido por una pared protectora de color rojo translucido que Yukón se apresuró en generar con su ataque detección, desencadenando con ello que tras la fallida colisión, Persian retrocediera un par de metros.

    —¡Yukón, rápido! ¡Recurrente! —Exclamó Ecko, viendo en el retroceso rival una oportunidad para que su Pokémon atacase.
    —No lo permitas, Persian ¡Joya de luz! —Indicó Giovanni levantando un poco su tono de voz, algo que no había hecho demasiadas veces durante el enfrentamiento.
    —¿Joya de qué? —Se sobresaltó el ojiverde, temiendo que pudiera tratarse de otra jugarreta.

    En el mismo instante en el que el reptil se disponía a ametrallar sus incandescentes semillas, la Pokémon gato comenzó a concentrar en la joya de su frente un cúmulo de energía verdosa, la cual expulsó acto seguido en forma de un brillante rayo en dirección a Yukón.

    El impacto de los dos ataques tuvo lugar en la mitad del estadio, generando consigo una onda expansiva que consiguió levantar una vasta nube de polvo y gravilla que terminó por nublar la visión a todos los participantes de la batalla durante un buen par de minutos, causando de ese modo cierta incertidumbre.

    Pasado un breve periodo de tiempo comenzaron a aparecer los primeros claros de luz, a través de uno de los cuales la Persian pudo distinguir la deformada silueta de Yukón: Inmóvil entre las brumas, aunque atento a cualquier movimiento que pudiera ponerle en jaque.

    Silenciosa como una sombra, la felina comenzó a desplazarse con cautela a través de las turbias nubes de polvo, recortando con cada paso la distancia que le separaba de su rival; finalmente inclinó su cuerpo hacia delante, al acecho, y envolvió sus dos zarpas delanteras con el fantasmal aura morada, tras lo cual propinó un salto con el que se abalanzó sobre su presa, pillándola desprevenida.

    —Peer… —Persian gruñó, enfadada; sus zarpazos habían cortado por la mitad a su enemigo, pero en lugar de caer al suelo debilitado, éste se había desvanecido entre el polvo y la grava.
    —Gro, gro. —La risa de una nueva silueta se escuchó a su derecha, la cual fue precedida por otra más a su espalda y una última al frente.
    —¡Peersian! —La tipo normal comenzó a iluminar otra vez la joya de su rostro; Yukón se las había apañado para repartir un par de copias suyas por el campo de batalla y eso la enfurecía demasiado.

    Un nuevo rayo de energía verdosa atravesó la —cada vez menos densa— nube de polvo, barriendo con su paso buena parte de la superficie de batalla, desencadenando con ello la aparición de nuevos claros de luz.

    La consecución de dicho ataque enseguida permitió al ojiverde observar cómo, dentro de la polvorienta masa, la batalla entre los dos monstruos de bolsillo había vuelto a reanudarse.

    En ese preciso momento los dos Pokémon se desplazaban lateralmente en círculo, jadeando por el esfuerzo, pero sin llegar a apartar su mirada de la del contrario; Yukón no había podido hacer nada por impedir que sus clones sucumbieran ante la implacable barrida que la joya de luz había dejado a su paso y por ello se encontraba solo frente a la Persian, con algunas zonas de su cuerpo ennegrecidas, justo en aquellas donde le había impactado el rayo.

    Las dos criaturas esperaban el momento en el que aquel que se encontraba frente a sí diese el primer paso en falso, sin embargo eso requería paciencia, y a Yukón era algo que se le estaba empezando a agotar.

    De esa misma manera, justo antes de que el Grovyle abriese su mandíbula para escupir su ráfaga de semillas, la Persian partió rápidamente en su dirección dispuesta a cargar contra él, bastándose de un simple quiebro lateral para eludir la metralla incandescente, y acto seguido, poder saltar mientras su cola volvía a brillar con el mismo tono blanco metálico anterior.

    —¡Peer! —Sonrió la felina, maliciosa; estaba segura de que ese golpe pondría el punto final al enfrentamiento.

    La cara de arrogancia y venganza de la Persian cambió a otra muy distinta cuando, aún en el aire, el silbido de la estela de un veloz proyectil captó su atención; al parecer se trataba de una enorme semilla de color marrón oscuro, la cual había sido lanzada espontáneamente desde el interior de la única bruma de polvo y gravilla que quedaba ya sobre el campo.

    La trayectoria del proyectil y la gata coincidieron en un punto, justo aquél en el que tuvo lugar el impacto; finalmente, tras ser repelida, la felina se precipitó violentamente contra el suelo, rebotando un par de metros por la superficie del estadio antes de por fin detenerse.

    Tras volver a ponerse pesadamente en pie, los partícipes de la batalla pudieron observar como una mata de enredaderas —que relucían con un brillo verde incandescente—cubrían el cuerpo de la felina; sin embargo ésta hizo caso omiso de ellas, Yukón había vuelto a engañarla y ahora lo único que la importaba era hacérselo pagar bien caro.

    —<<Aoki llevaba razón en lo de hacer recordar a Yukón el movimiento drenadoras>> —Meditó Ecko, creyendo cada vez más en las posibilidades de victoria. —<<Tengo que empezar a pensar más como ella>> —Continuó, confiado. —¡Eh, Yukón! ¡Buen trabajo!
    —¡Grovail! —El reptil volvió a hacer acto de presencia sobre el campo, justo después de que la nube en la que había estado escondido se desvaneciera del todo.
    —Por un momento llegué a pensar que lo único que sabía hacer tu Pokémon eran copias de sí mismo. —Espetó Giovanni con una seca carcajada. —Persian, termínalo con garra umbría.
    —¡Atento, Yukón! —Advirtió el ojiverde desde su palco. —¡Esquívalo y recurrente!

    Antes de que Persian tuviera el tiempo suficiente para poder inclinarse sobre sus extremidades delanteras —y posterior a ello— saltar sobre su rival, cada una de las cepas de enredadera que se enroscaban por su cuerpo comenzó a refulgir con un intensísimo brillo verde incandescente, señal de estar drenando parte de su energía vital para —muy a su pesar— cedérsela Yukón.

    Agotada por el avenado de fuerzas, la Pokémon del Líder del Gimnasio comenzó a sentir como sus cuatro extremidades motrices empezaban a temblar bruscamente, haciendo que el simple hecho de mantenerse en pie requiriera ya de mayores esfuerzos.

    Finalmente las fuerzas terminaron por flaquearle a la felina, lo que provocó su derrumbe sobre la tierra batida, lugar en que segundos más tarde la hizo impacto un nuevo aluvión de semillas explosivas que la revolcó varios metros atrás de su posición.

    —¡Ahora, usa el doble equipo! —Ordenó Ecko, confiando en su estrategia.

    Fiándose de lo que le había ordenado su entrenador, Yukón se apresuró en volver a generar sobre el campo de batalla una nueva horda de clones —llegando ahora a ser diez los que Ecko pudo llegar a contar— que rápidamente corrieron contra la gata, formando lo que parecía ser una alineación en forma de “V” un poco torcida.

    A pesar de encontrarse casi exenta de fuerzas que la ayudasen a seguir luchando, la Persian logró arrastrarse por el suelo y encarar de ese modo a la recua de reptiles que se acercaban corriendo y gritando hacia ella, intentando ponerse en pie como buenamente podía, aunque resignándose a que únicamente fueran sus extremidades anteriores las que pudieran hacerlo.

    Apremiándose en iluminar una vez más la joya de su rostro, la felina volvió a disparar el verdoso rayo de luz logrando de esa manera hacer impacto en la copia que encabezaba la formación, volatilizándola junto con otras cuatro copias más —aquellas más próximas a sus respectivos flancos.

    Las cinco copias restantes rápidamente se alertaron ante semejante arremetida; aun con la mitad posterior de su cuerpo parcialmente inmovilizada sobre el suelo, la Pokémon del Líder todavía parecía guardar varios ases bajo la manga, así que rompiendo con su anterior formación, los cinco Yukones volvieron a reagruparse en torno a ella, rodeándola.

    —¡Peer! —Un simple zarpazo bastó para que la Persian hiciera desaparecer a la primera copia que corrió la mala suerte de tener el descuido de pasar lo suficientemente cerca suyo.
    —¡Gro! —Una segunda copia sucumbió también ante el luminoso rayo de su frente, dejando ya solamente tres sobre el campo.

    Sintiéndose muy motivada por —a pesar de la crítica situación— haber sido capaz de plantar cara a dos rivales, la Persian probó fortuna y trató de volver a incorporarse sobre sus cuatro extremidades, llegando a conseguir semejante hazaña bajo la mirada de asombro de los tres reptiles rivales.

    Desgraciadamente para ella su alegría duró poco; apenas había logrado encarar a uno de los clones cuando un nuevo drenaje de fuerzas sacudió todo su cuerpo, llevándose consigo las fuerzas que desencadenaron que volviese a caer sobre el suelo, agotada.

    Viendo en ese fortuito incidente una oportunidad de éxito, Yukón aprovechó la ocasión para disparar a quemarropa una andanada de semillas que impactaron en el costado izquierdo de la gata, lanzándola otra vez varios metros más allá de donde se encontraba, muy malherida.

    A pesar del impacto, la arrogante Pokémon del Líder trató de volver a ponerse en su posición natural, testaruda; sin embargo, debido a la falta de fuerzas —y al acoso sufrido por un nuevo drenaje de energías—, ésta no tuvo más remedio que cerrar los ojos y limitarse a caer sobre el suelo del recinto, desfallecida.

    —¡Persian no puede continuar! —Vociferó el referí. —¡El aspirante gana la ronda!
    —<<Realmente no hice bien en tomarme tan a la ligera a su Pokémon>> —Pensó Giovanni divertidamente mientras regresaba a su Pokémon y tomaba la última Pokéball. —Mi última elección ¡Nidoking!
    —… —Ecko tragó saliva.

    Tras el cese del haz de luz, en el extremo del campo de batalla perteneciente al Líder tomó forma una bípeda criatura con aspecto de dinosaurio que sobradamente alcanzaría a medir el metro y medio de estatura, cuyo cuerpo, robusto y musculoso, permanecía cubierto casi en su totalidad por placas y púas de color púrpura —a excepción de aquellas que se encontraban en su vientre y pecho, pues allí eran blancas.

    La anatomía de semejante ser (de los tipos veneno y tierra) la completaban sus cuatro recias extremidades —dotadas con tres duras garras cada una de ellas— y su musculosa y masiva cola, la cual estampó contra el suelo mientras encaraba a Yukón con el prominente cuerno de su frente.

    —<<Lo mejor será infectarle con las drenadoras y después buscar el cambio>> —El de Isla Canela se despegó la camiseta del cuerpo, adherida por el pegajoso sudor. —<<Este parece más agresivo que los del resto de su especie, así que habrá que andarse con cuidado>>
    —¡Niidooo! —Rugió el Nidoking mientras rascaba el suelo con sus pezuñas; su boca salivaba continuamente y su respiración era brusca.
    —¡Yukón, drenadoras! —Ordenó Ecko, sin poder evitar sentir un poco de preocupación.
    —Nidoking, puya nociva. —Comandó el Líder del Gimnasio, no demasiado impresionado.

    Apenas escuchó las indicaciones de Giovanni, el de los tipos veneno y tierra no se demoró en iluminar sus recios brazos con un fulgor púrpura incandescente y partir en la dirección de sus rivales, dejando a éstos sorprendidos por la velocidad y precisión con las que se movía.

    Conscientes también del peligro, los tres clones de Yukón comenzaron a moverse también por el campo de batalla al mismo tiempo que uno de ellos empezaba a preparar en su garganta el simiente proyectil, dispuesto de ese modo a dispararlo cuanto antes.

    Sin embargo, cuando la estela de la enorme semilla volvió a silbar con su paso, el Nidoking se bastó de un simple golpe de su antebrazo derecho para desviarlo de su trayectoria, haciendo que ésta se estrellara en una de las Pokémorfas columnas del estadio (irónicamente, en una con forma de Nidoking) y la cubriera por completo de enredaderas incandescentes.

    Sabiendo ahora cual de las tres copias era la verdadera, el Pokémon de Giovanni continuó con su ofensiva avanzando rápidamente por la tierra batida, alcanzando en pocos pasos a Yukón y asestándole un violentísimo derechazo, desencadenando con ello que el Pokémon del ojiverde saliera volando por los aires y rebotara varias veces por el suelo antes de caer rendido frente a su entrenador.

    —¡Grovyle no puede continuar! —Dictaminó el soldado pretoriano. —¡El aspirante debe sacar a su último Pokémon!
    —<<Así que este es el poder de la Evoidea>> —Giovanni continuaba sentado sobre su trono, con su rostro irradiando una sensación mezcla de maldad e interés. —<<Al menos me alegra saber que no he estado tirando el dinero>> —Rió.

    Ecko necesitó un par de segundos para poder asimilar lo que acababa de ocurrir; realmente era consciente del peligroso poder físico que podía llegar a alcanzar un Pokémon tan fiero como Nidoking —y más aún tratándose del de un Líder de Gimnasio—, sin embargo, la fuerza bruta con la que su rival había actuado —y que estaba seguro de que apenas era la punta del iceberg— había logrado dejarlo sin palabras.

    Con las gotas de sudor haciendo carreras por su frente, el ojiverde se resignó a hacer regresar a Yukón al interior de su cápsula correspondiente —no sin antes agradecerle todo el empeño que había puesto en la batalla—y acto seguido asió con firmeza la que sería la última Pokéball que utilizaría en el combate.

    —Sal a darlo todo ¿De acuerdo? —Murmuró, agrandando el dispositivo. —¡A por ellos, Jinbe!
    —¡Warol! —Gruñó la tortuga, consciente de la situación.
    —¡Empieza con hidropulso! —Ordenó acto seguido el de la piel con lunares.
    —Rayo. —Pidió Giovanni con serenidad.

    Al igual que como había estado practicando con Aoki durante los días anteriores, la orgullosa tortuga no se demoró en formar entre sus mandíbulas una perfecta esfera compuesta de agua, la cual fue aumentando su volumen hasta terminar alcanzado el tamaño aproximado al de una pelota de baloncesto, momento en el que supo que debía lanzársela al dinosaurio.

    De la misma manera, el Pokémon de Giovanni también se dio prisa en sacudir desde su cuerpo una rápida descarga eléctrica, la cual disparó contra la esfera del líquido elemento cuando ésta se encontraba a escasos metros de impactar contra él, resultando de la colisión de entre ambos ataques una pequeña nube de vapor.

    A pesar de que su enemigo había frenado su ataque de manera inesperada, Jinbe se apresuró en generar otra buena cantidad de hidropulsos, los cuales fue lanzando de manera consecutiva en dirección a Nidoking, quien simplemente se bastaba de su ataque rayo —o de sus puños — para hacerlas a un lado y evitar así que le impactaran.

    Necesitando unos segundos para recuperar el aliento, el Pokémon del tipo veneno vio en el cese de arremetidas una perfecta oportunidad para atacar, y envolviendo una vez más sus extremidades superiores por el brillo violeta, se lanzó contra la tortuga de manera violenta.

    —¡Jinbe, protección! —Exclamó Ecko, quien ya sabía lo letal que podía resultar ese ataque.

    Afortunadamente para la pareja retadora, los dos envenenados puñetazos terminaron impactando en la pared protectora que la tortuga rápidamente pudo generar en torno a su rechoncha anatomía; sin embargo, la fuerza de la arremetida fue tal que, muy a pesar de la protección, Jinbe no pudo evitar tambalearse y dar un par de pasos hacia atrás, desprotegido.

    Sediento de violencia, Nidoking tampoco se quedó en su sitio, y aprovechando el retroceso de la tortuga, se apresuró en lanzarle un repetida descarga eléctrica que terminó haciendo blanco en el rechoncho cuerpo del anfibio.

    Pese a esto, mientras el Pokémon taladro estampaba su cola contra el suelo y rascaba con su pezuña como símbolo de su enorme poder, éste no se percató de que un malherido Jinbe se estaba levantando muy a duras penas del suelo, envuelto por un manto plateado que, de manera súbita, terminó por expandirse en forma de energía por el campo, golpeando con ello a su agresor.

    —¡Nidoking! —Se resintió el tipo veneno, clavando una rodilla en la grava.
    —¡Muy buen trabajo, Jinbe! —Se apresuró en felicitar el ojiverde a su Pokémon. —¿Cómo te encuentras? —Añadió, preocupado.
    —W-warol… —Gruñó el Wartortle mientras a duras penas conseguía ponerse en pie; fue ahí cuando su entrenador pudo observar que la parte frontal de su caparazón estaba oscurecida por el impacto del rayo.
    —Que fortuito. —Rió Giovanni, encogiéndose de hombros. —En ese caso simplemente bastará con usar ataques físicos. —Sonrió, maliciosamente. —Nidoking ¡Repita la puya nociva!

    Siguiendo al pie de la letra las órdenes de su entrenador, el Pokémon venenoso volvió a ponerse en pie, y tras rascar el suelo con su pezuña, se precipitó contra Jinbe, quien aún estaba recuperándose del golpe recibido anteriormente.

    Sin embargo, consciente de no tener en ese instante las fuerzas necesarias para poder generar otra barrera protectora que le librase del impacto, Jinbe simplemente se limitó a acumular entre sus fauces las partículas necesarias para generar su ataque rayo hielo, disparándolo en el acto.

    El gélido rayo impactó de lleno en el rostro de su objetivo, congelando y entumeciendo al instante la mitad derecha de la zona afectada; pese a esto, Nidoking no pareció detener su avance, por lo que haciendo caso omiso a su problema de estado, cargó contra la tortuga haciendo buen uso de sus brazos, impactándole con el diestro en el pecho y asestándole un izquierdazo a modo de gancho que lo elevó por los aires, aterrizando a pocos metros del palco del retador.

    —¡Nidokiing! —Tronó el de los tipos veneno y tierra mientras golpeaba sus pectorales.
    —<<Joder>> —Se lamentó Ecko tras ver lo violenta que había sido la arremetida. —¡Jinbe!
    —Wa-warol… —La tortuga se apoyó sobre sus cuatro extremidades, tosiendo; presentaba moratones y quemaduras, sin embargo, mientras le quedasen fuerzas, su orgullo le impedía darse por vencido.
    —No merece la pena prolongar más esto. —Giovanni se reclinó sobre su asiento para observar el movimiento final. —¡Nidoking, acábalo con terremoto!

    El coletazo con el que el Nidoking golpeó la tierra sin duda eclipsó todos aquellos golpes que había estado dando durante el enfrentamiento; el impacto generó una enorme onda telúrica que enseguida fue precedida por una brusca sacudida de todo el campo de batalla, haciendo que incluso la superficie de éste fuese atravesada por grandes peñascos procedentes de las profundidades de la tierra.

    La fuerza de la onda —y de las consecutivas vibraciones— ocasionó que las luces del estadio comenzaran a parpadear intermitentemente, haciendo que a Ecko le costase aguantar aún más el equilibrio.

    Finalmente las luces del estadio terminaron por fundirse, dejando el interior del recinto en la más profunda oscuridad, pudiéndose escuchar el ruido de los cantos rodar por el suelo, y si se ponía un poco de atención —algo difícil dadas las circunstancias— también el ruido de una alarma que parecía venir desde el subsuelo.

    —¡Jinbe! —Pasado el seísmo, Ecko trató de ponerse en pie, en la oscuridad absoluta.

    Unos focos de emergencia actuaron de inmediato, iluminando toda la arena con una luz verde artificial.

    —¿Qué ha sido esa alarma? —Preguntó el Líder del Gimnasio, dirigiéndose quizás a alguien que estuviese detrás del telón que suponía el acceso a su balcón.
    —C-con el debido respeto, Don Giovanni —Rubí cruzó el cortinón, nerviosa. —; la fuerza del terremoto ha activado los sistemas de defensa de la base, además de que ha causado daños considerables en el sistema de suministro eléctrico.
    —¿Ha habido algún herido? —El hombre se levantó de su trono y se acercó hasta la pelimorada.
    —Aún no tengo constancia de ello, Señor —Contestó la secretaria, intentando contrastar los datos con la información que pudiese aparecer en su laptop tableta. —, pero al parecer los sistemas de seguridad de las jaulas han caído, y muchos Pokémon se encuentran ahora mismo por la base, descontrolados.

    El de la piel cobriza suspiró y se ajustó los cuellos de su uniforme; la leve iluminación del estadio permitía ver que en su rostro, a pesar de lo ocurrido, seguía dibujada la misma mueca maliciosa de siempre.

    —Iré entonces a solucionar todos los problemas que hayan podido derivar de mi comportamiento. —Sentenció, tajante.
    —Pero Don Giovanni, el Pokémon de su retador aún sigue en pie. —Intentó informar de ello la joven mujer. —¿Envío a un suplente para que termine por usted el combate?
    —No. —Respondió el hombre seriamente. —Acompáñalo a alguna de las salas de espera y hazle allí entrega de la medalla Tierra. —Añadió. —El chico ha sido un buen conejo de indias; además, su familia ha sido muy generosa con nosotros últimamente. —Rió, maliciosamente.
    —C-como usted lo ordene, Don Giovanni. —La mujer acató la orden mientras su máximo superior se adentraba en las instalaciones internas del recinto.

    Desde lo alto de su palco, el ojiverde pudo observar como el Líder del Gimnasio abandonaba el recinto —tras hacer regresar a su violento Pokémon— sin mediar palabra ninguna; desde allí pudo observar también cómo muchas de las columnas que antes lo habían impresionado, ahora habían dejado de parecerse a Pokémon, y no eran más que simples pilares de roca.

    Olvidándose por un momento del valor que pudiese tener la medalla por la que había estado luchando, el de Isla Canela se apresuró en bajar de su plataforma y acceder al maltratado campo de batalla, donde su Pokémon había conseguido aguantar la sacudida utilizando sus últimas fuerzas para generar un último ataque protección.

    —¡Jinbe! —Ecko tomó en brazos a la tortuga y la abrazó contra su pecho intentando no hacerla daño.
    —Tor-tortel… —Sonrió el tortugo, para acto seguido cerrar sus ojos, debilitado.
    —Al final tu orgullo fue más fuerte que sus ataques. —El ojiverde tampoco pudo evitar sonreír, tras lo cual devolvió a su compañero al interior de su cápsula; su única prioridad ahora era que tanto él como el resto recibiera los cuidados necesarios.
    —Necesito que me acompañe hasta un lugar más seguro. —El pretoriano que los había arbitrado captó la atención del moreno. —Cualquiera de estas columnas podría venirse abajo.
    —Sí. —Accedió Ecko, tras lo cual se puso en pie y siguió los pasos del soldado.

    Parque cercano al Gimnasio Pokémon, Ciudad Verde, 11:17 AM.

    Muse no pudo evitar bostezar de aburrimiento, era la tercera vez que volvía a leer ya el mismo artículo de la misma revista de criadores, y por mucho que le gustase la crianza Pokémon, no estaba dispuesta a leerlo una cuarta vez más.

    Astra dormía plácidamente a sus pies, a ella el aburrimiento le había servido para pegarse una siesta mañanera, aprovechando lo bien que se estaba tumbada sobre la hierba, bajo la sombra de aquel frondoso árbol.

    —¿Cómo crees que le estará yendo a Ecko, Astra? —La pelirroja dejó caer pesadamente la revista sobre sus muslos, ocasionando que el ruido producido despertase a su compañera. —Espero que al menos se esté divirtiendo más que nosotras.
    —¡Flao! —Gruñó la Flareon lamiendo el rostro de su entrenadora, a lo que esta no pudo evitar soltar una ligera risotada. —¡Flao, flao!
    —¡Ah, para! —Rió Muse. —¡Que luego me dejas la cara pegajosa!
    —¡Flao! —Astra se apartó de su entrenadora, pareció sentir la presencia de alguien y rápidamente se acercó para ver de quien se trataba.

    Cuando la joven de Isla Canela pudo reconocer a su compañero de viaje, ésta se levantó rápidamente de su natural asiento y acudió hasta donde él se encontraba acariciando la mata de pelo de su Pokémon, interesándose rápidamente en si había conseguido o no la medalla.

    —Mira. —Dijo Ecko mostrándole un pequeño objeto metálico de color verde, cuya forma recordaba a una pluma u hoja.
    —¡Guay! —Sonrió la pecosa, lanzándose acto seguido para abrazar a su compañero. —¡Jo! ¡Cuenta, cuenta! ¿Cómo fue? —Enseguida quiso saber todo lujo de detalles.
    —Mejor será que te lo cuente sobre la marcha. —Dijo el ojiverde mientras una gota de sudor caía por su sien derecha. —Los chicos se han esforzado más que nunca, y ahora necesitan que las enfermeras se encarguen de ellos.
    —¡Sí, sí! ¡Claro! —Asintió Muse, con los ojos brillando. —¡Venga, Astra, nos vamos!

    A pesar del agotamiento físico y mental que le había supuesto la batalla, en ese momento Ecko se sentía más motivado que nunca; ahora ya tenía en su poder las ocho medallas oficiales de Gimnasio y eso le daba vía libre para poder participar en el desafío regional de la Liga Pokémon, sin embargo, sabía que optar a lo más alto no iba a ser un camino fácil, pero es que, en verdad, tampoco quería que fuese de otra manera.
    #1959494 30/12/2014 13:31
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    0Wish0Wish

    # Fecha de alta: 20/08/2008

    # Edad: 26 años

    # Ubicación: Isla Canela

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    Capítulo 010 — Emboscada (Lazos que unen)


    La mañana se había levantado notablemente más cálida que las de los últimos días, lo que en cierto modo evidenciaba que los meses más calurosos del verano estaban ya a la vuelta de la esquina; afortunadamente la estación estival no azotaba a la región de Kanto tanto como sí lo hacía en otras regiones más sureñas por lo que, estando bajo alguna sombra, todavía se podía disfrutar de lo mucho que aún podía llegar a ofrecer el mundo exterior.

    Las copas de los árboles danzaron y una breve brisa templada se arremolinó delicadamente en un pequeño claro del bosque, lugar en el que después de haberse pasado entrenando buena parte de la mañana, el trío de muchachos había decidido acampar para reponer fuerzas y llevarse a la boca algo que comer.

    Lunes, 29 de Junio, Bosque Verde, 13:08 PM.

    —¡No me digas que trajiste sandía, Muse! —Exclamó Ecko mientras la pelirroja colocaba una nevera portátil en medio del corro que habían improvisado.
    —La compré esta mañana en el mercado mientras entrenabais. —Sonrió ésta, destapando el recipiente. —Tiene muy buena pinta ¿Verdad? —Añadió, relamiéndose los labios. —Venga Aoki, coge un trozo.
    —De acuerdo. —Aceptó la rubia enseñando la lengua; su rostro se enrojeció por el dulzor de la fruta tras pegarla el primer mordisco. —¿Quieres probarla tú también, Kanon?
    —Venusaur… —Asintió el susodicho, con voz adormilada.

    De esa manera, la ojivioleta introdujo una porción completa de la fruta en la enorme boca del masivo Pokémon planta que reposaba a su lado; éste tenía la piel verdosa plagada de arrugas, cortas extremidades y una espalda lo suficientemente ancha como para portar en ella un gran tronco de palma con cuatro hojas en su base y una flor de seis pétalos rosas en lo más alto —la cual carecía de bulbo, lo que le distinguía entonces como un macho.

    Queriendo probar también del dulce bocado, el resto de criaturas que se encontraban junto al trío de jóvenes rápidamente acudió hasta sus respectivos entrenadores, de manera que a Ecko no le quedó más remedio que tener que ofrecer un gajo a Yukón y otro más a Clove a fin de evitar las típicas disputas entre ambos; Muse también tuvo que tomar dos porciones más del interior de la nevera, pero es que el apetito de su Lickilicky no era tan fácil de saciar como el del resto.

    Finalmente —y como era inevitable— los dos monstruos de bolsillo del ojiverde comenzaron a pelearse entre ellos, siendo esta vez el origen de la discusión unas supuestas pepitas de sandía que Yukón negaba haber escupido sobre su compañera, pero que ésta se empeñaba en tratar de demostrar haberlo hecho.

    Sin ponerse de la parte de ninguno de los dos, Ecko simplemente se resignó a hacer regresar a las dos criaturas al interior de sus respectivas Pokéball mientras una gota de sudor escurría por su frente; lo cierto es que estaba ya más que acostumbrado a este tipo de situaciones.

    —Dicen que le roce hace el cariño. —Rió Aoki, ofreciendo a su Pokémon la cáscara de la sandía que ella ya no iba a comer, quien la aceptó sin rechistar.
    —Pues ellos amplían la regla. —Suspiró Ecko encogiéndose de hombros y meneando la cabeza. —La verdad es que ya no sé qué más puedo hacer para que dejen de…

    Las palabras del de Isla Canela fueron interrumpidas por el comienzo de un intenso zumbido procedente de lo más profundo bosque y del que —muy a pesar de su creciente intensidad—resultaba difícil determinar el origen concreto.

    Temiendo que pudiera tratarse de alguna amenaza (bien humana o bien Pokémon), Ecko y Aoki —Pokéball en mano— apremiaron en ponerse en guardia por si la situación presumía acontecer con un futuro enfrentamiento; sin embargo, lejos de ser así, ambos quedaron sorprendidos cuando una figura apareció súbitamente de entre los árboles y sobrevoló a escasa distancia de sus cabezas, al parecer, tratando desesperadamente de escapar de alguien o de algo.

    —¡Jera! —Gruñó el ser, dando un giro de ciento ochenta grados a su trayectoria y expulsando una ráfaga de medianas rocas redondeadas contra el lugar del que había surgido.

    Sin embargo, antes siquiera de que el aluvión de piedras acertase a su blanco, dos masivos chorros de agua a alta presión surgieron de entre la maleza e impactaron al ser volador de lleno en el pecho, ocasionando que éste terminara golpeándose con el tronco del árbol que había a sus espaldas y, finalmente, se precipitara contra el suelo completamente noqueado.

    Tras presenciar la violenta caída, el trío de jóvenes se acercó —algo preocupados— al lugar en el que la criatura yacía inconsciente, pudiendo comprobar de esa manera como ésta se trataba de un antropomorfo escarabajo de piel azulada y de una estatura por poco superior al metro y medio, quien además poseía unos pequeños ojos amarillos y un sobredimensionado cuerno por encima de éstos, el cual terminaba en una pala con forma de corazón —señal pues de que era una hembra.

    Heracross, Pokémon Unicornio; aunque tienen un temperamento apacible son bastante fuertes, pudiendo llegar incluso a voltear oponentes mucho más grandes que ellos con su enorme cuerno. —Informó la Pokédex de Muse. —Su alimento preferido es la sabia de los árboles.

    Pretendiendo ayudar —en la medida de lo posible— con los conocimientos de medicina que había ido aprendiendo durante su viaje, el ojiverde rápidamente se acuclilló para tratar de examinar el cuerpo de la escarabajo, quedándose sorprendido por las feas magulladuras que ésta presentaba en pecho, espalda y rostro, fruto casi seguro que de alguna desafortunada pelea.

    —Pobrecilla… —Dijo Muse afligida, no pudiendo por ello evitar taparse la boca con las manos. —¿Quién ha podido hacer algo así?
    —No lo sé, pero hay que llevarla al Centro Pokémon. —Añadió Aoki, apresurándose en tomar del interior de su equipaje una Pokéball vacía.
    —¿Y qué tal si mejor la dejáis donde está? —Una voz masculina captó la atención del trío; al parecer alguien se encontraba a sus espaldas. —Ese bicho ya me ha hecho correr demasiado, y ahora que por fin lo he atrapado sería una lástima tener que volverlo a perseguir.

    Girándose para poder conocer al autor de dichas palabras, el trío de muchachos se topó con un chico que seguramente rondaría la edad de Aoki, de cabello rosa pálido peinado de punta y bribones ojos marrones; llevaba puesto, además, un uniforme de Rocket completamente de color negro, con una “R” roja pintada sobre el corazón y un pañuelo azul oscuro anudado al cuello.

    Lejos de ir mal acompañado, junto al muchacho se encontraba una criatura que enseguida Ecko reconoció por ser la forma evolucionada de uno de sus Pokémon; dicho ser se trataba de una masiva tortuga bípeda que con creces superaba el metro y ochenta centímetros de altura, de robusto cuerpo azul oscuro y de cuyo caparazón —marrón en la parte trasera y crema en la delantera— sobresalían dos cañones de acero por los que disparaba agua a una desorbitada presión.

    —¡Oye! ¡Qué derecho tienes para tratar de esa manera tan bruta a un Pokémon salvaje! —Exclamó Muse, cabreada por la poca consideración que el pelirrosa había mostrado ante el herido.
    —Dudo que eso te importarte, pelirroja. —Contestó éste, dando la sensación de no tomarla en serio. —Así que preferiría que dejaseis que me llevara a esa Heracross por las buenas; o si no…
    —¿O si no qué? —Dijo Aoki, adelantándose un par de pasos al grupo.
    —O si no, bueno, ahí tenéis un claro ejemplo de alguien que quiso hacerlo por las malas. —Rió desafiante, señalando con desprecio el cuerpo de la escarabajo. —¡Blastoise, rayo hielo!
    —¡Kanon, detenlo! —Aoki se mordió el labio inferior, como habitualmente solía hacer antes de un nuevo desafío. —<<Que sea por las malas entonces>>

    Acatando a la perfección las órdenes del pelirrosa, el Pokémon tortuga comenzó a acumular entre sus mandíbulas una buena cantidad de partículas heladas que poco a poco terminaron tomando la consistencia de un gélido rayo, el cual no se demoró en disparar contra el blanco indicado maliciosamente por su entrenador.

    Sin embargo, a pesar de que a simple vista su aspecto físico le hiciese parecer algo lento, el Venusaur de Aoki se interpuso rápidamente —valiéndose de un salto que hizo temblar el suelo— entre el grupo de jóvenes y el congelado ataque, consiguiendo de ese modo detenerlo a base de cubrir todo su enorme cuerpo con un oportuno ataque protección.

    —¡Buen intento, rubia! —Exclamó con una carcajada el vacilón soldado Rocket. —Ahora demuéstrame que eres igual de valiente con dos de mis amigos delante. —Añadió, desafiante. —¡Eh, chicos, salid!

    Tras ser llamados, otros dos soldados Rocket más aparecieron —espontánea e irónicamente— a espaldas de Aoki y la pareja de Isla Canela, esbozando cada uno de ellos una malévola sonrisa que denotaba que sus intenciones no tenían pinta alguna de ser nada buenas.

    Los dos hombres iban vestidos con el habitual uniforme Rocket, sin embargo se diferenciaban bien el uno del otro, sobre todo porque el primero de ellos llevaba las sienes rapadas —lo que hacía que su peinado fuese una despeinada cresta de color violeta— mientras que el otro cubría su mata de pelo rubio con una vieja gorra negra con la visera del revés.

    Sin dar tiempo a que el trío de jóvenes pudiera reaccionar, los dos Rocket no demoraron en liberar el contenido de sus respectivas Pokéball, de tal manera que frente al rubio acabaron materializándose tres grandes roedores de pelaje pardo, pronunciados incisivos y alargados bigotes del mismo color, mientras que por el otro lado —frente al de la cabeza semirrapada— lo que se acabó formando fue un grupo de cinco levitantes Pokémon púrpuras cuyo aspecto vagamente hacía recordar al de una mina explosiva, principalmente por los apéndices protuberantes de sus cuerpos, de los cuales no dejaban de salir amarillentos gases tóxicos.

    Los ocho Pokémon enemigos rápidamente se reagruparon en torno al grupo de tres, mientras que, desde el lado opuesto del claro, el Rocket del pelo rosa se sentaba sobre un tronco caído para poder presenciar de manera más relajada el enfrentamiento en compañía de su Pokémon.

    —Muse, tú no tienes porqué luchar ¿De acuerdo? —Ecko trató de actuar con caballerosidad, pues conocía de sobra la postura de su amiga respecto a los combates Pokémon forzados.
    —N-no, esta vez quiero hacerlo. —Fue la respuesta de ésta. —No puedo permitir que esos tipos traten así a los Pokémon y después se vayan de rositas. —Añadió, a pesar de que sus piernas temblaban. —¡B-Buck, ven conmigo!

    Aoki no pudo evitar esbozar una ligera sonrisa tras escuchar aquellas palabras; sin embargo sabía que haría falta algo más que actitud para salir bien parados del enfrentamiento, por lo que, acto seguido, tomó dos Pokéball de su cinturón y liberó con un rápido gesto a Suyin y a Gahara, quienes rápidamente se mostraron dispuestas a combatir.

    —Dejad que yo me encargue de los Koffing ¿De acuerdo? —Ordenó la ojivioleta; su carácter se había vuelto serio, como el de una auténtica campeona. —Mientras intentad que esos Raticate no se pasen de listos.
    —¡Sí! —Exclamó la pareja de Isla Canela al unísono.
    —<<Te vas a enterar>> —Aoki encaró al Rocket de la cabeza rapada, sonriéndole pícaramente; lo cierto es que no tenía intención de ser blanda con él. —¡Suyin, pulso dragón! ¡Puño trueno, Gahara!

    Mientras las dos Pokémon de la rubia estaban involucradas ya en su propia pelea, el chico de la piel de lunares no se demoró en lanzar al suelo la Pokéball de Kyoshi, a quien una vez en el claro no hizo falta explicarla la situación que acontecía, por lo que inmediatamente se colocó a la par que el Lickilicky aliado, inclinando todo su cuerpo hacia adelante.

    El hecho de que su amigo hubiese sacado a combatir a la Pokémon siniestra hizo que Muse se tranquilizara un poco, pues bien sabía que de todos los Pokémon que éste tenía, Kyoshi era la que mejor se entendía con los suyos.

    —Seré rápido ¿Vale? —Dijo ufanamente el Rocket rubio, quien por los gritos de apoyo que le brindaba el pelirrosa habían descubierto que se llamaba Trent. —¡Raticate, excavar! ¡Los tres!
    —¡Atenta, Kyoshi! —Se apresuró en ordenar el ojiverde. —¡Pulso umbrío!
    —¡B-Buck, rizo defensa! —Añadió Muse tras tragar saliva.

    Sin dudar ni un solo instante, el trío de roedores no tardó en acatar las órdenes del Rocket y en seguida se zambulló en la reblandecida tierra del bosque, permaneciendo varios segundos bajo la superficie que les sirvieron para escarbar una pequeña red de túneles por los que comenzar a desplazarse.

    Conscientes de que en ese mismo instante ambos jugaban el rol de presas, los dos Pokémon de la pareja de Isla Canela permanecían atentos a la menor vibración que pudiese advertirles del lugar desde el que vendría dirigido el ataque; no obstante, si bien Buck parecía estar algo nervioso por el confuso peligro, su compañera se mostraba mucho más serena, sin perder su concentración.

    Solo de esa manera fue entonces que, gracias a su desarrollada capacidad sensitiva, Kyoshi pudiera esquivar sin problemas —bastándose de un pequeño salto hacia adelante— al Raticate que inminentemente emergió bajo sus zarpas y cuyo pelaje, además, permanecía cubierto por una gruesa capa de arena que, una vez en la superficie, sacudió.

    —¡Ambreon! —La vulpina mostró sus colmillos tras aterrizar varios metros al frente de su rival.

    Inclinando una vez más todo el peso de su cuerpo hacia adelante, el aro de la frente de Kyoshi comenzó a resplandecer con un oscura luz de color a caballo entre el negro y morado, signo de estar almacenando en él una buena parte de la energía negativa del ambiente (la cual, a decir verdad, no era poca).

    Finalmente toda esa luz terminó tomando la consistencia de un tenebroso y amorfo rayo, el cual terminó por impactar de lleno en el cuerpo del ratón, arrojándolo junto con su trayectoria varios metros más atrás del agujero por el que había aparecido.

    —<<Joder>> —Se lamentó Trent, algo más preocupado que al principio. —¡Eh, vosotros dos! ¡Salid ya de ahí abajo! —Exclamó propinando una suerte de fuertes pisotones contra el suelo.
    —Ra-ratikeit… —Gruñó el ratón de la superficie, tratando de incorporarse.
    —¡Raticate, levanta! —Ordenó tajante. — ¡Ve con rueda fuego!

    Sacudiendo su cabeza levemente hacia los lados para poder espabilarse, el Pokémon del tipo normal rápidamente se puso en pie y abrió sus mandíbulas, pudiéndose observar con dicho gesto como entre ellas danzaba una diminuta llama anaranjada que poco a poco comenzó a envolver el cuerpo del ratón conforme éste empezaba a rodar por el suelo como si de una rueda se tratase.

    Por el otro lado, tras recibir la orden, los dos ratones que aún permanecían en sus madrigueras salieron a la superficie a escasos metros de distancia de Buck, quien al no verlos venir, se limitó a enroscarse como un ovillo tratando de amortiguar de ese modo las arremetidas que estaban por venirle, las cuales —sin duda alguna— finalmente llegaron.

    —¡Buck, desenrollar! —Ordenó Muse, no pudiendo soportar el acoso que estaba sufriendo su compañero.

    Aprovechando al máximo las capacidades que su forma redondeada le permitía, el Pokémon de la pelirroja anduvo sobrado de tiempo a la hora de escapar rodando de sus dos agresores, causando además que, con su movimiento de rotación frontal, los dos Raticate cayeran sobre el suelo aturdidos.

    Siendo ahora los dos ratones un blanco no demasiado difícil para Buck, éste dirigió su rodada rápidamente hacia la posición en la que éstos se encontraban, avanzando hacia ellos con una potencia desmesurada —suma de la combinación del movimiento desenrollar con el del rizo defensa.

    Resultando de ello un impacto inevitable para uno de los dos Raticate, el desafortunado ratón no pudo hacer más que salir despedido varios metros por el aire luego de que la mole rosa lo arrollara violentamente con su avance; no obstante —y a pesar de esto—, su compañero sí consiguió zafarse de la rodada a base de volver a excavar otro de sus oportunos agujeros.

    —<<Hay que detener a ese Raticate cuanto antes>> —Meditó el ojiverde, temiendo que las llamas que envolvían al roedor pudieran propagarse e incendiar el bosque. —¡Kyoshi, pulso umbrío!
    —¡Am! —Asintió la Umbreon.

    Un ligero olor a cabello quemado penetró en el hocico de la Pokémon siniestra luego de que la rueda de fuego en la que se había convertido su rival pasara rozando a escasos centímetros de su cuerpo cuando ésta pasó de largo.

    Afortunadamente, los movimientos del Raticate eran torpes y de ello derivaba que no fuesen muy difíciles de esquivar, por lo que, sabiendo aprovechar una oportunidad cuando ésta se presentaba, la Pokémon del de Isla Canela se interpuso rápidamente en la trayectoria de retorno de su rival mientras el anillo de su frente volvía a irradiar el brillo oscuro iridiscente.

    Mentalizada en encontrar el punto crítico exacto al que disparar el lúgubre rayo, la Pokémon siniestra no se percató de que la tierra que quedaba a sus espaldas comenzaba a removerse, pillándola totalmente desprevenida cuando el Raticate que antes había logrado salir airoso de la rodada de Buck caía sobre ella y clavaba sus prolongados incisivos en torno a su cuello, restringiendo de esa forma sus movimientos y desencadenando que la rueda de fuego la embistiera y lanzara varios metros por el aire, malherida.

    —<<Uno menos, ahora le toca el turno al gordito>> —Se burló en su imaginación el Rocket de pelo rubio mientras se ajustaba la visera de su gorra. —¡Raticate, id con rueda fuego los tres a la vez!
    —¿L-licki? —Buck retrocedió un par de pasos, asustado, mientras los tres ratones lo encaraban a un par de metros de distancia.

    Con esa nueva orden, el trío de roedores no se demoró en entrar en combustión y lanzarse rodando contra el rechoncho Pokémon, quien no sabiendo muy bien cómo reaccionar ante un ataque a tres bandas —y en vista de que su entrenadora tampoco sabía muy bien qué hacer—, simplemente se limitó a adoptar su forma ovillada para tratar de esa manera que los impactos fuesen lo más leves posibles.

    Sin embargo, apenas poco antes de que el Pokémon de la pelirroja pudiera hacer algo más que enroscarse sobre sí mismo, una figura de color violeta atravesó el campo a una descontrolada velocidad —dejando tras de sí una estela de humo— y terminó chocando contra el Raticate que lideraba la formación de ataque, ocasionando con ello que, tras el inesperado impacto, se produjera una considerable explosión causante de que los dos ratones restantes se viesen forzados a alterar el sentido de sus trayectorias.

    —¡Pero qué rayos! —Exclamó sorprendido el Rocket, aunque lo cierto era que por un momento los dos de Isla Canela tampoco pensaban demasiado distinto a él.
    —¡Marowak! —Gahara se bastó de un pequeño salto para agarrar con presteza el hueso que regresaba hasta su posición, como si de una especie de boomerang se tratase.
    —Ese me le apunto yo. —Sonrió Aoki mientras dedicaba a ambos su habitual gesto de victoria. —¡Suyin, acua cola! ¡Gahara, puño trueno! —Los movimientos rivales en seguida hicieron que volviera a centrarse otra vez en su propio combate.

    Sin pretender dar tregua a sus rivales, la pareja de Raticate que aún se aferraba a la batalla no tardó en redirigir el rumbo de sus flamígeras trayectorias hacia el Pokémon de Muse, quien a pesar de haber decidido plantarles cara, no podía evitar sentirse algo desorientado al observar como las dos ruedas de fuego se cruzaban una y otra vez durante su avance.

    Si bien sabía en ese momento que la situación jugaba completamente en su contra, Buck se dispuso a probar fortuna desplegando su alargada y pesada lengua, echándola acto seguido hacia atrás en el transcurso en que ésta se endurecía y poco a poco adquiría un brillo verde incandescente.

    De esa manera, tras garantizarse un buen apoyo luego de pegar un fuerte pisotón contra el suelo, el Pokémon rosado sacudió lateralmente su órgano gustativo ayudándose de un fuerte movimiento con la cabeza, acción que bien le sirvió para impactar violentamente (y barrer del camino) a uno de los Raticate, quien debido a la inercia del impacto terminó por estrellarse en uno de los árboles más cercanos a él.

    Tras presenciar lo ocurrido el otro Raticate desistió de atacar, sin embargo continuó con su rodada, describiendo un peligroso círculo en torno a la regordeta anatomía del Pokémon del tipo normal, acorralándolo en una especie de molino de fuego.

    —¡Estupendo, Buck! —Suspiró Muse aliviada, aunque pronto bajó de la nube.
    —¡Maldita sea! ¡En pie, Raticate! —Ordenó Trent a su malherido roedor, quien andaba dando tumbos por el campo tras su colisión contra el grueso tronco. —Y tú no te quedes ahí rodando como si nada ¡Golpéalo de una vez!

    Después de escuchar semejante orden —o amenaza; todo bajo el punto de vista desde el que se mire—, el Pokémon ratón no vaciló a la hora de cesar su movimiento de rotación y se lanzó envuelto en sus propias llamas contra el compañero de la de Isla Canela, sin esperar que, afortunadamente para ésta, algo lo detuviera milésimas antes de que los dos entraran en peligroso contacto.

    De pronto dos ojos rojos aparecieron de entre las sombras, clavando su misteriosa mirada en la del confundido ratón, quien desesperadamente trataba de atravesar la pared protectora de color granate que se interponía entre su objetivo y él a base de empujones y mordiscos.

    —Ambreon… —Kyoshi no tardó en materializarse tras aquel par de ojos; la luz negra comenzó a arremolinarse de manera turbia en el centro del anillo que parpadeaba sobre ellos.
    —<<Debemos aprovechar esto, amiga>> —Le animó mentalmente su entrenador. —¡Venga, un último pulso umbrío!

    Para completo pasmo del roedor, la agranatada pared que éste tanto ansiaba con quebrar entre sus dientes acabó por desvanecerse inesperadamente ante sus pronunciados bigotes, ocasionando con ello que a éste le resultara imposible evitar pegar el traspiés que lo terminó tirando por los suelos y convirtiendo en el blanco perfecto para la vulpina, quien no tardó en embestirlo haciendo buen uso de todo el peso de su cuerpo.

    Sin dar tiempo siquiera a reaccionar, Kyoshi dejó muy claras sus intenciones cuando, apenas un par de centésimas después, dirigió en forma de amorfo rayo el nubarrón de energía que brotaba del anillo de su frente contra el ratón, acertándolo de lleno bajo el mentón y lanzándolo varios metros hacia atrás completamente debilitado.

    —¿Hemos ganado? —Preguntó Muse, ya más tranquila.
    —No, aún queda el otro Raticate. —Respondió el ojiverde al tanto que secaba las gotas de sudor que escurrían de su frente. —<<Está bajo tierra>> —Se lamentó, pegando un rápido vistazo al terreno. —¡Mucho cuidado, Kyoshi!
    —¿Qué pasa? ¿Es que ya os habéis cansado de pelear? —Se burló ufanamente el Rocket rubio, quizás tratando de aparentar tener la situación bajo control pese a las circunstancias. —Ahora vais a ver ¡Raticate, excavar!

    Tan pronto como pronunció esas palabras, la tierra bajo las negras zarpas de Kyoshi comenzó a removerse de manera brusca, pillando a ésta por completa sorpresa cuando instantes después el ratón atravesó la superficie y consiguió encajarla un severo cabezazo en la boca del estómago; impacto que la lanzó varios metros hacia arriba y que la dejó —de manera despiadada— a merced de la inevitable caída.

    Mientras la tipo siniestro (tirada sobre el suelo) trataba de retomar el ritmo normal de respiración tras el duro golpe —y aprovechando que tenía a su otro rival a tan poca distancia—, el Raticate no vaciló ni un instante a la hora de prolongar sus incisivos y lanzarse de un salto contra el Pokémon de Muse, quien sorprendido por la rapidez con la que había ocurrido todo aquello, no pudo hacer nada por evitar que éste se le echase encima.

    —¡Lickii! —Gimió Buck mientras los dientes de su enemigo se hundían precipitadamente en la zona derecha cercana a su cuello.
    —¡Eso es! —Exclamó Trent, complacido con el espectáculo. —¡Muérdelo con superdiente!

    Incurriendo en un colosal esfuerzo a pesar de cómo los dientes de su rival diezmaban cada vez más las últimas fuerzas que lo mantenían en pie, el Pokémon rosado trataba ansiosamente de librarse de su opresor a base de usar su habilidosa lengua; sin embargo, lejos de que aquello lo llevase a alguna parte, el simple hecho de tirar del cuerpo de su rival para poder quitárselo de encima causaba tal dolor en su herida abierta que rápidamente se obligaba a sí mismo a desistir de ello.

    Finalmente, azotado por todo el cansancio acumulado durante el combate, Buck simplemente se limitó a cerrar sus ojos para, instantes después, caer pesadamente sobre el suelo completamente debilitado.

    —¡Buck! —Muse se llevó las manos a la boca, asustada, sin poder evitar que dos pequeñas lagrimillas comenzasen a escurrir por sus mejillas.
    —Mejor regrésalo a su Pokéball. —Ecko puso su mano en el hombro de su amiga y la dio una pequeña palmadita de ánimo. —Los dos lo habéis hecho fenomenal; en serio. —Sonrió.
    —… —La ojiazul simplemente se limitó a seguir el consejo de su compañero.
    —Por favor, parad; al final vais a hacer que me ponga a llorar yo también. —Rió el Rocket de pelo rubio. —Raticate, acábalo ya ¿Quieres? —Añadió con desprecio. —Superdiente otra vez.

    Ponerse otra vez sobre sus cuatro extremidades resultó para Kyoshi un trabajo agotador, sin embargo lo hizo, y sin ni siquiera perder de vista un solo momento al roedor que se acercaba corriendo hacia ella; trató de coger aire, pero de pronto se resintió del lado con el que había impactado contra el suelo.

    El Raticate se había lanzado hacía ella con un potente salto, y ahora corría por el claro con sus incisivos prolongados al máximo y refulgiendo un intenso brillo blanco, dispuesto a asestar con ellos el golpe de gracia que diese por finalizado el enfrentamiento.

    Sin embargo esta vez Kyoshi no parecía tener la más mínima intención de evitar a su rival, ni siquiera parecía dar la sensación de pretender esquivarlo con su ataque finta; en lugar de eso ella permanecía sobre el claro, expectante, empezando a sentir como un cada vez más intenso aura de color verde comenzaba a cubrir por completo toda su siniestra figura.

    Hasta ocho pequeñas esferas de energía terminaron por desprenderse de aquel verdoso brillo, las cuales rápidamente comenzaron a orbitar en torno al cuerpo de la vulpina conforme éstas aumentaban su tamaño con cada una de sus vueltas completas, hasta el momento en el que terminaron por alcanzar su momento más crítico.

    Llegado ese punto las esferas de energía se hicieron demasiado inestables, lo que terminó por desencadenar que éstas reventaran drásticamente y generasen en el proceso una violenta ráfaga de aire arremolinado, la cual eyectó hacia las alturas al Pokémon ratón en el momento en que éste saltaba sobre su cuerpo.

    —<<El poder oculto>> —Pensó Ecko mientras un reguero de gotas de sudor escurrían por sus sienes, aunque finalmente pudo respirar tranquilo cuando vio caer al Raticate completamente debilitado. —¡Buen trabajo, amiga!
    —Am-breon… —Kyoshi esbozó una casi imperceptible sonrisa de satisfacción, pero finalmente tampoco pudo aguantar más y se limitó a dejarse caer sobre el terreno, exhausta.

    Dándole gracias por lo bien que se había comportado durante el combate, el ojiverde hizo regresar a su compañera al interior de su respectiva Pokéball bajo la envenenada mirada de Trent, quien tras conocer su derrota había tirado y pisoteado su gorra repetidas veces contra el suelo de manera bastante violenta.

    —¡Suyin, pulso dragón! —Ordenó Aoki a la única de sus Pokémon que permanecía ya sobre el campo de batalla, quien no se demoró en ejecutar la orden con una precisión y destreza absolutas.
    —¡No, no, no y no! —Exclamó el Rocket de pelo morado al mismo ritmo que se autogolpeaba las sienes con los puños cerrados. —¡Dichosa rubia! ¡Ese Weezing era el mejor de todos mis Pokémon!
    —¡Draaa! —Canturreó la Dragonair tras conseguir la victoria.

    Mientras que aquel quien había sido su rival se dejaba caer de rodillas al suelo de una manera exagerada —tanto que, de haberse dado en cualquier otro tipo de situación, hubiese resultado hasta cómica—, Aoki aprovechó la ocasión para dirigirse hacia donde se encontraba la pareja de Isla Canela, mostrando interés rápidamente por su estado y el de sus respectivos Pokémon.

    —¡Menuda panda de cabrones! —Exclamó enfurecido alguien a espaldas del trío. —¿En serio pensáis que vais a iros de rositas? —Añadió sonriendo. —Pues esperad, porque ahora vais a probar medicina de la buena.

    Presintiendo quizá que lo que sucedería no iba a ser para nada favorable, los tres muchachos se giraron para ver qué era lo que en verdad estaba ocurriendo tras ellos, cuando, cuál fue su sorpresa cuando ambos se toparon con que Trent se acercaba hacia ellos esgrimiendo entre sus manos lo que parecía ser una especie de palanca de acero.

    Consciente del peligro que acarreaba que un humano blandiera un objeto como aquel de una manera tan violenta —y ante todo, dispuesta a defender a su entrenadora a capa y espada—, Suyin en seguida se lanzó contra el Rocket mientras las esferas de su garganta comenzaban a iluminarse con un brillante azul eléctrico.

    Afortunadamente la onda trueno se expandió antes de que aquel indeseable pudiera efectuar sus vandálicos planes, lo que desencadenó que éste cayera al suelo completamente paralizado y sin posibilidad de moverse, precedido por el ruido metálico de su improvisada arma blanca.

    —¿Pero qué le habéis hecho a mi colega? —El Rocket de la cabeza semirrapada se llevó las manos a la nuca, sorprendido. —¡Lo habéis dejado seco! —Añadió subiéndose las mangas del uniforme, dejando ver así los tatuajes que éste tenía en sus brazos.
    —¡Draaa! —Suyin se interpuso rápidamente entre el trío de jóvenes y la nueva amenaza mientras que las esferas de su garganta relucían electrizadas una vez más.

    Lejos de que tanto Pokémon como humano pudiesen llevar a cabo aquello que tenían pensado hacer, la fea disputa entre ambos se vio forzada a detenerse cuando tres zigzagueantes rayos de hielo cruzaron el claro e impactaron a la dragona a la altura del rostro, y de una manera tan rápida y crítica que provocó que lo único que ésta pudiera hacer al respecto fuese caer al suelo debilitada.

    Asustado por lo realmente cerca que había pasado aquel ataque de su cuerpo, el Rocket del pelo morado rápidamente se volvió solo para toparse de esa manera con que el Rocket del pelo rosado había decidido levantarse ya de su asiento, y con el pañuelo que antes tenía atado al cuello cubriéndole ahora la boca, se acercaba confiadamente hacia ellos acompañado a muy corta distancia por su Blastoise.

    —Parece que no se te dan mal los combates ¿Eh, rubia? —Vaciló el pelirrosa, deteniéndose del grupo a una distancia lo suficientemente amplia como para librar un combate. —Oye Rockstar, coge a Trent y llévatelo con Akiko ¿De acuerdo? —Le ordenó, haciendo crujir sus nudillos. —Yo iré enseguida.
    —¡Sí! ¡Tú dales una buena, Rizzo! —Exclamó el Rocket de la cabeza semirrapada al tanto que corría hasta donde su compañero e intentaba cargarlo sobre su espalda, cayendo ambos de bruces al suelo.
    —Blastoise, a combatir. —Ordenó Rizzo esbozando una confiada sonrisa mientras le hacía un gesto de indicación con la cabeza. —Tú también, Wigglytuff.

    Cuando el foco de luz roja emitido por la Rocketball cesó, frente al trío de jóvenes terminó por materializarse un redondeado Pokémon de cuerpo rosa que con lo justo alcanzaba el metro de estatura, de extremidades relativamente cortas, alargadas orejas y un par de ojos mezcla entre azul y verde de ceño fruncido.

    —Antes no lo has hecho nada mal, Muse, pero deja que seamos tu novio y yo quienes nos encarguemos ahora de este tipo ¿De acuerdo? —Muse respiró tras esas palabras. —¿Listo, Ecko?
    —Listo. —Respondió el ojiverde al tiempo que asía con fuerza otra de las Pokéball que pendían de su cinturón. —¡Sal, Azulón!
    —¡Tu turno, Kanon!

    Tan pronto como las dos últimas Pokéball resonaron al abrirse, los cuatro Pokémon que se disputarían la victoria en aquel enfrentamiento permanecían ya sobre el terreno de batalla; el Venusaur de Aoki ocupaba la mitad izquierda de su campo, encarando a la peligrosa tortuga, mientras que Azulón —situado en la derecha—, cruzaba su mirada de manera no demasiado amistosa con el de los tipos normal y hada.

    —¡Azulón, rápido, puño bala! —Se apresuró en ordenar el ojiverde; aquel no era un buen momento para andarse con cortesías cediendo al rival el primer movimiento.
    —¡No caerá esa breva! —Fanfarroneó el pelirrosa. —¡Wigglytuff, bote!

    Luego de que sus extremidades superiores se cubrieran casi al completo por un intenso brillo metalizado, Azulón no tardó en lanzarse con presteza en la dirección en la que se encontraba el Pokémon de Rizzo, pillando a éste completamente desprevenido cuando, casi en un visto y no visto, apareció a su lado blandiendo fieramente sus puños.

    Sin embargo, a pesar de la velocidad con la que el Pokémon canino se había apresurado en ejecutar su técnica, el Wigglytuff del Rocket logró esquivar en el último segundo posible el aluvión de puñetazos que le estaba por venir a base de propinar un potente salto que logró catapultarlo varios metros por encima de la copa de los árboles, provocando de esa manera que los metalizados golpes se perdieran en el aire.

    De pronto, las sensitivas orejas de Azulón se pusieron en alerta; una levísima perturbación en el aura del ambiente había sido suficiente como para hacerle saber que algo malo maquinaba a sus espaldas y que para nada mostraba intenciones de dejarlo bien parado.

    Entonces se giró, y apenas antes de que bien pudiese tratar de hacer algo por evitarlo, un rudo izquierdazo del quelonio lo tiró de bruces al suelo mientras con su otro puño —echado hacia atrás y desprendiendo un intenso fulgor anaranjado— amenazaba con impactarlo.

    —¡Bla-blastois! —El tortugo no pudo evitar sentirse sorprendido cuando, justo en el momento en el que su puño se dirigía a su enemigo, una fuerte presión comenzó a azotarlo a la altura de su muñeca, forzándolo a detenerse.
    —¡Soor! —Gruñó Kanon, pegando un fuerte tirón a la cepa con la que sujetaba el brazo de su rival y consiguiendo que éste volteara ciento ochenta grados hacia él. —Venusaur... —Su cara de pocos amigos fue suficiente para hacerle entender que no estaba dispuesto a consentir aquello.

    Al parecer, aquella especie de “desafío” pareció resultarle de lo más interesante al Pokémon de Rizzo puesto que, tras zafarse de las lianas que constriccionaban su extremidad, éste en seguida encaró al Pokémon de Aoki y, dedicándole una socarrona sonrisa de aceptación, le disparó acto seguido desde sus cañones dos violentos chorros de agua a una altísima presión.

    Afortunadamente para la ojivioleta, los dos trallazos de agua terminaron por impactar en una pared protectora que su Pokémon astutamente se había encargado de materializar en torno a su masiva anatomía; sin embargo, con lo que ésta no contaba era con la buena capacidad que el Pokémon molusco tenía para prolongar la duración de su técnica, por lo que ella misma se dio cuenta de que, mientras que la hidrobomba de su enemigo mantenía la misma desorbitada potencia que en un principio, la técnica de su compañero se iba debilitando cada vez más.

    —¡Me pregunto quién de los dos durará más! —Rió el pelirrosa; su arrogancia delataba a gritos que se traía algo entre manos.
    —¿En serio? —Vaciló Aoki; confiaba en su Pokémon, así que preocuparse en esos momentos no era una opción. —¡Pues Kanon y yo ya sabemos la respuesta!

    Una sensación parecida a la de un escalofrío recorriendo su espalda fue la causante de que Azulón volviera a ponerse otra vez sobre sus dos patas, alerta; había vuelto a sentir esa sensación de peligro acechante, aunque si bien no era tan fuerte como la anterior, ésta volvía a advertirle de que algo iba a pasar.

    Cerró los ojos, juntó las palmas de sus zarpas y las arrimó contra su pecho mientras que todo su antropomorfo cuerpo comenzaba a envolverse por el intenso aura que le daba origen a su nombre; para entonces él había efectuado ya todos los cálculos.

    Esperó apenas un par de segundos, y cuando consideró suficiente, pisoteó el suelo con su pata derecha, haciendo que ésta entrase en combustión; en ese mismo instante se lanzó corriendo en dirección a Kanon, mientras pequeñas ascuas se desprendían y quedaban flotando en el aire.

    Tomó impulso, y con él logró propulsarse varios metros por encima del suelo; entonces, en pleno salto, se bastó de una simple acrobacia lateral para dirigir su llameante pierna contra el Wigglytuff que caía del cielo con intenciones de golpear por la espalda al Pokémon de la rubia.

    —¡Wigly! —Gruñó dolorido el tipo hada luego de la patada, cayendo y rodando varios metros por el suelo del bosque.
    —¡Así se hace, Azulón! —Le felicitó su entrenador.
    —¡Wigglytuff! ¡Levántate ya! —Exclamó Rizzo, quien para nada esperaba una reacción así por parte del Lucario. —¡Ataca con vozarrón!

    Después de que el Pokémon del Rocket consiguiera volver a ponerse en pie —gracias a lo cual pudo apreciarse como la zona en la que había recibido el impacto de la patada se veía con un tono ennegrecido—, éste comenzó a acumular apresuradamente en su boca una considerable cantidad de energía sónica, la cual poco a poco fue tomando la forma de una esfera azulada de un tamaño aproximado al de una pelota de baloncesto.

    Una vez ésta alcanzó su máxima acumulación de poder, Wigglytuff se bastó de un simple tono de su voz algo más elevado para reventarla, desencadenando que toda esa energía acústica se desparramara por el campo en forma de una poderosísima onda expansiva que terminó por alcanzar a sus dos principales objetivos.

    —G-groao… —Azulón no pudo evitar llevarse las zarpas a los oídos; sabía que Ecko estaba intentando darle indicaciones, pero el estruendo era demasiado fuerte como para oírle.

    Percatándose de que la sordera había dejado bastante desorientado a su rival, el Blastoise de Rizzo en seguida encontró más divertido fijar el foco de su ataque en un nuevo objetivo que seguir con su duelo de “a ver quien aguantaba más”, por lo que, olvidándose por un momento del Pokémon de Aoki —a quien las ondas sonoras también parecían estarle pasando factura—, optó rápidamente por encarar al antropomorfo canino y apuntarlo con sus dos cañones, disparándole acto seguido un potente ataque hidrobomba que lo arrastró varios metros por el suelo.

    —Justo en el blanco. —Sonrió con prepotencia el pelirrosa, sintiéndose gratamente satisfecho. —¡Ahora acaba con el otro!
    —<<Buena suerte entonces>> —La traviesa mirada de Aoki era en ese momento el más nítido reflejo de sus pensamientos. —¡Energibola!

    Con la confianza de creer tener en ese momento las riendas del combate, el Blastoise de Rizzo volvió a encarar otra vez al de los tipos planta y veneno y, ejecutando a la perfección la orden que le había sido asignada por su entrenador, repitió una vez más su gélido disparo.

    Kanon tampoco había quedado rezagado; frente a su enorme boca se estaba empezando a formar una glauca esfera fruto del almacenamiento continuo de toda la energía proveniente de las plantas del entorno —entre las que se incluía aquella que cargaba sobre su espalda—, la cual, tras alcanzar su máximo poder, aventó a gran velocidad contra el ataque que amenazaba con echársele encima.

    Finalmente sendos ataques terminaron por impactar uno con otro en la mitad de su recorrido, generando en el proceso una estruendosa explosión causante en parte de que, en el área que ésta había barrido, se levantara una densa nube de polvo de escarcha y brillantes partículas vegetales, anulando parcialmente la visibilidad.

    —¡Como si esa niebla fuese a serviros de algo! —Bravuconeó Rizzo. —¡Blastoise, mega puño!

    Pretendiendo pues acabar cuanto antes con el enfrentamiento, el Blastoise del Rocket se lanzó contra Venusaur mientras su puño derecho volvía a iluminarse con el mismo fulgor anaranjado que antes, el cual conseguía filtrarse a través de la cada vez menos densa nube de escarcha.

    Desgraciadamente para él, dicho movimiento no pudo ni mucho menos pasar desapercibido ante los ojos de aquellos que participaban en el combate, de modo que, en respuesta a ello, una repentina esfera azulada irrumpió entre la bruma a gran velocidad, terminando por estrellarse violentamente en el lado izquierdo del rostro del tortugo y obligándole con ello a detener acto seguido su arremetida.

    —¡Groao! —El leve aura azulada aún recubría las zarpas superiores de Azulón luego de que éste dedicara a su rival una de sus mejores esferas aurales.
    —¡Blastois! —Gruñó cabreando el quelonio; movía su mandíbula con lentos movimientos, tratando de volver a articularla tras el golpe.

    No dispuesto a dejar tal acto sin castigo, el monstruo del pelirrosa se giró bruscamente en la dirección en la que se encontraba el Pokémon del de Isla Canela, y tras apuntarlo con sus dos cañones sin mostrar apenas un mínimo de piedad por él, se dispuso a dispararlo de nuevo con la mejor de sus hidrobombas.

    Sin embargo, pese a lo crítico de la situación, el impacto nunca llegó a producirse (o al menos de la manera en que él esperaba): Un fuerte empujón por parte de Kanon en el momento más crítico valió para tirar de bruces al suelo a la masiva tortuga, desencadenando con ello que los dos chorros de agua salieran despedidos en otra dirección distinta a la fijada en un principio, desgraciadamente para el Rocket, aquella en la que se encontraba su otro Pokémon, quien más bien poco pudo hacer por evitar su colisión contra el torrente y mucho menos por salir rodando violentamente varios metros hacia atrás de donde se encontraba.

    —Mejora un poco esa puntería ¿Quieres? —Reprendió con no demasiado buen humor el Rocket a su Pokémon. —¡Wigglytuff, en pie!
    —W-¡Waa! —Finalmente éste consiguió volver a ponerse sobre sus dos patas, tras lo cual hinchó todo su cuerpo como un enorme balón para repeler el agua adherida a su cuerpo.

    En vista de que su rival aún podía seguir combatiendo —pues de lo contrario su honor jamás le hubiese perdonado el atacar a un rival que no estuviera en igualdad de condiciones—, Azulón partió contra éste en una apresurada carrera al mismo tiempo que sus zarpas volvían otra vez a galvanizarse.

    Sin embargo, sin que el Pokémon del de Isla Canela pudiera esperarlo, su contendiente volvió a hincharse de manera repentina y, como si de un fuelle se tratara, le disparó directamente una bola de fuego de considerable tamaño y de la cual, al poco de ser lanzada, protuberaron cinco largos apéndices que rápidamente le dieron un aspecto estrellado.

    —¡A un lado, Azulón! —Advirtió Ecko a su Pokémon lo más rápido que pudo.

    Afortunadamente la advertencia pareció llegar a tiempo dado que, gracias a ella, Azulón pudo hacer a un lado la creciente llamarada ayudándose para ello de una forzada acrobacia lateral; aunque si bien con ella logró sus propósitos, también desencadenó que éste se viera forzado a interrumpir su arremetida.

    No obstante, sabiendo exactamente qué hacer al respecto, Azulón se apresuró en almacenar de nuevo entre sus zarpas la suficiente energía vital como para poder generar con ella otra de sus esferas aurales, logrando finalmente tal propósito. Acto seguido la disparó, y el impacto de ésta contra el Wigglytuff fue inevitable; sin embargo, lejos de poder de esa manera debilitarlo, ello tan solo causó el retroceso del conejo por un par de metros y su posterior tropiezo contra el suelo.

    —Gr-groao… —Azulón clavó su rodilla derecha contra en la tierra, dejando de esa manera que ésta aguantara todo el peso de su cuerpo. —R-rio… —Apretó los dientes, azotado por un ardor insoportable.

    Ecko no tardó en darse cuenta de que algo había fallado; la precipitada acrobacia había servido para que su Pokémon lograse esquivar sin problemas la bola de fuego, sin embargo, los brazos que después se prolongaron desde ésta fueron los que se encargaron más tarde de hacer todo el trabajo sucio.

    Azulón no se había movido desde su aterrizaje; las dos feas quemaduras que ahora marcaban su espalda aún dejaban escapar un poco de humo, y sus ojos —ahora completamente blancos por el agotamiento— parpadeaban como si estuviesen luchando por recobrar la consciencia.

    —¿Hace calor aquí? ¿O es tu Pokémon? —El pelirrosa se dio a sí mismo el gustazo de vomitar semejante comentario ante la seria mirada del ojiverde. —¿Qué tal si lo ayudas a refrescarse, Blastoise?

    Exhausto por todos los daños sufridos, Azulón simplemente se resignó a aceptar su derrota en el momento en que sintió como su rival disparaba en contra suya los dos cañonazos de agua; además, el ardor producido por las quemaduras de su espalda estaba consumiendo las pocas fuerzas que aún lo mantenían consciente, por lo que pretender gastarlas tratando de esquivar el ataque tan solo serviría para prolongar lo inevitable.

    Sin embargo, antes de desfallecer —y contrario a todo pronóstico—, Azulón pudo sentir como algo fresco y humedecido se enrollaba con precisión en torno a su cintura (respetando las zonas de su cuerpo afectadas por la abrasión) y jalaba de él bruscamente hacia atrás, quizás con intención de ayudarle.

    —¡Blaas! —Al presenciar lo ocurrido, el tortugo volvió a iluminar su puño derecho con el fulgor naranja y se lanzó impaciente contra sus dos rivales.
    —¡Soor! —Gruñó Kanon, creando con ello una pared protectora que en seguida cubrió su masivo cuerpo y el del cuasi-debilitado Lucario que había arrastrado hacia sí.
    —¡Eso es, Blastoise! ¡Están acorralados! —Exclamó Rizzo, apretando los puños y simulando con ellos una suerte de golpes en el aire típicos de un boxeador. —¡Sigue con el megapuño hasta que caigan!

    Motivado por los gritos de su entrenador, la masiva tortuga no tardó en iluminar también su otro puño y, acto seguido, comenzó a repartir izquierdazos con él, ejecutando así una fiera danza de puñetazos anaranjados que, uno tras otro, terminaban colisionando contra la pared protectora con una potencia en continuo incremento.

    Debido pues al compás marcado por el ritmo de los envites, el Blastoise del Rocket no tardó en quedar absorto en una particular “rutina de golpes” que lo mantuvo ajeno a casi cualquier otro posible acontecimiento, derivando de ello que, cuando la rubia ordenó a su Pokémon cesar su protección, la inercia de los golpes —sumado al hecho de no tener ahora un lugar sobre el que estrellarlos— provocasen que el Pokémon del tipo agua perdiese momentáneamente el equilibrio y pegase un torpe traspiés hacia delante.

    —Es el momento, Kanon. —Los labios de Aoki se torcieron, dando lugar a una pícara sonrisa; todo había salido tal y como ella había maquinado. —¡Energibola!

    La glauca esfera de energía vegetal salió despedida apenas la orden fue dada, alcanzando casi al instante a su objetivo a la altura del torso y liberando tras el impacto un destello verdoso que logró cegar momentáneamente a todos aquellos que estaban participando —tanto directa como indirectamente— en el enfrentamiento.

    Blastoise retrocedió un par de metros tras el certero impacto; sin embargo, si bien se le notaba algo cansado y dolido por todos los golpes que se habían ido sucediendo, el certero disparo de aquella energibola no parecía haber sido lo suficientemente potente como para debilitarlo, tan solo para hacerlo cabrear más, lo que en cierto modo llevó tanto a Ecko como a Aoki a pensar cómo de resistente podía llegar a resultar ser aquel adversario.

    —¡Blastois! —Rugió el tortugo, alzando la cabeza y prolongando ligeramente la longitud de los cañones sobresalientes de su caparazón.
    —Pareja de idiotas… —Rió de manera siniestra el Rocket. —¡Hidrobomba!

    Emitiendo un fuerte gruñido de afirmación como respuesta a dicha orden, el Blastoise de Rizzo apuntó a sus dos rivales con sendas armas y —sin mostrar mucha demora— disparó con ellos dos enormes torrentes de agua de unas características que hasta entonces no se habían visto en el combate.

    Sin embargo, en respuesta a ello —y sin llegar a saberse con claridad si fue algo premeditado o acto de un simple arrebato—, Kanon prolongó desde su cuerpo otras dos nuevas enredaderas que acto seguido se aferraron respectivamente a cada uno de los dos cañones de la tortuga e, incurriendo en un colosal esfuerzo, logró forzar con ello a que éstos terminasen apuntando hacia el suelo, derivando de ello que, debido a la vasta presión a la que salían disparados los chorros, el Blastoise saliera propulsado estrepitosamente hacia arriba, describiendo en el aire una parábola guiada en todo momento por los dos apéndices del de los tipos planta y veneno.

    La caída llegó a ser tal que, cuando el tortugo se estrelló contra el suelo, éste logró causar una leve vibración de la superficie del terreno que levantó una pequeña nube de polvo, dejando claro instantes después —cuando finalmente se disipó— que había quedado completamente debilitado.

    —<<Menudo súplex>> —Aoki permanecía con la boca abierta, pero después no pudo evitar pegar una disimulada carcajada, al igual que su otro compañero. —¡Bien hecho, Kanon!
    —P-pero que co… —Rizzo no daba pie a lo que acababan de presenciar sus ojos. —¡Wigglytuff!

    Pero Wigglytuff permanecía tumbado sobre el campo, a escasos metros de donde se había estrellado su compañero de equipo, debilitado también a causa del golpe que había recibido con la caída de éste.

    En ese momento toda la bravuconería de Rizzo se esfumó; no terció palabra, simplemente se limitó a hacer regresar a sus Pokémon al interior de sus respectivas Rocketball y colgarlas acto seguido en su cinturón.

    —… —El Rocket asió de su prenda una Rocketball más, sin embargo se podía apreciar como su brazo temblaba levemente.
    —Soor. —Kanon encaró al pelirrosa; Ecko se había apresurado en hacer regresar a Azulón, por lo que ahora era él el único Pokémon sobre el terreno de batalla.

    Sin embargo, apenas el Rocket pelirrosa se había atrevido a aumentar el tamaño de su esférico dispositivo, un denso humo de color gris muy oscuro comenzó a invadir el recinto en el que se encontraban —apareciendo desde diversos puntos tras los árboles—, inundando en cuestión de segundos la totalidad del claro y anulando completamente cualquier rasgo de visibilidad.

    Ante lo inesperado de dicha “fumigación”, Aoki consideró apropiado devolver también a su compañero al interior de su correspondiente cápsula para, acto seguido, tratar de reunirse —por medio de la voz— con sus otros dos compañeros humanos y así estar los tres juntos en caso de producirse otro ataque.

    Ajenos a ello, alguien más se había adentrado en el claro del bosque pero, sin ganas de querer causar ya más problemas, éste se limitó a agarrar al pelirrosa por el brazo y llevárselo consigo a un lugar en el que poder pasar desapercibidos.

    —¿Otra vez de manos vacías, Rizzo? —Se burló con sorna una voz femenina cuando vio a éste llegar acompañado de Rockstar. —¿Qué van a pensar de ti los del escuadrón de cazadores? —Añadió, soltando una carcajada juguetona.
    —Que te jodan, Akiko. —Sentenció el pelirrosa de no demasiado buen humor cuando vio a la susodicha sentada sobre la rama de un árbol balanceando las piernas coquetamente.
    —¡Oye, oye! —Exclamó, divertida. —¡Lo dices como si yo tuviera la culpa!

    Él pasó de largo, ignorando completamente su presencia, sin embargo la chica parecía divertirse con aquello; saltó desde su asiento, y entonces se pudo observar con mayor detenimiento su anatomía.

    Akiko no superaría por mucho la edad de Ecko y Muse, tenía el pelo de un color verde azulado, y lo llevaba recogido en una larga trenza que caía por su hombro derecho en contraste con el negro de su uniforme y el blanco de su piel; sus ojos eran grandes y redondos, de un color muy parecido al de su cabello, y su cuerpo —aunque sin demasiadas curvas— se veía que se esforzaba por mantenerlo en buena forma.

    —… —Rizzo se detuvo, exhaló aire, y lo soltó con pesadez. —¿Quieres dejar de seguirme?
    —Es divertido. —Rió Akiko. —Y dime: ¿Cuál va a ser la excusa esta vez?
    —¡Ya se me ocurrirá algo! —Contestó con no demasiado buen humor tras pensarlo un momento. —En cualquier caso, si no hay más Pokémon que cazar no veo porqué seguir perdiendo el tiempo por aquí. —Añadió. —La misión ha terminado.
    —Jo… ¿Ya? —Gruñó la peliverde pasándose los dedos por la trenza. —En fin, tú eres el que manda. —Añadió encogiéndose de hombros, tras lo cual partió junto al resto de camaradas mientras una pícara sonrisa se dibujaba en su dulce rostro. —<<De momento>>

    Pese a que habían transcurrido ya varios minutos desde que el humo había comenzado a fluir repentinamente desde detrás de los árboles, el cada vez más denso telón negro que cubría la totalidad del claro no parecía mostrar síntomas de pretender disiparse, algo que empezaba a suponer ya un serio problema para aquellos que, desgraciadamente, todavía estaban inmersos en sus profundidades.

    En vista de que la visibilidad era nula —de lo que derivaba que encontrar una salida fuese un trabajo realmente complicado—, Aoki propuso a los dos de Isla Canela abandonar el claro por vía aérea —quienes enseguida se mostraron de acuerdo—, de manera que para ello deberían hacer uso de aquellos Pokémon con capacidad de vuelo.

    —¡Sal, Harrier! —Exclamó Ecko antes de echarse a toser; afortunadamente para él cada una de sus criaturas tenía asignado un lugar en su cinturón, así que no le costó encontrar su Pokéball.
    —¡Guaar! —Rugió el pterodáctilo, algo aturdido ante tanta oscuridad.
    —¡Os espero en la ruta dos! —Se escuchó decir a Aoki, quien había apresurado en montarse sobre la espalda de Bullet. —¡No tardéis! —Tras lo cual se escuchó el zumbido metalizado del batir de unas alas.

    Ecko vaciló durante un pequeño instante cuando Harrier se giró hacia él; lo cierto es que nunca antes había volado encima suyo —debido principalmente al feroz carácter del dinosaurio—, sin embargo éste no puso objeción alguna cuando en primer lugar Muse tomó asiento sobre él y, escasos segundos después, también su actual entrenador.

    No habrían levantado apenas dos palmos del suelo cuando el ojiverde cayó en cuenta de algo que, preocupado, le hizo bajarse de un salto de su montura alada y adentrarse nuevamente en la densa nube de humo antes las voces de incomprensión de Muse.

    Cubrió sus fosas nasales con el cuello de su camiseta y, a base de dar unos cuantos palos de ciego, finalmente la encontró en el mismo sitio que la habían dejado al principio.

    —J-jeer… —Tosió la escarabajo, con la mirada completamente perdida y sin apenas poder articular movimiento alguno.
    —¡Tranquila! —Exclamó el ojiverde; su voz se distorsionaba ligeramente por la prenda que tapaba su boca y unas cuantas gotas negras de sudor le escurrían por la frente. —¡Pronto estarás a salvo! ¡Te lo prometo!
    —Jera… —La Heracross se limitó a cerrar los ojos, sumisa, lo que se tradujo en una resistencia nula a quedarse en el interior de la Pokéball vacía con la que le tocó el humano.
    —¡Gruaa! —Se escuchó rugir a Harrier, tras lo cual Ecko no quiso demorarse más y partió en su dirección, abandonando instantes después el claro luego de poder escucharse un fuerte batir de alas.

    Miércoles, 1 de Julio, Ruta 2, 18:36 PM.

    El enorme sol del atardecer comenzaba a esconderse tras el montañoso horizonte de la lejanía, acompañado en su rutina por el cántico chirriar de los Pokémon insectos habitantes del bosque; la temperatura resultaba agradable por el aire fresco que bajaba de la cordillera, y algunas cuantas de estrellas podían distinguirse en lo más alto de la bóveda celestial, donde el cielo comenzaba a difuminar los colores naranja, rosa, ocre y añil.

    Acompañando a Muse se encontraban dos jóvenes de aproximadamente su edad; el primero de ellos se trataba de un joven de complexión robusta, melena castaña peinada hacia atrás y ojos pequeños de color marrón oscuro, quien iba vestido con una camiseta ancha de color verde oscuro y bermudas marrones a juego, ambas de un tamaño extra grande debido a su estatura, muy superior a la de sus compañeras.

    La segunda —por ende—se trataba de una chica de cabello cian pálido, piel blanquecina y ojos sinceros de írises morados, vestida con una blusa a rayas azules y blancas, unos jeans cortos a medio muslo y una pamela de paja trenzada decorada con una bonita cinta azul atada con un trabajado lazo.

    Aoki y Ecko permanecían frente al trío, esperando el momento de despedirse.

    —No pienses que me he olvidado de nuestra revancha, pelirroja. —Sonrió Aoki, estrechando la mano a la susodicha como símbolo de una rivalidad sana. —He visto como luchaste contra los Rocket, así que ya no tienes escusa para no querer hacerlo conmigo.
    —Creí que ya no te acordarías… —Suspiró Muse, haciendo acto seguido una mueca con la boca. —En fin, la acepto. —Añadió, correspondiendo el apretón. —¡Pero solo si esta vez no nos ve tanta gente como en la anterior! —Terminó por decir, tras lo cual todos rieron.

    La conversación se prolongó por un par de minutos más en los que la rubia estuvo explicando al trío de criadores el cómo llegar a Ciudad Plateada —el siguiente núcleo de población más cercano a Ciudad Verde—, diciéndoles que llegarían antes si, en lugar de tomar el camino que atravesaba el Bosque Verde, optaban por seguir el sendero de la derecha luego de que más adelante se encontraran una bifurcación en el camino.

    Finalmente el tiempo se les echó encima y, si lo que pretendían era completar un cuarto del camino antes de que el sol se pusiera completamente, entonces debían de partir cuanto antes.

    De esa manera, mientras los dos chicos que viajarían con ella a la Escuela de Criadores de Ciudad Celeste terminaban de revisar todo el equipaje que llevaban consigo, Muse aprovechó ese lapso de tiempo para ir a despedirse de su amigo de la infancia.

    —Lo hemos pasado bien ¿No? —Sonrió la pelirroja. —Quizás cambiaría un par de cosas de estos últimos días, pero bueno. —Añadió, pasándose la mano por la nuca.
    —Sí, la verdad es que fuiste mejor compañera de viaje de lo que esperaba. —Contestó Ecko, tratando de mostrarse sorprendido. —Aunque, si te soy sincero, tenía ya ganas de que continuases viajando tú por tu cuenta.

    La respuesta a aquella broma fue un puñetazo en el hombro por parte de la pecosa a su amigo, quien lejos de sentirse molesto por ello envolvió a la chica con los brazos y compartió con ella un cálido y amistoso abrazo.

    —Suerte en la Liga Pokémon ¿Vale? —Dijo ella luego de separarse. —Los chicos y yo te vamos a estar animando mucho desde Ciudad Celeste. —Sonrió, tras lo cual besó tiernamente la mejilla del ojiverde y corrió a juntarse con sus nuevos compañeros de viaje.

    Ecko se llevó la mano al carrillo, no pudiendo evitar sonrojarse.

    —Para que luego diga que no eres su novio… —Rió Aoki negando con la cabeza luego de colocarse a su lado, obviamente bromeando.
    —¡Oh, venga! ¿Ahora que se va voy a ser yo ahora el blanco de tus bromas? —Ecko le pegó un pequeño codazo, tras lo cual también se echó a reír.

    Y de esa manera, entre palabras de despedida y brazos meciéndose en el aire, el grupo de tres finalmente emprendió su viaje a lo largo de la forestal ruta mientras los dos que se quedaban en la ciudad daban media vuelta y, con la puesta de sol a sus espaldas, se perdían por las calles de la urbe.

    Pistas de entrenamiento, Centro Pokémon de Ciudad Verde, 22:02 PM.

    Ecko jugaba con la Pokéball entre sus manos, nervioso; pensaba qué hacer, cómo actuar, qué decir, repasaba en su cabeza una y otra vez todo aquello que había estado memorizando, pero en el fondo sabía que, llegado el momento, terminarían por olvidársele más de la mitad de las palabras.

    Finalmente pensó que lo mejor sería actuar con normalidad, sin guión alguno, así que tomó la Pokéball con su mano diestra, la agrandó pulsando el apéndice central y liberó con un rápido gesto a la criatura que ésta albergaba en su interior.

    —¡J-jera! —La primera reacción del insecto al volver a ver un humano fue desplegar sus alas y retroceder volando varios metros hacia atrás, allí donde no alcanzaban las luces de los focos.
    —No tienes de que preocuparte, no voy a hacerte daño. —Dijo Ecko, aunque luego se sintió un poco idiota al soltar una frase tan cliché. —Esto… mi nombre es Ecko. —Añadió, tratando de transmitir la mayor confianza posible. —Soy un amigo.

    El joven de Isla Canela se aventuró a levantarse del banco y dar un par de pasos hacia el frente, mostrando en todo momento sus manos descubiertas para que la Heracross pudiese observar que no llevaba ningún arma en ellas.

    —Comprendo que estés asustada, pero ya no tienes motivo para estarlo. —Siguió caminando con pasos lentos, sin pretender asustarla. —Eres libre, esos tipos de negro no te perseguirán más. —Sonrió sinceramente y se detuvo. —Ya puedes volver al bosque.
    —Jera… —Por fin se atrevió a dar un paso al frente; su corazón parecía encontrar algo bueno en aquel humano, pero su instinto le había enseñado hacía mucho a no confiar en ellos.
    —Claro que, si quieres, también te puedes venir con nosotros. —Añadió con cierta vergüenza; esperaba no asustarla con tal proposición. —Los chicos y yo llevamos ya mucho tiempo juntos y ahora formamos un gran equipo; estoy seguro de que les encantaría tenerte como compañera.

    Tomó las cinco Pokéball que pendían de su cinturón y, una por una, fue liberando a aquellos a quienes contenían: Primero Marvel, luego Jinbe y finalmente Harrier, Kyoshi y Azulón.

    La escarabajo fijó su atención en estos dos últimos; vio a ambos luchar en el bosque hasta caer rendidos por el cansancio, defendiéndola de aquellos tipos sin ni siquiera conocerla. Entonces algo parecido a lágrimas inundó sus ojos amarillos, haciéndola sentir algo que hacía ya muchísimo tiempo que no sentía y que pensaba haber olvidado.

    —Jera... —Dio un par de pasos más, recortando la distancia.
    —¡Aaar! —Ladró Marvel, sacudiendo su cola alegremente.
    —¡Warol! —Gruñó también Jinbe, segundos después.

    Ecko se atrevió a dar un último paso más y se detuvo a tan solo un par de pasos de la insecto; agachó ligeramente su cuerpo y le extendió su brazo derecho, pero no a modo de apretón, sino pretendiendo que ésta le diese la mano.

    —Los chicos y yo hemos pensado que “Dakota” sería un bonito nombre para ti. —Dijo Ecko, esbozando la mejor de sus sonrisas. —Hace tiempo leí en un libro que significaba “amigo” en un idioma ya olvidado.
    —… —Heracross se quedó pensando un momento, con los ojos brillando; entonces abrió sus alas y voló. —¡Jera! —Exclamó, feliz, luego de lanzarse a abrazar a quien a partir de ahora sería su entrenador.

    El resto de compañeros Pokémon estalló de emoción —incluso Harrier, el tipo duro del equipo, llegó a sonreír—; Ecko respiró aliviado, sonriendo como nunca.
    Jamás en la vida sería capaz de imaginar lo mucho que su nueva compañera podía haber llegado a sufrir en el pasado, sin embargo sí que estaba seguro de una cosa: El pasado era ya parte del olvido, y ahora, lo que importaba, era comenzar a escribir la primera página de su futuro.
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    [CENTER]Pokémon - Dueños del destino.[/CENT
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